La Loca y la dictadura

Tengo miedo, torero, de Pedro Lemebel

Tengo miedo, torero no le pide nada a la novela rosa más desgarrada ni al recuento heroico más grandioso.

Pedro Lemebel. Ilustración de MarceloParra/Fundación la Fuente.

Antes yo pensaba que toda novela debía ser una lista de elementos estéticos. Al leer esta historia, pienso que tratar de entenderla como entendía cuando era más joven, buscando pesar y valorar, sería perderme de su verdadera importancia.

Tengo miedo, torero (Seix Barral, 2001), del chileno Pedro Lemebel (1952–2015), cuenta la historia de la relación entre La Loca Del Frente y Carlos, un estudiante universitario involucrado en la insurgencia. Tiene lugar en 1986, durante la dictadura de Pinochet en Chile y ficcionaliza en parte un atentado fallido en contra del dictador.

El mismo Pinochet y su esposa, Lucía Hiriart, son el otro hilo narrativo de la historia. Ambos se debaten en un matrimonio infeliz y en una vida fascinantemente mediocre al tiempo que exhiben su clasismo y su crueldad. Escribir una historia en la que un dictador es ridiculizado y retratado como un villano, a la vez que se cuentan las vicisitudes de un personaje como La Loca, es algo maravilloso.

Los personajes viven la dictadura en la piel. Es un tiempo de marchas constantes en Santiago y el peligro se percibe. La Loca empieza la historia indiferente a todo esto, ignorando voluntariamente los detalles peligrosos de su relación con Carlos y enfocándose en vivir su vida lo mejor que pueda. En el fondo de la historia están las canciones viejas y románticas que tanto le gustan a La Loca, en especial la que le da el título a esta historia.

Esperaba una historia trágica sobre la terrible traición de Carlos y que terminaría en forma violenta y terrible para La Loca por atreverse a desafiar al riesgo. Sin caer en spoilers, me parece importante decir que ésa no es la clase de historia que Lemebel buscaba contar. Es una historia de amor.

Carlos no le corresponde a los sueños de La Loca, pero tampoco menosprecia sus sentimientos. En efecto, no pueden tener el final de vieja película que La Loca sueña, pero el final que tienen dista mucho de la tragedia patética que podría verse en otra novela.

Es un amor imposible pero sincero. Y de nuevo se pone en oposición al matrimonio de Lucía y Pinochet. La Loca misma conoce la fantasía que significan sus sentimientos, pero aun así busca perderse en ellos. Y, al hacerlo, se involucra en el movimiento de Carlos, al principio “sin querer” pero después rebelándose por sus propias experiencias como “pobre y maricón” (que era como se autodenominaba Lemebel).

Carlos no le corresponde a los sueños de La Loca, pero tampoco menosprecia sus sentimientos. En efecto, no pueden tener el final de vieja película que La Loca sueña, pero el final que tienen dista mucho de la tragedia patética que podría verse en otra novela. La Loca continúa ayudando al movimiento aún después de correr el riesgo, y también continúa con su amor por Carlos, aunque sabe que es una fantasía. Tengo miedo, torero no le pide nada a la novela rosa más desgarrada ni al recuento heroico más grandioso.

Creo que lo maravilloso de esta novela es lo sincera que es. Es una historia simple, pero eso es lo que necesita ser. Habla de un verdadero dolor que sucedió durante la dictadura y fue escrita por un personaje fascinante y admirable como Lemebel.

Este libro es más bien una breve introducción a la obra de Pedro Lemebel, y sugiero buscar más de su autor y de su figura, porque tanto él como la historia que cuenta son cosas que necesitamos hoy en día. ®

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Publicado en: Éstos son nuestros papeles

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