La violencia femenina

Diosas de la vida y de la muerte

Son diosas de las tormentas, de los vientos, de las fuerzas devastadoras de la naturaleza, como inundaciones, erupciones o terremotos.

Coatlicue, la madre de dioses, ostenta dos serpientes, símbolo del ciclo entre vida y muerte (Museo Nacional de Antropología).

Sejmet, Kali, Coatlicue son diosas y representan a deidades primigenias; diosas madre, universales y terribles. Las tres comparten epítetos como “la terrible”, “la oscura”, “la invencible” y la “dueña de la vida y la muerte”.

Estas deidades y otras de diversas épocas y culturas representan el concepto de la energía femenina, creadora y destructora a la vez. Definitivamente no simbolizan el lado dulce y vulnerable de la feminidad, al contrario, son expresiones del lado “oscuro”, o como diría Jung, de “la sombra”. Son poderosas, son guerreras, saben las artes de la guerra y pueden matar, arrasar, destruir a su paso lo que se les atraviesa. Son diosas de las tormentas, de los vientos, de las fuerzas devastadoras de la naturaleza, como inundaciones, erupciones o terremotos. Y, sin embargo, en ellas también se encuentran sus contrarios. Por ejemplo, Sejmet es la diosa egipcia de la guerra y la venganza, pero también lo es del amor. Creadora, porque su aliento creó el desierto.

Kali es salvaje e irrefrenable, es el caos y es la pareja de Shiva, el poderoso, porque sólo él es capaz de imitar su furia.

Coatlicue es diosa de la fertilidad, pero también de la muerte. Fertiliza la tierra con la sangre de los sacrificados, en ella se encuentra el ciclo de la vida y la muerte. Es dadora de vida, pero también es destructora. En ellas tres se encuentra la furia, la fuerza y la rabia femeninas, que es terrible, temible y arrasadora.

Ya en las tragedias del sabio Eurípides vemos ejemplificado lo que las emociones de las mujeres, oprimidas en sociedades patriarcales, pueden hacer. Medea es capaz de asesinar a sus hijos, movida por los celos y la rabia que le provoca que su esposo Jasón se vuelva a casar después de que ella fue cómplice y dejó a su tierra para seguirlo a él por amor. Medea es una mujer sabia, trabajadora, y sin embargo, quedará desposeída y relegada.

Fedra, enamorada de su hijastro, es capaz de suicidarse y con ello manchar la reputación de Hipólito, quien muere injustamente.

Qué pena que se ha perdido, o más bien, se ha enterrado, muy enterrado, el concepto de las diosas terribles, implacables, porque lo femenino también puede ser violento, indomable, intransigente. También puede romper, rasgar, hacer sangrar.

Electra es capaz de matar a su madre junto a su hermano para vengar la muerte de su padre, Agamenón.

Hécuba es capaz de vengar la muerte de su hijo ayudada por las mujeres troyanas.

En la iconografía cristiana y en la cultura occidental en general las representaciones de la mujer siempre son como vírgenes o mártires. Seres totalmente indefensos y vulnerables, necesitados de cuidados y protección masculina, salvo de pasar a la imagen contraria de la mujer perdida, la prostituta, la que goza de su poder sexual. La mujer debe ser pasiva, tranquila, melosa y nunca alterarse, so pena de pasar a un estrato inclasificable en la sociedad.

Qué pena que se ha perdido, o más bien, se ha enterrado, muy enterrado, el concepto de las diosas terribles, implacables, porque lo femenino también puede ser violento, indomable, intransigente. También puede romper, rasgar, hacer sangrar.

Desafortunadamente la violencia contra la mujer tiene siglos prosperando bajo el suelo fértil de la dominación masculina. Pero ya no más. Ahora está roto el equilibrio. Alabemos la rotura. Alabemos de nuevo a Sejmet, a Kali y a Coatlicue, diosas de la vida y de la muerte. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas

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