Las preguntas de la ciencia en el futuro

Lo que aún falta por saber y descubrir

La ciencia tiene muy poco de profética. No conocemos lo que traerá en el futuro, pero en cambio sabemos que los científicos seguirán haciéndose preguntas que nos pueden contagiar de su racionalismo, escepticismo e independencia de pensamiento.

No sabemos si el año 2062 será el año del cincuentenario de la demostración de que los neutrinos viajan más rápido que la luz contradiciendo uno de los principios fundamentales de la teoría de Einstein o si el 2022 lo van a dedicar para celebrar el X aniversario del desarrollo de la vacuna en contra de la infección del VIH o si Susanne Schultz, Christopher Opie y Quentin D. Atkinson van a ganar el premio Nobel de medicina en 2113, en medio de una gran polémica con buena partes de los científicos sociales, por demostrar en un estudio (publicado en la sección de cartas de Nature el 10 de noviembre del 2011) con 217 especies de primates que los genes son lo único verdaderamente determinante en nuestra conducta y que la influencia de la cultura es mucho menor que la que suponíamos.

Es mucho lo que ignoramos. Tenemos una suerte de ilusión de que sabemos casi todo de la naturaleza como resultado de la multiplicación del conocimiento que se dio en el siglo XX, pero realmente es poco lo que los humanos sabemos con cierto nivel de certeza. Queda mucho por conocer de la naturaleza (incluyendo la humana y social); como escribiera John Maddox en Lo que queda por descubrir [Debate, 1999] todavía no somos capaces de imaginar los descubrimientos científicos más relevantes para los próximos años. Maddox hizo un recuento de la historia de la ciencia y concluyó que los científicos de finales del siglo XIX no pudieron prever el conocimiento que ahora es una realidad. Ninguna de las tres grandes revoluciones científicas del siglo pasado: la teoría de la relatividad de Einstein, la física cuántica de Bohr, Heisenberg et al. y la estructura del ADN por Watson y Crick fueron previstas por los especialistas unos años antes de que sucedieran. Sin embargo —reflexiona Maddox— lo más relevante no es los científicos no hubieran sido capaces de imaginar el futuro de sus disciplinas, sino las nuevas preguntas que generaron estas investigaciones relevantes.

En la actualidad hay decenas de miles de científicos que producen conocimiento las 24 horas del día y los 365 días del año. Las cifras pueden variar dependiendo los indicadores usados, pero en el Atlas of Science. Visualizing What We Know de Katy Börner [MIT Press, 2010] se consigna el dato de que existen más de un millón de journals (impresos y electrónicos) en el mundo. Aunque la cantidad de enigmas por resolver es casi infinita y la solución de cualquiera podría marcar los caminos para la ciencia en el futuro. Un par de ejemplos: el eventual descubrimiento de formas de vida en algún lugar fuera de la tierra podría cambiar radicalmente las teorías y concepciones sobre nuestro lugar en el universo y abriría la puerta a nuevas interrogantes; el desarrollo de un tratamiento eficaz para prevenir el cáncer, “el emperador de todos los males”, como lo llamó Siddhartha Mukherjee en su estupenda biografía de esta enfermedad [Taurus, 2011] podría llevar a cuestionarnos sobre buena parte de la práctica médica actual.

Las preguntas en la ciencia son permanentes. Quizá sea lo único que comparten todos los métodos racionales que buscan un conocimiento sistemático; ya sea la física, la antropología, la geología o la historia. Si queremos imaginar la ciencia del futuro hay que pensar en las preguntas que hoy se hacen los científicos para poder vislumbrar el futuro que viene.

Podrían ser más, pero recupero el texto publicado por la revista Scientific American [octubre de 2005] sobre los seis debates o preguntas de la ciencia de frontera en la actualidad.

Las preguntas en la ciencia son permanentes. Quizá sea lo único que comparten todos los métodos racionales que buscan un conocimiento sistemático; ya sea la física, la antropología, la geología o la historia. Si queremos imaginar la ciencia del futuro hay que pensar en las preguntas que hoy se hacen los científicos para poder vislumbrar el futuro que viene.

El primer debate es sobre física. Desde hace un siglo en que la teoría de la relatividad y la física cuántica demostraron que funcionan, una en el mundo macroscópico y la otra en lo microscópico, se ha intentado conciliar ambas teorías. La llamada teoría de cuerdas busca integrar ambos modelos, pero muchos físicos son escépticos al respecto y se preguntan si existe una teoría lo suficientemente poderosa para integrar ambas posturas. Einstein se pasó media vida tratando de responder esta pregunta y no lo logró.

El segundo debate está “caliente” por su inevitable componente económico y político: ¿el calentamiento global está provocando una alteración significativa en el clima global, por lo que se producen huracanes y tsunamis más destructivos? Los climas recientes lo sugieren y los crédulos ecologistas lo repitan sin cesar, pero Bjorn Lomborg, el ecologista escéptico, en Cool It [Alfred A. Knopf, 2007] demuestra que los datos no son concluyentes, porque los ciclos del clima son mucho más largos que nuestras escalas humanas.

El crecimiento de los planetas es el tema del tercer debate. Se conocen los factores asociados al crecimiento de los planetas cercanos a la Tierra, pero no de Júpiter o Saturno. ¿Cómo crecen los planetas? ¿Qué procesos físicos o químicos influyen en su evolución?

Casi todos los días vemos en la prensa que “x” alimento es muy eficaz para prevenir “y” enfermedad, pero la realidad es que no hay datos concluyentes sobre la relación entre el consumo de alimentos y las padecimientos. Esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿sirven de algo las dietas para prevenir enfermedades? Durante años se nos dijo que una dieta equilibrada con fibra y pocas grasas animales era la mejor prevención en contra del cáncer. Los estudios no han podido probar esta correlación; ¿será porque no existe o los estudios no están bien realizados?

Hace unos años se pensaba que el brote de nuevas células en el cerebro podía curar la depresión, pero los datos más recientes no son tan claros al respecto. Lo poco que conocemos con certeza sobre el cerebro es que es se trata de una especie de terra ignota de la que muy poco sabemos y que hay mucho por descubrir.

La sexta pregunta tiene que ver con la evolución humana. Hace unos cinco años se encontraron en Indonesia los restos de un ser de hace 18 mil años, aparentemente humano, pero muy bajo y con un cerebro pequeño. Le llamaron el Hobbit por su parecido con los personajes de Tolkien. Los paleontólogos discuten el Hobitt era un pre-humano o un Homo sapiens, pero enfermo de microcefalia. Cada año surgen nuevos datos que generan otras interrogantes, pero lo cierto es que la pregunta central de cómo evolucionamos para llegar a ser humanos, no está respondida hasta la fecha.

La ciencia tiene muy poco de profética. No conocemos lo que traerá en el futuro, pero en cambio sabemos que los científicos seguirán haciéndose preguntas que nos pueden contagiar de su racionalismo, escepticismo e independencia de pensamiento. ®

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Publicado en: Destacados, Enero 2012, La ciencia del futuro

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