Las voces se alzan en un alto al fuego

Activismo y conciencia ambiental en Argentina

El activismo reclama políticas públicas concretas con planificación a largo plazo, cuanto antes se pongan en marcha, menor será el impacto. ¿Qué pasa cuando el Estado hace oídos sordos frente a un conflicto ambiental que pone en peligro la salud de la población y el futuro de un ecosistema en crisis?

Militantes de Multisectorial Humedales en manifestación sobre Puente Rosario–Victoria, 29 de agosto de 2021. Foto: Multisectorial Humedales.

 

La crisis climática es un hecho prácticamente irreversible, una realidad instalada en gran parte del consciente colectivo de muchísimos países. En cuestión de poco menos de diez años organizaciones socioambientales y no gubernamentales de todo el mundo han crecido exponencialmente y han ganado muchos adeptos —y otros tantos enemigos— en el camino. Greenpeace y otras organizaciones más actuales como Jóvenes por el Clima Argentina u otras más pequeñas y locales como Multisectorial Humedales Rosario o Conciencia Ecológica, San Pedro, Buenos Aires, continuamente elevan pancartas y proyectos a los senadores y diputados de distintos países por diversas causas. El dilema se replica en cada rincón del mundo con motivos de lo más diversos, pero todas confluyen en una misma matriz: el cambio climático y el impacto sobre las sociedades.

A pesar de que cada organización imprime su propia impronta en las luchas por las que se nuclean, la mayoría de las que brinda servicios a lo largo y ancho de América Latina tienden a lidiar con problemáticas similares como la precariedad, la falta de acceso a recursos básicos y el extractivismo, ítems que se erigen como telón de fondo detrás de lo que reclaman. Debido a esto, la labor de las militancias y el ambientalismo resultan claves para exigir a los gobiernos el cumplimiento de las leyes y regulaciones, o en su defecto, emprender movimientos que exijan sanciones de leyes que protejan y preserven el patrimonio natural. En torno al esplendor de las organizaciones y los proyectos que persigue, ¿qué papel cumplen las juventudes en la militancia y qué aspiraciones plasman en sus reclamos de cara al futuro?

Ecocidio en el Delta del Paraná: la crisis más resonante en Argentina

Latinoamérica lidia con eventos cuyos desencadenantes impactan casi de primera mano con las minorías y provincias vulnerables o pueblos originarios cuyas fuentes laborales constantemente se ponen en peligro, ya que tienden a estar relacionadas con acciones extractivistas como los desmontes o bien la comunidad vive cercana a este tipo de eventos. Cuando señalamos que las minorías representan un amplio sector vulnerado nos referimos a que su principal fuente de trabajo está relacionada con la tierra, la minería y el extractivismo. En Argentina, en provincias como Chubut conviven con el fracking y la minería a cielo abierto, una actividad altamente nociva y que a su vez demanda cantidades descomunales de agua.

Incendios en las islas del Delta del Paraná, domingo 29 de agosto de 2021. Foto radiografica.org.ar

En medio de un clima político y económico voraz que inclina la balanza hacia el desarrollo de los negocios en grandes escalas y poco amigables con el ambiente las pequeñas comunidades resultan ser los sectores que más sufren las consecuencias ambientales, la degradación de la salud de la población y en algunos casos las pérdidas parciales o totales de sus medios de producción.

Laura Millán es una joven ingeniera ambiental comprometida con el ambientalismo y la militancia desde que inició la universidad en Venezuela. Vive hace tres años en Argentina y colabora con la OSC Conciencia Ecológica en San Pedro, Buenos Aires. Sostiene que la situación que se vive en América Latina es generalizada y en la cual ingresa la Argentina:

Los conflictos ecológicos son producidos por la minería y la deforestación para la siembra y ganadería por lo que, en comparación con Argentina, en Latinoamérica la situación es muy similar porque no se ha separado el tema ambiental de la política. Se tendrían que tomar más decisiones ante temas ambientales por la conservación inteligente de los recursos naturales que tenemos.

Por ello es preciso que se tomen acciones puesto que en definitiva nos encontramos ante eventos que, al igual que un dominó, pieza por pieza declina y consigo se lleva a otra. Argentina atraviesa de norte a sur grandes eventos que, para las comunidades que conviven con los efectos secundarios de éstos resultan más que negativos en el desempeño de la vida. Algunos de ellos son el extractivismo minero, el uso indiscriminado de los suelos, la ganadería intensiva, los agroquímicos liberados en el aire y los incendios en distintos territorios.

Respecto al caso de los incendios en el Delta del Paraná, si bien la gran mayoría de los sectores afectados están alejados de las grandes ciudades, no quiere decir que éstas sean ajenas a lo que sucede en las provincias más inhóspitas del país. En cuanto al tema, Laura Millán desde un punto de vista militante dice: “Los intereses internos y corruptos son los que han llevado a que gran parte de nuestros bosques y humedales hayan sido deforestados, sea para el rubro agrario o para la extracción de minerales”.

Conocer e instruir para comprender el conflicto

Los masivos incendios que protagonizaron las pantallas de los noticieros durante el inicio de la pandemia en 2020 fueron para muchas personas extrañas al folklore del río Paraná un evento atípico e incluso novedoso. El problema es que, para quienes el río y sus islas cobran más de un significado, el sentimiento que despertó se resumió en una gran impotencia.

Más de tres millones de hectáreas fueron consumidas por las llamas durante 2020 y es hasta ahora, en 2021, que aún no cesa por completo el desastre. Dependiendo de la zona, el fuego redujo a cenizas uno de los territorios más ricos del país. Las llamas que muchas veces provenían de las tierras de la provincia de Entre Ríos podían apreciarse desde la costa de las provincias de Buenos Aires y Santa Fe con perfecta claridad. El calor de la combustión y el humo que arrastrado por el viento se asentó durante semanas en los cascos céntricos de ciudades como Rosario, en la provincia de Santa Fe, se impregnaron en la cara de miles de personas. Para ellos las imágenes vívidas de la tragedia para nada fueron novedosas.

Desastres de magnitud similar se registran desde que los productores isleños se apropiaron de la quema de pastizales como una práctica benéfica para el suelo. Para renovar las pasturas y preparar la tierra para la siguiente tarea a realizar encienden los pastos secos que en cuestión de días se traducen en miles de hectáreas carbonizadas, producciones perdidas en medio del fuego, isleños huérfanos de hogar y trabajo porque ambos fueron arrebatados por las llamas.

Enrique Sierra, naturalista, avistador de aves y colaborador de la OCS Conciencia Ecológica, sostiene que en la actualidad la práctica de quema de pastizales no implica más que devastación. Sin embargo, a pesar de que las quemas aportan más pérdidas que beneficios a los pequeños productores, en las islas continúan perpetuándolas, y para quienes viven de las propiedades del suelo del humedal, desde sus casas hasta sus colmenas, bañados y pequeñas producciones se pierden en cuestión de horas.

Argentina alberga al preciado y frágil ecosistema de humedales en grandes extensiones de tierra en varios puntos del país. Los eventos que involucran a este ecosistema se reiteran sin descanso desde hace dos años. La crisis ecológica que arrasa con toda vida animal y vegetal por acción del fuego está íntimamente ligada a la crisis hídrica, la gran e histórica bajante del río Paraná.

Humedal del Paseo Público, ciudad de San Pedro, Buenos Aires, reforestado con árboles autóctonos por Conciencia Ecológica. Ese humedal representa un constante desafío para Conciencia Ecológica, dado que el municipio no promueve su conservación (25/05/21).

Para comprender la gravedad del caso es necesario disponer de las cualidades de este esquema biológico finito. Los humedales cumplen la función de controlar las retenciones de agua en una zona determinada; sus pajonales, plantas autóctonas con propiedades de absorción, cumplen la función de retener y controlar el nivel del río, lo cual quiere decir que cuando el caudal registra un nivel inferior al estipulado, el humedal subsiste con el agua del río que retuvo cuando el nivel del agua se lo permitió. Cuando sus pajonales entran en contacto con el fuego, este último rápidamente consume el área puesto que la morfología de las plantas que circundan el lugar son una especie de esponja, cargadas de oxígeno. La combustión previamente deliberada hace lo propio, despojando lo más preciado del humedal.

El impacto no es únicamente ambiental, sino que también afecta directamente las producciones locales y por consiguiente el medio de sustento económico de muchísimas familias. Al hablar de la agricultura las grandes industrias y productores acuden a distintas técnicas —en este caso las quemas de flora y pastizales de las islas— para acelerar los tiempos de producción de la comercialización en grandes volúmenes y con esto también en cierto punto sabotean las fuentes laborales de productores locales, lo que resulta contraproducente para el resto de la población que se beneficia de las producciones de esos grupos.

Este ecosistema, que en su estado natural contiene humedad y vida ligada a ella, se caracteriza en una sequía similar a los paisajes más secos de la Argentina en tan solo una oportunidad que este territorio tome contacto con el fuego. Debido a los ciclos de largas sequías éstas permiten que se asienten los incendios, arrasando todo aquello que tienen por delante. Cada desastre ecológico deviene de una cadena que activa otros eventos; es decir, sin altas temperaturas no habría sequía que propicie el avance del fuego, el cual tendría algún tipo de control si el Paraná no estuviera transitando la peor crisis hídrica de la historia, la cual ha llegado a registrar seis centímetros de profundidad en la Hidrovía al norte de la provincia de Buenos Aires.

Militar por el medioambiente en la Argentina

Cuando se trata de crisis climática la mecha que resta es cada vez más corta y se consume con mayor rapidez. El tiempo corre y están en la mira demasiados compromisos por cumplir debido a que los límites pactados por la Conferencia de las Partes del Acuerdo de París nos “pisan los talones”, por lo que las organizaciones y ONGs toman conciencia y no pierden las oportunidades de informarse y elevar sus discursos a otros niveles. Mediante la formación profesional y los datos de divulgación pública como papers, estudios de campo, charlas y noticias, las organizaciones junto a jóvenes referentes que las conforman alzan sus voces y emprenden reclamos al gobierno.

A través de internet y las redes sociales grupos militantes de todos los rincones del país se conectan entre sí para generar charlas con otros profesionales e intercambiar vivos en redes sociales. De esta forma, las luchas ganan cada vez más adeptos y entre sus filas se destacan los chicos.

Manifestación del 24S. Jóvenes por el Clima se congregó en el Congreso de la Nación. Foto: Jóvenes por el Clima Argentina.

Las manifestaciones ecologistas y conservadoras del medio ambiente se componen ampliamente de juventudes, que con pancartas, glitters verdes en la cara, bombos y grandes aspiraciones vuelcan sus convicciones en las calles, algunos al ritmo de quenas, otros con bases de géneros urbanos pero todos congregados en las capitales más grandes de la Argentina con el propósito de que el gobierno atienda sus reclamos, los cuales en definitiva están dedicados a toda la población, aun más a los vulnerables.

La militancia no conoce de fronteras. En agosto, personas de todas las edades y estratos sociales embarcaron en lanchas y kayaks desde la ciudad de Rosario, una de las capitales que el Paraná acoge entre sus afluentes y una de las más afectadas por las quemas de pastizales. La gran caravana encabezada por Multisectorial Humedales atravesó esas aguas y respiró cenizas de sus tierras con destino al Congreso de la Nación y con el objetivo de evitar que el proyecto de Ley de Humedales perdiera estado parlamentario. La cruzada de siete días culminó con pancartas, discursos y el trago amargo que los diputados propinaron respecto al proyecto.

Post Instagram Multisectorial Humedales

En las afueras del emblemático edificio, que casi por unanimidad cada protesta tuvo lugar en el o en las cercanías del Obelisco, los referentes de la organización Multisectorial Humedales Rosario vociferaron a los viajeros que nuevamente la oportunidad de acabar con el ecocidio en el Delta del Paraná había decaído y anunciaron el vaticinio de los diputados: el proyecto probablemente perdería estado parlamentario.

Las ONG desempeñan un papel decisivo en la lucha por reclamar derechos ambientales con acciones inmediatas y que éstas sean sostenidas por los gobiernos con compromiso a lo largo del tiempo. Sin embargo, en una constante prueba, tras largos y reiterados intentos por hacer cumplir leyes débiles o en su defecto elevar al senado nuevos proyectos, éstos tienden a ser declinados o, en el caso del reciente proyecto de Ley de Humedales, y según habían anunciado los diputados, declinado por el inminente lobby económico que rodea al tema.

Santiago Eulmesekian es uno de tantos chicos que asiste a todas las manifestaciones de la ONG Jóvenes por el Clima BsAs, de la cual forma parte desde 2019. Con tan sólo dieciséis años, Santiago predica sus posturas frente al cambio climático y se encarga de dar charlas a otros para que también tomen conciencia. Para él resulta fundamental militar desde la educación: “Empecé a sentir que nadie estaba haciendo nada y me generaba preocupación, pensaba que no había nadie reclamando para que se tomaran acciones concretas para mitigar los efectos del calentamiento global”.

La militancia es un camino que se hace al andar: quien emprende la militancia reconoce los sacrificios y sinsabores con los que se encuentra a medida que se instruye para instruir a otros. En el caso de Laura Millán, la militancia puso en juego su vida en Venezuela. Trabajó en una petrolera, lo cual propinó un impacto muy duro en su vida. Desde entonces nunca bajó los brazos y continúa luchando desde Buenos Aires, donde reside desde hace tres años. “Hoy me preocupa la quema de pastizales; cuando me mudé a San Pedro pensé que este lugar era lo más sano para mí, ya que la naturaleza está a flor de piel, pero me di cuenta de que no se está cuidando”.

Laura ha intentado contactarse con personas que sufren problemas respiratorios a modo de prueba ante la “ineptitud del gobierno municipal” que no busca alternativas para aplacar el desastre: “Es complicado que la gente active cuando lamentablemente el medio ambiente se ha ligado muchísimo con la política, y eso nunca debería ser así”. Alejada de la exposición, casi en silencio y acompañada por la OSC Conciencia Ecológica, Laura apunta muy duro a la política Nacional y sobre todo a la municipal: “No hacen nada para detener las quemas así sea de la provincia vecina. Es la salud de muchos la que está siendo afectada. Son unos inútiles, no hay una secretaría de ambiente como corresponde, es un pueblo con una naturaleza hermosa que debería ser preservada”.

Miembros y referentes de OSC Conciencia Ecológica en una colecta de colillas de cigarrillos en espacios públicos.

Laura opina que la sanción de la Ley de Humedales es imperiosa y que abarcaría más de un aspecto:

Para que se pueda preservar a futuro la calidad del aire que tenemos en los pueblos afectados, es demasiado necesaria para conservar el suelo y la vida que hay en él y en el agua. Pocos se dan cuenta de que destruimos el suelo, la vida silvestre y la calidad de la vida humana. Sin una Ley de Humedales nos vamos a quedar sin un suelo fértil sin animales que atraigan flora a estos sitios que queman y deforestan y nos van a matar, sin aire limpio, la población sufrirá de grandes enfermedades respiratorias donde los adultos mayores y los niños corren peligro.

Militar va más allá de preservar el ambiente. Quienes se dedican a educar y concientizar obran por políticas firmes que acudan al servicio de toda la comunidad y que a su vez sus principios se erijan con base en el respeto y la defensa de los recursos nacionales. La deuda climática es con la gente y con el ambiente. Todos pagan y el precio es cada vez más alto: sequías interminables, olas de calor y espesas cortinas de humo y fuego que consumen la salud de miles de personas.

El activismo reclama políticas públicas concretas con planificación a largo plazo, cuanto antes se pongan en marcha, menor será el impacto. Mientras personas como Laura y Santiago batallan por un futuro mejor, las vías navegables del Paraná se secan, dificultando el tráfico de buques de carga, la fauna autóctona migra de un islote a otro buscando cobijo entre los pastizales humeantes que en sus peores momentos los isleños intentan aplacar con la poca agua que corre entre los brazos de un río ausente. A fin de año el proyecto de Ley de Humedales perderá estado parlamentario. Si no se consigue media sanción en diputados, se deberá iniciar el proyecto legislativo desde cero. Conquistar esta ley es una de las mayores causas por la que el activismo es, para muchos, la clave de cara al futuro. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas

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