Los husos del poder

La propuesta del senador Pérez Flores

Cuánta injusticia se abatió sobre este señor y su propuesta. Habrá quienes digan que se trata de un sujeto ignorante e iletrado. Se le acusará de no tener la más mínima idea de lo que está diciendo.

El pasado 16 de agosto los medios nacionales difundieron la noticia de que el senador de la república Sergio Pérez Flores, de extracción morenista, había propuesto que se eliminara la h de la palabra huso, ésa que, seguida de la palabra horario, se usa para designar cada una de las partes en que queda dividida la superficie terrestre por 24 meridianos igualmente espaciados. Mucha mala tinta y mucho escarnio se han vertido desde entonces sobre este legislador cuernavaquense que asumió el cargo en sustitución del también senador Radamés Salazar Solorio, quien desafortunadamente falleció de covid 19 apenas en febrero de este año.

Pero resulta que esta información es, en el mejor de los casos, inexacta y, en el peor, malintencionada: revisando en video el contexto en el que se pronuncia su iniciativa, lo que se deduce es que este congresista solamente intentaba corregir lo que consideró un error ortográfico imperdonable en un dictamen que se discutiría ante integrantes del Senado, y en el que se hace referencia a los husos horarios en la República Mexicana. O sea, sólo intentó realizar una simple fe de erratas.

Cuánta injusticia se abatió sobre este señor y su propuesta. Habrá quienes digan que se trata de un sujeto ignorante e iletrado. Se le acusará de no tener la más mínima idea de lo que está diciendo. Pero yo salgo en su defensa, porque pienso que don Sergio es tan tan culto y tan tan memorioso que su moción constituye una tácita adherencia a aquella convocatoria que, en el ya lejano 1997, formulara Gabriel García Márquez durante el I Congreso Internacional de la Lengua Española, de jubilar la ortografía y —entre otras cosas— eliminar del español el uso de muchos acentos, alguna de las dos bes, la de vaca o la de burro, y por supuesto, las que llamó “las haches rupestres”, aludiendo a aquellas que van al inicio de muchas palabras, como, por ejemplo, huso.

Desde aquel célebre discurso jamás fui capaz de decidir si se trataba de un legítimo llamamiento a destruir nuestro idioma o de una simple travesura, un golpe de efecto del bromista Gabo para dejar boquiabiertos —como lo hizo— a dos centenares de adustos académicos de la lengua de toda Hispanoamérica. Hoy, sin embargo, ante la ausencia de texto alguno en el que el prolífico escritor o cualquier otro ensaye, aunque sea mínimamente, su idea de “jubilar” la ortografía —a la que, por el contrario, siempre mimó sigilosamente—, me atrevo a inclinarme por la segunda tesis y descartar la primera.

Concluyo esta argumentación y esta defensa ofreciéndole al senador Pérez uno de dos humildes consejos para elegir: antes de proponer alguna corrección ortográfica, o bien declárese abiertamente seguidor de la “Arenga de Zacatecas” o de una vez adquiera o retome el muy agradable hábito de la lectura. Puede comenzar, por ejemplo, con el brevísimo cuento infantil “Un torito muy especial”, pensado para enseñar jugando a los niños sobre las palabras homófonas. Yo le sugiero la segunda opción. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas

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