Los treinta millones

Los menesteres del ocio, III

Triste gestión y triste destino: con sus treinta millones de votantes López Obrador no ocupará en los libros de historia, como el general Victoriano Huerta, más de diez líneas.

Ilustración de Peter Arkle/sciencemag.org

Treinta millones. En nuestro país la izquierda llegó tarde al poder y llegó muerta. El PAN tomó la progenitura y ésta fue relegada al último lugar, como el hijo pródigo y dispendioso que ha demostrado ser. El obradorismo es un fenómeno gaseoso, fantasioso, inflacionario. En todos los sentidos hace honor a la palabra griega “gas”, que significa “caos”.

Las consultas ciudadanas pudieran convertirse en la Bolsa que mide su presión, su condensación, su enrarecimiento, su deflación.

Los medios impresos y electrónicos sólo nos dan de este movimiento un registro noticioso, pues prácticamente no hay un articulista de opinión que nos lo describa y explique, ni mucho menos que rompa una lanza por él. Alarmantemente carece de intelectuales, en un país donde los tinterillos de izquierda, sufragados por la nómina del PRI, abundaban como las moscas en los mercados de opinión.

Y es que el movimiento padece serios problemas de identidad. Aunque le gusta jugar a ocultarse, a pelear con máscara, todos sabemos que es rudo y no técnico, que carece de las más elementales nociones de la sintaxis de la lucha libre. Se percibe a sí mismo como un movimiento radical, golpista, dictatorial, que se pone la máscara de la democracia por mientras, para que la clase media no se asuste. No le gusta que lo asimilen con el chavismo y el castrismo, a pesar de sus evidentes similitudes, pero jamás critica a esos regímenes, sino que cada vez que puede les expresa sus simpatías. Estuvo de parte de Trump pero en lo oscurito, debajo de la mesa, en vista de que Donaldo era un energúmeno de la derecha. Ahora intenta asimilar al Talibán con el PAN y El Yunque, a sabiendas de que las afinidades del movimiento islámico son más evidentes con la Morena epiléptico–pentecostal y con los Siervos de la Nación, su Yunque suburbano. La democracia de Morena es una democracia popular, idéntica a la del maoísmo, el castrismo y el régimen de Corea del Norte.

Alarmantemente carece de intelectuales, en un país donde los tinterillos de izquierda, sufragados por la nómina del PRI, abundaban como las moscas en los mercados de opinión.

Triste gestión y triste destino: con sus treinta millones de votantes López Obrador no ocupará en los libros de historia, como el general Victoriano Huerta, más de diez líneas. Él, que aspiraba a borrar de ellos al presidente Felipe Calderón. Una sola de sus profecías se ha cumplido: si hasta ahora Francisco I. Madero y Vicente Fox habían sido los presidentes mexicanos más atacados por la prensa, él ha pasado a ser el mandatario más repudiado de nuestra historia, al nivel de Victoriano Huerta —repito— y de Antonio López de Santa Anna, su tocayo de apellido. Se ha ganado a pulso ese sitial.

Los calmécacs y Centros de Propaganda Fidei, donde el Fisgón y Taibo II les enseñan personalmente obscenidades y malas palabras a los párvulos chairos, a esos centenares de miles de larvas de moscas mecánicas, carecen alarmantemente de ideas. Apenas estrenan un argumento cuando éste es destruido automáticamente en las redes. Que si las dictaduras militares del Cono sur de hace medio siglo, en un país dominado por el Ejército, la Guardia Nacional y los cárteles del narcotráfico. Que si el fascismo, cuando sabemos que desde 1959 el fascismo latinoamericano es de izquierda… etcétera. Los chairos con máscara de luchadores técnicos son la vergüenza de las redes sociales. 

Ni siquiera la izquierda global, que anida en los grandes países capitalistas, ha manifestado una adhesión clara al obradorismo. AMLO no goza, con sus treinta millones, ni un mínimo porcentaje de la simpatía y el rating que disfrutó el subcomandante Marcos con un centenar de (pseudo) guerrilleros.

Nada digo de Marcelo ni de la mafia rusa ya que ésta, como la Guardia Nacional, el Ejército y los carteles globales de la droga, son harina de otro costal y arena de otro desierto.

Sangre de chinche
Sangre de chinche aplasta Martí Batres,
dicha tarea absorbe su caletre;
la oposición, en su oxidado peltre,
nuevas chinches engendra en viejos catres.
Con saliva y alcohol mojan la borra,
la demagogia es el esparadrapo
con el que vendan tal lengua de trapo,
con que la venden antes de que corra.
Y no termina el pobre de Martí,
padece la Nación tales piquetes,
que han puesto en cuarentena al presupuesto.
El huachicol no es cosa baladí:
con espitas, popotes, torniquetes
nos desangran. Traen muchos de repuesto.
15/12/19
De última hora
Decretaré el estado de emergencia:
cada rostro presenta una amenaza,
se agazapa Caín en cada plaza,
mezclando la soberbia y la indigencia.
Que dicte el miedo su banal sentencia,
que juzgue el odio víctimas sin tasa;
quiero encerrarme a solas en mi casa
y el desprecio sea toda mi violencia.
Trivial en sus rencores, sea la izquierda
llano de mezquindad para otro Goya,
supersticiosa cuando no cobarde.
Que su histórica oportunidad pierda
en la fanfarria y en la paranoia,
pues su impaciencia la hizo llegar tarde.
Homenaje a Gabriel Orozco
Entre la obscenidad y la fe ciega,
en vista que careen de argumentos,
disfrazan sus fracasos de portentos
y predicen un cielo que no llega.
Parálisis mental el estratega
padece, y sus apóstoles mugrientos
nutren al pueblo con los alimentos
que el tembloroso rico les entrega,
Latas de atún, sandías recién pintadas
de algún fantástico supermercado,
con otras maravillas enlatadas,
pero no hay abrelatas: bien librado
sale el Profeta, que a épocas pasadas
atribuye la falta de cuidado.
(12/mar/21) ®
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Publicado en: Apuntes y crónicas

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