Más allá de la cuarentena

Una bitácora no planeada

Los recuerdos es lo único que se queda con nosotros para siempre. Mientras tanto, seguiré contando los días, dormiré y volveré a comenzar un día más…

Sofía en cuarentena.

Este año comenzó de manera muy extraña, siento en mis entrañas que no va a ser un año ordinario. Hoy, 3 de enero de 2020 a las 7 de la mañana me encuentro en una camilla en el hospital, esperando mi inevitable operación, pensando en que todo el tiempo estamos cambiando, pero evitamos verlo para continuar en nuestra cordura.

Dos horas después de estar en el quirófano y de haber extraído mi vesícula exitosamente, estoy en el cuarto, sedada, escuchando la televisión sin tener una claridad absoluta: “Se anuncia la Tercera Guerra Mundial”. Pareciera que entré a una cápsula del tiempo, que entré a una dimensión catastrófica y energéticamente diferente.

Todo marcha de manera tan incierta y pareciera que estamos en estado de caos, muchos nos graduamos este año y no tenemos ni idea de qué haremos. Se sabe que en China se está desatando una pandemia, las personas que hace un año te estaban acompañando ya no están contigo… No cabe duda de que el tiempo es incierto y yo sólo estoy rezando por que todo marche conforme a mis planes.

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Hoy, 9 de marzo de 2020, decido hacer el paro, decido desconectarme de mi mundo para que mis amigos hombres sepan qué es estar sin nosotras un día, que ese día puede convertirse en semanas, meses, años… En Guadalajara tiembla alrededor de las seis de la tarde y me siento invicta. El mundo tiembla ante nuestra ausencia, pienso.

Quién iba a decir que este día nos estaba preparando para la incertidumbre que se venía.

Cuando menos lo esperamos este viernes empezaron a suspender clases: “Siguiendo las recomendaciones del gobierno del estado y de la Organización Mundial de la Salud, se suspenden las clases a modo virtual debido a la pandemia del coronavirus (covid–19)”. Puede que sólo sea como la influenza AH1N1, sólo es hasta que pase Semana Santa… No es tan grave como lo que dicen… O al menos son las cosas que pienso para tranquilizarme y no volverme loca.

El fin de semana comienzan a cancelarme trabajos, a suspender mis actividades. “El coronavirus no es un juego y quiero que lo entiendan”, dicen mis maestros de danza. Intento mantener la calma, pero no dejo de pensar en que todo se está cayendo y no sé si soy lo suficientemente fuerte para levantarlo.

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Día 1 de cuarentena: decido ponerme metas, el encierro es inevitable y sólo me queda acatar las reglas. Así que ¿por qué no ponerme metas específicas para no desperdiciar estos cuarenta días de aislamiento? Voy a hacer ejercicio a diario, ponerme a dieta, ver todas esas series que tengo pendientes, dormir temprano, volver a bailar, hacer proyectos personales…

Cuando menos lo espero, tengo un pizarrón lleno de tantas actividades que yo sé, muy en el fondo de mi ser, que no voy a terminar, pero sigo esperanzada en que sí las haré.

Agenda: así todo se va a organizar mejor, tengo que ser productiva y no dejar que la cuarentena me gane.

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Primer día de clases en línea: todos estamos confundidos con las plataformas, todos estamos dudando de la capacidad de nuestros profesores para enseñar, pero también comprendemos que es la primera vez en la que todos nos vemos en la necesidad de usar forzosamente el internet.

Primer día de clases en línea: todos estamos confundidos con las plataformas, todos estamos dudando de la capacidad de nuestros profesores para enseñar, pero también comprendemos que es la primera vez en la que todos nos vemos en la necesidad de usar forzosamente el internet.

Mis clases de danza también se trasladaron a estas plataformas y no deja de sentirse extraño no bailar con mis amigos de hace siete años.

Esta semana la libré, me siento muy productiva y así tiene que ser durante cuarenta días, así como los retos de treinta días para generar hábitos. Todo va a salir conforme al plan, sigo pensando.

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Día 8 de cuarentena: “Nuestras juntas van a ser virtuales”, me dicen mis colegas. No me permito entrar en pánico y creo que van a ser más productivas. Sólo no dejo de pensar en el hecho de que voy a extrañar a todas las personas que veo a diario.

Me he sentido cansada de estar sentada frente a la computadora todo el tiempo, mis amigos han sentido miedo, muchos de ellos han tenido que cerrar sus negocios… Yo no puedo tener miedo, yo tengo todo; afortunadamente vivo con mis papás y no me falta nada, no puedo tener miedo… No puedo tener miedo.

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Día 13 de cuarentena: voy a ir a la tienda naturista, voy a comprar velas aromáticas, necesito relajarme y no puedo permitirme entrar en crisis.

Mi ansiedad se vuelve más frecuente, me muerdo las uñas y los labios también, mi energía es intermitente y mi insomnio aparece casi a diario.

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Día 15 de cuarentena: llevo días hablando con un chico que me agrada mucho, tengo muchas ganas de verlo e infringiremos la ley por unas horas. Sólo un par de horas.

Llega a mi casa a las 15:45, justo como lo había planeado. Al entrar me regala una sonrisa sincera y le pido que se cambie de ropa para que esté limpio dentro de mi casa, una petición que nunca le había hecho a nadie.

Comimos, platicamos, nos compartimos y sólo había dos cosas seguras: nos gustamos y es la última vez que nos veremos durante la cuarentena. Olvidamos las recomendaciones de “la sana distancia” y nos abrazamos fuerte. Se fue.

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Día 18 de cuarentena: la Semana Santa nunca había sido tan tranquila y tan similar a mis días anteriores, he dormido como si un tráiler hubiese pasado encima de mí, me encuentro cansada y mis pensamientos rumiantes no me han dejado descansar. Mi paladar ha cambiado: ya me gusta el café.

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Día 20 de cuarentena: Mis amigos están perdiendo la cabeza, todos nos volvemos locos. Sentimos una urgencia rotunda de volver a vernos las caras, de sentirnos. Me siento con la responsabilidad de escucharlos y ayudarlos, ellos también me preguntan cómo estoy, pero les muestro mi máscara creada para esos momentos: estoy bien, ahí vamos. Mi hermana regresa a vivir con nosotros.

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Día 27 de cuarentena: Comunicado oficial de mi universidad: “El semestre se terminará en línea”. Comunicado oficial del gobierno federal: “La cuarentena se extiende hasta el 31 de mayo”.

Estas frases resultan ser más esperadas de lo pensado; por más que ya sabía que esto duraría más tenía la pequeña esperanza de que todo esto terminara en quince días…

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Día 30 de cuarentena: Todos estamos hartos y ansiosos, el chico que me gusta me dejó de hablar, ¿le dejé de importar?

Las tareas se acumulan, el cansancio es inevitable, lo único que quiero es dormir. Mi ansiedad se ha convertido en depresión.

Empecé a dibujar para encontrar otra forma de “relajarme”, cuando yo sé que es para distraerme de mis mil demonios.

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Día 38 de cuarentena: ¿Todo lo que he estado haciendo en estos días tendrán fruto? ¿Y si la cuarentena dura hasta el 2021? ¿La Tercera Guerra Mundial es biológica? ¿El virus se les salió de las manos? ¿La Tierra está reclamando su limpieza? ¿El Krakatoa hizo erupción? ¿El fin del mundo se acerca? ¿Los marcianos llegaron ya?

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Día 40 de cuarentena: Hoy se acaba la cuarentena y seguiremos en cuarentena, a pesar de que la palabra cuarentena signifique “cuarenta días”. ¿Estamos rompiendo las leyes de la naturaleza? ¿O ellas nos están rompiendo a nosotros? Quiero un abrazo, quiero salir a bailar, quiero tocar la piel de la persona que me gusta, quiero reír con mis amigos, quiero llorar y sólo puedo hacer esto último.

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Día 41 de no cuarentena: Todo se derrumba, mis planes parecen haber sido planeados en vano.

Ya no he encontrado la motivación para hacer ejercicio ni para comer sanamente, tampoco he querido ser productiva y sólo quiero dormir.

Mi danza me hace sentir insuficiente, soy insuficiente.

En este gran mundo soy diminuta, he tocado fondo.

Comienzo a llorar, a chillar, me encuentro inconsolable y nadie puede reparar el daño que me estoy haciendo a mí misma.

Me siento sola, nunca había sentido tanta necesidad de estar con alguien, me siento dependiente de las personas y sólo quiero salir.

Le marco a una amiga, le digo todo lo que siento, no me había permitido decirle a nadie todos mis miedos, mis emociones, mis sentimientos. Finalmente me quité la máscara y me muestro como la persona vulnerable que soy.

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Día 42 de no cuarentena: Estoy casi segura de que la cuenta de los días la llevo mal, las metas que me puse no están cumplidas en su mayoría y, por más que intento estar de buen ánimo, me he dado cuenta de que estoy desganada.

“El día 15 de mayo se dará a conocer la posible fecha de normalidad en las actividades diarias”. Leo y mi rayito de esperanza brilla poquito, sabiendo que esto puede ser a finales de mayo, a finales de julio, a finales de octubre, a finales del año.

Hoy, día cuarenta y tantos, me enfrento a mí misma y me doy cuenta de que no controlo nada. La vida fluye y sigue su cauce, olvidamos que formamos parte de un mundo con naturaleza y con personas.

No le pertenecemos a nadie, pero necesitamos del otro, la tecnología nos ha salvado y nos ha hundido al mismo tiempo, todo lo que nos importa al parecer no es tan importante como parece…

El aislamiento sólo nos ha dejado ver en los monstruos individualistas en los que nos hemos convertido, abusando del consumo y olvidándonos de los demás.

Si bien dicen por ahí que siempre es necesario el caos para llegar a la calma. La balanza está encontrando su equilibrio, así como nosotros.

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Día 43 de no cuarentena: Me encuentro sentada escribiendo sobre mis pensamientos caóticos, esperando que alguien pueda identificarse conmigo.

Suelo ser una persona que aconseja a los demás y en este momento tengo algo que decirme:

Esto va a acabar cuando menos lo esperes, el tiempo no te pertenece. Si bien es bueno tener un plan, hay que estar preparados para los imprevistos porque uno nunca sabe lo que la vida depara.

Dile a tus cercanos que los quieres, que los amas mucho, abrázalos fuerte en cuanto los veas. Amar es lo que necesito, amarme a mí y amar a los demás.

Cuida lo que tienes y lo que recibes, así como lo que das. Los recuerdos es lo único que se queda con nosotros para siempre.

Mientras tanto, seguiré contando los días, dormiré y volveré a comenzar un día más…

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¿Día 44…? ®

Este texto fue premiado en el concurso “Miradas artísticas sobre la pandemia”, organizado por el Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad de la UNAM.

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Publicado en: Apuntes y crónicas

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