Nuestra única delicia será hacer siempre el mal

Entrevista a Mariño González

El periodista entrevista al redactor, periodista, editor, escritor y músico punk Mariño González, que además es coordinador de comunicación de la FIL Guadalajara.

Mariño González. Foto de Facebook.

“Right back where we started from” cantaba la Nightingale. “Boys are back in town” cantaban aquellos otros. Ésta es una entrevista que, en lo particular, me entusiasma publicar, ya que fue realizada a una de las personas más honestas, lúcidas y contestatarias: el escritor, periodista, dibujante y punk irredento Mariño González (Guadalajara, 1977). Hablamos en entrevista sobre periodismo, edición y narrativa outsider, además del movimiento punk mexicano; sus libros de relatos Vietnam (Arlequín, 2005) y Pésimas personas (Arlequín, 2014), y de su novela Fútbol (una novela punk) (FETA, 2010); de su banda de rock Los Magones, la diversidad sexual y la FIL.

Mariño González ha sido colaborador de publicaciones como Mondo Cane, Replicante y Luvina, entre muchas otras. Animador de numerosos medios, tanto impresos como electrónicos. Es vocalista en Los Magones y guitarrista en La Otra Banda Canceló. Durante el día coordina la comunicación de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

¿Cómo se compaginan la narrativa, el periodismo y la edición en tu obra?

—En el amor que le profeso a la palabra escrita y al oficio que la construye. Mi primer trabajo profesional como redactor fue en el diario Siglo 21, en Guadalajara, y ahí comencé a formarme como reportero y editor, lo que me adentró en el oficio de la escritura y la comprensión del lenguaje. En un principio creí que el periodismo era sólo un paso para convertirme en escritor, pero sucedió que me enamoré de la reporteada y la edición y ahí me quedé muchísimos años antes de intentar mis primeros relatos y novelas. Si lo piensas, todo en este mundo tiene una lógica narrativa que se puede descifrar mediante el periodismo o la literatura y luego pulirse mediante un proceso editorial. En un sentido muy personal, el periodismo, la música y la literatura son medios para manifestar mi rebeldía y hablar de las cosas que me preocupan. Y estos tres medios pasan siempre por el tamiz de la edición.

¿Qué recuerdas de tu época de reportear, a qué personaje recuerdas haber entrevistado con entusiasmo, y de qué manera dista el periodismo de aquel tiempo con el de ahora?

—Fue una época maravillosa que recuerdo con mucho cariño y duró más o menos de 1997 a 2010. Siempre reporteé sobre temas culturales —con algunos trabajos ocasionales para otras secciones— y me encantaba dar rienda suelta a mi espíritu peatonal; acudir caminando a mis citas de trabajo, regularmente en el centro de Guadalajara, para hablar con las personas: escritores, artistas visuales, músicos y un largo etcétera. Hace unos días, en una mesa de homenaje en memoria del artista y promotor cultural Paco Barreda —fundador con Rogelio Flores de la Galería Matiz, sita en el extrañado Roxy, templo del underground tapatío—, recordaba cómo a principios de siglo era obligado para los periodistas culturales pasearse por el Ex Convento del Carmen y charlar con Paco, quien además de dirigir por aquellos días las actividades de artes visuales de la Secretaría de Cultura de Jalisco era un melómano consumado, un gran lector de historietas y hacía unas piezas increíbles de arte objeto.

En un principio creí que el periodismo era sólo un paso para convertirme en escritor, pero sucedió que me enamoré de la reporteada y la edición y ahí me quedé muchísimos años antes de intentar mis primeros relatos y novelas. Si lo piensas, todo en este mundo tiene una lógica narrativa que se puede descifrar mediante el periodismo o la literatura y luego pulirse mediante un proceso editorial.

También recuerdo una vez que Francisco Payó González y yo entrevistamos a John Waters, director de Pink Flamingos, para Replicante. En esa charla entendí que cualquier locura, por más extrema que parezca, es susceptible de convertirse en arte si la trabajas lo suficiente. En cuanto al oficio del periodismo hoy, no creo que diste mucho del pasado, pues el trabajo, la ética y los valores son esencialmente los mismos, si bien es cierto que los formatos, las herramientas y las tecnologías se han transformado radicalmente en la última década. Por otra parte, hay que decirlo, México es hoy uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo.

¿Cuál es tu óptica personal de hacer periodismo?

—Salvo algunas colaboraciones extraordinarias, estoy alejado del periodismo, en tanto que ya no ejerzo el oficio como reportero; sin embargo, puedo decir que para mí el periodismo es una forma de visibilizar problemas —espirituales, sociales, artísticos, culturales, ambientales, políticos o de cualquier tipo— para abonar a sus posibles soluciones.

¿Te consideras un escritor outsider?

—Más bien un outsider que escribe.

Háblame un poco de tu trabajo como editor en los periódicos Siglo 21 y Público.

—Esos primeros años de mi vida profesional sentaron la base de mi escritura, pues trabajé como redactor, reportero y editor, y me enseñaron a observar la realidad con ojos críticos y a entenderla por medio del lenguaje. La chamba de edición es compleja y cansada, a veces incomprendida, pero muy gratificante: tienes a tu mano múltiples contenidos y herramientas con los cuales das a un mensaje un formato específico, que en mi caso eran las planas impresas de un periódico.

Los Magones.

¿Qué es lo que te atrae del movimiento punk?

—El ánimo solidario e inclusivo y la actitud de no arredrarse ante ningún reto, por más o menos complejo que sea. La amistad y el do it yourself. En particular, en la escena mexicana me late la generosidad con la que las personas que se identifican con el punk —tanto en lo musical como en el discurso contestatario— comparten sus talentos para construir un mejor presente. Después de todo la gran epifanía del punk es que no hay futuro y la posteridad no existe. Y, por supuesto, los gritos y las guitarras ruidosas.

¿Cuál consideras que es la mejor banda de punk de 1979 a 1984?

—Eskorbuto, la banda más honesta que ha pisado este planeta.

¿Quiénes son la Liga de Villanos?

—Es una forma elegante y rebuscada de referirnos a las amigas y los amigos que cada tanto nos reunimos para charlar, escuchar música, pasarla bien y, si se da la oportunidad, apoyar una causa común u organizar alguna actividad por el simple gusto de hacerlo.

Eres la persona más antifutbolista que conozco, de hecho, eres la persona más ANTI.

—Nunca me emocionó el fútbol y sus peores fanáticos se golpeaban frente a los multifamiliares donde crecí cada vez que los equipos locales jugaban en el estadio Jalisco. En Fútbol (una novela punk) quise caricaturizar esto usando el deporte como escenario y pretexto para contar una historia de aventuras y hablar de otras cosas, como la rebeldía, el amor y la diversidad. Por cierto, la novelita será reeditada en 2022 por Ediciones Arlequín. Cantaba Eskorbuto que “no estamos conformes” y “somos antitodo”. Y sí, somos antitodo lo que vulnere la libertad de las personas y su derecho a una vida sin violencia.

¿Cómo fue el proceso creativo de Vietnam?

—Este libro reúne mis primeros relatos, cuando pasé de querer escribir a hacerlo. Algunas situaciones que viví en mi andar de periodista, llevadas al absurdo y a la caricatura, se convirtieron en los cuentos que forman parte de este librito, que afortunadamente sigue imprimiéndose. En la mayoría de los relatos busqué un estilo humorístico. Por entonces leía desenfrenadamente a Boris Vian e imaginaba a mis personajes como dibujos animados o muppets, lo que dio el tono final a los cuentos. Este 2021 mi editorial, Arlequín, publicará la edición conmemorativa por los quince años del libro (un año después, por la pandemia), con prólogo de Antonio Ortuño y una historieta de Ezequiel Cruz.  

El relato “Nuestro punk”, incluido en Pésimas personas, ¿está basado en alguien en específico?

—Es gracioso porque el cuento no se basa en alguien o algo, ¡pero sí ocurrió después! Originalmente fue un pretexto para hablar del paso de la juventud a la adultez y luego, ¡pum!, un relato premonitorio. Años después de su publicación, la situación descrita en “Nuestro punk” se hizo realidad cuando un amigo llegó a vivir a casa y nos la pasamos bomba, muy al estilo del cuento, hasta que hubo que buscar empleo, que es como mueren todas las fantasías. Así que puedo afirmar que, en este caso, mi realidad se basa en la ficción.

Actualmente haces música en un garaje al lado de Los Magones (banda de la que es baterista Antonio Ortuño), en un entorno lleno de cables, perros y carteles subversivos. ¿Cuándo volverán a los conciertos en vivo, ya hay posibles fechas?

Mariño. Foto de Facebook.

—Llevamos ya toda la pandemia sin reunirnos a tocar y lo que más extraño son los ensayos. Ahora resulta un poco complicado quedar para ensayo porque todos estamos en cosas distintas: Álvaro Moreno, guitarrista, tiene su banda Hollywood Babilonia, que es buenísima, y además trae sus proyectos de video documental. Óscar Frías, bajista, atiende su negocio y acaba de lanzar un canal de pesca responsable en YouTube, “Badfish Salud y Pesca”, que recomiendo muchísimo. Y Antonio, nuestro baterista, se ocupa en escribir esos relatos y novelas brutales, bellísimas y con un sentido del humor y un estilo que desbordan inteligencia. Yo, por mi parte, soy el loco del pueblo y durante el día atiendo mi trabajo en la jefatura de prensa de la FIL Guadalajara. Confío en que pronto nos reunamos para abrumar a nuestros diez fans con eso que llamamos canciones.

¿Cuál es tu canción favorita de Miguel Bosé para ser cantada en un karaoke?

—“Morir de amor”, porque soy un viejo sentimental.

¿Qué representa para ti la imagen de Ana Victoria?

—Ana Victoria es una gran intérprete y una gran mujer. Me gustan mucho sus canciones y la admiro por tener una posición muy clara a favor de la diversidad, las expresiones de género y el derecho de las personas a ser ellas mismas.

La diversidad de orientaciones sexuales, constatable en la realidad social, es rara vez tratada por el sistema educativo mexicano. Es imperativo trabajar esa diversidad; sin embargo, no son frecuentes los materiales que ayudan a hacerlo. ¿Cuál es tu posición?

—El sistema educativo mexicano es un desastre y más en esta clase de temas, que suele abordar desde una óptica moralina. Por eso es importante leer, escuchar, viajar, hablar con las personas, abrevar de otras fuentes y, sobre todo, acompañar a niñas, niños y jóvenes en sus procesos de construcción de identidad. Afortunadamente hoy contamos con buena bibliografía al respecto, para lectores de todas las edades, y en el ámbito público cada vez se habla más de esta diversidad de orientaciones sexuales e identidades de género. Sin embargo, queda mucho por hacer: es terrible que aún se cometan crímenes de odio, por ejemplo, contra familias homoparentales o personas trans. Hace unas semanas, cuando falleció el Sax, de Maldita Vecindad —dejándonos una gran tristeza—, puse el primer disco de la banda y entendí por qué “Rafael” es una de mis canciones favoritas de toda la vida: habla de una persona travesti desde la comprensión y el cariño, sin juicios morales, y personalmente me ayudó a entender una realidad que, a los doce años de edad, no sabía nombrar y me causaba una tremenda curiosidad. Ahora que lo pienso, otra de las enseñanzas del punk es que todas las personas tienen derecho a identificarse y amar según sus propios parámetros.

Actualmente eres coordinador general de Prensa y Difusión de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). ¿Cómo fue la experiencia de emprender una feria sin público y completamente en streaming algo histórico?

—Amo mi trabajo en la FIL Guadalajara y soy su fan número uno. En 2020, debido a la pandemia, hubo que trasladar la Feria al ámbito virtual y quienes integramos el comité organizador tuvimos que aprender nuevas habilidades para tener ese maravilloso festival en línea que sobrepasó todas las expectativas. La FIL es una experiencia única y 2020 no fue la excepción, pero ya esperamos con muchas ganas la edición presencial de este año.

¿Extrañas las fiestas de prensa?

—Extraño trabajar mano a mano con mis compañeros de la FIL Guadalajara y con los más de tres mil periodistas que cada año acuden a cubrir nuestras actividades. Para mí, esa es la verdadera fiesta.

¿Qué estás escribiendo ahora?

Por el momento, canciones, que intento componer con mis poquísimas habilidades musicales. Por otra parte, estoy en un proceso de inmersión para descubrir las pistas y cazar esa novela que traigo en mente y que probablemente comience a escribir en 2022. Ya veremos.

¿Nuestra única delicia será hacer siempre el mal?

—Comenzamos a caminar y pensar y ya alguien o algo pretende imponernos su moral, casi siempre equívoca. Primero los padres y después la religión, la escuela y el Estado. Las personas que no se ajustan a los estándares de la moral en turno suelen ser excluidas y, muchas veces, violentadas por el sistema, que será un monstruo metafórico, pero sí que existe. Por eso la idea del bien ha sido utilizada para controlar y limitar a las personas mediante la imposición, y la rebeldía se asocia casi siempre con el concepto del mal. No pretendo ser simplista, pero mucho de lo que se atribuye al mal —la diversión, la búsqueda de libertad y la individualidad; la expresión de género o el derecho al ocio y la vagancia— me parece más bondadoso y enriquecedor que las verdades de ciertas religiones. Es por ello que, como los ángeles caídos en El paraíso perdido de John Milton, cantamos: “Nuestra única delicia será hacer siempre el mal, para contrariar la voluntad de aquel a quien nos resistimos”. ®

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Publicado en: Mixtapes

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