La política argentina está en el ojo de la tormenta desde hace décadas. Esta crónica relata uno de los momentos más tensos que hubo en uno de los gobiernos más populares de la nación. Corrían los primeros meses del mandato de Cristina Fernández. Su ministro de Economía, Martín Lousteau, saca una resolución que hará dividir tanto a la política como a la sociedad en dos bandos. Este chico ve en este caso un reflejo del país a posterior. Con un entrevistado de cada “equipo” busca narrar y explicar lo que pasó la noche de la 125.

Jueves por la madrugada, llegando a las cuatro. En tres horas tiene que ponerle el lomo a la vida. Recuerdo ver raro a mi viejo. Sentado en el sillón individual frente al televisor, en la oscuridad de una noche invernal. Manos transpiradas sostenien el control para bajar el volumen. Sus piernas se mueven ágilmente en un signo preocupante. Escalofríos recorren su nuca y espalda. Rápidamente pensé, está jugando Newell’s y no me avisó por la hora, lo voy a matar. Bajo por la escalera, que da de frente al sillón, de espaldas al televisor, y en un suspiro de miedo.
—¿Qué haces, hijo, a esta hora despierto? Andá a dormir.
—Pensé que estaba jugando el Gato.
Mi ídolo por aquel entonces era el Gato Formica. Su imagen me hizo recordar las anécdotas de él y mi abuelo en la época gloriosa del 88 al 92. Nerviosismo, ansiedad, desesperación. Me duermo junto a él por ser un pequeño de cinco años que lo único que le importaba, hasta hoy, es el rojinegro. A las pocas horas, casi en desaparición en mi mente sintiendo que había sido un sueño, le pregunté qué había pasado.
—La 125, Tomi, algo de política.
Mi viejo, pálido, con ojeras, sin esa chispa característica de él por la mañana, me respondió cortante y sin ánimos de seguir con el tema.
Mediodía de un día de la semana, no recuerdo bien. Una de las muy pocas veces que almorzabamos los cinco debido al colegio y al laburo, o al menos eso pensaba. En una vaga idea de mi viejo de hablar de algo con mi vieja larga un comentario:
—Viste, Celi, se cumplen diez años de la 125, parece como si fuese ayer.
—Ah, mirá vos —respondió mamá.
Me sonó familiar, no le di importancia.
—Tomás, dejá el celular un rato y conectate con la realidad.
—Bueno, eh, tranquilo, acordate que la semana que viene me junto con el grupo de amigos nuevos en la casa de Santi. ¿Me podés llevar?
Pasaron los días.
—Hola, Eduardo, no sabía que Santi es tu hijo, tené cuidado que el mío es un vándalo. Mi nombre es Fernando, te dejo mi número por cualquier cosa.
Ellos se quedaron charlando, yo me fui rápido con Santi a jugar.
Días después papá me sacó charla de ellos.
—Te acordás de la 125, esa noche que te pensaste que jugaban los muertos, bueno, él estuvo ahí, Eduardo.
En una curiosidad mía, sin demasiado por hacer, puse en YouTube la 125, para intentar ubicar a Eduardo. Ahí lo vi, arriba de un escenario, con una multitud escuchándolo. Cacerolazos, banderas del país, boinas, ponchos y alpargatas predominaban frente a la tarima ubicada en el monumento a la bandera. Yo sentía un gran apoyo de la sociedad hacia él, que no estaba solo.

En una de esas tardes–noches en las que me encontraba en la casa de los Buzzi, en un intento de acercarme a Eduardo, le consulté, desde mi ignorancia absoluta, qué era la 125.
Fue un intento de confiscación autoritaria. Es el proceso por el cual un ministro de Economía toma por vía de una resolución un intento de apropiación de una renta extraordinaria que recibía en ese momento el sector agropecuario. Necesitaban cubrir un bache fiscal. En el 2008 se preveía un año de cierta caída de la actividad económica internacional, eso iba a generarle un problema a la economía argentina. El gobierno tenía un agujero económico y fiscal y lo tenían que reemplazar con un ingreso extraordinario de 2 millones de dólares y fueron a buscar esos 2 millones al campo. El gobierno pasaba de tener del 35% al 58% en lo que respecta a la soja, ridículo. Esa es la explicación de lo que significó la 125 para el sector agropecuario.
Ahí lo vi, arriba de un escenario, con una multitud escuchándolo. Cacerolazos, banderas del país, boinas, ponchos y alpargatas predominaban frente a la tarima ubicada en el monumento a la bandera. Yo sentía un gran apoyo de la sociedad hacia él, que no estaba solo.
Después de aquella charla me empecé a interiorizar más en el tema, porque me pareció interesante: Qué había sido aquella resolución, cómo influyó en la sociedad, qué pensaban aquellos que trabajaban en el campo, qué medidas se tomaron en el durante, y finalmente la votación y el final de unas de las resoluciones que tuvo mayor repercusión en nuestro país.
Martín Lousteau, ministro de Economía que había asumido en diciembre de 2007, acompañado de Cristina Fernández de Kirchner, presidente de la nación, lanzaba una resolución: la 125/2008. Se trataba, en simples palabras, de una retención móvil del gobierno a las exportaciones agrícolas. Mientras más costaba ese grano (maíz, soja, girasol) en el precio del mercado internacional, más retenciones había, si el precio bajaba, las retenciones bajaban. Para ese entonces la retención móvil que iban a tener los exportadores (en otros términos, cuanta plata debían dar al gobierno), era entre un 44% a 46% de la venta total.
Sinceramente, cuando escuché la resolución por primera vez pensé que había o existía algún error con el comunicado. ¿Por qué? Porque el secretario de Agricultura de ese momento, Javier de Urquiza, me había llamado esa mañana del 11 de marzo y me había dicho que iba a haber novedades para nosotros respecto de las retenciones. Cuando conocemos a las 6 de la tarde la resolución, decimos, acá tiene que haber un error. No sólo no bajaban las retenciones a los productores chicos, sino que además le aumentaban a todos por igual al 44% y si las soja se iban a 600 dólares por tonelada le aumentaban al 58%. En mi mente pensé, esto es un error.
La noticia llegó a todas las casas de nuestro país. Se inició una especie de guerra civil, de un lado quienes apoyaban al campo, reafirmando que el gobierno se quedaba con plata, y por otro, quienes apoyaban las decisiones políticas del partido oficialista, dejando en claro que la estabilidad económica del país por aquel momento era más importante.
Primer acto
Cristina Fernández de Kirchner, Julio Cobos (clave), Guillermo Moreno, Martín Lousteau, Alberto Fernández y Néstor Kirchner de un lado; Eduardo Buzzi, Luciano Miguens, Mario Llambías y Fernando Gioino del otro.
Agustín Rossi, por aquel entonces diputado y presidente de bloque del partido oficialista, confirmaba lo que se veía venir.
Estábamos en el año 2008 y se acercaba la crisis de Lehman Brothers, había una crisis financiera internacional, y no sabíamos qué impacto podría llegar a tener dentro del país. Entonces lo que se buscó fue un mecanismo de retenciones móviles. Se esperaba una reacción negativa por parte de las entidades agropecuarias, lo que no nos imaginábamos en ese momento era que esa reacción negativa se convirtiese después en una bandera política de la oposición para intentar debilitar institucionalmente al gobierno.
El 11 de marzo se dio a conocer la resolución. El día 12 de marzo las entidades agrícolas se reunieron y mostraron su total malestar y repudio a la resolución. Los presidentes de la Federación Agraria Argentina (Eduardo Buzzi), Sociedad Agraria Argentina (Luciano Miguens), Confederaciones Rurales Argentinas (Mario Llambías) y Confederación Intercooperativa Agraria (Fernando Gioino) se unieron y comenzaron a actuar en consecuencia del decreto.

Cuando nos reunimos con todas las entidades pusimos como fecha el día siguiente para declararnos en protesta. Declaramos jueves y viernes 48 horas de paro agropecuario, o sea, la no comercialización de granos, de hacienda, de frutas y demás. Después el paro terminó siendo de semanas.
Una acción que a la presidencia no le gustó. Se veía un país dividido a la mitad, literalmente. Tractores a la cancha, realizando piquetes en el medio de la ciudad porteña. Marchas a la Casa Rosada de los dos bandos, con cacerolazos, y cuando se vieron cara a cara, un par de manos duras y piñas para querer sacar pecho de ver quién se la aguantaba más. Más de dos semanas sin diálogo alguno entre las partes y con paros constantes en rutas que hacían que el país no funcione con normalidad. El 28, diecisiete días después (el de la desgracia), se levanta el teléfono por primera vez para poder charlar cara cara entre los dos equipos, en una reunión que condujo el jefe de gabinete, Alberto Fernández. No sirvió de nada, la desconfianza no se diluyó, aumentó.
Recién el 29 de marzo hay una primera reunión con Alberto Fernández, Guillermo Moreno y Martín Lousteau. Fue una especie de pausa que se hizo para habilitar mesas de negociaciones. Una pausa que lamentablemente no significó que corrijan los muchos problemas, ya no sólo la resolución 125, sino de la ganadería, de las economías regionales, la manzana, la lechería, etc. Se armaron mesas y empezaron a realizar trabajos durante algunos días, pero no había correcciones porque el gobierno, con Néstor Kirchner como principal operador, o el que mayormente tomaba las decisiones detrás de Cristina Fernández, no quería concederle al campo porque creía que era un poder económico.
Mesas que iban a buen puerto, pero se hundían al llegar por una fuerza superior del gobierno.
Segundo acto
Cristina le habla a sus seguidores desde la Casa Rosada. Una Plaza de Mayo colmada. Problemas en el equipo. Moreno y Lousteau. Comienzan a discutir frente a las cámaras el secretario de Comercio, del Interior y el ministro de Economía. En un gesto desafiante, Moreno pasa su mano por el cuello frente a Lousteau, dejando en claro el quiebre de la relación.
Tiempo después dieron sus explicaciones los dos, fue así: Esa mañana salían barcos exportadores de carne hacia distintas partes del mundo. Se había comentado que la nación no tenía abastecimiento de carne para los ciudadanos, por ende, Moreno ordena que la exportación vuelva al puerto argentino para que la carne sea propiedad nuestra. Lousteau se entera de que los barcos vuelvan al puerto, y toma por hecho que se pierda toda esa exportación, quedando mal con los países receptores, sabiendo que esa carne ya no le serviría a Argentina. Uno quería que la carne se quede, otro que se vaya porque era un deber. “Hay una línea, nosotros y ellos, vos , la pasaste” fin. Rossi confirmó:
Moreno y Lousteau no se llevaban bien, eso estaba claro. La decisión de la renuncia de Lousteau entiendo que fue por el desgaste de sostener la resolución 125. La creó y después se generó toda una situación de desgaste sobre su figura que lo terminó llevando a tomar la decisión de renunciar. Claramente había tensiones en el gobierno ya que fue un hecho conmocionante.
Esa mañana salían barcos exportadores de carne hacia distintas partes del mundo. Se había comentado que la nación no tenía abastecimiento de carne para los ciudadanos, por ende, Moreno ordena que la exportación vuelva al puerto argentino para que la carne sea propiedad nuestra.
Se incrementan los problemas dentro del gobierno, mucha inestabilidad dentro de la resolución. Para mediados de abril, hay otra reunión, esta vez con Cristina en la mesa, y llegan a una tregua de un mes sin paros ni piquetes. Respiraba el país, o eso creían.
Volvieron los conflictos. La Revolución de Mayo, en nuestro país, es una fecha patriótica histórica. Comenzaba la independencia de un país que quería ser libre. Todos unidos por el mismo objetivo, que, a futuro, íbamos a crecer como nación. Bueno no, 197 años después parecía que todos los pasos hacia adelante que había dado nuestra querida nación retrocedían. El gobierno lo festejaba en la Rioja, los campesinos en mi querida Rosario, frente al monumento, dictando discursos ofensivos contra su rival.
El 5 de julio el proyecto llega a la cámara de diputados para posteriormente pasar a la cámara de senadores, logrando tener media sanción. 129 positivos, 122 negativos y 2 abstenciones. Más de 18 horas en la cámara de diputados, arrancó el 3, terminó el 5. Rossi se enfrentaba a un gran desafío, lograr que la 125 tenga media sanción:
Cristina pensaba que la resolución debía pasar por el congreso para una definición por sí o por no. No alcanzaba con la legalidad que tenía la resolución, sino que además había que darle más legalidad con una resolución del Congreso y más legitimidad a partir del voto. Dentro del congreso hubo dos momentos, el primero donde vinieron todos: mesa de enlace, agricultores, el gobierno que defendía la resolución y la Comisión de Presupuestos y Comisión de Agricultura y Ganadería, funcionando en forma conjunta. Se escucharon todas las voces. Para el segundo momento (y más importante) era la construcción del despacho. Decidimos construir el despacho en dos puntos: el primero era que ratificamos la resolución 125; El segundo, era en qué casos no se debería cumplir la misma. Eso es lo que nos permitió ganar la votación. Primero la segmentamos, reduciendo drásticamente las retenciones a los exportadores pequeños, mejorando incluso aún las retenciones que ya había. Los productores de menos de 300 toneladas de 35% a 30%. Los productores entre 300 y 750 toneladas pagaban las retenciones sobre 35%, que era lo que existía antes de la resolución, los productores entre 750 y 1,500 toneladas, las primeras 750 las pagaban a 35%, las segundas 750 las pagaban con la curva de la resolución 125 y los productores de más de 1,500 toneladas pagaban según lo que fijase la resolución 125. Con eso nosotros exceptuábamos de la resolución 125 el 80% de los productores. Y lo otro que pusimos en nuestro despacho era que había que hacer una compensación por flete, es decir, aquellos productores que tenían que recorrer una mayor distancia en kilómetros para llegar a puertos tenían un descuento en cuanto a pagar los derechos de exportación.
Para el día de la votación era todo una incertidumbre, no estábamos tan seguros de que podíamos llegar a ganar. Hubo 18 diputados de mi bloque que votaron en contra. La tensión política era tan alta en ese momento que, como suele suceder en la Argentina, era blanco o negro. Desde las entidades agropecuarias me decían que por más que le hagamos modificaciones, lo que ellos querían es que no salga la resolución, ya que era una cuestión política.
Tercer acto
16 de julio, comienza la sesión. 10:30 de la mañana, José Pampuro, presidente provisional de la cámara, comienza la asamblea. Una junta que estuvo toda la tarde y noche con demasiados debates. Se intercambiaban posturas para intentar convencer a aquellos senadores que estaban indecisos o no habían dado a conocer sus votos. El partido lo iba ganando el kirchnerismo, pequeña ventaja, pero todavía faltaban senadores, fantasmas, que no estaban, pero estaban.
¡Ay, mi Santiago querido, yo añoro tu quebrachal! Rached, Emilio Rached. Un hombre de perfil bajo, que representaba a los santiagueños en el senado. Había asumido hace poco, nadie sabía mucho de él. Llamados van, llamados vienen, promesas, amenazas y opiniones para determinar su voto se asoman por el amanecer de los bloques. Él no dio respuesta, no contestó ningún teléfono, no se dejó llevar por el vigor de aquellas promesas y amenazas. Sólo hizo una acción, llamó. Llamó al presidente de bloque opositor para dar a conocer su voto, respira el campo.
Los votos estaban contados. Todo muy a la deriva, una opinión que se cambiaba y la resolución era otra. 72 son los senadores, había 71, faltaba uno. Tarde noche, ¿y Menem? ¿Dónde andará? Julio, clima invernal. Menem, uno de los más longevos dentro del recinto. Dolor de cabeza, garganta y un resfrío lo mandaban al banco de suplentes, su casa. El campo necesitaba de él para poner en tablas la votación… Lo logró Zulemita, un factor clave que hizo que su padre vaya a la votación: “Mi voto en contra de la resolución 125”. 2 am de la mañana. 3 am, votación empatada, no había ocurrido nunca, jamás. 36 senadores a favor, 36 senadores en contra, desempata el presidente de la cámara de senadores, Julio Cobos, vicepresidente de nuestra nación por aquel momento. Vos pensás, un funcionario del gobierno, mano derecha de la presidente, es cantado el voto.
Tarde noche, ¿y Menem? ¿Dónde andará? Julio, clima invernal. Menem, uno de los más longevos dentro del recinto. Dolor de cabeza, garganta y un resfrío lo mandaban al banco de suplentes, su casa. El campo necesitaba de él para poner en tablas la votación…
4 am de la mañana, 17 de Julio. 17 (el de la desgracia). “Que la historia me juzgue, pido perdón si me equivoco, mi voto no es positivo, mi voto es en contra”.
Sorpresa. El deber de Cobos marcaba un voto, el pensamiento otro. El pensamiento por encima del deber.

Después de tres meses de tensión social Cobos buscó enterrarla, y así lo hizo saber Buzzi:
Nosotros no teníamos certeza de que Julio Cobos iba a votar en contra de la 125, pero teníamos indicios. Julio nos había dicho en privado, y después lo hizo público, que había que hacer las cosas de modo que se pacifique la sociedad. Y efectivamente, lo dijo de un modo raro que pasó a la historia. Desde ese día se partió el poder ejecutivo con la presidente, Cristina, y él. Nosotros ganamos una batalla. No quiere decir que cambiamos la política agropecuaria. Ganamos esa batalla, pero fue tan rara, tan larga, tan extensa, tan irracional que nos transformó a todos en una experiencia inolvidable y a algunos nos dio un nivel de notoriedad que, por lo menos, en mi caso, permanece el recuerdo del protagonismo que me tocó vivir en aquel momento.
Agustín Rossi vio ese conflicto como un problema para el futuro del gobierno.
Siempre supimos que Cobos no estaba de acuerdo con la resolución, pero de no estar de acuerdo a votar en contra había un paso. Cuando se especulaba de que podía llegar a haber empate y debía definir Cobos sabíamos que iba a votar en contra del gobierno, entonces esperamos a que se resuelva antes. A la hora de la votación no me sorprendió, sí me pareció incorrecto, le significó un tiempo de fama y después terminó caminando hacia el ostracismo político, digamos, que fue lo que finalmente terminó siendo. Sin duda que fue un antes y un después, creo que en la historia política argentina y obviamente en la historia política de nuestro movimiento, nos quedamos muy solos en ese momento, había una adversidad social muy importante, tal es así que Alberto Fernández, jefe de gabinete y mano derecha de Cristina, terminó presentando su renuncia luego de todo lo que significó la 125. Se generó una grieta, después perdimos las elecciones en el 2009 y eso hizo que perdiéramos la mayoría en la Cámara de Diputados de la Nación. Nos complicó los dos últimos años de gestión de Cristina.
128 días de conflicto extremo. Lo entendí a mi viejo. El porqué estaba sentado esa noche con ese nerviosismo. Fueron semanas en las que una grieta dividió al país; en esa resolución estaba en juego la paz social, en ese voto. Ocurrió, triunfó el campo. Un partido complejo que se pudo sacar adelante. “¿Se puede representar al pueblo y enorgullecerse de desabastecerlo?” ®
