Reflejos, de Leyre Montes

Gráfica reciente

En la obra de Leyre la imagen es tratada como una proyección de sí misma, un doble inmaterial pero expresivo que crea una cartografía íntima en torno al triángulo y a un número fetiche, el tres, y sus múltiplos.

Begging to the monsters, litografía.

Para identificar la otredad hay que encontrarse previamente a uno mismo. Y para iniciar esa búsqueda habría que empezar por preguntar a los reflejos, esas huellas que deja el alma en el mundo de los objetos, destellos de una personalidad esquiva, nómada, en tránsito permanente y atravesando diversas mutaciones creativas producto de turbulencias internas e inesperados hallazgos. Hay que añadir, además, un inventario de llegadas y partidas, ausencias, pérdidas, regresos y reencuentros.

El sueño de Marina, linóleo.

En esa nebulosa interestelar se origina el trabajo de Leyre Federika Montes, que también se alimenta de la inmensidad de los fondos marinos y sus criaturas, y de sugerentes rombos como puertas de entrada a mundos que se manejan en otras dimensiones que la acostumbrada. El cuerpo es un contenedor y al mismo tiempo un vehículo en expansión, una posibilidad de alterar la conciencia y vivir el cuerpo como si éste fuera un pergamino, un libro abierto o un libro por escribir.

El vértigo del dragón, madera negra.

La exploración de la propia feminidad, eje central en el discurso de esta polifacética y multidisciplinar artista, es la expresión de lo cotidiano y origen del autorretrato, en el que el pincel psicológico de Leyre se manifiesta de manera magistral, profunda y misteriosa. La imagen creada siempre es etérea pero a la vez totémica, casi chamánica, certera en el autodiagnóstico emocional, precisamente a través de su reflejo, de ese destello ligero como una pluma y ancho como el río Nilo, de donde viene esta faluka, pequeña embarcación de velas desgarradas y paisaje interior.

Faluka, fotopolímero y aguatinta.

La exploración del propio reflejo es el tobogán fundamental en la búsqueda de la trascendencia, un misticismo tenue flota en el ambiente, la escala de grises se hace oír con la nitidez del rasgueo de una guitarra gaditana. Las luces que dan los grises son intensas y reveladoras, y tienden en su expresividad a la lúcida melancolía.

Fishnet, punta seca.

En este juego de reflejos se lanzan botellas al mar con mensaje y el tiempo se vuelve espiral o remolino. Las imágenes escapan del tiempo lineal al recurrir al archivo registrado de la memoria. En la obra de Leyre la imagen es tratada como una proyección de sí misma, un doble inmaterial pero expresivo que crea una cartografía íntima en torno al triángulo y a un número fetiche, el tres, y sus múltiplos. ®

I’m my worst enemy, aguatinta.

Reflejos es una exposición de gráfica y un diario abierto, un registro de vida.

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Publicado en: Arte

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