También nos olvidaremos de Trump

De escándalo en escándalo

El ruido es el mensaje. La distorsión de la realidad se convierte en la realidad misma y —durante algún tiempo— nos permite tener algo con qué entretenernos.

Macho alfa.

Macho alfa.

Vivimos inmersos en la coyuntura. Habitamos en ella hasta que se agota y entonces saltamos a otro tema coyuntural que habrá de agotarse en un par de días, máximo una semana, casi nunca en más de un mes. Nuestra lectura de la existencia obedece a esta lógica. Ni siquiera es posible apelar a dios con nostalgia. No hay fenómenos de mediana duración, mucho menos de larga, que atrapen nuestro entendimiento y nuestro modo de ver las cosas.

Quien lo dude podrá darse cuenta de su error si se asoma, todos los días, a lo largo de un par de semanas, a las páginas de un periódico, a un noticiero de radio, a la televisión o si navega de forma aleatoria por internet y los medios sociales. Meto las manos al fuego: al hacerlo toda duda habrá desaparecido. El número de causas que en esas dos semanas habrá atestiguado que se defienden y el sinfín de asuntos trascendentales que aquejan al mundo y la nación serán tantos y tan efímeros que, antes de que pueda hacer un recuento de ellos, habrán sido remplazados por otros.

La coyuntura se alimenta del escándalo. El escándalo es el slogan que nos atrapa y no nos suelta hasta que caduca. La forma preferida para subyugar nuestra atención. Así, nuestro interés salta de la transexualidad de gente que no conocemos al terremoto en algún lugar que no podemos ubicar en el mapa a la elección de Trump como presidente a la presencia de tropas del país X en la frontera del país Z y a cualquier cosa que se pueda reducir en una imagen o en una oración concreta. Todo acompañado de un alud de comentarios y opiniones.

La lógica del escándalo es ajena a la materia del escándalo. Poco importa el fondo. La forma lo es todo. El ruido es el mensaje. La distorsión de la realidad se convierte en la realidad misma y —durante algún tiempo— nos permite tener algo con qué entretenernos.

Agotado el escándalo, nos movemos a lo siguiente: a un nuevo escándalo. En ocasiones, con ese extraño sabor de boca que deja el saber que hemos sido engañados. El escándalo no sólo encubre la materia del escándalo —al relegarla a segundo término— sino que también encubre que más allá del escándalo no hay nada.

Extinguido el escándalo, el interés por la materia desaparece. La información en la que nos movemos es tanta y tan desbordante que no hay tiempo de reparar en el contenido o la veracidad. Si es posible enunciarlo es suficiente para entregarnos a ello. El nuevo escándalo, de igual forma que el anterior, habrá de reducirse a lo sobresaliente sin importar lo que sobresalga. No importa lo que suceda mañana, también nos olvidaremos de Trump. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas

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