Té para tres

El cielo protector, de Paul Bowles

“La muerte siempre está en camino, pero el hecho de que no sepamos cuándo llegará parece restarle finitud a la vida.”

Ilustración de Shaun Lowndes. Tomada de behance.net/gallery/31794303/The-Sheltering-Sky

La novela El cielo protector (Galaxia Gutemberg, 2015), de Paul Bowles (1910–1999), fue rechazada en un inicio. Después tuvo tal éxito que Bernardo Bertolucci la llevó al cine. La historia trata del viaje al desierto africano de la pareja de esposos Port y Kit, junto a Tunner, amigo de ambos.

Port

No se consideraba un turista; era un viajero. La diferencia, explicaba, radica en parte en el tiempo. Mientras que el turista suele apresurarse por volver a casa al cabo de pocas semanas o de pocos meses, el viajero, sin pertenecer más a un lugar que al siguiente, se desplaza despacio y durante un periodo de años de una parte de la tierra a otra.

Esta consideración del disfrute del tiempo aparece en distintos pasajes de la novela:

Y se le ocurrió que un paseo por el campo era como un epítome del paso por la vida misma. Nunca nos tomamos el tiempo de saborear los detalles; decimos; otro día será, pero siempre con la certeza secreta de que cada día es único y definitivo, de que nunca habrá un retorno, otra ocasión… Como ni ella ni Port habían llevado nunca una vida programada, ambos cometían el error fatal de considerar con vaguedad que el tiempo era inexistente. Un año era como otro. Finalmente, todo llegaría.

El comienzo de la novela muestra que Port ha perdido interés por su esposa, se escapa algunas noches y una de ellas la pasa con otra mujer. Aunque a Kit le desagradan cosas de él, por momentos busca recuperar su amor. Para ello usa a Tunner, quien pretende conquistarla. Port se da cuenta de esas exageradas atenciones de su amigo, aunque se siente seguro de los sentimientos de su esposa y no cree que ella le dé entrada a Tunner.

“El terror estaba siempre ahí, dentro de ella, dispuesto a asumir el mando. Era inútil fingir lo contrario. Y al igual que ella era incapaz de deshacerse del pánico que siempre la acompañaba, él era incapaz de salir de la jaula en la que se había encerrado…”.

Un día deciden viajar a la misma ciudad: ella en tren con Tunner y Port en auto. Kit se emborracha en el tren y Tunner la besa. Después a ella le da remordimiento y para atenuarlo se va de paseo con Port. Durante el crepúsculo conversan en lo alto de unas rocas sobre el desierto. La escena es memorable, por la esperanza de encontrar el camino de regreso a su amor. Bowles muestra ahí la psicología de Kit, su sensación constante del desastre inminente —que a veces resulta premonitorio— y los presagios que mueven su actuar:

El terror estaba siempre ahí, dentro de ella, dispuesto a asumir el mando. Era inútil fingir lo contrario. Y al igual que ella era incapaz de deshacerse del pánico que siempre la acompañaba, él era incapaz de salir de la jaula en la que se había encerrado, la jaula que había construido hacía tanto tiempo para salvarse del amor… —Sabes –dijo Port, y su voz sonó irreal, como suelen sonar las voces tras una larga pausa en un lugar totalmente silencioso—, el cielo aquí es muy extraño. Cuando lo miro, a menudo tengo la sensación de que es algo sólido, allá arriba, que nos protege de lo que hay detrás. Kit se estremeció ligeramente. —¿De lo que hay detrás? —Sí. —Pero ¿qué hay detrás? La voz de Kit era muy tenue. —Nada, supongo. Sólo oscuridad. Noche absoluta.

Es la primera vez que en la novela que aparece el título. Ambos comparten un miedo a la vida.  

La descripción detallada de los paisajes de las ciudades que visitan crea una atmósfera que nos traslada a sentir y ver el desierto africano y el de nuestro interior. Durante la lectura me identifiqué con ese paisaje agreste que se puede ver en la ciudad donde vivo, Saltillo, en el estado mexicano de Coahuila. El cielo y el desierto se convierten en personajes presentes a lo largo de la novela.

Después de la visita a las rocas dejan atrás a Tunner y se adelantan a la siguiente ciudad. Entonces a los viajeros les sobreviene una serie de desgracias en un ambiente hostil y miserable. En la segunda mitad de la novela Bowles deja a su suerte a la nueva protagonista: Kit.

Para mí, los mejores momentos del texto son cuando Bowles muestra lo que se propuso: “La experiencia de la muerte, no vista por un observador, sino desde dentro”. Nos describe los pensamientos de Port en agonía, cómo él se siente en dos planos,  desprendido de su cuerpo, y cómo vuelve a él. “La muerte siempre está en camino, pero el hecho de que no sepamos cuándo llegará parece restarle finitud a la vida.” ®

Compartir:

Publicado en: Éstos son nuestros papeles

¿Quieres apoyar a Replicante? Aquí puedes donar desde $25 MXN al mes:
patreon.com/replicante

Otras revistas:

Aquí puedes Replicar

¿Quieres contribuir a la discusión o a la reflexión? Publicaremos tu comentario si éste no es ofensivo o irrelevante. Replicante cree en la libertad y está contra la censura, pero no tiene la obligación de publicar expresiones de los lectores que resulten contrarias a la inteligencia y la sensibilidad. Si estás de acuerdo con esto, adelante.