Un balance temprano de la 4T

Balance temprano. Desde la izquierda democrática, Ricardo Becerra y José Woldenberg

Por dondequiera que se entre al libro, dieciocho grandes temas, se sale preocupado y doliente. No es un alegato ideológico a favor o en contra. Es un estudio serio y un análisis crítico de los datos existentes y la realidad visible.

Inundación en Tabasco.

Por dondequiera que se entre al libro, dieciocho grandes temas, se sale preocupado y doliente. No es un alegato ideológico a favor o en contra. Es un estudio serio y un análisis crítico de los datos existentes y la realidad visible.

Todos tenemos contradicciones, íntimas y públicas, visibles e invisibles, vitales y sustanciales o triviales. Las contradicciones de Andrés Manuel López Obrador en el poder, el patriarca del sexenio, son un mar de fondo.
¿Qué hay en el fondo?

He terminado de leer el libro colectivo Balance temprano. Desde la izquierda democrática (México: Grano de Sal, 2020, 342 pp.), en el que veintitrés académicos estudian, revisan y analizan los primeros dieciocho meses del gobierno de López Obrador. Tiempos rápidos, duros y vertiginosos. Vivimos en la Edad Luz.

Por dondequiera que se entre al libro, dieciocho grandes temas, se sale preocupado y doliente. No es un alegato ideológico a favor o en contra. Es un estudio serio y un análisis crítico de los datos existentes y la realidad visible. No estábamos bien, no estamos bien y no vamos bien. Sin gritos ni consignas. Claro, estamos por cumplir apenas el primer tercio del gobierno, dos años.

Es un libro dramático pero no pesimista ni reaccionario. Hace lo que tiene que hacer desde su ámbito académico, no academicista; ver la realidad, estudiar los datos, contrastar los hechos con el discurso, analizar los resultados, acotar y contrastar la narrativa del poder. No es un diálogo con el presidente, ni siquiera con la sociedad; es un observatorio de la realidad social viva y contradictoria, a topes los hechos y las palabras.

Como la pandemia, la 4T encabezada por AMLO lo ha tocado y trastocado casi todo en materia de políticas públicas. ¿Para mejorarlo o empeorarlo o dar vueltas en círculo?

Crisis sanitaria, crisis económica, crisis en la educación, crisis en la violencia e inseguridad territorial, los feminicidios, crisis en la seguridad y militarización del gobierno, crisis en la desigualdad y la justicia social, crisis en el medio ambiente y el cambio climático, crisis en la política migratoria, crisis en los presupuestos de ciencia, cultura, educación, salud, organismos autónomos y organizaciones civiles, etc. Crisis en el Estado constitucional, laico, flaco, pulgoso, poco eficiente y centralizado. Confrontación permanente con los medios y con la sociedad, atizando el fuego de la discordia desde el poder entre los unos y los otros. Combatiendo la corrupción como un espectáculo mediático, sin crear o aceitar las estructuras necesarias de vigilancia, transparencia, rendición de cuentas y sanción legal de los ilícitos. Sin crecimiento económico, sin reforma fiscal, sin nuevos ingresos, sin desarrollo. Despreciando todo lo hecho por los gobiernos anteriores calificados de neoliberales, con sus élites corruptas, la “mafia del poder”. Personalizando la maquinaria del bienestar social y la clientela electoral. Inaugurando en el México moderno un nuevo populismo, caudillismo, presidencialismo. Todo pasa por AMLO o no pasa.

¿Vamos bien? Pese a todo, ¿vamos saliendo de las contingencias y los imponderables y estamos avanzando hacia nuevas bases y estructuras sociales? ¿La poderosa narrativa optimista del poder checa con la realidad compleja y contradictoria? ¿No es puro cuento ni pensamiento mágico del patriarca del sexenio? ¿Qué país asumió en 2018, qué México tenemos a finales del 2020, qué país tendremos en 2024, en 2030?

Crisis sanitaria, crisis económica, crisis en la educación, crisis en la violencia e inseguridad territorial, los feminicidios, crisis en la seguridad y militarización del gobierno, crisis en la desigualdad y la justicia social, crisis en el medio ambiente y el cambio climático, crisis en la política migratoria, crisis en los presupuestos de ciencia, cultura, educación, salud, organismos autónomos y organizaciones civiles, etc.

Rolando Cordera y Enrique Provencio reconocen el impacto de la emergencia extraordinaria y no ven, ante la crisis económica agravada por la pandemia, nuevas estrategias de política económica. Señalan cinco prioridades, que implican una convocatoria de Estado, más densidad y no retórica en el discurso político, y un diálogo abierto que propicie la concordia y el debate. A. Una revisión seria de la política social, más allá de los programas de bienestar. B. Reactivar la inversión pública y privada. C. Apoyos productivos a la suspensión de actividades, quedarse en casa y trabajar en ella. D. Programas y respuestas regionales según la gravedad y variedad de los problemas. E. La reforma hacendaria. No hay cambios mayores y no hay diálogo nacional. No hay debate de altura.

Gonzalo Hernández Licona dice que nadie mejor que López Obrador ha sabido captar y capitalizar el malestar social histórico, pero otra cosa es “que el presidente tenga las ideas, el conocimiento y los instrumentos para encarar y resolver los problemas”. Repasa y lamenta el borrón y cuenta nueva de los programas sociales anteriores, y vuelta a empezar sin acumular lo aprendido, las experiencias, los registros, la gente y los problemas focalizados. Y puntualiza: “La política social no puede resolver los grandes problemas históricos. Ayuda y es un pilar, pero, sin crecimiento ni política económica que lo provoque, los frutos serán precarios…”. La pandemia cambió todo, “pero el guión de la política gubernamental permaneció igual, y constituye un error histórico”. No está mal el “dinero en efectivo como política social” (vieja idea de Zaid, El progreso improductivo, 1979), sabiendo que es insuficiente sin educación, trabajo, desarrollo económico, producción, generación y distribución de la riqueza, etcétera.

José Woldenberg ve un presente oscuro y un futuro que puede ser peor. Revisa y cuestiona las tendencias maniqueas y poco democráticas del patriarca del poder que edita un presidencialismo inédito. Democracia delegativa y presidencialismo nominalista: todo se deja en manos del presidente y en el discurso de éste la realidad es el discurso. Al paso nos regala unas viñetas literarias entrañables que es difícil no compartir. Y una idea terrible (que expondré más adelante).

Jacqueline Peschard destaca lo que ya sabemos, el combate a la corrupción que identifica a AMLO y que éste ha señalado como el mal mayor del país, pero la investigadora duda de la efectividad de su combate. Su “concepción individualista de la corrupción es muy limitada”, persigue mediáticamente a los grandes personajes y deja intocado el engranaje oficial. La corrupción no es individual sino estructural y social. Su caballito de batalla parece más una lucha simbólica. Un espectáculo mediático y no un cambio de fondo, que desde luego no es fácil. Seguimos sin transparencia, sin rendición de cuentas, sin vigilancia. ¿La corrupción y la impunidad sólo en casa de los enemigos identificados? ¿No veremos al final del sexenio reproducido adentro lo que se condenaba afuera? ¿Qué sucede en los rincones oscuros de las oficinas públicas?

Su “concepción individualista de la corrupción es muy limitada”, persigue mediáticamente a los grandes personajes y deja intocado el engranaje oficial. La corrupción no es individual sino estructural y social. Su caballito de batalla parece más una lucha simbólica.

Sergio López Ayllón, Saúl López Noriega y Javier Martín Reyes hacen evidente la “abierta discrepancia entre la retórica y la práctica reformista del lopezobradorismo”. Las tensiones entre el derecho y el poder, que el patriarca trata siempre de resolver a su favor. “Tenemos un presidente que cree que sus palabras son normas, que piensa que su voluntad se encuentra por encima de la Constitución y las leyes, que no tiene el menor pudor en cancelar derechos fundamentales por la vía del decreto”. En suma, el poder en turno se niega al límite del ejercicio del poder que impone el Estado de derecho. Parece pensar que el mandato popular encarnado en su figura presidencial le da derecho a todo lo que dicte su voluntad. Él es el pueblo. El poder concentrado en un hombre. Las reglas legales ceñidas a su voluntad de poder. Para eso sirve el poder, ¿no? No. Quien abarca mucho, aprieta poco.

Carlos A. Flores Vargas y la creciente militarización del país sin pacificación. Negando y contradiciendo todo lo que decía antes de ser presidente. ¿Qué mar de fondo hay en esa relación? “La ocupación militar del Estado es aún más delicada si se advierte la magnitud de la participación de los cuerpos castrenses en novedosas encomiendas que van desde funciones inmobiliarias, migratorias, de asistencia social, atención a emergencias y control de aduanas y puertos.” Más la Guardia Nacional. Asistimos a la constitucionalización de la militarización (Lisa Sánchez). “Hoy sabemos que los militares no regresarán a los cuarteles, al menos, durante el mandato de AMLO”. Y es el mismo Ejército que falló en la guerra contra las drogas y que el hoy presidente denunciaba cuando era opositor. El balance es grave. ¿Había o existe otra alternativa?

“Hoy sabemos que los militares no regresarán a los cuarteles, al menos, durante el mandato de AMLO”. Y es el mismo Ejército que falló en la guerra contra las drogas y que el hoy presidente denunciaba cuando era opositor.

Tonatiuh Guillén López repasa las relaciones siempre tensas con Estados Unidos, en este caso con el gobierno de Trump, y el sometimiento y la regresión en la política migratoria mexicana. “La política en materia migratoria del gobierno de López Obrador es emblemática de un proyecto de transformación que inicialmente tuvo un horizonte innovador… pero que en breve tiempo terminó en su contrario”. Las circunstancias mandan y los hechos tienen la cabeza más dura que los ideales mentales. Los bajos fondos del poder. El imperialismo democrático nos vigila y nos presiona. ¿Qué seguirá con el nuevo gobierno estadounidense? En nuestro caso, uno es el discurso en casa y otro en la casa ajena. AMLO no quiere pelearse con los vecinos pero se pelea y divide a los mexicanos. Política migratoria: “Un paso adelante y tres atrás”. (Creo sin embargo que Obrador personalmente es uno de los presidentes más limpios de Peña a Echeverría; es su fuerza, pero no así la misma vieja clase política a la que representa, el muégano de Morena).

Luis Emilio Giménez Cacho ve bien la reforma laboral de AMLO, tal vez lo mejor de su gobierno, obligado (como Peña Nieto) por los compromisos y las presiones internacionales, en este caso, la firma del nuevo tratado comercial con Estados Unidos (T–MEC). Reconoce el significativo aumento al salario mínimo que la crisis económica ha diluido, por desgracia. Y observa un nuevo y viejo sindicalismo cuyas relaciones con el poder en turno no sabemos cómo serán. Todo está en movimiento. “A la mitad del río.” En las dudosas aguas de la política nacional e internacional. ¿Qué camino tomarán en el sexenio de AMLO? Lo cierto es que el sindicalismo no es lo suyo. No cree en los líderes ni se acomoda a las formalidades legales. Sólo cree en él y el pueblo que él representa.

Antonio Azuela, Julia Carabias y Enrique Provencio se preguntan ¿Cómo anda nuestra política ambiental? No hay prioridad, no hay mayor interés, no hay presupuesto, no hay… Reprobados. Sólo avanzan los megaproyectos del Tren Maya y el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec.

En cuestiones clave como la transición energética, la acción climática, la protección de la biodiversidad, el apoyo presupuestal, el fortalecimiento institucional y otros aspectos ha continuado con la tendencia de los años previos o incluso ha tenido retrocesos.

En suma, el discurso político de transformación de la 4T carece de una visión ambiental moderna. La gestión ambiental es una de las áreas más damnificadas y debe revisarse por los compromisos internacionales adquiridos de la Agenda 2030.

Fernando Tudela, en su balance del cambio climático, dice:

No son localizables citas del presidente López Obrador que expresen preocupación por el cambio climático o un compromiso firme para enfrentarse a sus causas y efectos. La gran transformación socioeconómica que preconiza no parece incluir hasta ahora una transición hacia un modelo de desarrollo bajo en carbono y resiliente. El tema sale del marco de las prioridades de la actual administración pública federal.

Pero se avanza en el rescate y la reposición de Pemex como “palanca del desarrollo nacional” y en la construcción de la refinería Dos Bocas. El proyecto energético sin tomar en cuenta el complejo tema del nuevo desarrollo que exige el cambio climático. La presión tendrá que venir de fuera, de los tratados internacionales. Sin presupuesto ni interés, serán muy difíciles los cambios.

Jorge Javier Romero Vadillo y el evidente retroceso en la educación. Se echó abajó la reforma laboral educativa neoliberal, pero no hay nueva reforma educativa de la 4T. “Es un retroceso que tendrá consecuencias durante generaciones”. Y llegó lo peor: “Cuando la restauración del antiguo régimen educativo, vestido con nuevos ropajes, comenzó a ponerse en marcha, estalló la crisis sanitaria provocada por la pandemia y las clases se suspendieron en todo el sistema”. Siguió la incertidumbre y la evidencia de los enormes rezagos tecnológicos y de la desigualdad social en el campo y la ciudad. Los efectos serán devastadores.

Si la crisis sanitaria atacó un sistema sanitario maltrecho y con serios problemas de calidad y cobertura, y la crisis económica va en camino de convertirse en la mayor depresión desde 1929 … la crisis educativa ha caído sobre un sistema educativo en ruinas.

Tiempos de peste. “Es probable que el país pierda al menos una década en el proceso de disminución de su rezago escolar … Jóvenes empobrecidos y mal educados en un país que se cae a pedazos”. ¿Exagera el académico? Lo cierto es que el discurso político vuela y la realidad se arrastra descalza sobre las piedras. Y para colmo: allí siguen la CNTE y el SNTE disputándose el botín.

“Es probable que el país pierda al menos una década en el proceso de disminución de su rezago escolar … Jóvenes empobrecidos y mal educados en un país que se cae a pedazos”.

Adrián Acosta Silva mira dubitativo la educación superior de la nueva utopía: una idea “transformacionista” en “un contexto de creencias vagas, austeridad ‘ciega’ y confusión entre medios y fines”, sobre los rieles del viejo régimen. La ruptura radical con el pasado es más simbólica que real. No hay directrices nuevas que valgan la pena. Grandes fines y pobres y vagos medios. ¡Cien universidades de un plumazo! Fácil. ¿Cómo hacer más con menos sin los recursos materiales y humanos necesarios? La Idea del Sacrificio “bajo las aguas heladas de la nueva gestión pública”. La utopía sexenal transformacionista de la 4T navega a la deriva…

Pedro Salazar Ugarte, “una laicidad muy religiosa” la del gobierno de AMLO. ¿Avanzamos o retrocedemos con este presidente “liberal”? “El discurso presidencial es profundamente contradictorio… y el propio presidente ha sido titubeante en su deber de ser garante del principio de laicidad constitucional”. Es un presidente cristiano que usa la religión como un instrumento, acercándose a los grupos más conservadores. Habla de los valores morales de Cristo —que no siempre practica—, pero no de los valores de la democracia moderna: la crítica, la autocrítica, la disidencia y la tolerancia del otro distinto, el reconocimiento del adversario, la libertad del contrario sin ser traidor de la patria. Tal vez su concepción vertical del poder le impide reconocer el movimiento y el choque de los valores universales e individuales. Su movimiento y su cambio. En muchos lugares, “para muchas personas, lo que ayer estaba mal hoy puede estar bien, y viceversa”. Preso de sus ideas y creencias fijas y absolutas, AMLO no reconoce este choque, cambio y movimiento de los valores. De ahí su concepción de la historia, la sociedad y el poder en blanco y negro, los buenos y los malos, los patriotas y los traidores. Y no hablemos, así sea en broma, de sus valores mágicos: sus estampitas del “detente” frente al virus maligno. Su constitución moralizante no es constitucional ni moderna.

Es un presidente cristiano que usa la religión como un instrumento, acercándose a los grupos más conservadores. Habla de los valores morales de Cristo —que no siempre practica—, pero no de los valores de la democracia moderna: la crítica, la autocrítica, la disidencia y la tolerancia del otro distinto…

Rafael Rojas sentencia “el ocaso del Estado cultural mexicano”, desmoronándose por los recortes presupuestales y la pandemia. “A pesar de sus muchos partidarios en el sector académico e intelectual, el presidente propuso una limitación del debate por medio del recorte presupuestal”. Si tienen vocación que se rasquen con propias uñas o los sostengan sus patrones, parece decir. Un golpe duro y seco alegando el fin del neoliberalismo y el combate a la corrupción, “fuera máscaras”. AMLO no habla de alternancia democrática, sino de cambio de régimen, regeneración de la vida pública, la cuarta transformación histórica en la línea de la Independencia, la Reforma, la Revolución, nada menos, y la suya. Desdeña todo el largo y sinuoso tránsito democrático desde los años setenta y ochenta y lo embona y desecha como parte del periodo neoliberal. A la basura treinta años de historia. La nueva historia comienza con López Obrador. Y sin embargo varias de sus medidas políticas son neoliberales. Su sacrificio moral es un sacrificio neoliberal y cristiano.

A la basura treinta años de historia. La nueva historia comienza con López Obrador. Y sin embargo varias de sus medidas políticas son neoliberales. Su sacrificio moral es un sacrificio neoliberal y cristiano.

Antonio Lazcano Araujo reflexiona sobre la politización de la ciencia y el desarrollo científico. Casi hemos escapado del poder religioso pero no del poder (o la indiferencia) de la política y del capital. Tenemos poco desarrollo científico pero “nuestra herencia no es una red de agujeros”. Ahora se ha desplegado “una atmósfera antiintelectual catalizada desde las alturas del poder presidencial”. En vez de apoyarse en los estudios y diagnósticos que existen, cuando más se necesitan, “el desdén por el trabajo académico”, que es visto como parte del diabólico neoliberalismo.

La prosperidad de una nación no se puede medir sólo por el producto interno bruto [ni por el bienestar del alma], sino que es indispensable considerar los derechos humanos, el bienestar social [no sólo del alma], la relación con el medio ambiente y el acceso a la cultura y la ciencia.

Honda y bella reflexión crítica, entre pares. El arte es el yo, la ciencia y la política son el nosotros y los otros nosotros: tú–yo–él–nosotros.

Raúl Trejo Delarbre, especialista en medios, analiza con dureza al presidente y su relación con los medios. En lo esencial, la administración de López Obrador no ha modificado la manera de ejercer la publicidad oficial como un método de control. Se gasta menos pero se mantienen las decisiones discrecionales de antes. Han disminuido las cantidades pero no los viejos criterios. Las mañaneras son parte del nuevo estilo de gobernar. Explotan la virtud y el vicio del gobernante.

No hay duda de que es un presidente vehementemente mediático … Si el ejercicio de gobierno implica enfrentar y resolver problemas, proponer y desarrollar políticas, instruir y convencer a los ciudadanos, crear acuerdos indispensables en toda sociedad … si gobernar es dirigir un país, se puede dudar de que eso es lo que hace López Obrador … A los medios, el presidente mexicano no los emplea para persuadir sino para apabullar. No difunde explicaciones sino admoniciones. Su importante capacidad de comunicación no la aprovecha para guiar a los ciudadanos sino para dividirlos. López Obrador no ocupa los medios para gobernar sino para hacer proselitismo.

El discurso de todos los días se alarga, se diluye y se trivializa muchas veces. Su pobreza informativa, su dudosa veracidad, las medias verdades, “los otros datos”. AMLO es el conductor, el protagonista y la estrella que brilla todos los días, incluidos sábados y domingos. Está en la conversación pero no en el centro de los problemas. “No hay una estrategia de comunicación para atender los problemas del país … sino mera propaganda en esa perorata interminable”. (Tal vez Obrador no olvida cuando le echaron montón en sus entrevistas en Milenio y Televisa, y hoy se desquita y les pega a todos).

Salomón Chertorivski y la pandemia. Según el especialista “la gestión del gobierno mexicano ante la pandemia” ha sido lenta, tardía, titubeante, ambigua, cambiante, errónea, insuficiente, catastrófica. Y “no protegimos debidamente a quienes nos protegen”, el personal de los servicios médicos. La “nueva normalidad” puede ser el nuevo desastre en puerta. 95,929 muertos hasta el 1 de noviembre. Desde un principio se subestimó el problema más grave de salud pública en un siglo, y se sigue subestimando. Vamos saliendo, vamos bien, en la misma ruta… de la muerte.

Mariano Sánchez Talanquer cuestiona la política del patriarca y el neoliberalismo de izquierda. ¿Tiene contrapoderes efectivos e interlocutores pares el presidente? “El presidente gobierna con pocos amortiguadores de su voluntad”. El centralismo es evidente. “El presidente ha dejado claro a todos, dentro o fuera de los círculos del poder, que él tiene la primera y la última palabra”. ¿Existe una izquierda neoliberal? Revísese el tratado del libre comercio, la política migratoria, la férrea disciplina fiscal, los recortes presupuestales indiscriminados, la creciente debilidad del Estado, el gobierno pobre y la austeridad republicana, etc. Y de pilón, la alianza inesperada de AMLO con los militares. ¿Vivimos la erosión de la democracia? El carismático líder popular llegó al poder por la vía democrática, arremetiendo contra las élites y afirmando ser la voz del pueblo bueno; a diario atiza el fuego del poder contra los corruptos, conservadores y traidores en nombre del pueblo. Y así mantiene su popularidad ante sus fieles. Pero erosiona las instituciones y daña al Estado en vez de fortalecerlo con una base social amplia y plural. AMLO es más conservador y autoritario que democrático. Pero ha sabido jugar sus cartas antisistema dentro del sistema. Los recursos económicos directos y la retórica incendiaria le han rendido buenos frutos políticos; sin embargo, el caudillismo pocas veces construye bases sólidas y duraderas. ¿Democracia o autocracia? El tiempo dirá a dónde irá la 4T.

AMLO es más conservador y autoritario que democrático. Pero ha sabido jugar sus cartas antisistema dentro del sistema. Los recursos económicos directos y la retórica incendiaria le han rendido buenos frutos políticos.

Ricardo Becerra, el académico número 23, en la presentación del libro: “La evaluación a tiempo de un gobierno con prisa”. El economista que preside el Instituto de Estudios para la Transición Democrática, coeditor del libro, nos dice: “El gobierno ha ahogado el debate democrático en la tina fría del ninguneo. [Y la regadera caliente de las descalificaciones]. El diálogo es inútil [cree]; se trata de combatir la corrupción, ahorrar y devoción al líder”.

Balance temprano es una crítica al gobierno de López Obrador por una parte de la izquierda democrática mexicana. A un gobierno que emergió de unas elecciones normales, libres y terrenales. A un gobierno que debe responder a cuentas al cabo de casi dos años de ejercicio en un balance necesario. AMLO ha negado el debate crítico, el debate democrático, el debate razonado; él manda, para eso tiene el mandato, parece decirnos.
¿Transformar o desmantelar, democratizar o centralizar, destruir sin reformar ni crear? ¿Cómo pueden saber los funcionarios de hoy que harán un cambio del tamaño de la Reforma o de la Revolución mexicana?
Balance temprano por la prisa que tiene el gobierno; el libro trata de comprender, evaluar y debatir. No los dichos, no la retórica: los hechos. No es un libro para el presidente, está pensado para la sociedad del presente mexicano. México es un país grande, diverso y plural.

¿Cómo estábamos? ¿Qué ha hecho este gobierno frente a los problemas? ¿Cuáles son sus resultados iniciales y los resultados previsibles? Subrayo: en los asuntos que de verdad importan. Para los campos y problemas fundamentales del país, ¿qué respuestas tiene el gobierno de AMLO?
Dice Tomás Granados Salinas, editor de Grano de Sal: Balance: evaluación y equilibrio. Con racionalidad. Elevar el debate. Predicar con el ejemplo en la conversación pública.

Pienso que este libro coordinado por Ricardo Becerra y José Woldenberg será un hito en la historia del sexenio de AMLO en nuestra Edad Luz.
Centrado en la actuación del protagonista del gobierno, quedan fuera del estudio otros actores (y factores) del sistema político mexicano. Digamos la revisión histórica de Peña a Echeverría, la función y el desempeño de los otros poderes constitucionales, el gabinete, los gobiernos y poderes de los estados, los partidos políticos (Morena en especial), la actuación del IFE–INE y los tribunales, el papel de los medios de comunicación, la sociedad civil dividida en opositores y defensores, las redes sociales, el capital nacional y trasnacional, las relaciones internacionales… Y otros problemas marginales en el centro como la violencia y los derechos de género y los feminicidios, la diversidad sexual, los intelectuales, los zapatistas, los cárteles del narco, etcétera.

Todos somos responsables del cuadro que vemos porque es el cuadro que hacemos. Claro, a más poder más responsabilidad.

¿Se avanza en los cambios o se están ahondando los males estructurales del país, dando vueltas en círculo, o en verdad se están poniendo bases nuevas? ¿Cuál es la correspondencia entre las intenciones y los resultados? ¿Cuál será el balance de la sociedad en las elecciones de 2021?

El balance del libro, en buen plan, hace un examen puntual y crea un contexto de exigencia pública, como se dice en el prólogo, e invita al debate abierto, elevando el diálogo y presionando crítica y democráticamente al poder. Su lectura por unos y otros puede ser enriquecedora. Si se mantiene en el balance personal y social una justa evaluación y un equilibrio en la mirada política sobre los problemas y el poder en turno. No para tirar piedras o lanzar gritos a favor y en contra. No es un libro ideológico de consignas; es un examen democrático de los retos del gobierno a sociedad abierta.

¿Se avanza en los cambios o se están ahondando los males estructurales del país, dando vueltas en círculo, o en verdad se están poniendo bases nuevas? ¿Cuál es la correspondencia entre las intenciones y los resultados? ¿Cuál será el balance de la sociedad en las elecciones de 2021? Quedará pendiente el balance histórico.

Por mi parte puedo decir que es el estudio más serio y preocupante que he leído sobre la realidad mexicana actual, con el patriarca del sexenio en el timón del poder político. Veo la 4T al desnudo y me duele. La otra mirada encuera los hechos y enfrenta a la ruda realidad viva. Todo se ha tocado y trastocado, ¿para mejorarlo o empeorarlo? ¿Se van resolviendo las cosas o asentando las bases o se han enredado y complicado los nudos?

Andrés Manuel López Obrador ha desnudado al sistema político mexicano que hace agua por todos lados. Pienso que es su gran mérito, entre los varios que tiene. Al hacerlo, también queda desnuda la 4T. Más fuerza verbal del preciso que realidades palpables. ¿Del político de terracería al político del verbo? El pasado terrible condenado por AMLO puede ser este ahora que podría ser el pasado terrible para las próximas generaciones de mexicanos. “El presente se encuentra nublado y el futuro inmediato pinta peor. ¿Seremos entonces, en unos años, ese infausto pasado que tan acostumbrados estamos a echar en cara?” (Woldenberg, p. 57).

Necesitamos otro Estado, no un nuevo caudillo moral y absoluto. Más ciudadanos que empujen la sociedad civil democrática: somos parte del cuadro que vemos, condenamos y reproducimos. Crear, compartir y convivir. No destruir. Debatir con altura, no matarnos.

AMLO ha desnudado al sistema político mexicano que necesita una profunda transformación democrática del Estado en su conjunto, no de un caudillo. Al desnudar el sistema, el político también está en cueros. Es un patriarca del poder muy poco democrático. Es un gran activista político lleno de enjundia y programas, no un reformador ni un constructor de obras e instituciones. Necesitamos otro Estado, no un nuevo caudillo moral y absoluto. Más ciudadanos que empujen la sociedad civil democrática: somos parte del cuadro que vemos, condenamos y reproducimos. Crear, compartir y convivir. No destruir. Debatir con altura, no matarnos.

AMLO destapó al sistema político mexicano. Ya no podrá ser como antes. Pero sí puede ser peor. Morena no es garantía de nada.

Me llamó la atención la cita de Camus que abre el libro: “Solamente puedo decir que sobre la tierra hay plagas y víctimas”. La plaga de los tiranos y los justicieros, los malos y los buenos. ¿Y quiénes son las víctimas? La sociedad común: tú–yo–él–nosotros.

Pienso en “Los vigesémicos” de José Emilio Pacheco del siglo pasado: “Bajo el nombre / del Bien / el Mal se impuso”. ¿Cómo nos llamaremos los de este siglo?

Éste podría ser el mantra de AMLO todos los días: Queriendo hacer el bien, puedo hacer mucho mal. Queriendo hacer el bien, puedo hacer mucho mal. Queriendo hacer el bien, puedo hacer mucho mal… Debo tener cuidado.
Demasiado ego, demasiadas expectativas, demasiadas grandes palabras, demasiado protagonismo… ¿Y luego? Los dones también pesan, como las carencias. Las virtudes se vuelven vicios. El bien se hace mal.

Hablar de lo que no se sabe es fácil. Cuando se sabe, se duda.

Suspender el juicio y no sacar conclusiones, si no tienes las evidencias.
¿A dónde vamos a toda prisa y a ciegas en esta vertiginosa edad luz? ®

Video de la presentación.

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Publicado en: Política y sociedad

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