Un presidente culto y bien vestido

Los costos de la ignorancia

¿Por qué sí es importante que un presidente tenga estudios, cultura, buen currículum, sepa vestirse bien y usar correctamente su idioma, y no sólo sea un costal de buenas intenciones y discursos apasionados sobre justicia social?

El asunto es grave

Presidente.

A lo largo de toda su trayectoria política López se ha dedicado a fustigar la corrupción política. Razón no le faltaba: el sistema político mexicano efectivamente ha estado impregnado de corrupción desde hace mucho, y en niveles graves. Eso era un punto a su favor.

El complemento obligado de ese discurso era su promesa de que él lucharía por los más necesitados. “Primero los pobres” fue su caballo de batalla. Y hasta cierto punto creo que lo decía sinceramente. Que una parte de él sí anhelaba un cambio, justicia. Y con esto no quiero decir que otra parte de él no lo quisiera. Más bien la otra parte de él simplemente no entiende qué pasa, y menos aún entiende cómo se deben resolver los problemas. Y ahí es donde juega en su contra su pésimo bagaje cultural.

El primer problema de López es que no entiende cómo funciona el dinero y la riqueza. Es lógico: nunca tuvo un trabajo real. Es decir, una obligación que cumplir para ganarse el sustento diario. Toda su vida fue burócrata o activista, viviendo del erario o de donaciones.

Eso no tiene nada de malo si estás consciente de lo que implica y te preocupas por subsanarlo de dos maneras: aplicándote a estudiar lo mejor posible algo de economía, o delegando las decisiones más técnicas en colaboradores que sí sepan de la materia.

López no hizo lo uno ni lo otro. De hecho, fue la materia de Economía la que más problemas le causó en una carrera que se tardó catorce años en terminar.1 Es decir, tampoco fue un estudiante brillante ni destacado. Y su trato con los especialistas no fue mejor.

Antes de iniciar su sexenio López llamó la atención y se ganó aplausos anunciando que Carlos Urzúa y Jonathan Heath, entre otros, irían a la Secretaría de Hacienda y a una subgubernatura del Banco de México. Dos grandísimas eminencias en el gabinete. Sonaba bien. Muchos se adelantaron a apelar a eso como demostración de que López sería sensato y se apoyaría en gente conocedora de sus materias. Pero el asunto pronto cambió, y López no tardó en exhibir su verdadero talante: autoritario y sordo a las opiniones de otros.

Muchos se adelantaron a apelar a eso como demostración de que López sería sensato y se apoyaría en gente conocedora de sus materias. Pero el asunto pronto cambió, y López no tardó en exhibir su verdadero talante: autoritario y sordo a las opiniones de otros.

Lo que López esperaba de Urzúa y de Heath (de todos, en realidad) era lealtad, no eficiencia. Heath la ha tenido más fácil por estar en una institución autónoma. Pero Urzúa terminó por renunciar cuando chocó con la realidad de que las decisiones las tomaría, siempre, López.

Por supuesto, para Urzúa fue hartante ver cómo las decisiones económicas más graves las tomaba un absoluto analfabeta. Ahora desde su tribuna como académico sus críticas han desnudado, exhibido la pésima conducción que se hace del país.

Heath también ha soltado críticas mordaces desde la relativa comodidad del Banco de México como institución autónoma. Con ello se ha hecho más que evidente que las riendas económicas del país están en las pésimas manos de alguien que no sabe y no escucha.

Economía y “economía moral”

Sin un bagaje cultural que le sirva de apoyo, sin haber entendido un ajo de la materia de Economía, apoyado en el pensamiento mágico y pseudo–ciencia ficción que es eso de la “economía moral”, y con nula experiencia en la experiencia de alguna vez haberse ganado el pan, López quiso cumplir su ideal de hacer justicia social imponiendo una serie de cambios a todo nivel que, por muchas buenas intenciones que tengan, simplemente no sirven. Han sido contraproducentes. ¿De qué tamaño es su ignorancia? Basta ver el tamaño del daño.

El año pasado Pemex rompió récord en sus pérdidas: casi 35 mil millones de dólares. Una situación nunca vista. Es cierto que la empresa ya estaba en crisis y sus ganancias se venían reduciendo drásticamente, pero —por favor— todavía eran ganancias.

En 2017 Pemex tuvo ganancias por 281 mil millones de pesos. Para 2018 sus ingresos se desplomaron en 148.6 mil millones de pesos. Por supuesto, López siempre acusó que esa situación era injustificable, que había que rescatar la empresa, y que eso implicaba cambios profundos. Así que tan pronto tuvo el poder se aplicó a esos cambios. ¿Resultado? Pérdidas por más de 600 mil millones de pesos. Es decir, se perdió más del triple de lo que se había ganado en 2017. Eso puso a Pemex en la antesala de ser degradado a basura por las calificadoras.

Ahora se han publicado los datos de apenas el primer trimestre de 2020, y Pemex ha perdido 562 mil millones de pesos. Más de 3/4 partes de lo que perdió en el peor año de su historia (2019), en sólo tres meses. Esto sólo puede significar una cosa, y es que Pemex está siendo dirigida por gente absolutamente incompetente. Y no es un misterio quiénes están detrás de esa debacle: un presidente que no entiende de dinero, una secretaria de Energía —Rocío Nahle— que tampoco sabe un ajo, y un agrónomo. El resultado es la mayor debacle en la industria del petróleo en todo el mundo en apenas quince meses. Un récord nada honorable: aniquilaron una empresa petrolera —sin competencia en su país— en apenas un año y cuarto. Y aquí no pueden chillar con que es culpa de Calderón.

Con todo y su situación crítica Pemex se mantuvo con ganancias durante los sexenios de Calderón y Peña Nieto. Si las pérdidas en este momento fueran leves o moderadas podría decirse que tal vez fue la inercia decadente de Pemex lo que agudizó la crisis. Pero la caída de ganancias desde 2017 a 2018 fue de 148.6 mil millones de pesos. Y la caída de 2018 a lo que va de 2020 es de más de 1.3 billones de pesos. Sorry: no es lo mismo perder 150 pesos que perder 1,300. Así que no hay pretexto: el problema de Pemex es actual.

Y todo porque el guardián del presupuesto de la nación es un señor que no sabe cómo ganar dinero, generar riqueza, administrar un patrimonio. Es alguien que siempre se limitó a pedir y se quedó con la idea de que todo era tan sencillo como repartir el dinero.

Las consecuencias son evidentes: ahora anda clamando por que lo dejen quedarse con el dinero de las Afores, por que lo dejen cambiar el presupuesto del país a su antojo, o por que le adelanten un año los excedentes del Banco de México. Porque ya no tiene dinero.

¿Ustedes le tendrían confianza para dejar el patrimonio de la nación en sus manos? Yo no. Por decirlo en católico romano, sería dejar la Iglesia en manos de Lutero.

Triste panorama. Y eso que no hablé de la pandemia. Siempre puede ser peor. ®

1. Nota del editor: 1. A los 19 años, se mudó a la Ciudad de México para estudiar la licenciatura en ciencias políticas y administración pública en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de 1973 a 1976, y presentó su tesis en 1987, titulada Proceso de formación del Estado nacional en México 1824-1867, tras haber ocupado varios cargos dentro del gobierno del estado de Tabasco y de la administración del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en esa entidad (Wikipedia).
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Publicado en: Apuntes y crónicas

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