Crecer y ver a tu papá como un héroe y presenciar en primera persona, agarrado de su mano, su amor por Malvinas es un privilegio que no muchos hijos pueden vivir. Entender que Malvinas es una militancia por la memoria y el nunca olvidar. Entender que ésta no es una historia más de un padre y un hijo. Esto es una generación que vive por y para Malvinas.

Para saber a dónde ir hay que saber de dónde uno viene. De una guerra violenta. Y una posguerra que dejó una generación de valientes chochines malvineros en toda la república. Que, como aves en peligro de extinción no dejan ni olvidan su nido. Su identidad. Porque ésta es mi historia y porque de aquí me paro a cantar en nombre de la memoria de mi padre y de los padres de miles más.
Ever Arnoldo nació con el privilegio de poder decir ante el mundo “Mi papá fue a Malvinas”. Con un orgullo que no le cabía en el pecho, desde pequeño su héroe, o a quien él así lo consideraba, no llevaba una capa, pero sí un bello y delicado bordado en sus vestiduras con las formas de dos islas en color celeste y blanco. A veces era un pin o en actos especiales entre sus manos una tela fina con esos colores y esas islas. El instinto le decía que su papá era el guardián de algo que a nuestro país le pertenecía.
Su padre Edgardo Arnoldo formó parte del Regimiento 5 con asiento en Paso de los Libres desde el 12 de abril 1982, sin esperarlo, su rol asignado por el capitán fue como radio operador y a quien le tocó dar el anuncio de que habían sido derrocados de las islas.
Ever no soltaba la mano de su padre Edgardo desde niño cada vez que de algo de Malvinas se trataba, él quería presenciar todos los momentos posibles no sólo para saber más de lo que su padre había hecho por su patria. La curiosidad por saber la historia le consumía el cuerpo, quería aprender y entenderlo todo en primera persona. Porque no hizo falta que Edgardo se sentara a contarle lo que vivió en las islas en el 82. A las vivencias me remito, una noche entre vigilias y el Centro de Ex Combatientes cada 2 de abril bastaba para que una historia entre imágenes más vivas que nunca lo dijeran todo. La historia de Ever estaba por ser escrita y su padre lo guiaba para enseñarle cuál había sido la suya en el momento en el que un joven Edgardo tenía apenas dieciocho años, los mismos que tenía Ever en el tiempo que concluía el secundario en la ciudad de San Lorenzo y pensaba en lo que quería hacer luego. Pero lo que él no sabía es que esa otra parte de su vida profesional también estaba destinada. Su padre Edgardo Arnoldo formó parte del Regimiento 5 con asiento en Paso de los Libres desde el 12 de abril 1982, sin esperarlo, su rol asignado por el capitán fue como radio operador y a quien le tocó dar el anuncio de que habían sido derrocados de las islas.
—Me contó que, cuando llegaron los ingleses a las trincheras, su primer instinto fue esconder la radio, cuidar a la que había sido su compañera.
Quién diría que tiempo después eso iba a escribir el camino de vida de su propio hijo. En 2008, mientras Ever estudiaba la carrera de Periodismo, nace su primer proyecto periodístico que lo relaciona directo con Malvinas y es la antesala de algo mucho más grande a futuro. Un programa radial junto a su padre bajo el nombre Generación Malvinas. Una vez más la radio y los héroes de las botas embarradas se volvían a encontrar como fieles y viejos compañeros. Desde San Lorenzo para el mundo, un proyecto a voces que iba a darle voz a quienes no la tenían.
—¿Qué te impulsó a llevar la causa al aire en ese momento?
—Él, desde muy chico, me planteaba que nosotros sus hijos… los hijos, teníamos que hacer la continuidad de lo que ellos habían iniciado. Como un camino después de la postguerra.
Si bien su padre desde muy chico también le expresó que él podía hacer lo que deseara. Muy en el fondo, y como todo padre, hay un deseo, y en ese joven aspirante a periodista un camino claro para algo que aún en ese momento no era más que un mero proyecto facultativo. Ever y Edgardo comenzaron a ver que Generación Malvinas crecía a pasos agigantados en cuanto a audiencia. La llama del interés de otros hijos e hijas por saber de la historia de los soldados de las botas embarradas se avivaba cada día un poquito más. Esas historias que eran parte de ellos pero que hasta que no se toparon con Ever eran un silencio a puertas cerradas. Pero no fue hasta cerca del 2 de abril de 2008 cuando el proyecto dio un giro en el momento en que su padre fue llamado por Rubén Rada, quien era el presidente del Centro de Ex Combatientes de Rosario, para comentarle que en un programa de la ciudad se buscaban testimonios de hijos de excombatientes para una nota. Fue ahí cuando el equipo que conformaba Generación Malvinas hizo su primera aparición pública y la que inició un camino de militancia por la búsqueda de identidad.
—¿Les ha pasado que los busquen hijos o hijas para saber de sus historias?
—Sí… Que haya hijos que lleguen a Generación Malvinas con más preguntas que certezas, eso seguro.
En la intimidad, y en fechas tan memorables como el 2 de abril, Ever y su familia viven ese día con gran emoción. Una tradición que aún hoy, ocho años después de la muerte de Edgardo Arnoldo, su padre, se mantiene intacta. «Esos días nos repartimos con la idea de poder estar en la mayor cantidad de actos posibles, en nombre de papá», me comenta Alexis, su hermano menor, que al igual que Ever, militan juntos. Pero estos dos, además de compartir la misma sangre y amor por la causa Malvinas, comparten momentos únicos de hermandad. Algo no tan visto entre el hermano mayor y el menor. Para Alex su hermano es casi su segundo héroe, la admiración y agradecimiento por seguir firme ante una causa que les pertenece. «Siempre yendo para adelante él, con fe.»

Ever es también como una dinamita si está en su zona de confort. Con sus amigos es el más fiel y compañero de todos, él siempre va a estar para lo que necesites. Sus amigos son lo que para su padre eran los demás muchachos en las trincheras. Un sostén de contención y felicidad en momentos difíciles. «Siempre tuvo, hasta el día de hoy, muchísima energía y quería hacer», me cuenta Lucía Moreyra, amiga y compañera en Generación Malvinas desde 2009. Lucía destaca la gran capacidad de Ever de proyectar algo tan grande junto a su padre como Generación Malvinas. «No, este muchacho tiene mucha energía, no quiero saber nada.»
Además de ser un luchador de su historia, es una persona que piensa más en el otro que en sí mismo. Casi como si subestimara sus propios problemas para no fatigar a su entorno. Ever tuvo una seguidilla de episodios de crisis en lo personal que lo dejaron explotado. Luego de que su padre falleciera se producen ciertos episodios que le cayeron como un dolor de cabeza. El mudarse de San Lorenzo a la comuna de Serodino, el separarse de su exmujer y madre de su hijo Alejo, el nacimiento de su primer hijo. Fue un quiebre en su realidad personal. Como si de fichas de dominó se tratase su vida se desmoronaba. «Che, amigo, me parece que estás sobrepasado», le dijo Lucía a un peleador de la vida que no tenía tiempo para ver cómo su propio mundo por primera vez se le venía abajo tan de golpe.
—No, no, no —dice Ever, en una de esas conversaciones tan privadas con su amiga Lucía.
—Amigo, date vuelta y mira a tu entorno, está todo explotado —exclamó Lucía con intenciones de acompañarlo en ese momento.
Es que es imposible no sensibilizarse al escuchar la voz o el relato de Ever en actos o entrevistas. Tiene algo tan divino en la palabra que hace que las cosas dolorosas y tristes suenen como el canto de un flautista y nosotros las serpientes embelesadas con su historia. Nuestra. La de nuestra patria.
Un tipo que se la pasa de un lado para otro, va al frente siempre. Egoísta con sus propios dolores y sentimientos. El no rotundo al sufrimiento propio porque no hay tiempo, hay que darle para adelante. Qué tanto de su padre habrá, llevará en su sangre Ever Arnoldo que ni hasta permitirse transitar los malos momentos se deja. «Él es una persona super sensible.» Es que es imposible no sensibilizarse al escuchar la voz o el relato de Ever en actos o entrevistas. Tiene algo tan divino en la palabra que hace que las cosas dolorosas y tristes suenen como el canto de un flautista y nosotros las serpientes embelesadas con su historia. Nuestra. La de nuestra patria.
Pero no todo es sensibilidad y malos momentos en la vida de Ever, él también tiene su lado divertido y gracioso. Es un cómico elocuente, él no busca dar gracia, la gracia lo persigue. Y también es un buen amigo que te secunda en todos los planes, como en el que acompañó a su amiga Lucía a un festival folclórico, ya que ella es bailarina, en la provincia de Córdoba. «Le dije: ¿Vamos a la Borde el sábado? Llévate colchón inflable y nos vamos». Bastaron unas simples palabras para que Ever les hiciera pasar a su grupo de amigos un momento inolvidable entre risas que hoy recuerdan con mucho humor, en el momento que se lo delegó como el muchacho que debía inflar los colchones con un tipo de inflador eléctrico. —¿Viste el señor de allá? No puede inflar el colchón parece, un ruido le hace
—No, este Ever va a sacar el inflador y el señor lo va a mandar al carajo.
—Vos, éste se la manda.
—Ever, ojo cuando sacas el inflador que te van a decir algo.
—Culiao, ¿cómo no me lo va a dar antes? Me estoy sacando el alma inflando el colchón.
Y eso provocó un estallido de risas entre el grupo y un Ever confundido sin entender nada. Elocuencia y simpatía a más no poder.
—Es también eso, uno compartirlo en la convivencia, en lo distendido —comenta Lucía con una sonrisa de felicidad.
Pero alguien que convive con Ever y con quien comparte, además del amor por Malvinas, el amor por el fútbol y la música. A Ever y Alexis, su hermano menor, no sólo los une una causa sino también momentos de disfrute. «Él es un chico más correcto y yo nada que ver», dice Alex mientras se ríe. Es que, a pesar de esas diferencias típicas del mayor y el menor de la familia, hoy saben disfrutar sus cervezas en algún bar de San Lorenzo entre semana luego de un día de trabajo. «Con treinta y pico lo llevé a su primer recital, imaginate.» Hoy las salidas a recitales ya no son entre los dos, porque su sobrino Alejo, aunque tiene diez años, también es parte de esos momentos de goce junto a su papá y su tío, sin dudas algo que Alejo jamás va a olvidarse.
Hoy Ever divide su vida entre su trabajo como periodista, su labor en Generación Malvinas y su rol como padre. Si bien hoy el grupo de Generación Malvinas está de momento en una pausa, no se deja de luchar por el recuerdo. Los muchachos agradecen cada entrevista o cada persona que se acerca con interés en querer saber qué es lo que ellos hacen para la causa Malvinas. En lo que al grupo de Generación Malvinas con sede en Rosario corresponde, en el cual su amiga Lucía es parte, se produjo una pausa debido a una interna que no me quisieron explicar ni Ever ni Lucia, el conflicto con alguien exterior a ellos los mantiene hoy en un break. Pero la historia de Malvinas no se mancha.
Generación Malvinas está conformado más por mujeres que por hombres, esto pone a Ever en un lugar clave dentro del grupo. «Casualmente la gran mayoría de veteranos tuvo hijas mujeres, es muy loco eso.» Es él, es Ever el motor de la causa. Al ser un grupo conformado por varias mujeres Ever supo ser respetuoso con sus compañeras, quienes, a diferencia de él, no habían podido contar sus historias porque aún no se sentían listas. Un momento durante un acto dirigido a alumnos de una escuela, Ever acompañado por Lucía y otras compañeras más que, aunque algo tímidas, sólo lo acompañaron, pero él tan preocupado por el otro supo manejar la situación.
—Yo hasta acá puedo. Cuando ustedes puedan, lo van a hacer.
Una anécdota que Lucía no olvida y guarda con respeto esa actitud tan cordial y ese empujón que necesitaban para decir, ésta es mi historia y esto soy.
Cada estaca que se le clavó en el alma, cada lágrima derramada. Ever mamó eso desde pequeño. En su casa siempre se habló, en su casa los cuadros y los objetos hablan por sí solos. Ever fue un afortunado no sólo porque su padre vivió para contarlo, sino porque no vivió bajo el silencio y la incertidumbre de saber su identidad.
Las cosas malas no se cuentan, les dijeron a estos hijos que por muchos años sus historias fueron un silencio a puertas cerradas. Para Ever, esa frase no le entraba en la cabeza, porque para él las cosas malas sí se cuentan. Las cosas malas necesitan ver la luz y quien lo atraviesa necesita sacarlo. Eso es lo que al menos su padre Edgardo, de forma indirecta, le enseñó; este veterano nunca se escondió entre el dolor, él salió al frente y contó todo su dolor. Lo bueno y lo malo. Cada estaca que se le clavó en el alma, cada lágrima derramada. Ever mamó eso desde pequeño. En su casa siempre se habló, en su casa los cuadros y los objetos hablan por sí solos. Ever fue un afortunado no sólo porque su padre vivió para contarlo, sino porque no vivió bajo el silencio y la incertidumbre de saber su identidad. El quién es, ése es, un tipo que lleva entre sus espaldas el legado de un apellido y una historia inolvidable. No todo el mundo puede llenarse el pecho de orgullo para decirlo. A Ever le cayó una gran responsabilidad, pero él lo tomó como un deber, el deber de hoy junto a Generación Malvinas de llevar esas memorias a cada persona, en cada acto, en cada vigilia, en cada escuela, en cada 2 de abril. Ever es un referente, un compañero. Es el empuje para una causa que necesita eso, pelearla cada día más y luchar con quienes quieren dejar morir esto.
—Ever, si tuvieras que definir en una frase que lugar ocupa Malvinas en tu vida, ¿Cuál dirías?
—Que Malvinas es mi identidad. Eso segurísimo. El saber quien soy, de dónde vengo y hacia dónde vamos.
Y que el destino del viaje siempre sea Malvinas, porque Malvinas es todos los días. ®
