Voto contra el virus

¿Cuál futuro para México?

El próximo 6 de junio los votantes mexicanos tendremos la oportunidad de iniciar la rehabilitación de la nación con mano firme. No todo está perdido. Hay que actuar, no sólo quejarse. Utilizar bien nuestro voto… nos va el futuro en ello.

“Imagínense, era médico Ernesto ‘Che’ Guevara, médico, el mejor presidente de América Latina, Salvador Allende. ¡Cómo voy a hablar mal de los médicos! A mí me salvó la vida un grupo de médicos. No, es que todo lo están tergiversando, todo, todo, todo”. López Obrador en conferencia matutina del 11 de mayo de 2020.

Para cualquiera con tres dedos de frente y que hubiera escuchado con atención las largas entrevistas que AMLO sostuvo con periodistas y analistas en Milenio y Televisa era más que evidente la supina y solípeda estulticia de la que el entrevistado hacía gala sobre las artes de la gestión pública. Ostentaba una crasa ignorancia sobre los asuntos del Estado, ornamentada por un cinismo socarrón.

Tampoco eso era algo del otro mundo en este pobre país asolado por la maldición de la estupidez e ignorancia de sus élites gobernantes, desde el Horizonte Clásico y la decadencia y caída de Palenque y Teotihuacán hasta los tristes tiempos actuales.

Diversas instituciones y personajes y algunos adarmes de buena fortuna han impedido que nuestra nación se deshiciera a pesar de los denodados esfuerzos de la ineptitud, ruindad e incompetencia de la mayoría de la clase gobernante que nos ha tocado padecer. Se ha dicho, y bien, que los políticos mexicanos no bajaron de Marte, que son producto genuino de esta sociedad que los ha generado. Pues bien, ellos se encargan cada día de convencernos de lo contrario con las cotidianas sorpresas de su inmensa creatividad para la indecencia, la estafa y la desvergüenza.

El actual presidente, en tan sólo dos años, ha hecho hasta lo imposible por dejar su destacada impronta en la historia nacional de la infamia política.

Se tiene que admitir que el patógeno Peje ha resultado un virus muy duro de pelar. Se ha cansado de demostrar cotidianamente su manifiesta ineptitud e incompetencia.

Normalmente, aquí y en China, los políticos nefastos traen dentro de sí el germen de su propia destrucción. Como los virus y bacterias patógenas crean anticuerpos en los organismos invadidos, éstos terminan eliminándolos y quedando más fortalecidos después de las crisis. Pero se tiene que admitir que el patógeno Peje ha resultado un virus muy duro de pelar. Se ha cansado de demostrar cotidianamente su manifiesta ineptitud e incompetencia. Excepto algunas medidas cosméticas, relativamente inocuas y meramente simbólicas, como lo de convertir a Los Pinos en museo o el recorte de los ingresos de los altos funcionarios, o que no le cuestan a él, como la subida de los salarios mínimos, todo lo demás que ha hecho ha lindado o rebasado las fronteras del ridículo o del desastre —o de ambos—. Algunos sólo han servido para el asombro y la irrisión del respetable, como la falsa rifa del no–avión sin premios, pero la mayoría de sus ocurrencias y dislates son una variedad de rutas cortas o largas a la catástrofe. La que se escoja, con muy escasas excepciones. Todos los días se fatigan los teclados y las prensas con su enumeración. Para qué repetirlas.

¿Y cuál es el resultado? Tras dos años de cotidianos disparates y sandeces su popularidad no desciende. Su rudimentaria oratoria, sus dádivas con cargo al erario y su rupestre chabacanería logran el adverso milagro de sostener con su toloache cibernético una mayoría cada vez más precaria, pero mayoría al fin.

El verdadero milagro no es ¿cómo le hace? sino ¿cómo le creen? ¿cómo le siguen creyendo? La carga de la prueba está en sus embelesados y crédulos seguidores. Ante una estafa evidente y reiterada la culpa ya recae en el estafado. Ya no cabe el gastado argumento de que los anteriores en el cargo eran peores; ante la desnuda y cruel numeralia en picada de los índices económicos, sanitarios, educativos y de bienestar social que demuestran la peor gestión de un mandatario desde Pascual Ortiz Rubio. La pandemia lo acabó de certificar como el peor presidente en el peor momento. Esto ya tiene rato que es una masacre y una devastación social. Tomará largos años reparar del todo el cataclismo de este aciago bienio.

El verdadero milagro no es ¿cómo le hace? sino ¿cómo le creen? ¿cómo le siguen creyendo? La carga de la prueba está en sus embelesados y crédulos seguidores. Ante una estafa evidente y reiterada la culpa ya recae en el estafado.

Hubo múltiples conjeturas sobre las causas del triunfo electoral de AMLO en julio de 2018. Desde unos hipotéticos carisma y astucia políticas que él mismo se ha empeñado concienzudamente en desmentir cada mañana, hasta un auténtico desencanto por los magros frutos de la reciente transición democrática. Lo que es innegable fue la difusión masiva de un pegajoso relato resumido en la frase “Ya no podemos estar peor”, que le proporcionó millones de votos de ciudadanos hartos no pertenecientes a sus círculos de simpatizantes y que aceptaron darle una oportunidad. Dos años y más de cuatro meses después, transcurrido más de un tercio de su periodo de gobierno, sus resultados han sido catastróficos, por decirlo suavemente:

• Más de medio millón de fallecidos entre víctimas directas del covid–19 y “Exceso de mortalidad” (417,002 víctimas al 15 de marzo, según las propias cifras de la SSA.)

• De las que 190,000 decesos se pudieron haber evitado, según un informe de la OMS elaborado por la UCSF; más, aquí.

36,476 homicidios en 2019, según el INEGI.

35,484 homicidios en 2020 (INEGI).

80,759 homicidios dolosos en lo que va del sexenio de AMLO, según el Centro Nacional de Información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) del propio gobierno federal.

Nueve millones de pobres más.

2.9 millones de empleos perdidos en un año (55.7 millones en dic. 2019 / 52.8 millones en dic. 2020).

Un millón de negocios cerrados.

48,906 afirmaciones no verdaderas en las conferencias mañaneras.

En resumen, tenemos como primer mandatario a un político cerrado y cerril (Roger Bartra dixit), obtuso e incompetente, incoherente e ineficaz, que en lugar de las prometidas austeridad y lucha contra la corrupción ha entregado recortes suicidas y desmantelamiento de las instituciones públicas, demagogia y clientelismo electoral, mentiras e injurias, retropopulismo y extravagancia (de nuevo Bartra), y lo más grave, una avidez de poder que augura, si lo permitimos, una regresión política reaccionaria a los tiempos de antes del IFE–INE, esos del autoritarismo de cuando el gobierno manejaba las elecciones.

El trabajo de los ciudadanos conscientes del peligro que corre la frágil e incipiente democracia mexicana no es convencer a los fanáticos, sino el que salgan a votar los apáticos y los indecisos.

Pues bien, el próximo 6 de junio los votantes mexicanos tendremos la oportunidad de iniciar la rehabilitación de la nación con mano firme. No todo está perdido. Hay que actuar, no sólo quejarse. Utilizar bien nuestro voto… nos va el futuro en ello.

El trabajo de los ciudadanos conscientes del peligro que corre la frágil e incipiente democracia mexicana no es convencer a los fanáticos, sino el que salgan a votar los apáticos y los indecisos. Con sus idólatras sólo cabe recordar la frase de Proust: “Algo que no ha entrado racionalmente en una cabeza no puede salir de ella de forma racional”.

Como se resume el pensamiento de Roger Bartra en el Regreso a la jaula. El fracaso de López Obrador,

la así autonombrada “Cuarta Transformación” no es sino un retroceso a una etapa de nuestra historia política que parecía ya superada, con todos los riesgos políticos, económicos y sociales que esto implica.
Para muestra, basta un somero recuento de los resultados que han traído sus maltrechos programas sociales y sus agresivas medidas de austeridad, amén de su errática respuesta ante la emergencia de la covid–19. Hoy es claro, quizá más que nunca, que el proyecto político de AMLO ha sido un fracaso que puede ser peligroso para el destino de México en el corto plazo. Ante ese escenario, las elecciones de 2021 tienen la posibilidad de equilibrar la balanza política del país en favor de una verdadera democracia plural o consolidar uno de los movimientos políticos más nocivos de nuestra historia reciente.

¿Qué camino elegirán los votantes? ®

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Publicado en: Política y sociedad

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