A diez años de la UACM

Ni laxos ni autoritarios

¿Está la UACM cumpliendo con su compromiso de formar profesionistas capacitados para enfrentar los retos de un mundo laboral cada vez más competitivo? ¿Es el número de titulados un indicador válido de la calidad educativa de una institución?

Biblioteca UACM

Después de la huelga de 1999 en la Universidad Nacional Autónoma de México quedó muy clara la urgente necesidad de crear nuevos espacios universitarios que fueran capaces de atender la creciente demanda da la jóvenes egresados del nivel medio superior. Una nueva universidad para el Distrito Federal fue uno de los compromisos que el nuevo jefe de Gobierno tendría que afrontar para el año 2000. Así, en 2001 Andrés Manuel López Obrador inauguró la Universidad de la Ciudad de México, Autónoma desde 2005 (UACM). Esta universidad materializa un proyecto educativo cuya principal preocupación es la igualdad de oportunidades para los aspirantes, por eso la UACM no realiza un proceso de selección del alumnado sino que los lugares son asignados en un sorteo ante notario público. Con esta política de admisión se pretende eliminar uno de los principales problemas que enfrentan los jóvenes egresados de nivel medio superior al momento de intentar ingresar a una universidad pública: el promedio mínimo. Del mismo modo, la UACM ofrece planes de estudios que se adecuan a las necesidades de un alumnado que estudia y trabaja, vive en comunidades alejadas de la Ciudad de México o por diversos motivos familiares o personales no puede dedicarse 100% a sus estudios (esta universidad es la única hasta ahora con un programa especializado para los Centros de Readaptación Social). Por lo tanto, la impartición de clases no excede a las doce horas semanales, es decir, aproximadamente dos horas y media diarias. Este nuevo modelo universitario parece el camino lógico a seguir para ofrecer a la población estudiantil una verdadera educación democrática, pero hoy, a diez años de su apertura, nos encontramos con que de los más de 20 mil estudiantes matriculados en 2001 únicamente 81 se han titulado. Las principales preguntas que me vienen a la mente al enfrentarme a estos números son: ¿Está la UACM cumpliendo con su compromiso de formar profesionistas capacitados para enfrentar los retos de un mundo laboral cada vez más competitivo? ¿Es el número de titulados un indicador válido de la calidad educativa de una institución?

No y no.

Hace unas semanas la doctora Esther Orozco, rectora de la UACM desde mayo de 2010, presentó un desfavorable informe de la crisis que vive la institución, en el que calificaba abiertamente de “fraude educativo” el sistema abierto y permisivo que opera en ella hasta ahora. La respuesta no se hizo esperar, alumnos y profesores uacemitas profundamente ofendidos por las declaraciones de la rectora se dieron a la tarea de recolectar firmas a favor de su renuncia acusándola de corrupta, fascista, racista y machista. Incluso algunos egresados de la UACM presentaron quejas por el “daño moral” que les había ocasionado las declaraciones de Orozco (La Jornada, 14 de abril de 2011). De una comunidad universitaria de aproximadamente 18 mil miembros entre alumnos y profesores se juntaron cerca de tres mil firmas que fueron presentadas ante el Consejo Universitario exigiendo la destitución de la rectora. Por su parte, Orozco respondió que ella no dejará el cargo hasta 2014 tal y como lo indica el estatuto académico de la universidad.

¿Está la UACM cumpliendo con su compromiso de formar profesionistas capacitados para enfrentar los retos de un mundo laboral cada vez más competitivo? ¿Es el número de titulados un indicador válido de la calidad educativa de una institución? No y no.

Sería ingenuo desconocer el fuerte conflicto de intereses políticos que mueve los hilos de este enfrentamiento, aunque algunas de las acusaciones que se han hecho contra la rectora Orozco rayan peligrosamente en el campo de las enemistades personales. Durante todo el mes de abril los comunicados de prensa emitidos por ambas partes de la disputa se han enfrascado en una batalla de descalificaciones constantes ignorando el verdadero problema y el único que debería de ocuparles: a diez años de su creación, la UACM no está cumpliendo con uno de sus principales objetivos, si bien cuenta con una excelente plantilla de profesores y con alumnos en situaciones en las que estar matriculado en una carrera universitaria ya es un mérito por sí mismo, la realidad es que no se está logrando concretar la formación profesional; asimismo, el desempeño académico del alumnado deja mucho que desear. Esta situación no sería tan alarmante si las condiciones del mundo laboral que les esperan a los estudiantes que logran egresar de la UACM no les demandaran una formación académica con las herramientas básicas para competir dignamente con el resto de los solicitantes provenientes de otras universidades.

Ahora bien, basarse únicamente en el número de alumnos titulados de una universidad, que además se caracteriza por su heterodoxia, para emitir un juicio sobre su calidad educativa no deja de ser tendencioso. La diversidad de la población estudiantil que conforma a la UACM requiere un estudio mucho más específico de las causas que originan las escasas titulaciones y el bajo desempeño académico. A partir de ahí se podrá hablar de reformas y reestructuraciones que permitan atacar esas causas en conjunto, en lugar de atacarse uno a otros.

Las divisiones internas en grupos de poder que tienen como único interés vigilar sus intereses son el verdadero enemigo del espíritu universitario. En esta disputa, la única realmente golpeada ha sido una institución a todas luces necesaria en una sociedad como la nuestra, en la que la educación gratuita pareciera ser más un privilegio que un derecho. El desprestigio no ha caído sobre Esther Orozco ni sobre sus detractores sino sobre la UACM, y serán justamente los alumnos que desean y merecen una educación de calidad quienes paguen las consecuencias de las apatías y antipatías de algunos de sus compañeros y profesores. ®

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Publicado en: (Paréntesis), Mayo 2011

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