El lector electrónico: los lados de la moneda

A propósito del Festival de Literatura del Noroeste 2011

Como lectora, sé que el libro hace al lector, igual que el contexto (como insistía Paulo Freire). Aunque en la actualidad es el capital y el mercado de la información el que marca las lecturas a seguir. No obstante, el lector, el buen lector, buscará el buen libro, en papel o no.

Hablar de las revoluciones del libro no es nuevo. En 1452 la imprenta acotaba el control de la edición por parte de la Iglesia. De tener registros suficientes de la época, los indignados abogarían hoy por el desempleo de amanuenses generado por la industria editorial detonada por una máquina.

Entre las distintas revoluciones que el historiador francés Roger Chartier reporta en su obra, la migración de la plataforma papel al libro electrónico es la más reciente pero no la más letal de un proceso que los especuladores o apocalípticos han llamado, desde hace décadas, el fin del libro.

Apostando a la idea de que ésta es una transición necesaria, para quienes laboramos en el ámbito de la difusión del libro la preocupación recae en un asunto tecnológico pero también económico: ¿cómo capitalizar la experiencia previa en el dinamismo de las nuevas tecnologías? ¿Cómo acatar el giro del comercio físico al comercio virtual?

¿Una misma moneda?

En torno al futuro del libro aumentan las preguntas todavía sin respuesta. Es posible especular sobre el destino de librerías y editoriales a partir de la práctica ya cotidiana, ya presente, de los dispositivos electrónicos de lectura y de la economía global que envuelve su promoción y desarrollo.

En torno al futuro del libro aumentan las preguntas todavía sin respuesta. Es posible especular sobre el destino de librerías y editoriales a partir de la práctica ya cotidiana, ya presente, de los dispositivos electrónicos de lectura y de la economía global que envuelve su promoción y desarrollo.

En el caso de la librería independiente que no tiene la vocación ni la infraestructura de una tienda miscelánea (entiéndase, negocio en cadena), la posibilidad de desaparecer es real a causa no sólo de la dinámica globalizadora sino de la emergencia del libro digital dominado por grandes corporaciones. Aun habiendo un potencial adaptable a las tecnologías (la posibilidad de editar libros propios en versión digital), no todas las librerías emprenderán el camino de adaptación a la venta en línea o de la distribución digital. Menos aún, de la publicación.

En lo correspondiente al lector común, la diversificación de plataformas es ya una marca generacional de modo que las generaciones jóvenes que leen prefieren hacerlo con los recursos electrónicos. En medio de lo que parece la zozobra de una industria de medio milenio, podríamos afirmar que la cultura de papel, la divulgación del saber impreso, el materialismo de la cultura escrita están sometidos a la prueba del tiempo. Aunque este evolucionismo cultural no toca solamente al uso del libro sino al consumo cultural, como lo muestra la oferta de los dispositivos de lectura que compite con las tabletas acercándose más a la figura de un delgado ordenador.

Amazon y el Kindle

Plataforma o dispositivo de lectura refiere al llamado “e-reader” en inglés, que técnicamente es un “lector” pero no un lector capacitado para los procesos que conciernen cualitativamente a la lectura.

Aun entre las diversas tecnologías y las distintas versiones de lector electrónico (e-reader), la cuestión del saber-hacer y del capital (monopólico, la mayoría de las veces) son determinantes. Amazon domina el mercado del libro electrónico y en los dos últimos años su venta de libros electrónicos ha superado a la venta de sus libros en papel. Es el caso de Estados Unidos que marca el camino de los países con mejor acceso a las tecnologías de la información.

Entre las ventajas del Kindle se ha mencionado la conveniencia, ante todo, de espacio y simplicidad. Entre sus desventajas se cuenta la imposibilidad de marcar los textos del modo en que se da la lectura-réplica-escritura en el libro de papel. Luego el problema de la electricidad y de la conexión, o peor: de la avería. ¿Cómo confiar en la “nube” virtual que reemplaza el resguardo de la biblioteca personal? Aunque también precaria, la dimensión física es origen de la seguridad de los nacidos antes de Apple o del internet. La nube es un avatar de la biblioteca, imposible de controlar como se controla la dimensión del papel.

Los dispositivos más recientes, de pantalla táctil y uno a color, incluyen promociones y aplicaciones (programas de tv, juegos y mejor velocidad de internet) que muestran la tendencia global de vincular la experiencia de leer con el consumo mediático. Si el libro de papel contribuía a la concentración, el kindle (que en algunas de sus versiones incluye anuncios) en su versión comercial tiene el propósito de comprometer al lector en el consumo de otros bienes de la industria cultural, del entretenimiento y del espectáculo. Con la creación de nuevas necesidades, el kindle señala la ruta del libro que confunde la práctica de leer con el consumo en general. A medida que se abarata el uso del e-reader, su popularización lo convierte en necesidad justificada en razón de la conveniencia de viajar con muchos libros a la mano, varios de acceso gratuito.

Si bien el factor lingüístico es todavía una barrera para su popularización, la oferta es creciente en las lenguas más habladas. Fuera del inglés, la oferta frecuentemente se resume en temas de moda (juveniles, de autoayuda o coyuntura), vendidos por millar (best-sellers), de monopolios (Amazon). Lo más vendido marca la oferta del libro electrónico. En habla hispana, la oferta en México se concentra en el catálogo de Publidisa, proveedores del servicio de librería virtual de las más destacadas librerías en cadena que tenemos en la región.

Futuro del lector

Parece irrefutable decir que el libro no existe sin lectores. Como lectora, sé que el libro hace al lector, igual que el contexto (como insistía Paulo Freire). Aunque en la actualidad es el capital y el mercado de la información el que marca las lecturas a seguir. No obstante, el lector, el buen lector, buscará el buen libro, en papel o no. El trabajo del difusor, librero, editor, es hoy y en el futuro hacer el camino accesible. ®

Archivado en Aliteraciones, Noviembre 2011

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