La épica de The Beatles

Get Back y el fin de una era

Una triste paradoja nos muestra a un grupo en la cúspide de la fama y de su potencial creativo. Cuatro genios del rock que se despiden mientras dejan un enorme legado musical.

La policía llega a interrumpir el concierto en la azotea.

John Lennon aprende a tocar el banjo y forma una banda con sus amigos de la escuela. Paul McCartney vende la trompeta que le regaló su papá, compra una guitarra y compone su primera canción. George Harrison y su hermano arman un grupo y comienzan a tocar covers de rock and roll y R&B. Ringo Starr es ingresado al hospital y en su estadía ahí aprende a tocar el tambor.

En 1962 los cuatro, juntos, comenzarían a ser The Beatles.

Once discos después, cientos de semanas siendo los primeros en las listas de popularidad y al borde de la separación, decidieron darse otra oportunidad: la última…

Es paradójico ver cómo surgen las canciones entre ellos cuatro al mismo tiempo que la banda se desintegra. La música que creaban era más fuerte que sus diferencias.

Enero de 1969. El tiempo corre y tienen hasta final de mes para componer catorce canciones y un concierto en vivo. Para suerte de toda la humanidad, ese lapso en que estuvieron trabajando quedó registrado. Tras desempolvar más de sesenta horas de grabaciones y una pandemia, Peter Jackson “resumió” —y sí, lo pongo entre comillas— en casi ocho horas, divididas en tres capítulos, lo que fue la nueva entrega de lo que cincuenta y un años atrás se llamó Let It Be y que ahora fue bautizado como Get Back.

Personas con más de cincuenta años de edad seguramente vieron en el cine el documental Let It Be en 1970, cuando fue estrenado, y otros a través de la televisión o por Internet, pero para quienes no lo han visto, aquel largometraje de 80 minutos, dirigido por Michael Lindsay–Hogg, muestra una imagen turbia y tensa de la convivencia de los cuatro Beatles y la grabación de lo que para ese entonces sería su último álbum —al final surgieron dos: Let It Be y Abbey Road—. Algo muy distinto a lo que enseña Peter Jackson en Get Back, en el que también hay momentos complicados, pero la camaradería, bocadillos y mucha música están al por mayor.

Primera parte: Yo mí mío (I Me Mine)

Al comenzar el primer capítulo se escucha la primera canción que grabaron The Beatles, pero cuando aún eran The Quarrymen: “In Spite of All the Danger”, que fue acreditada en la composición como McCartney/Harrison —la única firmada así—. Es un regreso al origen, a lo simple que sonaban, y que fue evolucionando a lo largo del tiempo, como se muestra en las primeras escenas que resumen lo que habían hecho hasta 1969.

El que tenía el tiempo más limitado de los cuatro era Ringo Starr, quien estaba próximo a actuar en la película El cristiano mágico en los Estudios Twickenham, en Londres. Como se trataba de una producción de Apple Corps., la Sala 1 se la prestaron a The Beatles para que grabaran su disco, pues era un lugar amplio e ideal para la música en directo.

La discusión presente durante toda la serie es en dónde harán su siguiente presentación en vivo. Buscaban un lugar emblemático y mítico, como The Beatles. La opción por la que se inclinan es la del anfiteatro Sabratha, en Libia, pero Ringo no está de acuerdo con salir al extranjero, por lo que fue descartado, a pesar de que a Paul le ilusionaba salir; éste bromeaba con que si Ringo no estaba dispuesto a ir llamaría a Jimmie Nicol, quien fue baterista sustituto cuando Ringo enfermó.

Nada había sido igual desde que Brian Epstein —por alguna razón la mayoría de las veces lo nombran como Mr. Epstein, ex–manager de The Beatles— porque no tienen disciplina, y era Brian quien les indicaba qué hacer.

Se ve a Paul McCartney con una barba larga y con su primer Höfner 500/1 de 1961 en mano, ese hermoso bajo en forma de violín con sus dos pastillas cercanas al diapasón. A John Lennon con su Epiphone E230TD Casino que nunca cambió en esas grabaciones, a menos que usara su acústica Gibson, además de sus característicos anteojos redondos, la melena castaña y, siempre a su lado, Yoko Ono, su novia. A Ringo Starr, que saluda a todos, como acostumbraba, para después sentarse tras su batería y seguir el ritmo de lo que habían compuesto McCartney o Lennon. A George Harrison, con su cabellera, su bigote, sus siempre exuberantes vestimentas y su legendaria guitarra Lucy, esa guitarra Gibson Les Paul roja que le obsequió Eric Clapton, que luego fue robada en 1973 y terminaría en Guadalajara, en manos del músico Miguel Ochoa, sin saber que había sido reportada por robo; George la recuperó y hasta la fecha está en manos de la familia Harrison.

“Don’t Let Me Down” es la primera pieza que ensayan, escrita principalmente por John Lennon. Todos los beatlemaniacos y melómanos conocen esta poderosa canción soul, que en su génesis era una simple balada lenta que fue evolucionando hasta su versión final —y hasta la fecha es una de las canciones más recordadas de la banda.

Para quienes hemos seguido a The Beatles y el trabajo que han hecho cada uno de los cuatro en solitario, es muy cautivador ver el nacimiento de varias obras que casi formaban parte del álbum Let It Be, como “Gimme Some Truth” de John o el himno de George “All Things Must Pass”. ¿Qué hubiera sido de esas canciones si se concretaban con The Beatles? Probablemente hubieran quedado como un palomazo más, o McCartney las habría mandado al lado b del vinil.

A John lo acompañaba Yoko. George, luego de su visita a India quedó fascinado y se hizo de dos amigos Hare Krishna que lo siguieron al estudio de grabación: Shyamasundar y Mukunda; a diferencia de Yoko, que estaba siempre al lado de John, leyendo mientras los cuatro tocaban y cantaban, ellos se sentaban en el suelo, distantes de todo.

Las tensiones comienzan a advertirse a propósito de una discusión entre Paul y George porque aquél, que se autodenomina el jefe— le indica cómo tocar y éste no le hace caso. Nada había sido igual desde que Brian Epstein —por alguna razón la mayoría de las veces lo nombran como Mr. Epstein, ex–manager de The Beatles— porque no tienen disciplina, y era Brian quien les indicaba qué hacer.

Paul y John eran los compositores líderes en el grupo, y George les había dado su espacio durante siete años, pero, como él mismo menciona, fue hasta The Beatles —popularmente conocido como White Album— cuando se consagró como compositor y no iba a relegarse más. Por ello se dieron con más frecuencia los roces, sobre todo con McCartney, ya que quería que tocara como él lo haría.

Puede ser que cuando George le muestra a Paul su canción “I Me Mine”, que había compuesto el día anterior, se tratara de un guiño para él, pues para Paul sólo era “Yo, mí y mío”. Es muy conocida la adicción de McCartney al trabajo y a la perfección, todo debía pasar por sus manos.

Paul jugaba con su bajo y la letra, tratando de completar los primeros versos de la canción; en lugar de Jo Jo y Loretta Martin, al final los personajes principales, eran Sido Abdul Rami y Alberto Marin, de Pakistán y Puerto Rico, respectivamente.

Otra canción que nació en Twickenham fue “The Long and Winding Road”, de Paul, quien al piano tarareaba la melodía; Mal Evans, encargado de gira de la banda, sugería y completaba la letra —¿Lennon–McCartney–Evans acaso?

“Get Back” pudo haber sido el himno para los antiinmigrantes. Paul jugaba con su bajo y la letra, tratando de completar los primeros versos de la canción; en lugar de Jo Jo y Loretta Martin, al final los personajes principales, eran Sido Abdul Rami y Alberto Marin, de Pakistán y Puerto Rico, respectivamente. Ellos no viven en su hogar, canta, y la gente preocupada no necesita pakistaníes ni puertorriqueños, mejor vuelvan a casa. Probablemente McCartney fue influenciado por una cabeza del Daily Mirror en la que se lee “No más migrantes”, como parte de un debate en el Reino Unido en ese año.

Hay imágenes que hacen pensar que algo no está en su lugar, porque antes no lo habías visto o no lo habías imaginado, como en el momento en que Linda Eastman —entonces novia de Paul— y Yoko Ono conversan. Quizá sea una de las escenas más memorables de la serie, pues a pesar de que no se escucha lo que dicen eso representa lo que eran The Beatles: una familia, con sus inevitables momentos de tensión.

El viernes 10 de enero de 1969, el séptimo día de grabaciones, luego de que Paul pidiera ir a almorzar, George se levantó tranquilamente y dijo que dejará la banda, consigan un reemplazo.

En 1968 Ringo había mostrado cierto fastidio con la banda pues pensaba que ya no encajaba ahí, por lo que decidió marcharse, aunque —paradójicamente— George, al regreso de Ringo con la banda, cubrió de flores el piano del estudio, gesto que Ringo agradeció.

Fue George quien decidió poner el punto final. El viernes 10 de enero de 1969, el séptimo día de grabaciones, luego de que Paul pidiera ir a almorzar, George se levantó tranquilamente y dijo que dejará la banda, consigan un reemplazo. Tras esta decisión habla con Mal Evans, en ese momento Peter Sutton, grabador de sonido, pregunta si están filmando y Tony Richmond, director de fotografía, pide que corten.

Ya sin George, tras el almuerzo los demás tocan un palomazo de distintas canciones, a lo que se suma Yoko con gritos y ruidos extraños— sorpresiva válvula de escape para la frustración de saber que ya sólo eran tres.

Piensan en llamar a Eric Clapton para sustituir a George, Paul bromea con la esposa de Ringo, Maureen, le pide que se aprenda tres acordes para el sábado, está dentro de la banda. Los cuatro Beatles, además de Linda y Yoko, se reúnen en la casa de Ringo para tratar de enmendar la situación. Primer intento que no funciona: George no regresa por el momento, y con ello termina la primera parte, no sin antes escucharse su tema “Isn’t It a Pity” —en su versión demo—, que describe a la perfección lo que pasaba. ¿No era todo eso una pena?

Segunda parte: Dos Cuatro de nosotros (Two Four of Us)

La tensión se siente en Twickenham en cuanto llegan Ringo y Paul y hacen el recuento de los daños de su encuentro con George el día anterior. Linda, quien estuvo el día en que visitaron a George, recalca que cuando Yoko Ono dio su punto de vista en favor del regreso de George —y hablando por John— el propio Lennon tenía cara de que no creyó en lo que decía su novia. Además de que Paul menciona en esa plática matutina, ya en el estudio, que la relación entre John y Yoko es cosa solamente de ellos, y que él debe ceder para que ellos dos también lo hagan. Algo que hizo sonar a Macca no tan auténtico, sino más conciliador, pues John aún no se presentaba y temía que dejara el grupo, como George.

“Ahora sólo quedamos dos”. Enseguida hay un silencio, y se ve a Paul con la mirada al vacío, como si en ese instante viera pasar todos los momentos que habían pasado los cuatro juntos y que ya no habría otro más. Para Paul, The Beatles eran su vida entera.

La escena más significativa y de mayor peso de toda la serie es probablemente la de cuando Paul, con los ojos llorosos, dice: “Ahora sólo quedamos dos”. Enseguida hay un silencio, y se ve a Paul con la mirada al vacío, como si en ese instante viera pasar todos los momentos que habían pasado los cuatro juntos y que ya no habría otro más. Para Paul, The Beatles eran su vida entera. Su mayor amor estaba ahí, componiendo canciones.

A pesar de los temores, John llega al estudio y se dirige a la cocina para conversar con Paul en “privado” —aunque allí se había instalado un micrófono oculto, por lo que la discusión que tuvieron y que dejaría de lado todos los debates que por más de cincuenta años se han tenido sobre quién era el jefe del grupo. Probablemente sea una de las pláticas más importantes de la música.

John le dice a Paul, quien está siempre en una lucha constante por el perfeccionismo, que las cosas a veces no pueden salir como él las quiere, ya que cada persona tiene su propia técnica. Paul recalca que John siempre ha sido el jefe, cosa que aquel siempre trató de equilibrar, aunque las personas opinaban diferente.

El show debe continuar, y aunque harán otro intento para repatriar a George, siguen las grabaciones.

Hay un momento íntimo y hermoso en el que Paul, al piano, le explica a Paul Bond, asistente en Apple Corps., cómo compone sus piezas. Bond le pregunta cómo surgen sus canciones, a lo que Paul sin más comienza a tocar algo que apenas va tomando forma y que sería “The Back Seat of My Car”, que aparece en su disco en solitario RAM.

Esto es algo muy peculiar que tenían The Beatles: de la nada, en cualquier momento, al sentarse al piano o con una guitarra empezaban a tocar y a cantar algo que era el comienzo de un nuevo himno musical. Aunque la serie muestra varias canciones inconclusas de la autoría de cada uno de los cuatro, con un poco de más trabajo podrían conformar otros dos álbumes de The Beatles.

El 15 de enero se volvieron a reunir con George, quien accedió a regresar, pero ahora en el sótano de los nuevos estudios de Apple en Savile Row, en Westminster, Londres. Algo más ad hoc a como solían grabar en el Studio 2 en Abbey Road. Aunque tuvieron que trasladar el equipo de grabación que George les había prestado a este nuevo estudio, y con los ajustes que solicitaron los dos George —Martin y Harrison—, fue hasta el 17 de enero cuando llegaron los cuatro a grabar a Savile Row.

Las diferencias que había entre The Beatles eran visibles al exterior, tanto que la prensa destacaba cualquier situación para hablar de la inminente separación de la banda. Uno de los que se menciona en Get Back es la nota de Michael Housego en el Daily Sketch —tabloide perteneciente al Daily Mail—, en la que menciona la desgastada relación entre los miembros del cuarteto y que hasta han llegado a los golpes. Sobre esto ironizaron The Beatles mientras tocaban cualquier cosa y Paul leía en voz alta el artículo.

Como la ropa sucia se lava en casa, durante la visita de Billy Preston al estudio dejaron de lado las diferencias para recibirlo. Billy permaneció lo que restaba del mes de grabaciones con la banda y le dio aire fresco a la densa atmósfera de Savile Row, y además un toque decisivo a las canciones.

A pesar de que Phil Spector fue quien produjo Let It Be y agregó su famosa wall of sound” —la cual disgustaba a Paul—, George Martin estaba siempre en Apple al pendiente de cualquier cosa. La genialidad de Martin era tal que para una grabación en la que Harrison quería escuchar el piano Büthner como si fuera uno “barato”, estilo Honky Tonk, simplemente le introdujo piezas de periódico para atenuar su sonido.

Posiblemente el principio del fin de The Beatles comenzó el lunes 27 de enero de 1969, cuando John Lennon se reunió con Allen Klein, de quien esperaba que fuese el nuevo representante de la banda. La próxima disputa por el control del grupo estaba por verse entre Lennon y Klein vs. McCartney y Eastman.

Paul estaba agobiado por no haber resuelto aún dónde tocarían en vivo, una vez descartado el anfiteatro de Sabratha, y el especial en televisión. Glyn Johns y Michael Lindsay–Hogg le propusieron hacerlo en la azotea del edificio de Apple. Paul y Ringo subieron para darle el visto bueno. Era un hecho, The Beatles se presentarían el 30 de enero de 1969 en la azotea de Apple, sin saber que sería el concierto más emblemático en la historia de la música.

Tercera parte: Sueños dorados (Golden Slumbers)

Durante toda la serie se ve a Ringo al margen del conflicto. Es alguien que observa desde lejos, pero a la hora de opinar —a fin de cuentas, es uno de The Beatles— se inclinaba desinteresadamente por el bien de la banda. Paul y John le daban canciones compuestas para que él las cantase y no sólo tocara la batería, como la divertida “Yellow Submarine” y “With a Little Help From My Friends”, hasta que Ringo escribió su primera obra: “Don’t Pass Me By”, que aparece en The Beatles (White Album).

Para las grabaciones de Get Back tenía otra más: “Octopus’s Garden”, una canción cómica y hasta infantil de la que se mofaron sus compañeros, quizá en broma, pues se ve a George en el piano ayudando a Ringo a sacar los acordes.

Linda Eastman, quien estaba en una relación con Paul, lo acompañó en ocasiones al estudio, a veces también con su hija Heather —y a quien después Paul adoptaría—. La niña iba de un lado a otro, se sentaba a un lado de Ringo cuando tocaba la batería, se unía a los palomazos, balbuciendo, y hasta imitaba a Yoko Ono cuando cantaba. Heather, al igual que Billy Preston, le inyectó más vida a Savile Row.

Después de reunirse con Allen Klein, John le dijo a los demás que hablaran con Klein para convencerlo de que fuese su nuevo representante. Lo cual hicieron, aunque les pareció un tipo extraño. Finalmente lo contrataron, a pesar del disgusto de Paul McCartney. Acaso eso los terminó de destruir como banda.

Aunque ellos aún no lo sabían —¿o sí?—, era su último concierto en vivo, juntos. Llegaron a los estudios de Apple y subieron a la azotea. Ahí ya los esperaban los camarógrafos, los ingenieros y el personal del estudio, que continuaban con los detalles finales antes de comenzar el concierto.

Una última reunión previa al concierto. Paul McCartney, John Lennon, George Harrison, Ringo Starr, George Martin y Glyn Johns hablan de las canciones que tocarán en su presentación en vivo y de si en realidad la azotea de Apple es la mejor opción. Tres de los Beatles están de acuerdo en hacerlo ahí, pero George opinaba diferente; finalmente fue convencido. Todo estaba listo, sin saber si iba a funcionar…

30 de enero de 1969. Aunque ellos aún no lo sabían —¿o sí?—, era su último concierto en vivo, juntos. Llegaron a los estudios de Apple y subieron a la azotea. Ahí ya los esperaban los camarógrafos, los ingenieros y el personal del estudio, que continuaban con los detalles finales antes de comenzar el concierto. George Martin y Glyn Johns estaban en el sótano para controlar desde cabina el audio. Ese jueves el centro de Londres se conmocionaría por el estruendo —así lo describieron locatarios y vecinos del área— que ocasionaron The Beatles —y Billy Preston.

Sin tiempo para más, todo listo, The Beatles abrieron con “Get Back”. Los vecinos y transeúntes dejaban de lado sus tareas y volteaban hacia arriba, incrédulos algunos y otros reconociendo al instante que se trataba de The Beatles. El camarógrafo que filmaba en la calle para documentar grabó a varias personas. A los jóvenes no les molestaba que la banda tocara en la azotea, pero ente los adultos y locatarios las opiniones se dividían. Un hombre dijo que le daban vida a Londres, le gustaba su música y hasta quisiera que su hija se casara con alguno de los cuatro, pues tenían mucho dinero; una mujer se quejaba que la habían despertado de su siesta.

Tras algunas llamadas a la policía, dos agentes llegaron a Apple para pedir que bajaran el volumen, pero los empleados del estudio ganaban tiempo distrayendo al oficial Ken Wharfe para que no suspendiera el concierto. El oficial Roy Shayler llegó a Apple y muy respetuosamente pidió subir a la azotea. Allí se encontró con Mal Evans, que ganó más tiempo tras hablar con él, pero no fue suficiente. Mal fue al amplificador de la guitarra de Harrison y lo apagó a mitad del concierto. El Beatle, molesto, lo volvió a encender y continuó como si nada. Paul, con su mirada pícara y desafiante, seguía cantando y tocando, tal vez con más entusiasmo. Finalmente, interpretaron nueve piezas: “Get Back” (toma uno), “Get Back” (toma dos), “Don’t Let Me Down” (toma uno), “I’ve Got a Feeling” (toma uno), “One After 909”, “Dig a Pony”, “I’ve Got a Feeling” (toma dos), “Don’t Let Me Down” (toma dos) y “Get Back” (toma tres).

Nadie sabía en ese momento el impacto histórico que habían presenciado, ni siquiera los propios Beatles. Un concierto que parecía tan simple y sencillo 52 años después continúa siendo imitado, escuchado y recordado por millones de personas.

Paul McCartney tenía 26 años, John Lennon 28, George Harrison 25 y Ringo Starr 28. George Martin tenía 43, Yoko Ono 35 y Linda Eastman 27. Michael Lindsay–Hogg 28 y Billy Preston 22.

Nadie sabía en ese momento el impacto histórico que habían presenciado, ni siquiera los propios Beatles. Un concierto que parecía tan simple y sencillo 52 años después continúa siendo imitado, escuchado y recordado por millones de personas.

El poder que evoca la música es casi infinito, nos abraza en cada situación de nuestras vidas, por eso las obras que durante ocho años compusieron aquellos cuatro hombres siguen vigentes, a pesar de que ya pasó poco más de medio siglo. John Lennon, el activista por la paz; Paul McCartney, que hacía ver tan simple la composición de canciones; George Harrison, el espiritual, y Ringo Starr, un espíritu ligero con una sonrisa optimista.

The Beatles nos enseñaron que el amor tiene más de un significado y que vivir es fácil con los ojos cerrados, malinterpretando todo lo que ves; que también es un largo y sinuoso camino, pero que al final el amor que recibes es igual al amor que das.

Nos dimos cuenta en la serie de que Paul, John, George y Ringo también son seres humanos con problemas y que se sentaban para solucionarlos —o al menos intentarlo—. Pensaríamos que se despertaban en la mañana y ya tenían listo el próximo número uno en las listas de popularidad, pero era a base de prueba y error como terminaban sus canciones. Eran cuatro personas con una enorme sensibilidad para plasmar sus ideas en versos, estrofas y acordes durante los tres minutos —en promedio— que duran sus canciones. Cuatro hombres que coincidieron para formar la banda más grande de todos los tiempos.

Por supuesto que sí pasaron la audición, John.

John Lennon compone “Imagine”, protesta por la guerra de Vietnam, y es asesinado el 8 de diciembre de 1980.

George Harrison anuncia su triple álbum All Things Must Pass, organiza el Concierto por Bangladesh, el primer concierto benéfico de la historia, y muere de cáncer el 29 de noviembre de 2001.

Paul McCartney escribe 18 álbumes como solista, acaba de lanzar en dos libros las letras de todas las canciones que ha compuesto. Tiene 79 años, sigue componiendo y ofreciendo conciertos.

Ringo Starr ha sacado 21 discos en solitario y publicó un libro de fotografías. Tiene 81 años y sigue tan campante. ®

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Publicado en: Música

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