Una lucha silenciosa por la imposición

Ideología y educación, entrevista a Mariana Benavides

“Nuestras instituciones educativas parecen crecer hacia la oscuridad”. En entrevista, Mariana Benavides, autora de La educación: la lucha silenciosa para la imposición. Un ensayo crítico sobre ideología y educación en México, habla del fracaso de la llamada Nueva Escuela Mexicana.

Marx y trabajadores en el mural de Diego Rivera «Epopeya del pueblo mexicano» (1929–1935), Palacio Nacional de la Ciudad de México.

“Ayer contemplaba desde mi estudio el antiguo roble que ha presidido este jardín inglés durante más de dos siglos. Sus raíces profundas, su tronco firme, sus ramas que se extienden con gracia natural hacia el cielo. Todo en él habla de crecimiento orgánico, de tiempo pausado, de sabiduría acumulada. Y no pude evitar contrastar esa imagen con lo que presencié la semana pasada en una universidad: estudiantes que gritaban consignas, profesores que promueven ideologías antes que conocimiento; jóvenes mentes moldeadas no para pensar sino para repetir. El árbol crece hacia la luz. Nuestras instituciones educativas parecen crecer hacia la oscuridad”.

La anterior es un reflexiva analogía del escritor y filósofo Roger Scruton (1944–2020) que exalta la importancia de los procesos que permitirían dar reconocimiento a la sabiduría acumulada durante siglos, al desarrollo histórico y a los llamados principios eternos de nuestra civilización: “El árbol crece hacia la luz. Nuestras instituciones educativas parecen crecer hacia la oscuridad”.

¿Por qué ocurre esto? ¿Dónde empezó? ¿Fue nuestro sistema educativo el que nos condujo a este tiempo extraordinario? ¿Cómo comenzamos a mirar el mundo bajo esa técnica que nos impone que todo es un constructo? Las consecuencias han sido la desorientación y la dependencia, porque, “la modernidad líquida” es incierta, caprichosa e ilimitada.

¿En qué pantano ideológico se encuentra hoy la educación mexicana? Ya no se habla de profesor sino de facilitador. Ya no se menciona estudiante sino “agentes de transformación social”, “sujetos de derechos”, “miembros de una comunidad”. Ya no se habla de expertos sino de facilitadores, ya no se habla de conocimientos sino de habilidades, ya no se habla de disciplina académica sino de “experiencias de aprendizaje”.

Han sido los procesos educativos y tecnológicos los que nos han enseñado a reconfigurar la realidad y rechazar todo lo que no sea información “verificada” desde la técnica, desde los recursos disponibles y cuantificados. Bajo esa lógica, todo debe ser sometido a voluntad.

La “Nueva Escuela Mexicana” (NEM)

¿En qué pantano ideológico se encuentra hoy la educación mexicana? Ya no se habla de profesor sino de facilitador. Ya no se menciona estudiante sino “agentes de transformación social”, “sujetos de derechos”, “miembros de una comunidad”. Ya no se habla de expertos sino de facilitadores, ya no se habla de conocimientos sino de habilidades, ya no se habla de disciplina académica sino de “experiencias de aprendizaje”. Cada término es una bomba de tiempo preparada en contra de quien ose rebelarse contra los procesos deconstructivos de lo nombrable. Y no propongo ser reaccionaria, sino que, en ese desplazamiento semántico, la sociedad ha normalizado lo que en otros ayeres hubiera generado una resistencia o, por lo menos, un cuestionamiento más profundo.

Mariana Benavides de la Torre —comunicóloga y analista— escribió un ensayo lúcido y con mucha información, La educación: la lucha silenciosa para la imposición. Un ensayo crítico sobre ideología y educación en México (2025), que recomiendo adquirir si usted realmente quiere entender paso a paso el largo entramado que ha llevado al sistema educativo mexicano a la profunda crisis en que se encuentra. Porque, sí, podemos hablar de una crisis educativa.

—Mariana, leí tu ensayo y me pareció invaluable la vasta información que recopilaste para darnos a conocer el largo recorrido de la educación en México. También nos dices que era un tema que no estaba en tu radar. ¿De dónde surge la motivación para investigar al respecto?
—La motivación surge al ver cómo la educación mexicana se alejó de su propósito original: transmitir conocimiento, virtud y amor por la verdad. No era un tema en mi radar hasta que observé que los debates educativos dejaron de ser pedagógicos para volverse ideológicos. Alguien tenía que rastrear el origen de esta deriva, que no es espontánea sino planeada desde hace décadas por corrientes críticas que usan la escuela como taller de activismo. Al ver muchos casos de niños y padres confundidos ante esta supuesta nueva normalidad.

—Recordarás que una de las promesas de campaña del expresidente Andrés Manuel López Obrador fue una contrarreforma, es decir, derogar por completo para que “no quedara ni una coma de la nefasta Reforma de Peña”. A través de los años y de la información que has ido atesorando, ¿cómo ves tú la demolición del proyecto bajo la batuta del exsecretario de educación, Aurelio Nuño? A tu parecer, ¿era necesario establecer nuevos principios en la educación mexicana o se equivocó el gobierno de López Obrador al tratar de incidir en los contenidos didácticos?
—La reforma de Peña Nieto tenía defectos —como una excesiva visión tecnocrática—, pero al menos buscaba estándares de evaluación y mérito docente. AMLO no la corrigió, la destruyó por completo para imponer un modelo inverso. No era necesario cambiar los principios, sino perfeccionar los existentes. Lo que hizo fue sustituir calidad por ideología. El error fue mayúsculo: hoy no hay medición objetiva, se debilita al maestro y se imponen contenidos que privilegian el activismo sobre el aprendizaje.

—A uno de tus capítulos lo titulas “Línea de tiempo: reformas educativas”. Allí escribes que “La historia educativa de México puede leerse como un espejo de sus proyectos políticos […] En todas esas etapas se hablan lenguajes distintos, pero la constante fue la misma: la escuela como herramienta del proyecto cultural dominante”. ¿Podrías ofrecernos un bosquejo que ilustre la introducción de esas reformas durante cada sexenio?
—Sí. Desde el cardenismo, la escuela fue vehículo de proyecto nacionalista. En los setenta y ochenta, influencia de teorías críticas (Freire, Gramsci) bajo un discurso de “concientización”. Con Salinas, apertura a competencias; con Fox y Calderón, intentos fallidos de reforma estructural. Peña Nieto (2013) impuso evaluación docente y estándares. AMLO (2019–2024) dio un giro radical: abolió la evaluación, eliminó contenidos básicos, impuso la NEM con explícita orientación ideológica. La constante es usar la escuela para el proyecto político dominante, pero la NEM es la primera que abiertamente celebra su sesgo.

No era necesario cambiar los principios, sino perfeccionar los existentes. Lo que hizo fue sustituir calidad por ideología. El error fue mayúsculo: hoy no hay medición objetiva, se debilita al maestro y se imponen contenidos que privilegian el activismo sobre el aprendizaje.

—En el segundo capítulo de tu ensayo mencionas a teóricos como Focault, Gramsci y Freyre que, aunque diferentes entre sí, “comparten una característica clave: no veían la educación sólo como transmisión de conocimiento, sino como herramienta de transformación social”. ¿Qué relación tiene esa sentencia con los nuevos libros de texto?
—Relación directa y confesa. Los nuevos libros no enseñan hechos, sino “deconstruir” realidades. Foucault para relativizar la verdad, Gramsci para entender la escuela como lucha hegemónica, Freire para convertir al alumno en “sujeto revolucionario”. Todo conocimiento tradicional es presentado como opresivo. Así, un libro de historia ya no narra acontecimientos, sino que invita a “cuestionar” a las instituciones. Es pedagogía crítica pura aplicada a niños.

—Algunos periodistas y pedagogos celebran que los nuevos libros de texto lleven una fuerte influencia de las enseñanzas de Paulo Freire, pero lo que ellos no reflexionan es que la pedagogía de Freire estaba dirigida al trabajador oprimido y analfabeta adulto. Así, ¿cómo adecuas esa alfabetización y concientización a niños de preescolar y primaria?
—No se ha hecho una adecuación, se está imponiendo de forma violenta. Freire trabajaba con campesinos adultos analfabetas, no con infantes. Llevar su método “problematizador” a niños es instrumentalizarlos emocionalmente antes de que tengan herramientas lógicas. Se les enseña a “denunciar” estructuras —familia, escuela, propiedad privada— que no comprenden. Eso no es educación, es adoctrinamiento temprano. El niño deja de ser niño para convertirse en militante. Y él lo deja muy claro con su frase “Toda educación es política”, ellos buscan militantes políticos, no estudiantes destacados. Desafortunadamente, en América se ha puesto como ídolo a Freire, sin comprender el profundo adoctrinamiento político que significa utilizar este método.

—Durante el sexenio de Peña Nieto el modelo educativo fue por “competencias”. Ahora el nuevo modelo es por “proyectos”. Según expertos, es debido a ese sistema de “proyectos” como redujeron considerablemente las matemáticas, la aritmética y el álgebra debido a su carácter abstracto. Para ubicarnos en el marco de las diversas corrientes pedagógicas del siglo XX y el XXI, ¿en qué corriente o vanguardia educativa podemos ubicar la NEM? ¿Qué es la NEM?
—La NEM es una mezcla ecléctica de constructivismo radical, pedagogía crítica y teorías decoloniales, con fuerte herencia de la Escuela de Frankfurt. No es humanista ni científica, es ideologizante. Se define por desplazar el conocimiento disciplinar por “proyectos comunitarios”, eliminar la evaluación objetiva y sustituir al profesor por “facilitador”. En la práctica, es un caballo de Troya de la teoría crítica dentro de la educación básica.

—El slogan de la Nueva Escuela Mexicana proclama que “la educación será humanista, científica, con pertinencia social y orientada al bien común”. ¿Qué debemos entender por eso?
—Un eslogan vacío que esconde lo contrario. “Humanista” significa subordinar al individuo al colectivo. “Científica” aparece sin rigor ni método. “Pertinencia social” es un código para el activismo. “Bien común” se define desde el poder sin contrapesos. En realidad, es una fórmula que elimina la neutralidad de la escuela y la convierte en trinchera política.

El alumno sale creyéndose libre porque “critica” el sistema, pero en realidad sólo repite consignas. Se le niegan las herramientas para pensar por sí mismo; se le enseña a desconfiar de toda autoridad excepto la del maestro “crítico”.

—Uno de los subtítulos de tu ensayo se llama “La liberación que cautiva”. ¿A qué te refieres?
—Es la paradoja central de la pedagogía crítica, prometen liberar al oprimido, pero lo cautivan en una nueva dependencia ideológica. El alumno sale creyéndose libre porque “critica” el sistema, pero en realidad sólo repite consignas. Se le niegan las herramientas para pensar por sí mismo; se le enseña a desconfiar de toda autoridad excepto la del maestro “crítico”. Es una jaula con nombre de emancipación.

—Según tu experiencia e investigación, ¿cómo está afectando a los niños?
—Los está confundiendo. Sin bases sólidas en matemáticas o pensamiento lógico matemático, lectura–comprensión de los textos y ciencias, crecen con una estructura cognitiva frágil. Emocionalmente, se les sobrecarga con discursos de victimización y justicia social que no pueden procesar. Muchos desarrollan ansiedad, desinterés por el esfuerzo y rechazo a sus propias familias, a las que se les presenta como “opresoras”. La NEM no educa: deforma. Y podemos observar, como lo dije ya hace aproximadamente dos años, “Los niños serán cada vez mucho más violentos e intentarán tomar justicia por sus propias manos contra quien les resulte incómodo”. Lo vimos durante muchos años en Estados Unidos y lo veíamos lejano, sin embargo, ya está surtiendo sus efectos en nuestro país.

—Para Alma Maldonado, investigadora del Cinvestav (Centro de Investigación de Estudios Avanzados), hay dos vertientes problemáticas que dieron inicio a la NEM. Por un lado, son los libros de texto y, por el otro, los planes de estudio; es decir, qué voy a enseñar y cómo lo voy a enseñar. Aquí se hizo al revés. Además de todo lo que representó la pandemia, rezago y deserción escolar. Regresamos de la pandemia y no hubo evaluación de pérdidas y ganancias en aprendizaje. ¿Crees que todo se basa en el diagnóstico?
—No. El problema no es el diagnóstico, es la intencionalidad. No hubo evaluación seria pospandemia porque no les convenía. Si midieran, verían el desastre. En lugar de corregir, profundizan el modelo. La NEM no nace de un diagnóstico técnico, sino de una decisión ideológica. Primero deciden qué quieren imponer, después buscan —o inventan— datos que lo justifiquen. Tan fue así que primero desarrollaron los “libros de texto” y la ley general de educación y sus correcciones, y posteriormente desarrollaron el supuesto plan de estudios.

Primero deciden qué quieren imponer, después buscan —o inventan— datos que lo justifiquen. Tan fue así que primero desarrollaron los “libros de texto” y la ley general de educación y sus correcciones, y posteriormente desarrollaron el supuesto plan de estudios.

—Se dice que la NEM abre una brecha de desigualdad entre los estudiantes mexicanos. Para que podamos entenderlo, ¿cómo estudian los que pueden acceder a la educación privada a diferencia de como lo hacen en las escuelas públicas?
—La pregunta requiere una respuesta vasta y amplia. Primero, una precisión necesaria: las escuelas privadas en México no son ajenas a la NEM. Para conservar su permiso y validez oficial también deben aplicar los planes y programas de estudio de la SEP, incluyendo el enfoque por proyectos, la despriorización de contenidos abstractos y los libros de texto gratuitos —aunque muchas los complementan o matizan—. Es decir, el andamiaje ideológico de la NEM también se impone en el sector privado. Hay diferencias como: 1. Mayor carga horaria efectiva: las privadas suelen ampliar el horario escolar, añadiendo materias complementarias —inglés avanzado, computación, ética, matemáticas adicionales— que no están sujetas al mínimo oficial. Compensan las deficiencias del modelo. 2. Refuerzo de contenidos básicos: aunque usen los proyectos NEM, añaden ejercicios de cálculo, gramática y razonamiento lógico de forma sistemática. No abandonan la memorización comprensiva ni la práctica repetitiva, esenciales para el aprendizaje sólido. 3. Evaluación rigurosa interna: no dependen sólo de la evaluación formativa NEM. Aplican exámenes periódicos con calificaciones numéricas, seguimiento individual y consecuencias reales por bajo rendimiento. 4. Selección y formación de maestros: contratan perfiles más exigentes, evalúan su desempeño y pueden despedirlos. En la pública, la base magisterial sindicalizada y la falta de evaluación efectiva permiten que muchos docentes no dominen los contenidos que deben enseñar. 5. Disciplina y autoridad: mantienen códigos de conducta claros. El alumno sabe que hay reglas y consecuencias. En la pública NEM, la “disciplina positiva” sin límites ha generado caos y violencia escolar. 6. Participación de padres: las privadas exigen compromiso familiar; los padres pueden intervenir y exigir. En la pública, el “secreto compartido” entre maestro y alumno excluye deliberadamente a la familia. 7. Entornos más seguros: menor índice de bullying, violencia y deserción. La privatización implícita del orden y la seguridad es un factor que las familias pagan porque el Estado ya no lo garantiza.

La diferencia no es que los privados estudien con otro plan, sino que pueden blindar parte del proceso con recursos adicionales. El niño de escuela pública recibe la NEM sin filtros, sin refuerzos, sin disciplina, sin inglés, sin computación, sin exigencia académica. La brecha no es accidental: la NEM profundiza la desigualdad al negar a los pobres lo que los ricos compran por separado.

¿Significa esto que las privadas se salvan de la crisis? No. También están siendo afectadas. Sufren por libros de texto NEM con carga ideológica explícita —visión decolonial, perspectiva de género radical, lucha de clases—; capacitaciones obligatorias que promueven pedagogías críticas y relativismo moral; presión de la SEP para eliminar materias como Formación cívica y Ética tradicional, sustituidas por Vida saludable y Educación socioemocional con sesgo activista; riesgo de perder su autonomía curricular si se endurece la vigilancia ideológica. De esta manera, la diferencia no es que los privados estudien con otro plan, sino que pueden blindar parte del proceso con recursos adicionales. El niño de escuela pública recibe la NEM sin filtros, sin refuerzos, sin disciplina, sin inglés, sin computación, sin exigencia académica. La brecha no es accidental: la NEM profundiza la desigualdad al negar a los pobres lo que los ricos compran por separado.

—El cuarto capítulo fue el más iluminador para mí. Desconocía el profundísimo nivel de injerencia de las escuelas normalistas públicas y su imposición sobre el rumbo que toma la educación en México. En tu libro dices que fueron hechas para sostener la ideología revolucionaria, ya que se conciben a sí mismos como “un espacio de resistencia”. Ese ethos ha dejado una huella ambivalente en el sistema educativo mexicano. Por un lado, el compromiso social y político de la formación docente en detrimento de la excelencia académica. Con la Reforma del Artículo 3º Constitucional (mayo de 2019) se les otorga un mayor poder a los docentes como “agentes de cambio social”. ¿Cómo se debe actuar al respecto?
—Hay que separar formación pedagógica de activismo. El maestro debe dominar su materia y saber enseñarla, no ser un militante. La solución es reinstaurar la evaluación externa, contenidos nacionales claros y prohibir explícitamente el adoctrinamiento en las aulas. Las normalistas deben volver a formar profesores, no “agentes de transformación”. Urge una ley federal que garantice la neutralidad ideológica en la educación pública.

La escuela debe enseñar, no adoctrinar. Cuando se crean “secretos compartidos” entre maestros y alumnos excluyendo a los padres se viola el derecho familiar. El límite es claro: ningún contenido puede contradecir las convicciones éticas fundamentales de la familia sin su consentimiento explícito.

—Escucho constantemente que la preocupación mayor es no saber cuánto están aprendiendo los alumnos. La preocupación también sería saber qué están aprendiendo y cómo lo están aplicando en su entorno. Según datos de la OCDE, México ocupa el primer lugar mundial en abuso sexual infantil, que en el 90% de los casos es cometido por familiares o conocidos. Por otro lado, la violencia escolar también ha alcanzado niveles históricos con un aumento del 205% en reportes de acoso (bullying). Siete de cada diez infantes menores son víctimas de agresiones físicas, verbales, psicológicas y sexuales dentro de los planteles educativos. ¿Con cuál información, habilidades y herramientas está contribuyendo el sistema educativo para erradicar esa problemática o, en su defecto, se muestra impasible…?
—Con ninguna efectiva. Al contrario: al debilitar la autoridad del maestro y eliminar la disciplina, el bullying aumenta. Al introducir contenidos sexuales inapropiados sin supervisión familiar se expone a los niños. La NEM habla de “perspectiva de género” y “nuevas masculinidades”, pero no enseña autoprotección concreta ni fomenta la denuncia. Es un discurso que oculta su inacción bajo un lenguaje progresista.

—El filósofo Roger Scruton usa el término “creación de secretos compartidos” para definir la complicidad entre educadores y estudiantes, en la que se excluye deliberadamente a los padres. En ese binomio los niños aprenden sobre sexualidad, identidad de género, activismo político y justicia social de maneras que contradicen, muchas veces, las enseñanzas familiares. Si el hijo aprende en la escuela a criticar, cuestionar y deconstruir todo lo que en casa le han inculcado, ¿cuáles son los límites de los padres en la educación de sus hijos?
—Los padres no deberían ser espectadores. Tienen derecho prioritario a decidir la formación moral y de valores de sus hijos. La escuela debe enseñar, no adoctrinar. Cuando se crean “secretos compartidos” entre maestros y alumnos excluyendo a los padres se viola el derecho familiar. El límite es claro: ningún contenido puede contradecir las convicciones éticas fundamentales de la familia sin su consentimiento explícito. Deben restaurarse las figuras de autoridad, el binomio de participación y comunicación constante entre padres y maestros. Más que la alianza silenciosa del maestro con el alumno, que además puede dar pie a muchísimas cosas que resultan peligrosas para los niños que actualmente no tienen capacidad ni de análisis ni de pensamiento lógico. La escuela debe ser subsidiaria, no sustituta de los padres. ®

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Sigue a Mariana Benavides.

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Publicado en: Ciencia y tecnología, Libros y autores

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