ALDEANOS, MONOLINGÜES E IDEOLOGIZADOS

Diferentes, desiguales y desconectados

El nacionalismo mexicano es del tamaño de la miseria del pueblo, tan atávico a un territorio y a una historia imaginaria construida con películas, nombres de calles, ceremonias en las escuelas primarias y la corrección política, que manifestar el deseo de triunfo de la selección de futbol de Estados Unidos es considerado una especie de traición a la patria.

¿Qué puede ser más mexicano que unos tacos al pastor de tortillas de maíz y cerdo importados de Estados Unidos, servidos en un plato de plástico hecho en China, con una Coca-Cola hecha en México por mexicanos, salsa de chile importado de China, y en una taquería con la imagen de la Virgen de Guadalupe made in China, mientras se ve en una televisión, fayuqueada de quién sabe dónde o maquilada en la frontera, un partido de futbol de la Selección Nacional en Chicago o Los Ángeles, en la que desde hace varios años han participado extranjeros nacionalizados y mexicanos que juegan en el extranjero? ¿O que una hamburguesa McDonald’s con salsa verde, de franquiciatarios mexicanos, hecha por trabajadores mexicanos con insumos producidos en México —con excepción de la papa que es traída de Canadá—, incluyendo a el pan de México, el pan Bimbo1 que se vende incluso en China, mientras se escucha a la mexicana Belinda, hija de españoles, que dice en su balada electro-house “Necesito un break… I forgot”? ¿O que un toquín de skatos que bailan con tenis de la marca estadounidense Converse, maquilados en China, cantan canciones en español contra la globalización, se toman fotos con un teléfono de la marca noruega Nokia hecho en China, gritan vivas al EZLN y a México, le mientan la madre a los gringos y saludan jubilosamente a la bandera nacional?

En una encuesta muy posiblemente se consideraría como auténticamente mexicana la experiencia de estar en una taquería y como extranjera la de estar en un restaurante de hamburguesas, sólo porque la percepción subjetiva y emocional de lo global y lo local, de lo ajeno y lo propio, o de lo moderno y lo tradicional, así como la influencia de algunas narraciones ideológicas antiyanquis al respecto, se han sobrepuesto al análisis objetivo de los procesos y de los efectos concretos y simbólicos de globalización en cuanto al libre comercio, la adopción de valores de la democracia moderna, la infraestructura de telecomunicaciones, la emigración y el consumo cultural.

El nacionalismo mexicano es del tamaño de la miseria del pueblo, tan atávico a un territorio y a una historia imaginaria construida con películas, nombres de calles, ceremonias en las escuelas primarias y la corrección política, que manifestar el deseo de triunfo de la selección de futbol de Estados Unidos es considerado una especie de traición a la patria.

Objetivamente, México es un país poco globalizado, valga la expresión. De acuerdo con el índice de globalización publicado por la revista Foreign Policy, correspondiente a una edición de 2007, México ocupa el 49° lugar en una lista de 72 países que poseen el 97 por ciento del Producto Interno Bruto mundial y el 88 por ciento de la población. El país más globalizado, valga la expresión, es Singapur, y le siguen Hong Kong, Holanda, Suiza, Irlanda, Dinamarca y Estados Unidos.2 Los países ricos, en general, son mucho más globalizados que los pobres, por cierto.

El índice se construye con doce variables que miden la integración económica,3 la conectividad tecnológica,4 el contacto personal5 y los compromisos gubernamentales6 de cada país y su comparación entre sí, y confirma empíricamente lo que dice Néstor García Canclini sobre la experiencia de la globalización para la mayoría en México: somos diferentes culturalmente, desiguales económicamente y desconectados tecnológicamente.7 Estamos menos globalizados de lo que a veces puede pensarse de tanto escuchar o leer discursos sobre la globalización, incluidos los países que están en los primeros lugares del índice: actualmente en todo el mundo más del 90 por ciento de las llamadas telefónicas, del tráfico en Internet y de las inversiones son locales.8 Con razón el propio García Canclini se refiere a los aspectos imaginarios de la globalización como elementos constitutivos de las múltiples narraciones que de ella se han hecho.9

Así, ¿qué nos hace o hace a muchos imaginarse o suponerse globalizados o inmersos en un proceso de acelerada e irreversible globalización? Pues además de esas narraciones, las evidencias parecen ser:

1. El libre comercio. Por la sustitución de productos hechos en México con los provenientes del extranjero, y también por la dependencia de las variables macroeconómicas a condiciones foráneas.

2. La modernidad democrática. Por la adopción de ideas, valores y discursos referentes a la tolerancia, la diversidad, la equidad, la transparencia y la rendición de cuentas, así como la administración del gobierno basada en políticas públicas diseñadas, implementadas, operadas y evaluadas por profesionales especializados.

3. La infraestructura de telecomunicaciones. Por la amplia penetración de tecnologías de la informática digitales en los procesos de las actividades productivas y los servicios, y en las aplicaciones para las relaciones interpersonales mediante dispositivos maquínicos como la computadora personal y el teléfono móvil o celular.

4. La emigración. Por el medio millón de connacionales que anualmente desde hace un sexenio se van a vivir a Estados Unidos, los cuales se suman a los millones de mexicanos que radican allá y mantienen relaciones familiares, económicas y culturales con sus lugares de origen.

5. El consumo cultural. Por los productos de las industrias culturales provenientes del extranjero, principalmente los audiovisuales, y el contenido simbólico relativo a ellos manifiesto en marcas comerciales, estilos de vida, hábitos de consumo y formas o medios de entretenimiento.

Además de diferentes, desiguales y desconectados, la gran mayoría de los mexicanos jóvenes puede definirse como: monolingüe (exclusivamente hispanoparlante), autorreferencial (nacionalista y arraigada) y videófila (consumidora de imágenes).

Subjetivamente México es un país plenamente globalizado o no según signifique cada quien su propias experiencia. Si el nivel o grado de globalización es diferente o diferenciado entre las naciones, también lo es en los respectivos ámbitos domésticos. Más aún, mientras que en países como Singapur o Suiza los efectos de la globalización son más o menos uniformes en el conjunto de su población, en otros como México se viven de manera disímbola, diacrónica y segregada entre los polarizados deciles de sus habitantes multimillonarios, pobres y miserables, así como entre sus regiones o municipios con niveles de vida equivalentes unos a los del primer mundo u otros a los de África subsahariana.10 Asimismo, la participación en los distintos aspectos de la globalización es variable dependiendo de las actividades profesionales de cada quien, su escolaridad, ingresos, identidades culturales, consumo cultural, prácticas culturales, rango de edad y otras variables.

En general son los jóvenes quienes se supone que podrían estar más globalizados por la influencia en sus identidades culturales de productos, símbolos y significados que provienen de fuera del país, a diferencia de grupos poblacionales de rangos de edad superiores, frecuentemente más influidos por instituciones apegadas a un territorio, una tradición y una historia, como la Iglesia, la escuela, la familia, el gremio y el gobierno local. A fin de cuentas quienes hoy tienen 21 años de edad nacieron el mismo año en que fue derrumbado el muro de Berlín —génesis de lo que se llamó un nuevo orden mundial—, y entre quienes tienen 29 tal vez sea una minoría quien lo recuerde en relación con alguna anécdota. Sin embargo, la Encuesta Nacional de Consumo y Prácticas Culturales publicada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) permite matizar esta idea.11

Además de diferentes, desiguales y desconectados, la gran mayoría de los mexicanos jóvenes puede definirse como: monolingüe (exclusivamente hispanoparlante), autorreferencial (nacionalista y arraigada) y videófila (consumidora de imágenes). Acaso en lo que los jóvenes se diferencian más de la población en rangos de mayor edad es en su proclividad a la adopción de valores democráticos, en que proporcionalmente hay un mayor uso de la computadora personal para trabajar, aprender y, sobre todo, entretenerse y comunicarse.

Menos de uno de cada cinco de los jóvenes de 18 a 29 años de edad ha viajado fuera del país y tres de cuatro nunca han viajado en avión.12 Sólo el 12 por ciento asegura que puede hablar un idioma (extranjero) adicional al español. De la población en este rango sólo el uno por ciento asegura que habla “muy bien” el inglés y 3.3 “bien”.13 De modo que con todo y la vecindad con Estados Unidos, los millones de mexicanos que viven allá, los millones de cruces fronterizos y el comercio entre ambos países, el conocimiento del idioma inglés y su práctica es notoriamente bajísimo, y la gran mayoría de los jóvenes siguen viendo programas de televisión producidos en México, películas o series dobladas al español; escucha música en español de los géneros grupero, pop y balada; eventualmente lee algún libro de Carlos Cuauhtémoc Sánchez o superación personal, y con cierta frecuencia revistas de espectáculos sobre temas locales.14

El nacionalismo mexicano es del tamaño de la miseria del pueblo, tan atávico a un territorio y a una historia imaginaria construida con películas, nombres de calles, ceremonias en las escuelas primarias y la corrección política, que manifestar el deseo de triunfo de la selección de futbol de Estados Unidos es considerado una especie de traición a la patria, inclusive después de que haya sido eliminado el tri-negrino de la camiseta alemana Adidas, no obstante que la bandera del país vecino representa a 25 millones de mexicanos y en su equipo representativo participan jugadores de ascendencia connacional. Por eso ni McDonald’s, Wal-Mart, Starbucks, Madonna, Eminem, iPod, Microsoft, Zara, Harry Potter, Coelho, ni cualesquiera otros íconos, referentes o imperios de la globalización reemplazan, se sobreponen o vencen a K’Paz de la Sierra, el comercio en puestos semifijos en la vía pública (ambulante), Oxxo, la torta de tamal, el chisme cara a cara, Cañitas, Místico, Dr. Wagner, las telenovelas de Televisa, el futbol llanero, las Omnichivas, Gansito, las ferias de pueblo, etcétera, porque a fin de cuentas hemos asumido diversos efectos de la globalización como parte de lo mexicano más allá de la fetichización de las marcas y la sublimación de lo dizque nacional. ®

Notas
1 En el caso de Estados Unidos, donde Bimbo es líder en Texas, su éxito radica en los veintitantos millones de mexicanos que viven allá, quienes tienen un poder de compra superior al de los cien millones que hay en México. Lo que Bimbo les vende allá no es pan, sino nostalgia: el recuerdo de un desayuno familiar en su pueblo de origen, revivir el sentimiento de recompensa que un Gansito (pastelillo de chocolate) significó para ellos en su infancia o la alegría de hallar dentro del empaque calcomanías, estampas o juguetitos. Bimbo es “el pan de México”, dice su publicidad.
2 A.T. Kearney, Inc., Globalization Index en Foreign Policy, noviembre-diciembre de 2007, pp. 69-71. Disponible en www.atkearney.com/images/global/pdf/GIndex_2007.pdf
3 Comercio e inversión extranjera directa.
4 Usuarios de Internet y servidores.
5 Viajes internacionales, turismo y transferencias personales de dinero.
6 Membresías en organismos internacionales, transferencias financieras gubernamentales, tratados internacionales ratificados y contribuciones a misiones de pacificación de Naciones Unidas.
7 Véase Néstor García Canclini, Diferentes, desiguales y desconectados, Barcelona: Gedisa, 2004.
8 Pankaj Ghemawat, “La globalización del 10%” en Foreign Policy, edición española, abril-mayo de 2007, pp. 68-74. Disponible en www.fp-es.org/
9 Véase Néstor García Canclini, La globalización imaginada, México: Paidós, 1999.
10 Véase Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Informe sobre Desarrollo Humano, México 2004, México: PNUD, 2005.
11 Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Encuesta Nacional de Consumo y Prácticas Culturales, México: Conaculta-UNAM, 2004. El 36.8 por ciento de los jóvenes de 23 a 30 años no leyó ni un libro en el lapso del año previo a la encuesta, y 40 por ciento no ha oído hablar del Conaculta, p. 173, entre muchos otros datos interesantes y pertinentes para referir.
12 Consulta Mitofsky, Encuesta Nacional en Viviendas, “Los mexicanos, ¿hasta dónde hemos viajado”, México, octubre de 2006, pp. 2 y 3. Disponible en http://www.consulta.com.mx
13 Consulta Mitofsky, Encuesta Nacional en Viviendas, “Las lenguas extranjeras en México”, México, abril de 2007, p. 3. Disponible en http://www.consulta.com.mx
14 Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Encuesta Nacional de Lectura, México, Conaculta, pp. 23-28.
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Publicado en: Agosto 2010, Destacados, México y Estados Unidos: una relación bipolar

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