De la viruela símica, la “fiesta” gay y el extravío del adversario

Ante un gobierno antifeminista y homofóbico

Luchar por la vida en este país es un asunto de dignidad, esfuerzo cotidiano y valentía. De eso sabemos muy bien las mujeres que enfrentamos los ataques —de todos lados— hasta porque “no les gustan” nuestros modos de luchar por nuestra vida y nuestra libertad.

Felix D’Eon, «Lovey Dovey». Vintage Wedding.

Partamos del hecho de que de ningún modo el padecimiento zoonótico viral conocido como viruela del mono es exclusivo de los hombres que tienen sexo con otros hombres1 (HSH); sin embargo, es uno de los problemas de salud (asociado al contacto físico) que está golpeando directamente a la población gay.

Y sé perfectamente bien que habrá a quien no le siente bien lo que voy a plantear, por ello apunto que voy a opinar sobre las razones que hay detrás de la indolencia del gobierno y su decisión de no adquirir vacunas contra la viruela símica, porque —como parte de un diálogo entre activistas en Twitter— se me planteó la duda de si los motivos de esa irresponsable negativa superan el hecho de que desde que era jefe de Gobierno en la Ciudad de México López Obrador mostró que es “un conservador persignado”.

Y creo que hay más razones que son parte de una reflexión necesaria y, aunque incomode y genere molestia, hay que decirlas.

Partiendo de que se trata de un tema de salud, es ineludible ligarlo al referente inmediato: el manejo de la pandemia de covid–19. Estamos ante un gobierno que tuvo meses para tomar medidas preventivas antes de que llegara el virus y simplemente los desperdició. Los posteriores errores se resumen en el más de medio millón de muertes por el virus y ostentar la penosa marca de estar en los primeros lugares de países con el peor manejo de la pandemia.

Los datos de fuentes internacionales especializadas son duros, contundentes. Y, a pesar de la evidencia científica, el discurso oficial dice lo contrario, nos miente sin reparo ¡y la mayoría de la población les cree!

Para este gobierno las muertes son ahorro, austeridad en atención y medicamentos. Y como eso no parece tener repercusiones en su electorado duro, ¿qué se espera respecto de la viruela símica?

Ahí está también el caso del desabasto en tratamientos para el cáncer que ya refleja el aumento en muertes de mujeres, niñas y niños en las propias cifras oficiales, sin mayores consecuencias para el gobierno a pesar de que se están violando la Constitución en materia de derechos humanos.

La calidad de vida no importa, el Derecho a la Vida menos. Para este gobierno las muertes son ahorro, austeridad en atención y medicamentos. Y como eso no parece tener repercusiones en su electorado duro, ¿qué se espera respecto de la viruela símica?

En contraste con países como Colombia, que sí compraron vacunas e instrumentaron una estrategia nacional, la postura oficial de México ha sido minimizar al extremo la enfermedad a pesar de que desde julio fue declarada como “una emergencia de salud pública de importancia internacional”, y de que en menos de cinco meses la viruela símica se propagó en toda la república.

En nuestro país la nueva zoonosis está2 infradiagnosticada, los datos son marginales, pero hasta mediados de octubre se conoce que, de los 73 mil 087 casos confirmados en todo el mundo, se han identificado 4 mil 130 personas que padecen síntomas de la enfermedad, de los cuales fueron confirmados 2 mil 468 casos.3

De ese total 2% son mujeres. Es decir, hasta ahora, ese padecimiento afecta predominantemente a los hombres.4

Si se considera que el reporte oficial de mediados de agosto era que, de 41,000 casos en el mundo, México reconocía alrededor de 400 casos confirmados (para entonces la alarma era que el número de contagios creció cuatro veces en tres semanas, ya que el 1 de agosto se reportaban 91 casos positivos).

Ello significa que en dos meses, mientras en el mundo el número de contagios creció al doble, en México el número de confirmados creció al menos cinco veces más. Pero esperar una declaración de emergencia sanitaria suena ilusorio. Para “evitar los contagios” el gobierno se satisface con hacer sugerencias a la población, porque “sugerir” tiene dos ventajas para el Estado: no cuesta y deposita la responsabilidad del contagio en el contagiado.

Nos explican que no se trata de un patógeno muy peligroso y que, mayoritariamente, los síntomas desaparecen por sí solos en unas pocas semanas. ¿Es factible entonces jugar la apuesta de la inacción oficial? NO. Ése será un error de consecuencias muy costosas al mediano y largo plazo.

Aunque el gobierno reconoce tres muertes por esa enfermedad (que se describe como “extremadamente dolorosa”), un dato relevante es que entre los HSH contagiados de viruela del mono un porcentaje muy alto viven con VIH, lo que aumenta el riego de que no sobrevivan o de que su calidad de vida se vea duramente deteriorada.

Estamos sin directrices ni coordinación entre la Secretaría de Salud y los gobiernos estatales para detectar y tratar eficientemente los brotes de esa enfermedad vírica zoonótica. Y reitero, a pesar de estar disponible el instrumento de prevención, en México no hay vacunas.

Aún no hay un protocolo acertado en los hospitales y servicios de epidemiología. La mayoría de infectados en el país no sabe qué hacer o a dónde ir para ser atendidos.5 Los expertos denuncian que en el país sólo hay una institución encargada de procesar las pruebas de diagnóstico, hay poca accesibilidad a pruebas y el retraso en los diagnósticos es muy grande. Y el subregistro de contagios es enorme. Estamos sin directrices ni coordinación entre la Secretaría de Salud y los gobiernos estatales para detectar y tratar eficientemente los brotes de esa enfermedad vírica zoonótica. Y reitero, a pesar de estar disponible el instrumento de prevención, en México no hay vacunas.

Se supone que el ritmo de su transmisión es lento, pero por todo lo anterior:

–La primera infortunada consecuencia de que la existencia de esa zoonosis no sea atendida pronto, profesionalmente y a fondo seguramente —por la indolencia del gobierno— la viruela símica sea endémica en el país.

–Segunda complicación mayúscula, una que ya vivimos el siglo pasado con el VIH con un gran y doloroso costo: la carga del estigma, el aumento de la homofobia y la ignorancia.

Somos una minoría quienes nos hemos informado respecto de que el virus se transmite principalmente —no sólo— a través del contacto físico —piel con piel— con alguien que tiene esta zoonosis. Pero la idea de que es una enfermedad de transmisión sexual entre gays se está insertando a la velocidad de la luz en el imaginario colectivo.

Para la población éste es ya un problema “de los homosexuales por ser homosexuales y promiscuos”. Tal cual pasó con el VIH, éste es “un virus asociado con el sexo pecaminoso de personas obscenas”. Penosamente, sé que la desmemoria histórica es un asunto que afecta a las nuevas generaciones, pero pregunten a los gays mayores de sesenta años lo que esa creencia implicó. En ese entonces la irrupción del VIH tuvo como respuesta la alteración de los datos de contagio por parte del gobierno federal y la omisión ante la discriminación.

Resumo así esa mirada: ¿es algo que les da a los gay? ¿Y además en la mayoría de los casos no les causa la muerte? Pero, incluso, aunque llegaran a ser unos miles de muertos ¿quién se muere? Si la mayoría serán gays, pues ya está, ¿para qué gastar?

De ahí que la necesidad no está solamente en que se traiga la vacuna —indispensable. Se requiere de una estrategia integral, un plan de acción que incluya información, campañas masivas de educación para revertir el daño que la desinformación ya causó y para que la población entienda las medidas prevención y las que durante los síntomas hay a tomar.

Se requiere de inversión para contener el brote y el estigma. Ambas acciones son obligación constitucional y convencional  del Estado, empezando por el presidente.

¿Dónde está el posicionamiento presidencial contra el estigma y la aclaración de que cualquier persona puede contraer el virus, aunque no tenga relaciones sexuales? ¿Cuánto de su tiempo le puede llevar dar la indicación correcta desde ahí? Y eso ni siquiera cuesta dinero —que no es ni suyo ni de los militares…

Para esos asuntos de gobierno, y no para hacer propaganda política o promoción del odio, debe servir el espacio de “la mañanera”. ¿Dónde está el posicionamiento presidencial contra el estigma y la aclaración de que cualquier persona puede contraer el virus, aunque no tenga relaciones sexuales? ¿Cuánto de su tiempo le puede llevar dar la indicación correcta desde ahí? Y eso ni siquiera cuesta dinero —que no es ni suyo ni de los militares, por cierto.

Si la evidencia también les hace concluir que en este sexenio la vida de la/os mexicana/os no importa, entonces también concordarán en que lograr que se destinen los recursos suficientes y se genere una estrategia adecuada para frenar la nueva zoonosis NO sucederá si no se actúa con determinación y firmeza desde el activismo ciudadano. Pensar lo contrario es parte de la fantasía que nos trajo a la crisis nacional en la que estamos.

Pero… y además de una débil protesta en redes y un pequeño mitin, ¿qué se está haciendo desde el movimiento gay?

La marcha del orgullo desde su nacimiento fue un espacio de lucha con una agenda clara, ciudadana, independiente, con un discurso firme, directo, fuerte que supo levantar la voz con las denuncias a las faltas del gobierno. Y sí, dando prioridad a lo político, también de colorida visibilidad.

Hicimos —soy autora o coautora de la mayoría de leyes que dan reconocimiento y protección a las lesbianas y personas GBTI, lo que incluye la gran reforma Constitucional en Derechos Humanos que hoy hace posible el reconocimiento y la demanda jurídica de todos los derechos en todos los estados (empezando por el matrimonio, pero no sólo)— las leyes y obligamos a la política pública a incluir mucha de nuestra agenda de DDHH —hoy es necesario aclarar que nada tengo que ver con la imposición de una ideología política o el intento de meter privilegios en la ley.

Apunto lo anterior porque fue luchando como, sin tener nunca mayoría en los Congresos, ganamos nuestras demandas: porque eran legítimas, porque sabíamos defenderlas, sabíamos construir alianzas ydistinguir al adversario. No nos regalaron nada y lo logrado lo hicimos sin dañar los derechos de nadie en el camino y —hoy también hay que apuntarlo— sin siquiera imaginar que alguien podría negar la opresión sexual que sufren las mujeres y lo que la lucha feminista le aportaba a otros movimientos sociales.

Hoy basta ver las notas de prensa para afirmar que la marcha del orgullo en la Ciudad de México fue arrebatada —no sin la protesta del movimiento independiente— por grupos cercanos al gobierno que además —por las denuncias que he leído de destacados activistas— han hecho un negocio de ella, es el gobierno el que pone toda la infraestructura, ¿el que paga manda?, e incluye en la publicidad turística oficial ese “entretenido evento con espectáculo musical” y son claramente oficialistas las presencias que destacan eso que ahora es llamado —como la mayoría de cosas que el activismo copia sin reflexión de los anglos— “Gay Pride” o “Pride Parade”, y si se dice en español: carnaval, desfile gay o de plano fiesta gay —así, sin lesbianas: tema de debate histórico también.

Medio millón de personas juntas que no están gritando por las vacunas, por los asesinatos, por los retrocesos en la atención al VIH… y tantos asuntos más. Ahí ya no se refleja un movimiento de lucha. Si algo político tiene es la pelea por ver quién se saca la foto con los candidatos a la presidencia y quién se acomoda para un cargo.

Mucho del activismo gay que hoy recibe financiamiento lo hace condicionado a seguir la línea política queer y con un enfoque en cuestiones ¿posmodernas? alejadas de lo que en un país pobre y con tantas carencias sería lo urgente. Por lo que se ve en la red, sus prioridades parecen estar en miradas al ombligo de personas blancas del norte del planeta con la vida cotidiana resuelta, de países en los que la política pública es más que discursos y recursos. Miran hacia realidades tan lejanas a la nuestra y están dejando observar el terreno en el que van pisando.

Y eso a un gobierno tan bueno en hacer discursos que no tengan implicaciones presupuestales le va bien, mucho mejor incluso si los planteamientos que se hacen les ahorran recursos que tendría que destinar a las soluciones de fondo para  problemas como la desigualdad y la opresión de 65 millones de mujeres.

La solución al problema de la viruela símica pasa por el presupuesto, ¿verdad? Por ello participo que durante mi Legislatura (LXI, de 2009 a 2012) logramos que la discusión sobre el presupuesto para la política pública en favor de la disidencia sexual y personas trans tuviera su espacio —o sus espacios, porque tuvimos la inteligencia de discutir los recursos para VIH y otros problemas de salud en una bolsa aparte—, y esa dinámica de revisión parlamentaria siguió funcionando hasta el 2017 y permitió, aunque despacio, avanzar —eso es fácil de probar.

Mucho antes el feminismo había logrado dar la discusión sobre el presupuesto para mujeres y, aunque siempre insuficiente, eran recursos que iban en ascenso y cada vez mejor orientados. Hoy este gasto ha sido desmantelado y sustituido por programas sin una metodología y criterios claros vinculados a las brechas de desigualdad.

El desprecio gubernamental por las mujeres ha provocado que el presupuesto destinado a combatir la opresión que sufren las mujeres esté siendo muy golpeado. Y es a ese recurso al que ahora se pretende restar el destinado a esta otra agenda, incluido el tema de salud.

Ahora se ha perdido el espacio para la revisión del presupuesto en favor de políticas contra la discriminación a la disidencia sexual. En lugar de eso la Comisión de Diversidad de la Cámara de Diputados aceptó ir a buscar dinero de la misma bolsa de los recursos para las mujeres.

El desprecio gubernamental por las mujeres ha provocado que el presupuesto destinado a combatir la opresión que sufren las mujeres esté siendo muy golpeado. Y es a ese recurso al que ahora se pretende restar el destinado a esta otra agenda, incluido el tema de salud.

Es decir, de tener ganada su propia bolsa y su propia ruta de negociación presupuestal, ahora la agenda para la política pública contra la discriminación a disidencia sexual es vista como un subgrupo de las mujeres. Esta tendencia no fortalece a ninguna de las dos agendas y más bien busca confrontarlas.

Hasta ahora sólo he visto protestar por ello a las feministas expertas en el tema —a las que, como es usual, las voces queer están insultando por eso—. Pero ¿y desde el activismo gay? Apenas hubo un foro en la Cámara (en la mesa de presupuesto de género) para revisar ese asunto en concreto y a nadie gay o trans pareció incomodarle un poco que su lucha por los recursos la carguen las mujeres dentro del presupuesto de género.

¿Ahora la lucha contra el VIH y los gays son asunto del “presupuesto de género”? Muy cómodo para los hombres dejar que sean las mujeres las que den la pelea por más recursos. Pero ese dinero que le van a quitan a las mujeres será menor —no tengo duda de ello— que el porcentaje histórico que se destinaba a la atención de la discriminación y del VIH y la salud en general. Para mí eso es parte de la errada política queer que aprovecha el vacío de formación política, la desmemoria, la muy interiorizada misógina que se padece en buena parte del activismo.

Entonces los gays NO, no están en la protesta articulada, organizada con estrategia y objetivos definidos colectivamente —como movimiento—, no están en la demanda firme que se le hacía a otros gobiernos. ¿Por qué? ¿Qué les pasó?

Políticamente, a varios los veo ocupados, con la energía puesta en insultar, en agredir en perseguir y censurar a feministas, en hacer listas de odio contra feministas que —como históricamente ha sido— ratifican que su énfasis en trabajar contra la opresión que sufren las mujeres y, con toda legitimidad y derecho, se niegan a cargar con otra agenda.

Padecen de inadvertencia del antagonista, ¿miopía complaciente? Dedican más agresiones e insultos en contra de feministas que los que nunca enfrentó —de gays— la ultraderecha y desde luego nunca ningún hombre. Horas en la red, en las universidades, en los congresos para intentar borrar a las mujeres, para arrogarse el privilegiado, el lujo de creer que pueden imponer su decisión de renombrarnos para reducirnos a funciones corporales (personas menstruantes, gestantes) o partes del cuerpo personas (personas con vulva, úteros, vientres de alquiler).

Ese extravío del adversario está provocando un escabroso distanciamiento con el movimiento lésbico–feminista y el movimiento feminista independiente —y no financiando— que fue aliado determinante para la conquista de derechos que hoy tienen reconocidos.

Y sí, crean confusión, cumplen la vergonzosa función de despertar miedos, hacen daño, desgastan a las mujeres y logran distraer la energía de la lucha feminista. Esa arremetida afecta al único movimiento ciudadano que está siendo capaz de denunciar la injusticia en este país y de poner en jaque al gobierno. ¿A cambio de qué le dan ese gusto al régimen?

Ese extravío del adversario está provocando un escabroso distanciamiento con el movimiento lésbico–feminista y el movimiento feminista independiente —y no financiando— que fue aliado determinante para la conquista de derechos que hoy tienen reconocidos.

Y al movimiento gay también le hizo distraerse de las razones de su lucha. No apuntaré más pero me pregunto si alguno está reflexionando sobre lo que están perdiendo, sobre la homofobia que desde lo queer se va abriendo paso… Ojo con no confundir ideologías con DDHH.

La “L” en “la sopa de letras” GBT… hace tiempo que sólo es utilizada para demandar derechos o privilegios desde una mirada queer muy lejana —que no incluye— a la realidad de las lesbianas —salvo para las que tienen el control de los financiamientos o tienen ganancia personal de promover la política queer. Es desde la lucha lésbico–feminista y dentro del feminismo —aunque no todas las feministas— que damos la defensa de la agenda de derechos lésbica, por eso y otras cosas somos tan incómodas para el régimen. No es mi intención hacer esa revisión en este texto, sólo trato de señalar hechos para invitarles a la reflexión.

La lesbomisoginia del Estado está muy documentada. Este gobierno es misógino y particularmente antifeminista. Pero, evidentemente, el gobierno también es homofóbico, ¿de dónde si no de la homofobia vienen los retrocesos, el descuido, la baja calidad en las políticas respecto del VIH?

De ese mal se mueren los hombres menos queridos del sistema. ¿Y qué costo político tiene eso para el gobierno? NINGUNO.

Bueno, pues ¡a hacer que les cueste!

Mientras la ocupación de varios activistas sea infamar a las feministas, intentar desprestigiarlas y dar rienda suelta al machismo; mientras importe más el financiamiento, el cargo en el gobierno, la buena relación con los poderosos, la aspiración a un cargo, la foto… el gobierno seguirá con el control de la agenda y ese “activismo” recibirá lo que les quieran dar “por bien portados”.

¿Qué fuerza tienen para demandar derechos? Ahora no parecen significar ninguna preocupación para el régimen.

Lo logrado lo hicimos luchando duro, ninguno de los logros que hoy viven ustedes los conseguimos como regalo. Todo es resultado de la claridad, la calidad, la firmeza y la fuerza de un movimiento político independiente.

Entonces, ¿qué hacer con el asunto de la viruela símica?

En este texto me permití señalar los énfasis de donde creo que están —integralmente— y los problemas a resolver. Pero, para lo que sigue —en el mediano y largo plazo— respecto de las demandas y la agenda gay es obvio que no me toca a mí responder. Ojalá que se den la oportunidad —quienes son independientes— de construir —o reconstruir— sus propios espacios y modos de lucha ciudadanos.

Sin embargo, para el corto plazo, y por la urgencia, sí tengo una sugerencia:

La evidencia parece mostrar que el régimen no es transfóbico, hay varios elementos que así lo aparentan. Y parece ser un régimen que ha visto las ventajas neoliberales de ser proqueer —ideológicamente hablando.

De ahí que si yo fuera gay —o alguna de las personas que están en alto riesgo de contagio— en medio de esta emergencia, estaría dirigiendo mi legítima exigencia a las personas transgénero que están en posiciones de poder político. Ellas tienen mecanismos  —varios, incluidos reuniones directas con los secretarios de Estado que son de su partido— para exigir directamente que, además de que se compre y aplique la vacuna, se diseñe una estrategia integral que cuente con los recursos necesarios.

Quienes ocupan cargos en el gobierno y en la Legislatura tienen la obligación legal y la responsabilidad política de hacerlo y, dado que son parte del régimen, tienen además las mejores condiciones para que un planteamiento que atiende a un mandato constitucional sea bien acogido. El momento es muy oportuno porque en la Cámara de Diputados se está discutiendo el presupuesto y se puede lograr —si esas personas hacen su trabajo en forma profesional— que se etiquete lo suficiente para garantizar la vacuna y la estrategia.

Al ser esa la ruta inmediata propuesta, señalo que ojalá que se tengan la mínima decencia de cuidar que esos recursos no se los quiten TAMBIÉN al ya muy dañado presupuesto para las mujeres.

Luchar por la vida en este país en un asunto de dignidad, esfuerzo cotidiano y valentía. De eso sabemos muy bien las mujeres que enfrentamos los ataques —de todos lados— hasta porque “no les gustan” nuestros modos de luchar por nuestra vida y nuestra libertad.

De eso también conoce la historia de otro movimiento que un día supo lograr lo que se decía que “era imposible”. Sin pretender privilegios, sin dañar los derechos de la otredad. Lo sé porque estuve ahí. ®

Notas

1 ¿Les siguen diciendo así o sería es algo como “personas con pene y/o próstata que tienen sexo con personas con pene y/o próstata” (PPPSPPP)?
2 Incapacidad para reconocer o diagnosticar correctamente una enfermedad o afección, especialmente en una proporción significativa de pacientes.
3 Fuente: infobae.com /18/10/2022
4 ¿Personas con próstata?
5 Fuente: elpais.com/mexico 26/08/2022

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Publicado en: Política y sociedad

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