Después de la “consulta” del 1 de agosto

Una propuesta de análisis

¿Qué pasará si la consulta presidencial consigue un sí abrumador, o si, por el contrario, es rechazada mayoritariamente? En ambos casos el presidente gana, pero puede haber consecuencias imprevistas.

Carteles del diseñador Emiliano Molina para promover la participación en la consulta.

Los eventos políticos causan más interés desde un punto de vista emotivo que desde un punto de vista racional. Es sencillo ver el ejercicio del domingo 1 de agosto de 2021 como un logro de la democracia gracias a la llegada de Morena al poder o verlo como algo en que pierde el país. En ambos casos, la forma en que se plantea el problema no ayuda a entender lo que está pasando. Para tratar de dar mayor claridad se propone un análisis sencillo a partir de la elección racional. Ésta es una escuela dentro de la ciencia política en que se asume que la gente tiene preferencias claras y objetivos que desea ver realizados. No se debe tomar al pie de la letra, en especial después de todo lo que se ha aprendido en la psicología social —más allá del libro de Kahneman—, sino como una guía para tratar de entender por qué se está llevando a cabo este ejercicio y cuáles pueden ser sus consecuencias.

Esto es una propuesta a botepronto, como esas “notas informativas” para las que se tiene dos horas para escribirlas y enviarlas —el tiempo que le he dedicado a este escrito—. Es algo extensa para ello, pero es mejor extenderse y que se recorte a que salgan con “es que falta información”. No es una propuesta que se vaya a presentar a un comité para obtener fondos para una investigación o una propuesta de investigación. Interesa más el contribuir a estructurar el debate a partir de varias ventanas de oportunidad que parecen estarse abriendo con este “ejercicio democrático”. No se considera que esto sea la única forma de analizar el problema.

Hay dos elementos que se debe considerar en cuanto a lo que se dice sobre la “consulta”, elementos previos que muestran ya las ambigüedades y limitantes de lo que se discute. El comentario en este caso pretende ilustrar lo que se plantea a favor o en contra y buscar qué otras razones podrían existir para este ejercicio que se pretende democrático.

Se asume que la “consulta” es para saber si se debe aplicar la ley en cuanto al comportamiento de “actores políticos”, que resulta son los expresidentes, excepto uno. Se añade que no es meramente eso, sino que es para abrir las puertas a una “comisión de la verdad”.

Por una parte, se asume que la “consulta” es para saber si se debe aplicar la ley en cuanto al comportamiento de “actores políticos”, que resulta son los expresidentes, excepto uno. Se añade que no es meramente eso, sino que es para abrir las puertas a una “comisión de la verdad”. En ambos casos, es posible que al menos algunos “actores políticos” lo vean como eso, como una excusa para ver si pueden actuar dependiendo de lo que arroje la “voluntad popular”. Si es así, entonces esto es un “trial balloon” caro, es decir, existen otras formas de medir cómo reaccionaría la gente ante la posibilidad de revisar las acciones y omisiones de los presidentes anteriores. En este caso, la explicación que se ofrece no tiene sentido, aunque decir “que se aplique la ley” tampoco lo es. La aplicación de la ley en este tipo de temas no es un ejercicio meramente legal, sino un juego político que puede llevar a consecuencias no deseadas. Basta recordar lo que pasó en cuatro años de Donald Trump y sus dos “impeachments” para visualizar esos riesgos. Lo que resulta interesante son los mensajes contradictorios que ofrece la “clase política”, una que supuestamente está unificada en el mensaje.

Por otra parte, decir que pierde el país no dice gran cosa a menos que se especifique qué es lo que pierde el país. Ahora bien, al ser el país una abstracción lo que se debe plantear es quién gana y quién pierde con esto, es decir, en el plano individual y en el plano grupal ¿quiénes ganan y quiénes pierden? ¿Y qué se gana o qué se pierde? Al menos queda claro que ganan quienes llevan la publicidad de este ejercicio y que pierden quienes no hayan recibido ese dinero que se podría haber usado de otras maneras. Hay que especificar el costo de oportunidad que se tiene en mente para entonces poder valorar mejor a lo que se refiere que ese dinero se “tira a la basura”. Asimismo, si lo que se pierde es el Estado de derecho entonces el problema reside en que se pierde más, no que se pierda. Basta revisar lo que se ha discutido en México Evalúa sobre este tema para saber que el Estado de derecho no es precisamente algo de qué presumir y no sólo en el tiempo que Morena ha estado en el poder. Además, existe toda una bibliografía sobre el tema —Acemoglu y Robinson, por ejemplo—. Se pierde más cuando se ignoran las leyes, al menos comparado con lo que había pasado en el país, cierto, pero no es un absoluto. También existen costos de oportunidad y externalidades por considerar.

Más allá de las limitaciones en lo que se dice a favor y en contra, y de lo que no se dice, está el problema de que si los “actores políticos” son racionales entonces se debe considerar qué explicaría este evento, la “consulta”. Esto no niega que la gente puede ser irracional, ocurrente o francamente estúpida. Lo único que se considera es que una vez que se pone en marcha un proceso que, por ser creíble en cuanto a sus posibles consecuencias, cada actor individual o actuando en grupos va a considerar cómo responder ante las oportunidades y los retos que crea este proceso.

Para facilitar el análisis se proponen tres elementos: 1. La relevancia del tema para la ciudadanía (a final de cuentas, sólo pueden participar quienes tengan dieciocho años o más); 2. Los objetivos que persigan quienes propusieron la “consulta”, y 3. Los mecanismos institucionales y organizacionales para este proceso. Con esto en mente se pueden plantear algunos problemas para el 2 de agosto.

Es notable que Manuel Bartlett sea alguien perdonado a pesar de ser acusado de haber robado la elección de 1988, incluso por gente que está en el actual gobierno. La retórica de López Obrador podrá ser lo que se quiera, pero mide bien el enojo de algunos segmentos de la población y les habla en forma tal que mantiene su interés.

Primero, en cuanto a la relevancia del tema para la ciudadanía, se debe reconocer que existe mucha gente enojada con los “gobiernos anteriores” y que no es capaz de ver las continuidades entre quienes participaron en esos gobiernos y su participación en el actual. Es notable que Manuel Bartlett sea alguien perdonado a pesar de ser acusado de haber robado la elección de 1988, incluso por gente que está en el actual gobierno. La retórica de López Obrador podrá ser lo que se quiera, pero mide bien el enojo de algunos segmentos de la población y les habla en forma tal que mantiene su interés. Además, cuando divide a la población entre “buenos” y “malos” deja en claro que no tiene nada que discutir con los “malos”; sólo puede hablar con los “buenos”. Con ellas y ellos ha generado expectativas en cuanto a corregir ciertos problemas. No lo está logrando, pero la narrativa de la oposición que lo frena ha funcionado. Hablar a su grupo de fieles puede estar siendo más complicado de lo que pudiera parecer, es decir, es posible que ese grupo ya quiera ver algunos resultados. Que la narrativa que se presenta sea cierta o creíble en cuanto a los expresidentes es otro tema. Lo importante es que es cierta para quienes apoyan sin más al presidente. La “consulta” no es para quienes no estamos a favor de él o de su partido, ni es para promover la democracia o buscar hacer justicia, sea lo que sea eso, ante las acciones realizadas desde Los Pinos. Ése no es el punto. Es mantener a las bases entretenidas, darles un buen espectáculo, y tal vez tener por fin que presentar resultados concretos. ¿Eso es lo que espera su base? ¿Es lo que esperan algunas personas dentro del movimiento cuasi–religioso y caudillista de Morena?

En ese énfasis en crear espectáculos puede existir un problema que parece no estar siendo considerado, un riesgo para el presidente o para su grupo. Se puso en marcha un proceso que se le puede salir de las manos. Si no vota gente suficiente como para hacer vinculante lo que sea que es vinculante, o si se culpa al Instituto Nacional Electoral por los resultados ¿no pasará a mayores después de toda la campaña contra esos “malvados” porque sigue la impunidad? El punto que debe considerarse es que tal vez López Obrador no tenga mucho margen de acción ante sus seguidores de corazón, sea desde que planteó esta idea o después de que se conozcan los resultados. Tal vez sea la lógica de decir que va a votar “no”. Lo que parece ser ineludible es que debe hacer algo, siquiera simbólico, para mantenerlos interesados y contentos más allá del papel que desempeña en la televisión. Es un espectáculo que entretiene, pero hasta el momento Lozoya no ha servido de gran cosa y su encarcelación no es tan interesante como otras figuras que darían la impresión de que la transformación sí llegó para quedarse. El problema es que el control del juego puede ya no estar en manos de López Obrador y que, por lo mismo, deba seguir a sus seguidores, que además pueden ser movilizados por las “alas radicales” dentro de Morena. ¿Tengo evidencia para ello? No. Pero se sabe que ser líder es estar en un camino de doble sentido. Los seguidores pueden imponer las acciones al líder y no al revés, como se cree en forma simplista. Es cuestión de revisar la bibliografía al respecto. Y lo que se debe considerar el lunes no es lo que se diga desde Palacio Nacional, sino medir las reacciones de esas bases que apoyan al presidente.

Quien haya leído la pregunta sabe que no se entiende. Lo que hace, en tal caso, es abrir las puertas a que cualquiera pueda ser juzgado, ya que se habla de “actores políticos”, no de expresidentes. Ése es un elemento interesante que no se ha considerado, más allá de si no tiene sentido preguntar si se debe aplicar o no la ley.

Segundo, que se plantee un objetivo no quiere decir que sea el objetivo real. Inclusive si lo es, en un ambiente dinámico debe considerarse lo que se puede ganar adicional al objetivo que se busca o si lo que se dice oculta el objetivo real. Hay que estar pendiente de las oportunidades que se abran. En política no se juega un solo juego, sino que se juegan varios al mismo tiempo y que la relevancia que se le dé al aquí y ahora no es necesariamente la preocupación real, pues también ven a futuro. De una u otra forma, por medio de alianzas, declaraciones, silencios van buscando acercarse a la situación futura que prefieran, y como hay limitaciones al control que puedan tener sobre la realidad se van adaptando a las oportunidades que se presenten. En otras palabras, la consulta no tiene por qué ser acerca de lo que se ha dicho; un voto negativo o baja participación no tiene por qué verse como un fracaso para López Obrador o para Morena.

Quien haya leído la pregunta sabe que no se entiende. Lo que hace, en tal caso, es abrir las puertas a que cualquiera pueda ser juzgado, ya que se habla de “actores políticos”, no de expresidentes. Ése es un elemento interesante que no se ha considerado, más allá de si no tiene sentido preguntar si se debe aplicar o no la ley. Si no hay un voto claro entonces se puede decir que no existen condiciones para algo “tan arriesgado” y que no se quiere dividir al país en “momentos complicados”, a menos que “así lo demande la nación”. Si gana el “sí” se puede buscar el sacrificio de allegados cercanos para saciar el hambre de venganza de otros actores políticos, sin llegar a los niveles más altos. Otros países ya han aplicado la ley y han enviado a sus expresidentes a la cárcel, cierto, pero ¿qué tan realista es eso en un país como México, uno en que el gobierno de las leyes ha sido secundario ante las decisiones de las personas? No podemos olvidar que la justicia no es precisamente ciega en el país. Retomando una frase de un politólogo estadounidense, E. E. Schattschneider, la justicia en México tiene un acento de clase alta, dinero y poder. Si se anunció con tanta antelación esta “consulta”, sería difícil pensar que no se han movilizado quienes podrían perder en este juego, tanto en el plano nacional como en el internacional. Encarcelar a un expresidente no afecta sólo a esa persona, sino que se afecta a las redes en las que ese actor puede ser un nodo de gran importancia, sea para negocios legales o ilegales. Hay demasiado en juego tanto para quienes están en el poder como para quienes lo detentaron. ¿Conviene perder acceso a esas redes? Parecería que no. Pero ir por los jugadores secundarios también conlleva riesgos. En este sentido, jalar un hilo no va a resultar a encontrar a todos los culpables del PRI, PAN y PRD en esos partidos, sino más bien en Morena. La política no es acerca de lo que se ve, sino de lo que no se ve.

Pareciera que el objetivo de la “consulta” es, entonces, más simbólico que real debido a la forma desorganizada en que se ha llevado el proceso, y no por parte del INE, sino por parte de quienes lo iniciaron. Pero puede tener un objetivo secundario importante para Morena, uno que tal vez no se vio cuando empezó esto, y que se debe al descalabro en la Ciudad de México en las elecciones intermedias y en las que no ganó tantos votos como se esperaba. Aquí se debe enfatizar que esto no es un debate acerca de los resultados y de un análisis objetivo por parte de quienes están actuando en este proceso de la “consulta”, sino que es un análisis a partir de lo que se cree está pasando por parte de esos actores. Nuevamente, no tengo evidencia para ello, pero es un escenario a considerar con base en lo que ya se ha planteado. Si en Morena se cree que no les fue tan mal, a pesar de algunas derrotas, entonces el objetivo simbólico tiene sentido, aunque muestre que los “malos” siguen teniendo poder porque “ya los espantaron”. Con eso de que los fantasmas son reales para tanta gente en el país, pues… Pero si esos resultados no fueron decepcionantes, aunque no tan buenos como se esperaba, entonces la consulta puede ser una oportunidad para medir la eficiencia, eficacia y efectividad de Morena para identificar a votantes inconformes y movilizarlos para la “consulta”. No importa el resultado, sino lo que se aprenda en este ejercicio para las elecciones de 2024. Puede ser también una buena oportunidad para los ideólogos de Morena para ver qué tipo de mensajes funcionan mejor para 2024.

Tercero, en política hay dos juegos muy divertidos: delegar responsabilidad y culpar. La idea de la Constitución es crear un gobierno y con las leyes especificar lo que tiene que hacer y sólo aquello que esté determinado en esas leyes. Al menos en principio, se aplica la división de poderes y los pesos y contrapesos. Pero lo que separa la Constitución debe ser unido por los partidos políticos. Desde el Congreso se puede trabajar en la agenda del presidente en forma más sencilla si su partido es mayoría —aunque esto no siempre es cierto en Estados Unidos—. La oposición, en tal caso, controla los peores impulsos de esa mayoría. Y está la garantía de un árbitro independiente que garantice que se mantenga todo dentro de lo que se mandata en la Constitución. Es una bella teoría y una que es demasiado limitada en países como México, incluso con la transición y la democratización. Ése es otro tema, por lo que se menciona sin entrar en detalles.

No importa el resultado, sino lo que se aprenda en este ejercicio para las elecciones de 2024. Puede ser también una buena oportunidad para los ideólogos de Morena para ver qué tipo de mensajes funcionan mejor para 2024.

Ya se mencionó por qué puede ser complicado aplicar la ley. Ahora se considera lo que puede resultar en el ámbito de los poderes en este juego. Más allá de lo que se plantea en la normatividad acerca de este tipo de ejercicios y su relación con la democracia —¿cuál de las teorías se tiene en mente?— y para efectos de análisis más allá de las personas concretas, se debe considerar quién inició este juego. No es que se busque lo imposible, el quién con nombre y apellido lo propuso, sino en qué poder se inició. Para efectos de un modelo extenso de teoría de juegos eso marca una diferencia, por ejemplo. Por lo que se ha reportado, fue en la presidencia donde se hizo el saque inicial. De ahí lo retomó la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde se determinó la pregunta actual, la que presentó Zaldívar o a quien se le atribuye esa pregunta. Se le ha criticado, aunque algunas voces consideran que fue una acción estratégica e inteligente. Sería el John Marshall mexicano, creando una versión mini de Marbury v. Madison, es decir, un freno al poder, o a un exceso del poder, presidencial. Con una pregunta así gana el presidente pues se hizo la “consulta” —el resultado no es importante, sino el pretender que se hace algo— y la Corte logra desactivar el problema.

El riesgo en este caso, y ello dependerá de la reacción de los fieles seguidores, es que se puede presentar una derrota como algo que se debe a lo que hizo el otro poder, no a un error desde la presidencia, o a las limitaciones de Morena para movilizar a la gente. No pierde la presidencia, sino la Corte por confundir a la gente. Eso la debilita y abre las puertas a que desde el Congreso y Presidencia se busquen mejores arreglos institucionales a favor de ésta —como si el sesgo en la Constitución a favor del presidente, no de la presidencia, no fuera suficiente—. Esto sí sería un cambio interesante porque abriría la oportunidad de atacar directamente a la SCJN y no al poder judicial.

En general, se presentan varios escenarios para el 2 de agosto. Cuál sea más posible es algo que no puedo determinar. En el primer escenario gana el “no” y no pasa a mayores. Gana dinero el Sr. Ibarra y pierden los programas que requieren más dinero. Se olvida el tema. En el segundo, gana el “no” pero los fieles seguidores muestran enojo. Quieren resultados concretos más allá de lo que diga la consulta. Qué pase dependerá del control de daños que se pueda llevar a cabo o de cómo se decida actuar en contra de los expresidentes. En el peor escenario se puede imaginar una radicalización con juicios desde figuras secundarias hasta que se juzgue, en efecto, a los expresidentes. Qué resulte de ello dependerá no sólo de lo que pase en el país, sino de cómo se vea esto desde afuera, más ahora que Pemex y la Comisión Federal de Electricidad preocupan a inversionistas nacionales e internacionales. En un tercer escenario gana el “sí” pero se busca una forma de no realizarlo, de arrastrar los pies con investigaciones, comisiones, expertas y expertos y todo un entramado de espectáculos que terminen aburriendo a la gente y olvide de qué va la película y a qué se quiere llegar con ella. En un cuarto escenario gana el “sí” y en efecto se llama a los expresidentes a presentarse ante quienes los van a juzgar, algo que será divertido, sin lugar a dudas. ¿Qué se va a juzgar? Pero en este caso nuevamente habría que considerar qué tan sedientos de sangre están los fieles seguidores, pues si lo están no va a ser sencillo arrastrar los pies.

En un cuarto escenario gana el “sí” y en efecto se llama a los expresidentes a presentarse ante quienes los van a juzgar, algo que será divertido, sin lugar a dudas. ¿Qué se va a juzgar? Pero en este caso nuevamente habría que considerar qué tan sedientos de sangre están los fieles seguidores, pues si lo están no va a ser sencillo arrastrar los pies.

Quien haya estudiado teoría de decisiones sabrá que sin datos más sólidos es difícil considerar siquiera si es posible estimar la probabilidad de estos escenarios. Al menos se puede aventurar que es poco probable que estalle la violencia porque gana una u otra opción o que se radicalice la política nacional por uno u otro resultado. No es un partido de futbol. Tampoco queda claro si exista otro evento no considerado que haga que se olvide completamente a la consulta —digamos, por exagerar, que aparecen fotos de López Obrador con sobres manila en una situación comprometedora o que hubiera pasado algo grave ahora que estuvo en territorio del narco— o algo así. Lo único que queda claro es que se abren varios posibles caminos por los que se pueda aprovechar lo que salga de la “consulta”, nada más. Dependiendo de la información que se obtenga el lunes habrá que ajustar las expectativas y no asumir meramente un mundo de “sí” o “no” sino de grados de “sí” o “no”. Lo que resulta ya problemático para López Obrador es que, pase lo que pase, se delegue lo que se delegue o se culpe a quien sea, las decisiones surgen de Palacio Nacional. Él se está poniendo contra la pared con cada decisión que toma. No es difícil imaginar lo que pase cuando haya que culpar a otras personas sobre los fracasos. La “consulta” es sólo otra piedra en ese camino. En este sentido, López Obrador es poco racional, y ello le va a salir un poco caro. Los costos al país ya son evidentes. ®

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Publicado en: Política y sociedad

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