Editorial

Occidente vs. Oriente

Muchas de las críticas más radicales a Occidente provienen de intelectuales occidentales, cuyos dardos apuntan principalmente a los países europeos y a Estados Unidos, al que aluden con frecuencia como “el Imperio”. Para muchos de ellos Occidente, capitalismo, libre mercado, imperialismo y neoliberalismo significan lo mismo, como puede leerse en artículos de Noam Chomsky —quien se define como “socialista libertario”—, Naomi Klein —que desconoce el rigor académico— o el neoestalinista lacaniano Slavoj Zizek, pasando por algunas glorias de la academia, la política y el periodismo locales que ensalzan libremente la violencia revolucionaria. Infortunadamente, muchas críticas raras veces despliegan opciones serias ante lo que llaman la decadencia, el declive o la inminente desaparición del capitalismo —como auguraban ante la crisis financiera que estalló en 2008 y cuyas secuelas aún causan estragos en varios países, incluida la cuna de nuestra civilización: la vieja y sabia Grecia.

¿Significan esas críticas a Occidente que el Oriente es mejor o que puede haber una versión mejor de Occidente? En algunos casos la crítica se inclina por la opción de un socialismo democrático o francamente del “socialismo del siglo XXI” del antidemocrático y autoritario Hugo Chávez y sus aliados en la región. También los hay que defienden a estas alturas el totalitarismo de Castro, a pesar del desastre cubano. Por otro lado, las miradas al Oriente actual —el cercano y el lejano— nos muestran un país enorme que en pocos años desplazará a Estados Unidos como primera potencia económica y una constelación de naciones de sinos muy diversos, donde florecen las democracias al estilo occidental pero también los fundamentalismos religiosos y las autocracias —todos ellos con sus grandes contrastes. No faltan tampoco los que añoran un Oriente mítico, místico, y anhelan un modo de vida más parecido a la charlatanería del new age que al que enseñan las antiguas cosmovisiones chinas o indias. Y no son pocos los que claman por una sociedad indígena ideal, como la que soñaba el olvidado Marcos.

Es evidente que en Occidente no todo marcha como debiera y la crítica consistente de sus aberraciones es hoy más necesaria que nunca. La larga marcha de Occidente no ha estado exenta de tropiezos, accidentes, desviaciones y retrocesos, pero tampoco de grandes saltos cualitativos. Ha pasado por eras oscuras —invasiones, colonialismo, explotación, guerras, terrorismo— y en ocasiones ha parecido que su final estaba cerca, la última vez en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, cuando pudo haber triunfado una versión grotesca y terrorífica de la cultura occidental: su negación. Marx decía que en el seno de las sociedades surgen las contradicciones que llevarán a su destrucción o a su transformación, lo cual es cierto en parte si observamos los grandes cambios que se han producido en Occidente en el curso de los siglos, pero se equivocó de cabo a rabo al predecir el nacimiento del socialismo en las sociedades industriales avanzadas.

En Occidente hay tendencias que se oponen a veces violentamente, pero es ahí donde se han dado los pasos más trascendentes de la humanidad: la democracia, la noción de igualdad, la tolerancia, la libertad, los derechos humanos, el avance de la ciencia y la tecnología. Es esta tendencia la que debería fortalecerse. ®

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Publicado en: Destacados, Noviembre 2012

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