El caos llega a los lectores

Consumir preferentemente, de Andrea Genovart

En esta novela Alba recorre distintos escenarios al borde del colapso nervioso y frente a distintas identidades, en una laberíntica Barcelona donde no faltan los tonos apocalípticos, los discursos políticamente incorrectos y una rebeldía a la que todo ciudadano decente anhela pertenecer.

Andrea Genovart. Foto de https://twitter.com/andreagenovart_

Es su primera novela y con ella ganó el premio Anagrama de narrativa en catalán. Una propuesta original, con una mezcla de lenguas, español y catalán, cuyo personaje principal, Alba, recorre distintos escenarios al borde del colapso nervioso y frente a distintas identidades, perfeccionando o destruyendo la suya en una laberíntica Barcelona donde no faltan los tonos apocalípticos, los discursos políticamente incorrectos y esa rebeldía a la que todo ciudadano decente anhela pertenecer. Una novela en la que Andrea Genovart puso toda la atención en los cuidados estilísticos durante cuatro años, tiempo que le llevó reescribir las distintas versiones de Consumir preferentemente (Anagrama, 2023), hasta que comprendió que era el momento: el caos tenía que llegar a los lectores. Tuvimos oportunidad de charlar con ella.

—Cuéntame cómo te ha ido con esta primera novela.
—Muy bien. Gané el premio Anagrama de narrativa en catalán y después se tradujo al castellano. Muy contenta, es mi primera novela. Ha sido un proceso muy intenso, porque al final todo es nuevo para mí. Es la primera vez que tengo una imagen de autora y tengo un libro al que defender. Todo son experiencias nuevas: las presentaciones, las críticas, lo bueno y lo malo.

—Parece que Consumir preferentemente es una novela que se construye con su propia identidad, con su propio lenguaje, que sí tiene mucho de originalidad. Me gustaría que me contaras cómo es que arrancas este proyecto, cómo es que llegas a esta propuesta, cómo fue que se te ocurrió la idea lingüística de la novela, porque eso se me hace una parte muy importante para un lector.
—Hay dos cosas que yo entiendo del proyecto de escribir una novela: la primera es que yo, por formación, soy licenciada en teoría literaria: he leído muchísima teoría literaria; también le doy mucha importancia al lenguaje o me fijo mucho en lo que es la construcción estilística del texto y su materialidad, los gestos creativos, los gestos más heterodoxos, todo eso. De hecho, no es que me fije, sino que me interesan como lectora, es algo que busco en una novela. ¿Cómo se ha hecho esto?, me interesan los gestos del lenguaje o el conflicto lingüístico, y le doy mucha importancia a eso, al dispositivo, al discurso.

He leído muchísima teoría literaria; también le doy mucha importancia al lenguaje o me fijo mucho en lo que es la construcción estilística del texto y su materialidad, los gestos creativos, los gestos más heterodoxos, todo eso. De hecho, no es que me fije, sino que me interesan como lectora, es algo que busco en una novela.

—¿De ahí proviene tu faceta de escritora?
—Soy una persona que siempre ha escrito. Tenía el gran prejuicio de querer hacer una novela, nunca había intentado escribir una, porque la novela es como el género supremo. Había escrito poesía o cuentos y relatos, y como quería probar mi creatividad desde la forma solemne, desde ese estatus que conlleva la novela, entonces al pensar cómo podría escribir una novela me topaba con mi propia imposibilidad, que tenía que ver con la capacidad de proyectar cualquier historia sólida, larga, lineal, desde una estructura simple.

—Tenías que romper esa imposibilidad…
—Tenía ideas, pero no eran lo suficientemente fuertes para sostener un proyecto de novela, a lo mejor apostaba más a un proyecto desde el relato. Al final la novela se tenía que bajar, teclear, pensar, y no conseguía avanzar porque no tenía nada fuerte, entonces me hice la pregunta: ¿sobre qué puedo escribir?, ¿cuál es la historia que me gustaría escribir?, ¿por qué no soy capaz de concebir una historia, narrativamente de una forma, desde mi propia imposibilidad de la escritura? Empecé a darle vueltas a la forma en cómo pensamos hoy en día, o hasta qué punto pensamos que el pensar es irracional, tener una dimensión más inclusiva o no, hasta qué punto podemos pensar o estamos condicionados por el entorno.

—Habías avanzado al fin…
—Desde esas preguntas di con un tema, con un concepto, que era la imposibilidad de un relato consistente, coherente, cohesivo, y cuyo concepto quería que fuese la fragmentación y toda la interrupción en un contexto social que es más urbano. Básicamente, a través de ese concepto, y teniendo muy claro que quería hacerlo a través del estilo, pues creé toda la historia de Consumir preferentemente y la voz de Alba (personaje principal).

—¿Por qué desde el estilo?
—Era muy importante hacerlo desde el estilo, porque yo no quería darle al lector la premisa de que Barcelona es una ciudad caótica, desordenada; yo quería que fuera a través de la propia experiencia, el llegar a estos conceptos que fueran dados a través de una experiencia lingüística.

—Es una experiencia lingüística, como bien señalas, pero también es una experiencia que le ocurre al propio personaje, quien atraviesa por una serie de circunstancias y, a fin de cuentas, también es esta búsqueda de la identidad en esta ciudad caótica y en los distintos escenarios a los que se enfrenta, y me parece que este otro tema, el de la identidad, es relevante para los tiempos que corren.
—Sí, me parece que estamos obsesionados con la identidad, y de hecho, una pregunta subyacente cuando yo creaba la historia de Alba era hasta qué punto la identidad es algo tan necesario, es una condición sine qua non, es una búsqueda de la cual no nos podemos desprender y que tiene que ver con una situación del hombre por esencia, o realmente es una demanda social, una demanda cultural, una demanda de nuestra época, hasta qué punto podemos renunciar a no tener ninguna identidad, hasta qué punto podemos renunciar a no identificarnos completamente con algo, y si podemos hacerlo siendo felices o estando a gusto en el mundo.

Estamos obsesionados con la identidad, y de hecho, una pregunta subyacente cuando yo creaba la historia de Alba era hasta qué punto la identidad es algo tan necesario, es una condición sine qua non, es una búsqueda de la cual no nos podemos desprender…

—Parte de ello es lo que la misma Alba se pregunta…
—Porque son preguntas que estaban latentes cuando yo construí la voz de Alba. En cuanto ella tropezaba con diferentes demandas o con diferentes tipos de personajes con diferentes identidades, y realmente no te diré que con alguna conclusión o una respuesta. Creo que simplemente es el espacio donde se problematiza porque realmente es una interacción negada.

—¿Es aquí donde está la identidad de Alba?
—En todo caso, creo que hay una identidad en Alba a través de la negación o del vacío, pero al final, en la otra cara de la moneda, entiendo que toda esa rabia y toda esa frustración es porque hay un deseo que no es concedido, que es este deseo de reflejarse en algo. Es verdad que hoy en día también hay un discurso imperativo acerca de la identidad: desde los mensajes publicitarios, hasta crearse un perfil en redes sociales, hasta incluso la pregunta de ¿qué eres? Y te identificas a través de tu oficio. Tiene que ver con la necesidad de categorizarnos como individuos y esencializarnos, también, porque al final creo que todo el problema de la identidad es que la tenemos como algo fijo, como algo estático.

—Algo inherente al ser humano.
—La gente no puede cambiar de identidad. Eres algo y así tienes que sostenerlo. Se penaliza más no tener una identidad que tener una identidad problemática, como intolerante, fascista. Es más reconocible como alguien que haya hecho su proceso personal, por poner un ejemplo, una forma fija, coherente, solvente, que se respeta por haber hecho un crecimiento personal, que ha llegado a un razonamiento y que al final tiene una personalidad, da igual que cualquiera, se reconoce más eso, que alguien que a su lado no tiene ninguna, que es alguien perdido, alguien que debería autoexigirse más, autoexigirse de una forma inmediata, porque es como la condición con la cual tú puedes dialogar con lo social.

—Esta parte de Consumir preferentemente de trabajar el aspecto estilístico, que ya me has mencionado, y de meter algunas frases y palabras en catalán, ¿qué función tiene, específicamente, en la novela, desde la parte creativa, desde la parte estilística?
—Lo que quería hacer era una radiografía en la que existe lo fragmentado, lo contradictorio, también el elemento de interrupción, de desorden, de salto, y al final yo tengo la gran suerte de que soy una persona que vive en Barcelona y que es bilingüe por naturaleza, y por lo tanto, en la dimensión creativa, el bilingüismo me permite unos recursos estilísticos que otras lenguas no tendrían o que otros autores no pueden hacer. Para mí era un recurso, que por un lado le daba verosimilitud a la novela, porque realmente Barcelona es una capital muy cosmopolita y es verdad que es la capital de Cataluña y por lo tanto de la lengua catalana, y precisamente es una de las localidades de Cataluña donde se habla menos catalán, porque hay mucha gente que no es de Cataluña, porque tiene muchos festivales, congresos y hay mucha gente de paso todo el rato, hay barrios enteros de gente alemana, sueca, trabajando aquí, por lo tanto las interferencias al idioma están cada día a pie de calle, y también mezclar estas dos lenguas, el castellano y el catalán, me permitía insistir en esta idea de desorden.

Premio de Narrativa en Catalán.

—¿Cómo fue el proceso para llegar al concurso de Anagrama, cómo fue que te decidiste a participar, te viste en apuros para finalizar la novela, o ya estaba lista?
—La tenía lista, la había reescrito mucho. Yo la escribí más bien en poco tiempo, pero reescribirla es lo que costó, porque yo creo que es un ejercicio básicamente estilístico, entonces era reescribir, conseguir el tono, conseguir la constante, las repeticiones, dentro del exceso, que estuviese equilibrado, o estuviese menos constante, que no cayera, jugar hasta qué punto, hay suficientes inserciones en catalán o en castellano, según la versión que leas, pero de una forma no descompensada, sino que también rigen un patrón que está calculado por caracteres, no es espontáneo, al final lo he escrito durante casi cuatro años, entonces yo quería lanzarlo y ver hasta dónde llegaba y hacía su recorrido. Y yo, honestamente, no pensaba ganarlo; lo que aspiraba era que pasara algo, porque yo al final, también, he estudiado literatura, conozco el gremio, trabajo en el gremio literario, desde otras posiciones, pero lo conozco, y yo sé que muchas veces, al final, un concurso literario te permite que te lean, y obviamente no vas a ganar, pero a lo mejor hay algo en ti que llama la atención para ser trabajado posteriormente en el catálogo, o en el catálogo de otro editor, en ese mismo jurado hay otro editor que se acuerda, y básicamente te lanzas a un espacio donde pueden pasar cosas, y yo es lo que quería, y el premio, de verdad, no lo creía. ®

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Publicado en: Libros y autores

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