El ensayo a la nación del Presidente de México

Comentarios a La nueva política económica en los tiempos del coronavirus

Hay que leer con imparcialidad los asertos del presidente y subrayar lo que tienen de pertinencia, lo que poseen de falsedad y las incongruencias que su sostenimiento conlleva. Las incongruencias no son todas ni las únicas, pero son suficientes como apoyos para mi argumentación.

La oficina del presidente en Palacio Nacional.

El 16 de mayo el Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, Andrés Manuel López Obrador, dio a conocer, vía Twitter, su ensayo La nueva política económica en los tiempos del coronavirus. Allí planteó los lineamientos generales que tiene su gobierno ante la debacle financiera, productiva, laboral y mercantil que afecta al mundo entero por la diseminación rápida y sostenida del virus SARS–COV2 entre la humanidad.

Algunos críticos dieron carpetazo al ensayo que el Ejecutivo Federal presentó a la opinión pública, como apuntalamiento ideológico de las acciones que el actual gobierno ha tomado como respuesta a la debacle económica que ha traído consigo la pandemia de covid–19. Lo tomaron como un texto repetitivo, con poca seriedad y principalmente panfletario. Características que, de manera cierta, posee.

La convicción de las siguientes observaciones es que el escrito del presidente debe ser tomado en serio, porque más que sus dislates cotidianos, su pantomima de chabacanería y “cercanía con el pueblo”, su argumentación revela lo mismo a un hombre formado y anclado en un pasado cuya validez caducó ya que a un mandatario con severas lagunas teóricas en asuntos públicos que requerirían el más riguroso análisis.

Muchos otros se burlaron, con razón, por la incongruencia de su interpretación de las cifras ofrecidas sobre el desarrollo económico mexicano en el último cuarto de siglo que, de manera evidente, contradecían sus dichos sobre lo que él denomina “el periodo neoliberal”. Después de la andanada en las redes sociales sobre este tema, el equipo de comunicación oficial realizó un tardío control de daños, deshabilitando el ensayo original y subiendo después uno a modo (de hecho, hasta hoy no aparece en la página de la Presidencia de la República ninguna versión de éste). Aquí utilizaré la primera versión, rescatada por el tuitero @conecora1.

La convicción de las siguientes observaciones es que el escrito del presidente debe ser tomado en serio, porque más que sus dislates cotidianos, su pantomima de chabacanería y “cercanía con el pueblo”, su argumentación revela lo mismo a un hombre formado y anclado en un pasado cuya validez caducó ya que a un mandatario con severas lagunas teóricas en asuntos públicos que requerirían el más riguroso análisis.

La idea es leer con imparcialidad los asertos del presidente y subrayar lo que tienen de pertinencia, lo que poseen de falsedad y las incongruencias que su sostenimiento conlleva. Las incongruencias señaladas no son, por mucho, ni todas ni las únicas, pero me parecen suficientes como apoyos para mi argumentación.

No utilizaré nombres específicos de funcionarios públicos aludidos ni las tropelías que de ellos han dado cuenta numerosos comentaristas y medios informativos, porque los considero suficientemente conocidos; quiero, en cambio, usar una estructura simple de contraargumentación. Con todo, al final del texto ofrezco fuentes, no exhaustivas pero sí representativas, de muchos de los hechos aludidos en las incongruencias de los asertos de Andrés López.

Podrá decirse que un ejercicio como el presente es irrelevante para la Presidencia de la República, y a buen seguro que esto es cierto. Pero queda la satisfacción que como académico, como comunicador y como ciudadano no hubo silencio de mi parte ante un gobierno nacional lleno de disfuncionalidad y contradicciones.

Página 1

La concentración de la riqueza en unas cuantas manos ciertamente es un problema del sistema–mundo capitalista, pero se agudiza por la corrupción endémica en países como México y Brasil (y muchos más, por supuesto, basta una mirada al Corruption Perception Index). El crecimiento de la miseria es más consecuencia que causa de la corrupción. Hablar, como hace el presidente, del “derrumbe del modelo neoliberal” no significa gran cosa, excepto quizá el arribo de gobiernos populistas en diversos países cuyo nacionalismo se centra en la discursividad ideológica, pero que en la práctica continúan beneficiando a las camarillas políticas, empresariales y delincuenciales que ayudaron a su encumbramiento.

Incongruencia actual: continúa un conjunto de políticos históricos y empresarios tradicionales, tanto locales como federales, controlando las asignaciones directas, las licitaciones amañadas y la proveeduría al gobierno en general; y, muy probablemente, también controlen los vínculos con las mafias nacionales y latinoamericanas, principalmente del narcotráfico.

Página 2

Es verdad que desde sus inicios político culturales, con las revoluciones de las 13 colonias y la francesa, en el último tercio del siglo XVIII, la democracia representativa ha sido básicamente una democracia de élites. Uno de los dilemas que atravesó el siglo XX y que llega hasta nuestros días es, precisamente, cómo hacer más horizontal la participación democrática de la ciudadanía más allá de su mera participación procedimental.

López se hace eco de esto cuando menciona que “estamos avanzando en la construcción de una democracia participativa en la que el poder político sea ejercido por el pueblo mismo”; pero, en realidad, lo que él llama “democracia” es clientelismo y populismo. Es una variante más del eje de gobernanza cupular en el sistema–mundo vigente desde la Revolución francesa, que en la versión populista de López no conforma ciudadanos, sino adeptos. La única vía conocida hasta ahora para abrir la redundancia elitista de las democracias modernas es por medio de la educación, masiva y de calidad; el empoderamiento civil legalista y la libertad de expresión fundamentada.

En cambio, el autor del ensayo afirma que “hemos entregado directamente a las comunidades los presupuestos…” para pequeñas y efímeras obras públicas. Estas acciones, en sí mismas positivas, pero solamente por la corrupción que impera en los intermediarios burocráticos, no fomentan el arribo de los pobres a las clases medias, puesto que los apoyos no son sustentables ni generan ciclos de retroalimentación positiva, sino que son autolimitativos. Si en verdad el propósito fuera propiciar un cambio económico y cultural deberían generarse esquemas de desarrollo económico comunitario perdurable, en los que pudiera haber tanto inversiones mixtas como sociedades cooperativas formales por municipio, colonia o pueblo.

Incongruencia actual: los apoyos económicos a las poblaciones vulnerables, incluyendo a los ancianos y a los sectores populares son de montos reducidos, universales (sin estudios socioeconómicos de por medio) y, en realidad, funcionan como limosnas que en ningún caso impiden que las clases lumpenizadas se dediquen a la venta de fayuca, al narcomenudeo o a la prostitución.

Páginas 3 y 4

El modelo capitalista es ineludible tal y como es hoy el mundo. El problema, pues, no es intentar modificar al capitalismo sino la corrupción cupular que se beneficia de éste y vicia la posibilidad de un funcionamiento aceptable del sistema. Lo que Leo Zuckerman ha llamado “capitalismo de cuates”.

En consecuencia, pierde sustento la afirmación de que “las llamadas medidas contracíclicas que sólo profundizaban más la desigualdad y propiciaban la corrupción en beneficio de unos cuantos” como pretexto para que no haya una intervención estatal agresiva con la finalidad de reactivar sectores económicos robustos que pudieran recomenzar los ciclos de inversión, ganancia y quizá ahorro en el país, después de la debacle económica producida por la pandemia. Ésta es una de las grandes falacias ideológicas del discurso del presidente, equiparar ayuda estatal universal con corrupción.

Continúan las adjudicaciones de millonarios contratos a prominentes capitalistas mexicanos en los rubros de seguros, servicios bancarios, medicamentos, infraestructura y otros, en los que probablemente hubo tráfico de información y de influencias.

Incongruencia actual: continúan las adjudicaciones de millonarios contratos a prominentes capitalistas mexicanos en los rubros de seguros, servicios bancarios, medicamentos, infraestructura y otros, en los que probablemente hubo tráfico de información y de influencias. Como corolario, el secretario de Hacienda ha afirmado que se tiene planeado invertir capital gubernamental en obra pública, en sectores como la construcción y el mantenimiento mayor de la infraestructura de comunicaciones para detonar el contraciclo económico.

Páginas 5, 6, 7 y 8

Afirma el presidente que “cuando estalló la crisis por el coronavirus, los representantes del sector empresarial de México, nos solicitaron, tanto de manera formal y pública como en audiencias privadas, una tregua en el pago de impuestos… les expresamos que no habría rescates o subsidios para las grandes corporaciones…”.

Hubo numerosos analistas que criticaron con severidad estas palabras, elogiando al empresariado mexicano, lo cual es un despropósito. No me sumaré a esta tendencia porque hay numerosos empresarios mexicanos que son impresentables. En todos los niveles. Desde el microempresario que se gasta las quincenas de sus tres empleados en comprarse un carro nuevo, pasando por el empresario mediano que decide cerrar su emprendimiento para disfrutar de sus propiedades en el extranjero, dejando sin trabajo a profesionales destacados, hasta las grandes corporaciones que, cuando no se hacen los acuerdos en todo su beneficio, desvían cientos de millones de dólares a cuentas extranjeras. Eso lo sabemos y simplemente no se puede negar. Que hay un conjunto también considerable de empresarios comprometidos con la generación de riqueza y consecuente bienestar social también es cierto.

Sin rescates, ni regalando dinero, y subiendo los apoyos un punto del PIB (afirma el secretario Herrera que éstos están en 1.5 del PIB), sí era posible dar créditos a la palabra, a 12 y 18 meses, sin intereses, comenzando por cien mil pesos, y hasta dos millones de pesos, para las micro, pequeñas y medianas empresas, con un candado muy simple: crear una base de retroalimentación virtual para medir el bienestar de sus trabajadores. En otras palabras, para que esos créditos no terminaran en camionetas nuevas para la familia del emprendedor en lugar de la reactivación del empleo y de la productividad.

Pero López decidió únicamente ampliar la base de sus apoyos populares: “antes de la crisis sanitaria, 18 millones de hogares, de un total de 32 millones, eran beneficiados de cuando menos uno de los programas sociales en curso… Ahora nos hemos propuesto llegar a 25 millones de hogares, el 70 por ciento del total”. Y más adelante añade: “[durante el confinamiento por la pandemia] es claro que millones de beneficiarios de esos programas han podido permanecer en sus viviendas porque disponen de un ingreso que les permite solventar al menos las necesidades más acuciantes”.

Sin incentivos colectivos e individuales para la expansión de las capacidades productivas, el círculo de la pobreza no podrá romperse. Tener para no morir de hambre no significa escalar en la pirámide social, sino sobrevivir en la miseria.

El eufemismo utilizado es relevante. “Para, por lo menos, no morir de hambre” es una frase mucho más precisa. Revela dos vertientes importantes en la iniciativa presidencial. La primera: es correcto proporcionar apoyos económicos directos para los sectores vulnerables, adultos mayores de escasos recursos y gente en pobreza y pobreza extrema. Sí ayudan a no morir de hambre. No obstante, una vez más, éstos no se otorgan de acuerdo con una medición científica del ingreso y niveles de subsistencia, sino indiscriminadamente, de ahí su sesgo clientelar.

La segunda: hay una gran diferencia entre la aportación de recursos para la mínima subsistencia y la generación de dinámicas de bienestar económico sustentable. Por lo tanto, es falaz la afirmación de que “con esta inyección de recursos, rápida y directa a las familias se está fortaleciendo la capacidad de compra o de consumo de la gente y con ello podremos reactivar pronto la economía”. Sin incentivos colectivos e individuales para la expansión de las capacidades productivas, el círculo de la pobreza no podrá romperse. Tener para no morir de hambre no significa escalar en la pirámide social, sino sobrevivir en la miseria.

Incongruencia actual: continúa el fomento, ya sea por connivencia o por descuido, de la narcoeconomía y de la economía informal, por lo que los sectores en pobreza encuentran ahí el medio idóneo de subsistencia.

Páginas 8 (continuación) y 9

Después añade que para la clase media alta y las clases ricas del país su apoyo consiste en “construir la paz y la tranquilidad en México”; lo cual es falso sin más y las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública lo confirman sin cortapisas: desde que se mide la inseguridad en México, los años 2019 y 2020, hasta antes de la pandemia, habían sido los más violentos de este país en más de medio siglo.

El presidente apela también al conservadurismo imperante en este sector poblacional, intentando empatarlo con su propio conservadurismo: “sostenemos que la solución de fondo, la más eficaz para vivir libres de miedos y temores, pasa por enfrentar el desempleo y la pobreza, por evitar la desintegración familiar y la pérdida de valores, y por favorecer la incorporación de los jóvenes al trabajo y al estudio”.

Incongruencia actual: la criminalidad y la violencia endémica en la población mexicana no se combaten con valores morales ni con estilos de vida arcaicos. Pensar así representa una falacia similar a la medieval creencia de que las enfermedades mentales y las patologías de la conducta se curaban bien con milagros, bien con exorcismos, que en última instancia son actos de fe. La única receta contemporánea para la catástrofe de seguridad nacional radica en inteligencia policíaca, ordenamiento sistémico del conjunto de la seguridad nacional y depuración del sistema de justicia, en el corto plazo; en el largo plazo, en la mejora y omnipresencia del sistema educativo y la vigilancia efectiva de leyes, normas y reglamentos ciudadanos de manera universal.

Página 10

Estudios económicos formales han demostrado que el antiguo Tratado de Libre Comercio de América del Norte, en sí mismo, ha sido una fuente de desarrollo económico y gran impulsor de la productividad nacional. Pero sus innegables logros han sido opacados a través de los años por la concentración de sus mayores beneficios en muy pocas empresas. De manera cierta, sí ha habido “goteo” económico, pero las potencialidades reales de un tratado así con dos máximos exponentes del G7 distan mucho de estar plenamente aprovechadas de manera generalizada en México. Pero el presidente parece consentir el statu quo al respecto: “Abundando sobre los beneficios que reciben y podrán acrecentar las familias de mejores ingresos del país, destaca el enorme campo de negocios que abre la ratificación del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá”.

Incongruencia actual: en la página 5 afirmó que es un “sofisma neoliberal” pensar que “si llueve fuerte arriba gotea abajo”. Pero es justamente lo que está afirmando en relación con la puesta en marcha del T–MEC.

Página 11

Afirma el mandatario: “[las] cadenas productivas integradas a Estados Unidos y Canadá se fortalecerán por los reacomodos en el comercio mundial propiciados por el abierto enfrentamiento entre China y Estados Unidos”. Esto es cierto de manera lisa y llana. Incluso parte de la apuesta de Donald Trump por la confrontación comercial con China previó el patio de maquila que tiene al sur de su frontera. Con la inminente entrada en vigor del T–MEC esto se consolidará. Aunque, por supuesto, sería necesario matizar en el triunfalismo, puesto que hace falta determinar cuántos y en cuáles sectores se recuperarán los empleos que aceleradamente se están perdiendo por la pandemia en el caso de consolidarse la sustitución de México por China en la industria estadounidense.

Incongruencia actual: ha habido diversos casos que la prensa nacional ha detallado y que se pueden resumir en un autoritarismo seudonacionalista en contra de las inversiones extranjeras por parte del presidente. Contratos millonarios con sociedades transnacionales cancelados arbitrariamente por medio de falsas consultas populares; cháchara ideológica y mentiras sin pudor para justificar esas tropelías.

Páginas 12 y 13

escribe Andrés López: “En vez de conseguir líneas de crédito para endeudar al país, como era la práctica neoliberal durante los periodos de crisis, nosotros estamos optando por intensificar el combate a la corrupción […] Por eso es imprescindible no permitir la corrupción al interior del gobierno para poder contar con autoridad moral y política”. Esto es falso de suyo, puesto que la deuda internacional adquirida en lo que va del presente régimen es de cerca de 500 mil millones de dólares. Lo cual no obsta para concordar con que, efectivamente, el saqueo, el dispendio cupular y la corrupción han imperado por décadas en las administraciones públicas mexicanas. Pero el supuesto combate a la corrupción del gobierno lopista es, en primer lugar, elogiado con falsedades: “[Hemos logrado] reducir el robo de combustibles en 95 por ciento”. Y: “[El aeropuerto de Texcoco] esa obra, cancelada por decisión del pueblo…”. En segundo lugar, los casos de opacidad y nepotismo se multiplican en las grandes asignaciones de recursos públicos a particulares en la presente administración.

Contratos millonarios por asignaciones directas a familiares cercanos del director de la Comisión Federal de Electricidad, beneficios a familiares de la secretaria de Energía y de la secretaria de la Función Pública.

Incongruencia actual: contratos millonarios por asignaciones directas a familiares cercanos del director de la Comisión Federal de Electricidad, beneficios a familiares de la secretaria de Energía y de la secretaria de la Función Pública, y la posibilidad de que el esposo de una ministra de la Suprema Corte de la Nación sea uno de los contratistas preferidos conforme avance el sexenio; sin olvidar el rápido encumbramiento empresarial de los hijos mayores del Presidente de la República.

Páginas 14, 15 16, 17 y 18

El punto central de estas páginas es la “austeridad republicana” del actual gobierno federal. Los ejemplos que López Obrador expone, y que ya ha machacado en otras ocasiones, son, en efecto, deleznables: toda esa vida de sultanes que durante décadas se han dado los altos funcionarios gubernamentales mexicanos, a costa del erario, y cuyo reciente corolario priista fue la cumbre del cinismo. Desde su más cercana candidatura López ha tenido razón en la denuncia de todo esto, y sin duda fueron de los dichos que más arraigaron entre millones de votantes que no son de su núcleo duro.

Pero una cosa es realizar el señalamiento y otra ejecutar el remedio de manera virtuosa. Cuando afirma (p. 15) que “El aparato gubernamental, tal y como se recibió el 1 de diciembre de 2018, estaba plagado de instituciones improductivas, de duplicidad de funciones y de oficinas y partidas presupuestales sin propósito ni resultados”, está hablando de una reingeniería organizacional de grandes dimensiones, que incluiría todo lo demás que comenta (guardaespaldas, asesores, viáticos, automóviles, etcétera), que se resume en una gestión efectiva de los recursos financieros, humanos y materiales del gobierno federal. Si esto es verdad, debería hacerse pública su planeación científica.

Incongruencia actual: se ha dado a conocer que los montos en viajes por aviones comerciales, para él y todo su equipo de giras, son muy onerosos; al igual que la renta de camionetas, tanto para sus propias giras como para una diversidad de actividades gubernamentales, como la entrega de apoyos populares.

Página 22

Sostiene López: “Imaginemos lo importante que sería en lo personal y colectivo que le bajáramos al consumismo, a las extravagancias y se disminuyera la frivolidad; que en vez de ser uno de los países donde más se compran productos de lujo, pasáramos a ser, lo más pronto posible, uno de los pueblos más sobrios, con menos ostentación, derroche y, sobre todo, con menos desigualdad social”.

Este párrafo tiene dos problemas graves: el primero es la intromisión en los deseos individuales desde uno de los poderes de la Federación. Quizá sea pertinente valorar, en lo general, la buena administración subjetiva, familiar y social por encima del dispendio, no sólo económico, sino ecológico y de salud, pero en todo caso como parte de una formación ética formal a través de la escuela, y no como una especie de perorata moralista desde el poder.

El segundo, y más importante, que a estas líneas anteceden largos párrafos en los que el presidente subraya las acciones de su gobierno que supuestamente están resolviendo, de manera estructural, la inequidad económica de México. Si verdaderamente esto fuera así estaría de más un llamado a la contención de los apetitos individuales como el que él hace. Si desde la intervención estatal se realiza una intervención virtuosa en la economía, que frene el despilfarro producto de una mala distribución de la riqueza, en consecuencia, se solventaría el problema y no habría lugar para este tipo de consejos.

Incongruencia actual: el estilo de vida de alto poder adquisitivo del hijo mayor del presidente, la evidente intervención cosmética y plástica en la persona de la primera dama de la nación y, sobre todo, el monto de vivir en Palacio Nacional, que además es, debería ser, un espacio público y no una mansión presidencial, que asciende a seis millones de pesos al mes.

Páginas 22, 22, 24, 25, 26, 27, 28 y 29

El último apartado lo dedica al bienestar, y a pesar de las numerosas críticas que recibió por su sesgada interpretación de la gráfica del Banco Mundial/INEGI de desigualdad y crecimiento en las últimas tres décadas (de la que tomó por universal un ligero repunte en la desigualdad durante el salinato, compensado por la disminución sostenida de ésta en México en los últimos treinta años), presenta un tema relevante, que ha sido motivo de diversos estudios y debates sociológicos y económicos en lo que va del siglo.

Después de las consabidas cursilerías del mandatario como la de oponer el neoliberalismo a las humanidades, y la bondad de los pobres a la perversidad de los ricos, dice en la página 26:

sostenemos que el Estado debe tener como propósito principal la promoción del desarrollo para garantizar el bienestar del pueblo. Debemos reconocer —a contrapelo del dogma económico— que en cualquier país el Estado es fundamental para el bienestar de la población y que en una nación como la nuestra, con tantas desigualdades, la intervención del Estado resulta indispensable para la supervivencia de muchos.

Sin duda, uno de los centros de este debate es la manera en que el Estado debe de intervenir en la distribución de la riqueza de una nación. Lo que los economistas llaman el dilema de la redistribución pura contra la redistribución eficaz.

La primera presupone una dinámica de mercado virtuosa, de competencia aceptablemente pareja y amplia generación de plusvalor, en la que el Estado sólo distribuye a través de una recaudación eficaz y una también eficaz inversión pública de lo recaudado.

La segunda presupone una dinámica de mercado con diferentes anomalías como pueden ser los monopolios, la corrupción y el desdén ecológico. Allí, previo a la recaudación, el Estado debe intervenir, a través de la legalidad, para corregir las disfuncionalidades del mercado con la intención de que más y mejores participantes puedan ser beneficiados con la producción del valor.

En este contexto entran los cuestionamientos teóricos a la medición de la riqueza exclusivamente con base en el Producto Interno Bruto, en los cuales hay consenso de que su utilidad es importante, pero limitada, y se debe completar con la medición de qué tipo de riqueza se genera, dónde y cómo se aloja ésta en la sociedad.

Pero López Obrador desvirtúa estas consideraciones, que en última instancia son de alcurnia tecnocrática, para vulgarizar y, finalmente, diluir el tema en chocarreros dichos sobre la felicidad individual y el regocijo en los valores de la “gran familia mexicana”, algo que sólo evidencia la ignorancia y la impostura del autor del ensayo.

Incongruencia actual: el capitalismo cupular, de compadrazgos, sesgos ilegales y franca corrupción se mantiene intacto durante el presente gobierno morenista.

Corolario: página 30, conclusión

Termina así el presidente su ensayo:

A manera de conclusión, así como es indispensable vincular la economía a la democracia, a la justicia, a la honestidad, a la austeridad y al bienestar, no debe dejarse de lado algo también muy importante: el fortalecimiento de los valores culturales, morales y espirituales. No olvidemos que nada sustituye a la felicidad y que la felicidad no consiste en obtener bienes, riquezas, títulos, fama, lujos, sino en estar bien con nosotros mismos, con nuestra conciencia y con el prójimo.

Detrás de este oscurantista párrafo de cierre (y, por lo mismo, execrable), está el grupo de presión de las religiones paracristianas que pululan en el país. El compromiso de López con los dirigentes de éstas ha sido patente desde el inicio de su mandato y, en una república laica como lo es constitucionalmente México, debería ser combatido por razones éticas, legales y científicas. ®

Referencias

Nota oficialista sobre la presentación del ensayo del Ejecutivo Federal (contiene link de descarga del texto en PDF).
Comentarios sobre el ensayo de López en “El rapidín” de Tere Vale.
Entrevista de Leo Zuckerman al secretario de Hacienda, Arturo Herrera.
Corruption Perception Index 2019.
Sobre la lógica de la retroalimentación positiva de una desviación sistémica inicial.
Grupo Salinas gana licitación de la SEP.
CDMX compra caros seguros a Banco Azteca.
Dan a GAMI tercer tramo del Tren Maya.
Sobre la adjudicación del IMSS a León Bartlett.
La muy probable riqueza ilícita de Manuel Bartlett.
Consideraciones sobre el TLC.
Evaluación del TLC.
Posibles ventajas de México en la disputa comercial sino–estadounidense.
Monto de la deuda adquirida por el lopismo.
Yasmín Esquivel y José María Rioboó.
Éxito empresarial de los hijos de López.
El éxito de la familia de Irma Eréndira Sandoval en el erario.
Los gastos de avión de López Obrador.
Sobre el involucramiento de Manuel Bartlett en el asesinato de Enrique Camarena.
Rocío Nahle afirma con López Dóriga que continuarán las energías alternativas.
Sobre una revisión sensata del PIB como medidor de la riqueza.
Severas dudas sobre el supuesto éxito en el combate al robo de combustible.
Para muestra, un botón: sobre el dispendio de mandarines de los priistas en el poder.
Crítica de las adjudicaciones directas.
Dispendio lopista en la renta de vehículos para uso oficial.
Sobre las continuidades de influencias y beneficios cupulares en la actual administración.
Gasto de seis millones de pesos mensuales para mantener Palacio Nacional.
Cifras oficiales de incidencia delictiva nacional.
Sobre Thomas Piketty y la desigualdad.

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Publicado en: Política y sociedad

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