Estrellas del otro firmamento, las palabras

Sobre A ingrata línea quebrada, de Malva Flores

Malva Flores va guiando a Gretel y al lector por medio de brújulas mínimas. Una de ellas es la que ayuda a pesar el mundo en gramos y cargarlo de sentido: el peso de una sílaba, del silencio y del miedo.

Malva Flores. Fotografía © Abril Medina, 2012.

Escrito por la poeta, ensayista y narradora Malva Flores, A ingrata línea quebrada (Literal Publishing, 2019) es un libro de dos cuentos en los que se mezclan la poesía y la narrativa para crear un texto híbrido. Un verso del poema Trilce de César Vallejo da nombre al libro.

La idea central de esta obra es el hecho de que en 1912 Alfred Lothar Wegner utilizó el nombre Pangea para referirse al único continente que existió en el Mesozoico, formado por dos antiguos continentes, Pannotia y Gondwana, que al unirse quedaron rodeados por un solo mar: Panthalassa.

Un tema conductor de la poesía de Malva es el límite y el camino antiguo para volver a casa. Partiendo de esto, la autora abre la primera parte con el personaje de Gretel, la niña extraviada que busca ir a su hogar.

No salva a Gretel que busca migajas comidas por los cuervos en Pangea.

En las dos historias las líneas limítrofes de la tierra se borran y aparecen nuevamente, al igual que ocurre hoy en día con los espacios virtuales, temporales, geográficos, económicos y religiosos.

Cada poema comienza con un diálogo entre Lía y Herr Aloysius (ella como metáfora de la madre original de seis tribus de Israel y Alz como metáfora del Alzheimer). Ambos abordan reflexiones sobre la formación de Pangea, además de conducir al lector a la historia subyacente en la que la autora hace una profunda reflexión y crítica a la descomposición del tejido social que puede ser visto como el deslavamiento del camino que lleva al hogar.

—Hay una oscuridad que tiembla, señora Lía, un parpadeo de mosca en la rutina de las cosas.

Cuando el poema habla de que nadie atestiguó la formación del continente único, Malva se refiere a la decadencia de la realidad actual en la que los países están cercanos gracias a la tecnología, medios de transporte y comunicación, pero las personas se aislan en su continente individual. En palabras de la poeta: “La poesía ha sido siempre una resistencia… El lenguaje es un territorio mayor que yo”.

Los libros que anteceden a éste tratan igualmente temas telúricos: Casa nómada (Premio poesía Aguascalientes, 1999), Pasión de Caza (Premio de poesía Elías Nandino, 1991), Galápagos, Luz de la materia, entre otros.

En éste la editora de Letras Libres habla sobre la evolución geológica a través de nuevas formas de hacer poesía. Sus cuentos–poemas tienen un lenguaje matemático, geográfico, naturalista, en que el eterno retorno es un beat que va dando secuencia a los eventos naturales y a la historia global del libro. Malva hace un guiño al pequeño punto azul (la tierra) de Carl Sagan. Da cuenta de la soledad de sus habitantes, del tiempo, de los números, los fractales, la música como pertenencia, de la gestación de la palabra y de ésta como piedra central del pensamiento. También presenta brújulas que señalan el regreso a casa. A una casa que se va derruyendo.

Hace un recorrido desde Pangea hasta los shots de azúcar que mantienen al mundo en estado de abstinencia. Cuestiona las cosas a las que el hombre se aferra como mecanismo de sobrevivencia o de adormecimiento generalizado.

Versos libres con aliteraciones dan musicalidad, ritmo y cadencia a los poemas: Lía, deslía, alía qué

La poesía de Malva Flores es rítmica y de una eufonía tal que el efecto acústico permanece en el lector aun después de terminar la lectura.

Su narrativa poética cuestiona los dogmas y paradigmas a través de la historia:

La nota sostenida por el chelo
Como si fuera el aliento
De Dios
No sirve
Pero ¡ah! ¡La Belleza!
Qué tentación.

Hay quienes no ven el bosque,
Porque miran el árbol y quien de frente al árbol
Sólo alcanza a reconocer el bosque.

¿La música real?
Es lo único nuestro, Lía. Una patria, una fe. La pertenencia.
No dramatice, Alz. Nada fue nuestro nunca.

Cuando aborda el tema del mar Panthalasa contacta al lector con su miedo a la inmensidad del agua a través de la metáfora: esa capa turbia que es la dimensión del agua.

Malva Flores va guiando a Gretel y al lector por medio de brújulas mínimas. Una de ellas es la que ayuda a pesar el mundo en gramos y cargarlo de sentido: el peso de una sílaba, del silencio y del miedo. Otra de ellas es la que conduce a través de la forma de las letras, su acomodo vital:

hojas que se concentran en unas cuantas líneas para que sepas decir quiero un vaso con agua…

La catedrática en Literatura cuestiona las creencias representando al infierno de forma matemática o haciendo preguntas:

¿Ésa es la fe? ¿Una herida en el costado de Cristo?

Sitúa las creencias y mitos actuales en la construcción del territorio geográfico:

¿Qué es nuestro amor?
Un parpadeo
Ques también un cuchillo

Pero va develando lo que ya hemos sospechado:

Nunca sabemos nada, ni por qué, ni para qué ni dónde.

La primera parte del libro se ocupa de Gretel en Pangea, la segunda parte es el Recetario del mundo. En éste se incluyen doce poemas, uno por cada mes del año. El de abril hace un guiño a Tierra Baldía de Eliot cuando dice

Ni qué crueldad ni que ocho cuartos. Te vas a ir muriendo despacito y qué le vamos a hacer.

En el resto de los poemas hace referencias tanto a Alicia en el país de las Maravillas, Dante Alighieri y Pitágoras como a algunos poemas y juegos infantiles populares:

Mamá soy Paquito no haré travesuras
Jugaremos en el bosque mientras que el lobo no está

La poeta presenta la epifanía del vacío existencial y de la indolencia que el tiempo ejerce sobre aquello que se puede nombrar. El saberse solos desde el inicio al fin:

Sólo estamos nosotros / Solos

Y la anagnórisis de ambos cuentos se muestra lacónicamente cuando Lía, Alz y Gretel se han transformado a través de estas dos historias. Gretel se ve a sí misma y expresa esta propiocepción, dimensionando su existencia del resto del universo.

No soy lo que pensaba
No soy la que pensaba
Gretel soy yo
Y es la hormiga…

No hay futuro
Ni pasado
Ni hoy
Estamos y no estamos

Rosa que va la ardilla al corazón de nuevo.
Sin mes
Sin tiempo
Sin máscaras o ruina.
Todo para nombrar sea hecho.

A ingrata línea quebrada lleva al lector a hacerse nuevas preguntas sobre los grandes asuntos. ®

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Publicado en: Éstos son nuestros papeles

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