Hemorragia sónica

Fall to Pieces, de Tricky

Fall to Pieces no es de ninguna manera una escucha fácil o divertida, sino una invitación a llorar junto a Tricky y acercarle nuestro hombro.

Tricky.

Un año y medio después de la muerte de su hija Mazy, el pionero electrónico inglés Tricky (Adrian Thaws) entrega su catorceavo álbum, Fall to Pieces (2020). El primer álbum de larga duración desde 2017 (Ununiform), en el que el colectivo se vio envuelto en una etapa de catarsis sónica y de duelo, todo a través de una tensa grabación de once pistas que retozan en la angustia y la tristeza. A medida que avanzan los drones musicales de producción digitalizada, la ansiedad y la melancolía se acumulan a grados casi incómodos, como los tracks más inquietantes y depresivos de Portishead o Massive Attack.

En menos de treinta minutos Fall to Pieces se convierte en una colección guiada de viñetas devocionales que emplea hermosos mantras alternados como “It’s gonna work now” (“Thinking Of”) y “Don’t let it you down” (“Close Now”) para la inevitable terapia emocional. Tricky hace todo lo posible para conceder líneas como “I hate this fucking pain” (en la parte superior de esa escasa muestra de piano en “Hate this Pain”), poniendo al descubierto su agonía en uno de los momentos más vulnerables y difíciles del álbum.

En su mayoría, los sentimientos de Tricky son entregados por las mediadores Marta Zakowska (¡diosa!) y Oh Land (¡metadiosa!), quienes auxilian a Tricky para expresar todo lo que no puede decirle directamente a su hija, como en el escalofriante “Chills me to the Bone”, donde Zakowska se amplifica: “From the depths of my despair/ I cant wait to meet you there”. Mientras Marta manipula la mayor parte de las voces, Oh Land se emplea en el disco como una médium espiritual para encontrar la voz perdida de su hija en la oscuridad y sacarla a flote, en psíquicos y blancos tracks como “Running Off” y “I’m in the Doorway”, que son sus aspectos más destacados al rescatar la frecuencia infantil, proporcionando un alivio emocional muy necesario al disco a través de la liberación magnética de estos descansos de trip–hop/dub.

Más adelante, el pulsante “Fall Please” ofrece otro respiro apto para bailar en medio de la intensidad fantasmal. De lo contrario, Fall to Pieces se revolcaría legítimamente en su dolor: un certificado de pérdida y tragedia.

Esta hemorragia sónica no es de ninguna manera una escucha fácil o divertida, sino una invitación a llorar junto a Tricky y acercarle nuestro hombro. ®

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Publicado en: Blogs

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