HERODES REDIVIVO

La cabeza de la hidra del caso ABC

La ley no se cumple en México, dígase lo que se diga. En este país el Estado de derecho es inexistente. A un año de la tragedia que segó la vida de 49 niños y desgració la existencia de 75 más, en Hermosillo, Sonora, no hay culpables, pero sí una vasta red de complicidades que corre desde la misma presidencia de la república hasta funcionarios locales y, desde luego, los dueños de la guardería ABC, protegidos por autoridades federales y estatales.

Existe una cierta ideología que hemos llamado (equivocadamente) maquiavélica, que nos lleva a pensar que, para el engrandecimiento propio, todo es permisible, incluso el incumplimiento de la ley. Los tiranos griegos, los césares romanos, los papas y los emperadores la poseyeron; esta feroz ideología ha desencadenado guerras, justificado atrocidades, causado indecibles sufrimientos; al final, siempre ha llevado al derrumbe de las sociedades en las cuales ha echado raíces.
—Alberto Manguel, El libro de los elogios.

Algunos pasajes de la Biblia cuyas anécdotas han querido pasar como hechos reales a la historia oficial son, lo sabemos, meras leyendas. Tal es el caso de la sanguinaria matanza de infantes comandada por Herodes. Pero esos acontecimientos forman parte de la memoria social, están ahí, en el ethos. Son sucesos que importan más por su verosimilitud que por su veracidad. Así, lo que se impone en el relato sobre el rey de Judea (aun frente a quienes defiendan la tesis de la autenticidad histórica) es que alguien pueda ser capaz de mandar matar a cientos de niños, más que el que efectivamente haya ordenado asesinarlos. Como en la literatura, lo fundamental es que determinadas acciones sean posibles como expresiones de la condición humana, y poco interesa su verificabilidad.

La tragedia de los 49 niños fallecidos y los más de setenta que padecen graves secuelas de salud física y emocional a consecuencia del incendio de la guardería ABC de Hermosillo ocurrido el 5 de junio de 2009 fue ocasionada por el nuevo Herodes, el Herodes redivivo, el Herodes contemporáneo, el Herodes neoliberal,1 el Herodes de la “Era de la Criminalidad” (Federico Campbell dixit).

En adecuada metáfora, los vicios y las perversidades del legendario monarca que mata para perpetuarse en el poder se han repartido o dosificado, en el asunto que nos ocupa, en un conjunto de individuos, grupos de poder, gobernantes, funcionarios, empresarios, asociaciones, organismos, gobiernos, dependencias, institutos. Es un Herodes diluido, portador de un camuflaje que, desde un principio, ha querido ser exitoso, triunfar sobre la verdad, una verdad que cada vez le es más difícil evadir. Un Herodes diseminado estratégicamente en un colectivo de aliados.

Ideando polos opuestos, en el lugar del dejo de decoro que podría significar la claridad y transparencia de una acción individual o de grupo que diera lugar a confesiones o reconocimientos del tipo “yo agredí a”, o “mandé matar a” (ésta es la suposición, por supuesto, menos factible), o “fulano mandó asesinar a”…; en el lugar equivalente a aquella ética ancestral del duelo, en donde la confrontación era frente a frente, asumida por las partes y a la vista de todos, encontramos la cobardía colectiva, el “entre la bola ya no se supo”. Nos topamos con el montón y los montoneros.

El Herodes que nos ocupa es un Herodes chafa, vulgar, abyecto. No da la cara, se escuda en los otros, traicionando incluso a sus propios cómplices.

El Herodes redivivo por cuyos actos negligentes y criminales murieron y enfermaron decenas de niños es como la cabeza de la hidra, el mítico monstruo de las siete cabezas. Podríamos adjudicarle un personaje a cada una de esas seseras: las más grandes, a) los dueños de la guardería, b) el IMSS, c) el Gobierno del Estado, d) el Ayuntamiento de Hermosillo; las menos grandes pero sólo porque están subordinadas a algunas de las anteriores: e) Delegación estatal del IMSS en Sonora; f) Secretaría de Hacienda del Gobierno del Estado, g) Protección Civil del Gobierno del Estado.

Podríamos adjudicar nombres a las siete testeras de otra hidra, nombres y apellidos de personajitos de carne y hueso que andan por el mundo deambulando —a oscuras unos, a la luz otros— por la vereda ominosa de la impunidad; para ello solamente hay que remitirse al Informe Preliminar de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en donde se les señala tal cual.2

En el caso de la guardería ABC confluyeron los elementos precisos para que la tragedia tuviera lugar. El caldo de cultivo en el que se fue engendrando el nuevo Herodes es la descomposición moral de la élite política y económica: falta de respeto, violación y burla de la ley; alianzas y componendas entre el grupo gobernante y los empresarios; corrupción en todos los ámbitos y niveles (políticos, empresarios y subordinados de ambos); tráfico de influencias, encubrimiento y mentira; desprecio por los trabajadores y sus hijos; nula conciencia sobre los derechos de los niños e insensibilidad sobre su bienestar; prepotencia, egoísmo, avaricia.

Las piezas del ingrato juego fueron deslizadas con movimientos de filigrana para lograr el resultado infernal. Quizás si sólo uno de los involucrados se hubiera3 salido a tiempo de la jugada la tragedia se habría evitado. Quizás si sólo uno se hubiera negado a someterse, hubiera alzado la voz y denunciado, se habría frenado la detonación de la bomba en potencia que era la guardería. Pero predominó la corrupción montonera, la maraña de contubernios, la red de complicidades. Quienes tuvieron participación en el conjunto de jugarretas cumplieron con su deber de hacer las cosas “bien” en este país de violación de la ley: cada uno aportó su parte.

El Hermosillo de fines de la primera década del siglo XXI goza ahora de la fama de haber concentrado la podredumbre moral capaz de quitarle la vida a 49 menores, enfermar a más de setenta, desgraciar la vida de decenas de familias, llenar de impotencia y dolor a muchos ciudadanos.

No cabe duda, el caso ABC es una metáfora cruel, la más cruel posible, del México de injusticias que vivimos.

Si hablamos de la herramienta homicida del Herodes redivivo nos salimos del terreno metafórico para describir un arma real: la bomba de napalm que les cayó a los niños en sus cuerpos. El cuchillo del nuevo Herodes fue esa arma explosiva, la misma que se usó en la guerra de Vietnam y se ha utilizado en otros conflictos bélicos. Así lo describe un investigador de la Universidad de Sonora, experto en transferencia de calor, en un artículo titulado “Lo que les cayó a los niños fue prácticamente napalm”:

La mezcla compuesta básicamente por benceno y poliestireno, adicionada con un agente iniciador de la ignición, como fósforo blanco, se conoce como napalm.

El poliestireno se utiliza para darle cuerpo a la mezcla, lo cual produce una especie de gel que una vez encendido difícilmente puede ser sofocado, además se comporta como un plástico pegajoso que se adhiere a la piel o a los objetos con los que tiene contacto y permanece encendido durante bastante tiempo. […]

[…] un pequeño fuego iniciado, por ejemplo por un corto circuito, genera gases calientes que pueden llegar a los 1,000°C, estos gases suben rápidamente buscando las partes altas de la vivienda o edificio, es aquí donde los gases calientes entran en contacto con el poliestireno. […]

Éste no es el caso de un incendio común que empieza en una parte determinada y que lentamente se desplaza conforme encuentra material inflamable, aquí la explosión de los gases extendidos por todo el techo son el medio por el cual el fuego se propaga. Como es el techo el que se colapsa, cae como un baño de aceite hirviendo e inflamado sobre todas las superficies, prácticamente como una bomba de napalm. Para esos momentos no hay solución posible.4

Sobre los efectos del napalm sobre el cuerpo humano Kim Phuc, la niña de aquella fotografía emblemática de la guerra de Vietnam que, escoltada por unos soldados, corre despavorida junto con otros niños con gestos de estar experimentando una tortura, dijo: “El dolor era tan terrible que perdí la conciencia […] Yo no sabía lo que era el dolor. Me había caído en la bicicleta algunas veces, pero el napalm es lo peor que pueden imaginar. Es quemarte con gasolina por debajo de la piel. Para mí es sinónimo de infierno”.5 Exactamente eso les ocurrió a los niños de la guardería ABC.

Sobre esa bomba a punto de estallar que fue por mucho tiempo la guardería existían serias advertencias. Una de las más completas puede leerse en las páginas 270 y 271 del citado informe de la SCJN, en el oficio 2790013200/23180 del 26 de julio de 2005. Dadas las evidentes irregularidades y el incumplimiento de normas oficiales en las instalaciones del inmueble se hacen, entre muchas otras, las siguientes recomendaciones que debieron asumirse como obligatorias y acatarse de manera inmediata (es ampliamente conocido que no fue así):

1. Instalar puerta de entrada de dos metros de ancho libre y 2.10 de altura mínima, tipo abatible en doble hoja.

2. Instalar puertas de seguridad con barra de empuje abatible hacia el exterior de 1 metro de ancho mínimo en las salas de lactantes C y en patio de juegos.

3. Sustituir los plafones existentes en salas de usos múltiples a maternales con material no combustible, debido a que actualmente tienen instalado un plafón de base de lona plástica tipo carpa y es un material altamente combustible.

4. Colocar material aislante en el techo del inmueble.

De la bodega de la Secretaría de Hacienda del Gobierno del Estado contigua a la guardería, en donde comenzó el incendio, se hicieron también diagnósticos y se expusieron las violaciones a normas de seguridad:

1. Dentro de la bodega se almacenaban más de cinco mil kilogramos de inventario de sólidos combustibles, con lo que el grado de riesgo de siniestro era alto.

2. Además de incumplir con las obligaciones impuestas por la normatividad vigente, “la bodega debía tener en sus instalaciones equipo contra incendio, respecto de lo cual no existe constancia alguna demostrativa de que tales disposiciones fueran cumplidas. Para decirlo en una palabra, la bodega no tenía ni siquiera un extinguidor, cuando su obligación era tener sistema contra incendios, o sea, rociadores o aspersores de agua, no sólo detectores de humo que son típicamente sistemas de prevención de incendios”.6

Todo esto se expone con más detalle en el proyecto del ministro de la SCJN Arturo Zaldívar, publicado en la red el 3 de junio de 2010.7

Así pues, el no acatamiento de la normatividad oficial en materia de seguridad por parte de la cabeza de la hidra que provocó la muerte de 49 niños y enfermedades vitalicias a más de setenta es un asunto probado e irrefutable. Pero en México la aplicación de la ley, lo sabemos y se ha repetido hasta el hastío, es un asunto de conveniencia o no para el Estado, un asunto de jerarquías políticas y de clases sociales.

El pesimismo arrecia cuando pensamos que, en el caso de lograr segar las seseras de la hidra, renacerían, como dicta el mito. Para abatir esa posibilidad no queda otro camino más que trocar a Hércules por la fuerza de una voz ciudadana férrea e incansable.

Como si el daño no fuera suficiente, asistimos al montaje de una escenografía tenebrosa por parte del estado:8 a) el show mediático, como el deseo fallido de Calderón de tomarse la foto con los padres dolientes a unos días del primer aniversario de la tragedia, cuando durante meses se le ha solicitado que vaya a Hermosillo a atender el asunto; b) la mentira y la simulación, como aquel embuste de que la Interpol buscaba a los dueños de la guardería cuando se encontraban tranquilamente en la ciudad de la catástrofe; c) la manipulación religiosa, cuando uno de los “más altos” representantes del clero en Sonora firmó cartas de apoyo avalando la “calidad moral” de los dueños de la guardería para presentarlas como argumentos frente al juez a cargo del caso; d) el encubrimiento entre iguales por parte de instituciones como el patronato de la Cruz Roja, la Coparmex, la Canaco, la Unión Ganadera y diputados locales al avalar, a través de misivas dirigidas al mismo juez, el prestigio social, la bonhomía y la honorabilidad de los patrones de la estancia; e) la burla de algunos médicos y funcionarios del IMSS al pretender hacer creer que los niños que inhalaron gases tóxicos durante el incendio “no tienen nada”, además de todas las acciones sospechosas y humillantes para los padres que llevaron a cabo recién desencadenada la tragedia, como la de impedir que se trasladara a algunos menores al Hospital Shriner de Sacramento California, el lugar idóneo para que fueran atendidos.

Pero existe otra realidad que nada tiene que ver con el montaje y sí con el dolor más profundo de que puede ser víctima un ser humano: a) familias destrozadas por el sufrimiento; b) padres que querrían quitarse la vida pero no lo hacen porque tienen otros hijos y cónyuges a quienes proteger y responder y porque los detiene su lucha por lograr justicia; c) decenas de niños con fibrosis pulmonar y otras afecciones que padecerán de por vida; d) decenas de niños y adultos con trastornos emocionales y psiquiátricos; e) padres y madres que han perdido su trabajo a raíz de la tragedia; e) amenazas a los padres de familia del movimiento ABC intentando impedir que sigan con el desafío que se han impuesto y al que tienen absoluto derecho.

Finalmente, la frustración y la impotencia frente a la impunidad por parte de los padres, familiares y muchos ciudadanos, pero al mismo tiempo el convencimiento y el coraje para eliminar al monstruo, al Herodes redivivo, al Herodes poliencefálico, como la misma hidra. ®

Notas
1 Sin mayores complicaciones, con este término intento destacar el predominio de las reglas del mercado sobre el desarrollo y los avances sociales, la democracia, los derechos humanos. La objeción es a la desigualdad social y económica que promueve, a la concentración de la riqueza en un reducido grupo, a la desprotección y retroceso gradual de la mayor parte de la población. Tal es el caso de México y un análisis del caso ABC a la luz del régimen neoliberal sería muy ilustrativo.
2 http://www.scjn.gob.mx/Documents/Informe_Preliminar_Comision_ABC.pdf
3 El “hubiera” no sólo existe sino que, entre otras noblezas, es una de las expresiones más útiles para suponer escenarios y develar omisiones, en este caso criminales.
4 Rafael E. Cabanillas López, “Lo que les cayó a los niños fue prácticamente napalm”, La Jornada, México, miércoles 24 de junio de 2009. (Los subrayados son de la autora.)
http://www.jornada.unam.mx/2009/06/24/index.php?section=opinion&article=a03a1cie
5 http://www.almamagazine.com/entradas-kim_phuc-la_nina_de_la_foto
6 Páginas 301 y 302 del Informe Preliminar de la SCJN.
7 http://www.scjn.gob.mx/Documents/FacultadDeInvestigacion-1-2009V1.pdf
8 Con minúsculas, a propósito.
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Publicado en: Junio 2010, Política y sociedad

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