¿Hombre de poca fe?

Apunte sobre la nueva etapa de Gibrán Ramírez

No ser politólogo y no ser demócrata es algo que se confirma con lo que Ramírez también dice en la entrevista de la confesión: propone que AMLO sea presidente de Morena inmediatamente después de ser presidente de la república.

Gibrán Ramírez. Imagen tomada de Facebook.

Como dijo el editor de esta revista, un hecho conmovedor en medio del chiquero electoral obradorista fue la confesión de Gibrán Ramírez: ha perdido un poco de fe en AMLO.

Nótese el lenguaje religioso, primero. Consistente con el hecho de la religión política del obradorismo, religión monoteísta: el reino glorioso de Dios–Andrés. Nótese, después, que el doctor Ramírez no dice que perdió la fe (toda), ni mucha, sino un poco. Sólo un poco. Eso significa que le queda mucha fe, o más fe que escepticismo, lo que es igual a tener mucha irracionalidad. Esta reserva o remanente de fe en un político quiere decir, por su parte, que a pesar de su soberbia y sus pretensiones como politólogo y demócrata, “Gibrán” no es ni una cosa ni la otra, ni politólogo que lo sea de verdad ni demócrata que actúe en realidad.

No puede ser democrático lo que se entrega a un solo hombre o depende de él. Por el otro lado, una de las consecuencias politológicas, es decir, de la práctica de la politología, es que el practicante no tiene fe en los políticos, sea porque se perdió o se comprueba que no debe tenerse.

Un demócrata acepta convencido el mecanismo de la decisión popular/ciudadana donde corresponda o quepa bien, y acaso tenga exactamente fe en la posibilidad de la democracia como espejo de su etimología, pero no deposita su fe en un hombre de y para la política. Tener fe, en el sentido estricto religioso, en un hombre como proyecto político es lo opuesto a ser demócrata. No puede ser democrático lo que se entrega a un solo hombre o depende de él. Por el otro lado, una de las consecuencias politológicas, es decir, de la práctica de la politología, es que el practicante no tiene fe en los políticos, sea porque se perdió o se comprueba que no debe tenerse. Si hay auténtica fe hay irracionalidad y quien tiene irracionalidad por fe —que no necesariamente es lo mismo que tener ideales, que a su vez no es lo mismo que tenerlos exclusivamente— no puede hacer politología. Ésta es una tarea de la razón, y específicamente una ciencia sobre la política. No importa el título académico, ni siquiera si es doctorado: si se cree en un salvador político y se tienen altas dosis de irracionalidad no se puede ser simultáneamente politólogo sobre el contexto particular en que se cree y actúa, porque así no se puede hacer ciencia política.

Si no se está haciendo ciencia política no se puede ser politólogo en el momento. Si estás haciendo política real, y sobre todo política basada en una fe, no puedes estar haciendo politología sobre ella, no puedes ser creyente político en un espacio–tiempo y al mismo tiempo ser politólogo sobre ese espacio y su contenido. Ser político —por eso estar inmerso en algún tipo de lucha por el poder— y quizá aplicar —sólo quizá— algo de la ciencia política no es lo mismo que ser politólogo y estar haciendo trabajo científico sobre la política y los políticos. Si haces politología eres politólogo y si eres politólogo en el periodo X entonces estás haciendo politología en ese periodo. Gibrán Ramírez no está siendo un verdadero politólogo, es un político de partido que combina fe y realpolitik, condimentando su actuación político–partidista–obradorista con discurso calculado con apariencia de politología. Si las hubo o las hay, el comentarista televisivo y grillo morenista no es una de las excepciones.

No ser politólogo y no ser demócrata es algo que se confirma con lo que Ramírez también dice en la entrevista de la confesión: propone que AMLO sea presidente de Morena inmediatamente después de ser presidente de la república. Con esa propuesta, por ella misma, el subalterno obradorista sigue (con)centrado en la figura, en el hombre que no es él, contribuyendo a la política personalista y jefista que por definición no es democrática. Continúa como súbdito que cree en el salvador y lo espera: si no es Andrés Manuel, dice el falso científico, no hay futuro para Morena. No es la conclusión posibilista de un observador externo, es la conclusión–propuesta–esperanza de un político partidista y todavía creyente. Eso —el origen, la fuente— hace la diferencia: eso significa su dicho porque a) es militante, b) hace política dentro del partido obradorista, y c) como confesó, aún no pierde por completo la fe. Como no la ha perdido así, hace propuestas así, propuestas que todo politólogo puede ver que conducirían a una especie de maximato —si la candidata o el candidato morenista ganara la presidencia—, y propuestas que todo demócrata rechazaría.

Si no critica mucho y directamente al presidente pero no por cobardía, entonces es por creyente. Si ya no es tan creyente como era o tiene poca fe pero no lo dice y critica poco e indirectamente, entonces es un cobarde.

He dicho todo esto partiendo de la posibilidad de que “Gibrán” no haya mentido al hacer la confesión y efectivamente sólo tenga menos fe en AMLO. Con ese punto de partida no resulta ser un hombre de poca fe sino un político que perdió un poco de fe en otro político. Pero incluso si mintió sigue siendo una mezcla de fe, ambición, soberbia, discurso y cobardía. Si no critica mucho y directamente al presidente pero no por cobardía, entonces es por creyente. Si ya no es tan creyente como era o tiene poca fe pero no lo dice y critica poco e indirectamente, entonces es un cobarde. Cobarde con un tanto de fe. Si no es cobarde entonces es creyente porque no es un hombre crítico. Su mayor racionalidad sería la simple instrumental pero aun así menor a la creencia (pragmático en lo que está por fuera o más allá de AMLO).

Ojalá Ramírez pierda toda religiosidad sobre el presidente. Mientras no lo haga, el doctor Ramírez seguirá siendo otro grillo, un morenista más, uno marginado, y un desperdicio público. Y ojalá se entienda ya que no es posible ser militante, político y politólogo al mismo tiempo, realmente al mismo tiempo. El politólogo busca explicaciones y conocimiento y su posible uso crítico–normativo, independiente o suficientemente. El militante y el político de partido buscan poder y satisfacer intereses relativos del partido e individuales dentro de él. “Gibrán” es esto, no más, y no le está yendo muy bien… ®

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Publicado en: Política y sociedad

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