Idolatría ritual

El trabajo de Greta Pruneda

Idolatría ritual apela a los valores mágicos en la práctica del arte, al chamanismo, a los exorcismos personales en clave visual y a los conjuros íntimos con tintes expresionistas.

Greta Pruneda.

Existen artistas cuyo gesto, su manera de pintar y de hacer arte devienen un grito de rebeldía, con algunas pinceladas de rabia y altas dosis de soledad, y a su vez son una tabla de salvación, lienzos con los que navegar sobre el mar de dudas, inseguridad y angustia en los que a veces se convierten las relaciones, consigo mismo, con los demás, la vida en sí, una práctica tanto de exploración de peligrosas aguas profundas como de autoafirmación.

Obra de Greta Pruneda.

El trabajo pictórico de la artista Greta Pruneda tiene mucho de autorreferencial y nos revela un rico mundo interior poblado de imágenes y objetos que conforman una cartografía íntima, un registro de encuentros, revelaciones y hallazgos, producto de la experiencia individual y de su proceso de interiorización. Un aprendizaje y ritual de paso que conforman el discurso de estas piezas de marcado corte intimista, en las que predomina una serie de desnudos masculinos.

Obra de Greta Pruneda.

Las pinturas están hechas de trazos que nos remiten a un mundo erótico pero sombrío, de alegrías opacas y contenidas, pobladas por seres andróginos pero sexualmente bien dotados, infantilizados de manera expresionista y a la vez rebosantes de una perturbadora sensualidad, como esa pieza en la que una chica se acerca de manera curiosa al sexo de un caballo para manipularlo, una postal zoofílica, dejándonos a nuestra entera fantasía el objeto de ese acercamiento en completa desnudez y fragilidad.

Obra de Greta Pruneda.

Muchas de estas pinturas funcionan en clave de livianas proyecciones del yo en interacción distante con esos personajes masculinos, y a pesar de su matiz naïve tienden a reflejar oscuridad, una cierta desazón a partir de rasgos marcados e inexpresivos, apáticos, casi observando este mundo desde otra realidad, como cuando se saborea un cigarrillo después de un encuentro sexual, con tanto placer como extrañeza.

Obra de Greta Pruneda.

Las atmósferas de los cuadros son densas y los personajes, casi siempre desnudos, parecen vivir bajo tensiones extraordinarias, como ese joven mutilado con una potente erección y mirada desafiante, como si el pene erecto supliera o fuera una proyección del brazo amputado, o abrumados por una gran melancolía y entonces aparecen vencidos y resignados a vivir en una realidad que apenas los sostiene, quizás prestos a la autocomplacencia, ya puestos a no aburrirse.

Obra de Greta Pruneda.

En la piezas de arte objeto Greta Pruneda ahonda en la idea de un arte intimista, simbólico, cada uno de estos objetos posee un significado o una historia íntima, y conforman una compleja y bella narrativa visual, además de que son parte fundamental en estos procesos de idolatrías rituales.

Obra de Greta Pruneda.

Muñecas que aparecen, otras que se rompen, un universo de objetos fetiche, tesoros rescatados de la infancia que pasan a ser en la edad adulta amuletos cargados de idiosincrasia personal, empoderados, que funcionan como hechizos.

Obra de Greta Pruneda.

Hans Bellmer decía que los juegos inocentes de los niños con muñecas después podrían convertirse en conscientes fantasías sexuales una vez adultos. En el caso de Greta Pruneda las muñecas sencillamente empezaron a aparecer, sobre todo a raíz de un episodio de maternidad truncada, y simbolizan un mundo que ya se fue —la infancia— y del que sólo quedan vestigios y, a veces, sólo pequeños fragmentos, una manita, una cabeza, un torso junto a unos colmillos o un pin de una banda punk…. por ahí, una jaula a modo de altar. Y por supuesto, la virgen, y cuchillos y dardos sobre piel de conejo, puesto que la artista a veces se siente acechada como presa y requiere de amuletos eficaces para no ser cazada.

Greta Pruneda, cartel.

En la serie de videos cortos que complementan este trabajo Pruneda se adueña de la herramienta para incidir en una suerte de autorretratos fragmentados, apenas pinceladas, una determinada atmósfera… una frase en la pared, con esa extraña tristeza que generan las cajas de música como banda sonora.

Arte objeto, Greta Pruneda.

Idolatría ritual apela a los valores mágicos en la práctica del arte, al chamanismo, a los exorcismos personales en clave visual y a los conjuros íntimos con tintes expresionistas. El trabajo de Greta Pruneda tiene profundidad de mirada y es producto de un fecundo diálogo interno y de complejos rituales de paso. Cada una de estas piezas es como una página de un libro que escondiera una historia, como una marca en la piel. ®

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Publicado en: Arte

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