La crisis vs. la educación

Invertir en la educación

La expectativa no es mala, pero sólo falta lo más difícil: ponernos de acuerdo en las reformas y esfuerzos que necesita el país. De entre éstos, debemos destacar el aspecto educativo, que es ineludible para aumentar la riqueza del país y acrecentar el bienestar de su población.

Las familias ricas vuelven a ser ricas cuando lo han perdido todo, y las pobres siguen siendo pobres en la mayoría de los casos. Los ricos vueltos pobres conservan sus tupidas redes sociales, aun desde el cuarto de vecindad donde guisan sobre anafre de carbón. Los pobres no conocen el camino.
Luis González de Alba, Olga

Como las familias, los países y los Estados nacionales funcionan más o menos igual, independientemente de qué haya causado la crisis en Irlanda o cómo es que se agravó la crisis inmobiliaria en Estados Unidos, o incluso a pesar de que los niveles de pobreza en la India no han disminuido al paso acelerado que se esperaría. Los tres comparten un vaso comunicante: la educación. México no es un país marginado, y siento que estamos lejos de serlo; mas, sin duda, existen niveles lacerantes de pobreza pero tal parece que existe una salida.

Educar no sólo es gozar de la infraestructura creada por el Estado, de las escuelas, los teatros, las universidades públicas, las bibliotecas, los cines, los caminos y los puentes; de la red óptica, los medios de comunicación, del desarrollo materializado y de un sinfín extra de bienes públicos, aunque —curiosamente— es muy importante hacerlo.

Los países que han decidido invertir en educación sin regateos, sin dudas, necesariamente sortearán mejor sus crisis, y aunque esto es una verdad de Perogrullo, cabe la pregunta: ¿Y nosotros en México, qué, cómo, cuándo y dónde?

La respuesta es chocante: hoy por hoy, nuestro sistema educativo no es funcional —por decir lo menos—; pero, y aquí viene un matiz, no es funcional entre las 36 economías más poderosas del mundo: penosamente ocupamos el lugar 35/36 en el ranking de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), opacados por Brasil y superando a Turquía (sí, leyó bien: Turquía).

¿Es esta una disculpa? No, no debe serlo; es sólo un aliciente. En México el 35 por ciento de los adultos entre 25 y 64 años cuentan con al menos la preparatoria terminada —pero cabe señalar que el promedio de la OCDE asciende a 73 por ciento. Contamos con una tasa de alfabetización del 86 por ciento, en el plano mundial, o sea ocho de cada diez ciudadanos saben leer y escribir. Y para aquellos que quieran argumentar que la producción de académicos es mayor en España o en Chile, cabe recordar que por mucho, pero por mucho, estamos mejor que ellos.

Queda claro que tenemos grandes problemas que sortear como lo son los sindicatos y otros de diversos tipos: legales, estructurales, educativos, políticos y económicos, pero ¿qué país no? Sin embargo, y a pesar de todo, esperamos un crecimiento anual del PIB de 3.9 por ciento, un crecimiento económico de 3.33 por ciento, una tasa de inflación anual al cierre de 2012 de 3.79 y una tasa de inflación subyacente de 3.50.

Ahora bien, en nuestro país el 40 por ciento de los jóvenes de entre 25 y 34 años tienen la preparatoria terminada, mientras que el promedio de la OCDE es de 80 por ciento; nada mal para un país con tantas carencias como el nuestro. A lo anterior hay que sumarle que el sistema educativo mexicano ha crecido a pasos agigantados en los últimos cincuenta años: de tres millones de estudiantes ha pasado a más de treinta millones, además de que los niños con edades entre los cinco y los catorce años casi en su totalidad se encuentran tomando clases, ya sea en alguna escuela perdida en el monte o en un aula de lujo de alguna de las principales ciudades de la República. Respecto de la tasa de estudios terminados, la principal medición dice que pasó de 33 por ciento en el año 2000, a 42 por ciento en el 2005.

Desafortunadamente, calificamos por debajo del promedio de la OCDE en lectura —493 puntos— con sólo 420/60. Pero incluso así ahora lideramos el bloque MIST —México, Indonesia, Corea del Sur y Turquía—, el bloque de economías emergentes que, según Goldman Sachs, en un futuro hará la competencia al BRIC —Brasil, Rusia, India y China— en la dura y compleja disputa por la generación de nuevas y mayores inversiones. Hoy se calcula que en el bloque MIST las economías han duplicado su tamaño en la última década y no se han visto tan afectadas por la crisis estadounidense y europea.

Queda claro que tenemos grandes problemas que sortear como lo son los sindicatos y otros de diversos tipos: legales, estructurales, educativos, políticos y económicos, pero ¿qué país no? Sin embargo, y a pesar de todo, esperamos un crecimiento anual del PIB de 3.9 por ciento, un crecimiento económico de 3.33 por ciento, una tasa de inflación anual al cierre de 2012 de 3.79 y una tasa de inflación subyacente de 3.50. No está nada mal, aunque, sin duda, siempre podríamos estar mejor. Inexplicablemente amamos el martirologio.

La expectativa no es mala, pero sólo falta lo más difícil: ponernos de acuerdo en las reformas y esfuerzos que necesita el país. De entre éstos, debemos destacar el aspecto educativo, que es ineludible para aumentar la riqueza del país y acrecentar el bienestar de su población, además de que podamos tener mayor influencia en la economía y política internacionales. ®

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Publicado en: Agosto 2012, Destacados, El fracaso de la educación

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