La historia de Manjarrez

Historia. Cuentos Reunidos, de Héctor Manjarrez

Cinco volúmenes de cuentos que Manjarrez ha publicado a lo largo de cincuenta años y que encierran una historia del autoconocimiento y la exploración del universo sensorial, afectivo e intelectual que rodea a sus personajes.

“¿Para quién escribes tú?”, se pregunta Héctor Manjarrez (Ciudad de México, 1945). “Muchos escritores sólo hablamos de cosas y de seres ocultos para el resto de la gente”, se contesta a sí mismo por medio de los personajes que aparecen en su cuento “La ouija”, quizá uno de los relatos más reveladores sobre su literatura, si suponemos que en ella todos sus personajes son él y todas las palabras son las suyas, como si de una especie de biografía heteronímica y ficcional se tratase.

Pero esas cosas veladas para los otros lo están también para sus personajes. Así, sus cuentos se convierten en fragmentos de una narrativa más grande: la del aprendizaje. La idea de “romper el huevo y romper el mundo”, como dijo Hermann Hesse en Demian. Y que demuestra con soltura en los cinco volúmenes de cuentos que ha publicado a lo largo de cincuenta años. Libros que encierran una historia del autoconocimiento y la exploración del universo sensorial, afectivo e intelectual que rodea a sus personajes extraños, ensimismados pero ansiosos por salir a la calle, de vagar de ciudad en ciudad, sólo con el hambre de encontrarse consigo mismos o con aquel otro que, como diría Rimbaud, se convierta en su infierno. Son, también, una historia que pasa por la juventud, la madurez y la infancia, en una especie de retorno a la edad dorada, como demuestra en Historia. Cuentos Reunidos (Ediciones ERA/Universidad Autónoma de Sinaloa, 2018).

Libros que encierran una historia del autoconocimiento y la exploración del universo sensorial, afectivo e intelectual que rodea a sus personajes extraños, ensimismados pero ansiosos por salir a la calle, de vagar de ciudad en ciudad, sólo con el hambre de encontrarse consigo mismos o con aquel otro que, como diría Rimbaud, se convierta en su infierno.

Este libro encierra pulsiones sexuales, ideas políticas, reflexiones artísticas y desencantos sociales que obsesionan al autor de Pasaban en silencio nuestros dioses, pero también nos hacen partícipes de uno de los imaginarios más originales de la literatura mexicana, en la que los recuerdos —o la remembranza— y la ficción se confunden en fantasías eróticas que terminan por someter a los personajes. En la obra de Manjarrez el sexo es un arma blanca que se lanza al aire y cae, siempre, con el filo atravesando la carne.

Así funciona en Acto propiciatorio, libro que abre el compilado. Publicado en 1970, cuando Manjarrez tenía veinticuatro años, consta de tres cuentos largos que rozan con la novela corta: “Johnny”, “Dulcinea” y “The Queen”. Manjarrez utiliza la extensión, que se conforma de peripecia tras peripecia, para construir a los personajes y mostrar las facetas y los detalles de sus vidas, que serán arrastradas por el amor y el sexo a las simas del desquicio.

Tanto Johnny, un vaquero de un programa de televisión que aparece mágicamente en un hogar mexicano, como Celestino, un joven trotamundos que se empareja con una estrella de cine, y Gustavo, el hedonista ricachón que se desvive por encontrar a la mujer perfecta para el sexo perfecto, permiten mirar, aunque sea someramente, las obsesiones y los escenarios cosmopolitas que se encontrarán en los futuros libros que escribirá Manjarrez.

No todos los hombres son románticos, publicado trece años después, muestra el primer cambio de estilo que tiene el escritor, ya que puede sentirse que los relatos que conforman este libro son más directos, a diferencia de las larguísimas historias del primero. Aquí el sexo aparece nuevamente como el motor de las historias, la sensualidad no como un acto de escape sino más bien de poder: tríos amorosos que constriñen el corazón; paranoias equívocas… Un recuento de amores que terminan por despedazar a su narrador y recipiente.

Londres, París, Nueva York y Ankara… Todas ellas ciudades que Manjarrez recorrió durante su juventud y que aparecen en sus libros como escenarios que refuerzan la sed de conocimiento de sus personajes, que pueden entenderse como desdoblamientos de sus recuerdos. Estos sitios regresan en Ya casi no tengo rostro, libro de 1993, el último que comencé a leer y que a la escritura de esta reseña no he terminado.

Y aunque aún me faltan dos libros más por leer (Anoche dormí en la montaña, de 2013, y Los niños están locos, de 2016), no me cabe duda de que Manjarrez ha construido una literatura que nada a contracorriente y sigue un solo cauce: el suyo.

Así, sus cuentos reunidos son eso: una colección de relatos (algunos de ellos breves) que aún no finalizan. Aunque, de nuevo, de suponer que todos los personajes son Manjarrez y todas sus palabras son las suyas, la cita que mejor definiría una obra aún no terminada sería esta otra de “La ouija”:“Esta historia podría concluir aquí, pero aún tengo que terminar la historia que quiero contar, la de algunos de mis amigos que creían en la Historia”. ®

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Publicado en: Éstos son nuestros papeles

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