La liberación clandestina de las estrellas

38 estrellas: La mayor fuga de una cárcel de mujeres de la historia, de Josefina Licitra

En este libro la autora recupera la voz de quince de las treinta y ocho mujeres que hicieron historia tras dejar de ser presas políticas. Todas militantes del Movimiento Nacional de Liberación–Tupamaros en los setenta, en medio de la dictadura.

Fotografía de la portada de 38 estrellas, de Josefina Licitra, en la que aparecen Lucía y María Topolansky de regreso a la cárcel.

Treinta y ocho mujeres hicieron todo el ruido que pudieron dentro de la cárcel El Cabildo, en Uruguay, el 30 de julio de 1971. Cantaron, bailaron y jugaron torneos de vóley. “Hicieron el ruido suficiente como para que un volcán entrara en erupción sin despertar sospechas en el penal”. Estaban eufóricas. Sintieron tres golpes en el suelo y devolvieron tres golpes más. El piso se arqueó y se deshizo en escombros. Había llegado la hora de huir.

38 estrellas: La mayor fuga de una cárcel de mujeres de la historia (Booket, 2018) de Josefina Licitra, periodista argentina y feminista, es un libro de no ficción que recupera la voz de quince de las treinta y ocho mujeres que hicieron historia tras dejar de ser presas políticas. Todas, por militar en el Movimiento Nacional de Liberación–Tupamaros (MLN–T) en los setenta, en medio de la dictadura.

Había 42 mujeres presas en El Cabildo. Entre ellas, Lucía Topolansky, quien años después se convertiría en vicepresidenta de Uruguay y compartiría la vida con su entonces camarada, Pepe Mujica. También Graciela Jorge, que sería, entre otros cargos, coordinadora ejecutiva de la Secretaría de Derechos Humanos y escribiría el primer relato sobre los dos escapes de la Cárcel de Cabildo: Historia de 13 palomas y 38 estrellas, que más tarde salió de circulación por decisión propia.

Vuelvo al enojo. Las mujeres recluidas, algunas por provocar y acompañar abortos, eran obligadas a utilizar falda y hacer bordados como recordatorio de que ésas eran (son) las únicas costumbres a las que debían ceñirse las mujeres (de la época).

El libro, narrado a manera de crónica con toques de thriller policiaco, atrapa desde el capítulo uno en el que se describe la tensión previa a la huida. Continúa con la descripción de personajes y explica el contexto histórico en el que se desenvuelve la odisea que invita a las mujeres a sentirse orgullosas de la gallardía que tuvieron, a pesar de las constantes desventajas que se viven en un movimiento social.

¿Por qué no había escuchado antes de esta historia? Me enoja no haber llegado antes al encuentro de este maravilloso y revolucionario relato. Me vuelco al buscador de Internet y encuentro en los resultados principales la crónica y entrevistas con la autora.

El propio texto desvela la opacidad de tal travesía femenina porque meses más tarde, en el mismo año y bajo el mismo contexto, se dio una fuga de 111 hombres presos en la cárcel de Punta Carretas, evento al que se le conocería como “El Abuso”, y que además de hacerse público por todos los medios quedaría plasmado en el libro del Récord Guinness.

Vuelvo al enojo. Las mujeres recluidas, algunas por provocar y acompañar abortos, eran obligadas a utilizar falda y hacer bordados como recordatorio de que ésas eran (son) las únicas costumbres a las que debían ceñirse las mujeres (de la época).

Treinta y ocho mujeres recorrieron las cloacas de Uruguay por un túnel de un diámetro de 80 centímetros y una altura de 120. Los hombres que les ayudaban durante el camino les entregaban a cada una de ellas una linterna, un dulce y un arma.

¿Un dulce? No sabían si era para soportar el olor, evitar los mareos o para no gritar ante la aparición de una rata. Nada de eso importaba. Ni siquiera el excremento que salía con las descargas de las casas que estaban por encima del túnel detendrían su paso a la libertad.

Una libertad que deparaba mucha incertidumbre, pues vivirían en la clandestinidad y renunciarían a sus familias, a su nombre y a sus compañeras.

Al leer no pude evitar hacer una analogía con la vida de las mujeres en general. Tantos estigmas, tanta violencia, tanta suciedad, pero siempre con la esperanza de ser libres y en esa ruta a la libertad confiar en otras que tienen el mismo objetivo.

En la Operación Estrella también participaron hombres. En la militancia se creía en el camino de una mejor sociedad y el amor al prójimo, pero como sucede hasta ahora, la balanza del privilegio se inclinaba a la masculinidad.

La militancia que continuaba en libertad acompañaba a sus camaradas. Seguían enviando cartas y organizándose para dar el gran paso: la fuga.

“El Abuso” también estaba en planeación y se discutió cuál huida se llevaría a cabo primero. Decidieron que fuera la liberación clandestina de las estrellas, y aun así el suceso quedó oculto.

La autora refleja durante toda la narración la historia no sólo de Uruguay sino de América Latina en tiempos de dictaduras. La tortura y el abuso de autoridad provocaban horror entre la sociedad que comenzaba a organizarse y a exigir el acceso a sus derechos básicos. El movimiento uruguayo asesinó a un político, provocó incendios y asaltó corporaciones para llevar comida a quienes vivían en la pobreza. Era un reflejo del hastío social.

Josefina Licitra también se acerca a lo íntimo. Narra los pensamientos de las presas mientras se escurren por el túnel. Son conscientes del peligro que representa ser mujer y luchar contra un Estado opresor:

En ese camino… te puede pasar de todo… y en el medio quizás te enamores y veas a tu hombre morir a tu lado, o tal vez te maten o te hagan daño, pero ninguna de esas posibilidades echará por tierra la única certeza: que cada una de esas piezas, incluidas las terribles, forman parte de un mismo trayecto que tiene una sola perspectiva: la del horizonte.

El texto me estruja. La empatía me orilla al llanto y pido que las mujeres recuerden y lleven en su memoria a las 38 estrellas que, a pesar de las vejaciones, la tortura, los deseos interrumpidos y las hazañas clandestinas, lucharon hasta el final por la utopía de un mundo mejor. ®

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Publicado en: Éstos son nuestros papeles

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