LA TRANSA DE LOS “REPORTEROS CIUDADANOS”

Entrevista a Jean François Boyer

“Lo de los reporteros ciudadanos es una transa puramente comercial”, asegura tajantemente Jean François Boyer, director de la edición mexicana de Le Monde Diplomatique, al hacer una revisión del periodismo del siglo XXI tan —desde su perspectiva— preocupado cada vez más por la comercialización que por los contenidos.

Jean François Boyer

En un pase veloz por Yucatán, el único periodista que junto al también francés Alain Gresh ha entrevistado al líder de Jizbollah, va más allá y señala el concepto del “reportero ciudadano” como una evolución que puede poner en peligro el quehacer de informar.

—¿Por qué?

—Porque carece de un contexto, es lo que una persona con una cámara de fotografía o de video o un teléfono celular atestiguan pero que muchas veces desconocen en cuanto a su origen. No se verifican las fuentes, no se contrasta la información con el contexto que un periodista puede tener. Además hoy en día toda adulteración de un video es posible.

Es una transa comercial porque permite llegar a un público u obtener un material al que no hubo acceso, pero que tiene ese fin, más audiencia y por ello más publicidad.

—En ese sentido, ¿qué representa internet para el ahora llamado periodismo tradicional, cómo está impactando la red en la conformación y el trabajo de los medios, en un espacio en el que todos parecen estar preocupados por la emigración de la publicidad en medios impresos o audiovisuales hacia la red?

—Internet es un espacio de total libertad en cuanto a lo que puede costar. Cualquier grupo o profesional puede abrir o cerrar espacios y su espacio deberá considerarse confiable como información u opinión, pero sabiendo la diferencia.

—Como en los blogs…

—En un blog, por ejemplo, tiene que considerarse que es fiable por la información o porque es un simple enfoque dado por alguien con una trayectoria. El problema es que si no hay una generalización de un código de ética en materia de periodismo tradicional, pues menos aún lo habrá en la red.

El manejo de internet hoy es maravilloso pero peligroso. Amplía el panorama del juego democrático, pero también el riesgo porque no hay control de las fuentes, con excepción de los sitios que han sido abiertos por medios periodísticos serios y con una trayectoria.

—Pareciera que la migración de los anunciantes en medios informativos a la web predispone a muchos periódicos a creer que ahí está el futuro inmediato y dejando de lado los contenidos. Rosental Alves, el primer latinoamericano en incursionar con un medio en internet, ha dicho que parecen olvidar que el negocio del periódico “nunca fue ensuciar el papel con tinta”, sino generar contenidos útiles para la sociedad.

—Debe haber un tipo de periodismo que se siente amenazado por internet y deberá evaluar que realmente es lo que le preocupa. Es posible, existen investigaciones sobre eso, llegar a tener una especie de libro digital, pero con esa apariencia y practicidad física del libro. Tener soportes digitales prácticos. Pero a corto plazo es difícil leer una nota de quince cuartillas en una pantalla normal.

Este sentirse amenazados lleva a privilegiar la información sintetizada y el hiperlink como tendencia, con los riesgos que éste tiene para perder al lector. Por otro lado, hay prensa de investigación y reflexión que a priori no tiene que considerar internet como una competencia o reto, sino como un complemento.

Como en el caso de Le Monde Diplomatique, el sitio en internet destaca por su portada, en la que se ofrecen otros productos que no están en la versión impresa, como foros, videos, audios complementarios, índices de publicaciones, anuncios de productos impresos de la misma editorial con otros temas, entre varias cosas que puedes encontrar.

—Verlo como un complemento, esa es la percepción ideal, no como algo que hay que asumir y cambiar lo más pronto posible, dejando atrás el papel…

—Apostar todo a internet puede profundizar la crisis de la información. En internet, igual que en otros espacios todo es cuestión de control. En internet de 60 a 70 por ciento de los contenidos son pornografía, 10 por ciento es informativo y útil, y el resto está sometido al control y a la deformación.

—Pero parece una tendencia en Estados Unidos o en América Latina, no puedo generalizarlo al caso de Europa… el asunto es que internet parece ser percibido como espacio comercial, no de democratización de contenidos…

—Es un fenómeno en América Latina, en México particularmente; no tanto en Estados Unidos o en Europa, aunque ya es visible y se percibe principalmente desde los medios electrónicos.

Los noticieros en esta región son generalmente de larga duración, no como en Estados Unidos o Europa donde duran entre 30 y 45 minutos. En México y América Latina la regla que prevalece no es periodística. No hay una definición (de contenidos a presentar) en relación con la jerarquía de las informaciones. Antes de ser periodísticos, los programas de los medios electrónicos son comerciales. Su propósito es el rating de principio a fin. Para mantener el ingreso publicitario la información se desgrana poco a poco para mantener la audiencia hasta el final. Se mantiene el espectáculo a lo largo para mantener la atención.

—La información se pierde…

—La información se pervierte, se vuelve un producto de entretenimiento, de gozo. Las reglas deontológicas del periodismo no se aplican más. Esta tendencia invade los medios en su generalidad, los impresos se ven obligados, con algunas excepciones, a compaginar sus portadas para que vendan.

—Similar a lo que Umberto Eco denunciaba en Italia en los años noventa frente a la tendencia que tenían los periódicos de publicar lo mismo que salía en los programas de espectáculos de televisión, como siguiendo lo que Berlusconi considerara lo mejor, su pauta…

—No priorizan por información, sino por productos divididos que son resorte para mantener adicto al lector o al televidente o radioescucha. Tampoco existen en los medios de comunicación contrapoderes que impidan a los empresarios este tipo decisiones como existen en algunos medios europeos. En TF-1, la primera televisora francesa privada —para la que trabajé muchos años— y con un carácter totalmente comercial, existen sociedades o sindicatos de periodistas que pueden acotar ese perfil, incluso bajo amenaza de huelga si ocurre. Pueden poner en paro a la empresa si consideran que no hay un verdadero interés periodístico en la información presentada.

Un problema grave hoy en lugares como América Latina es que el ejercicio de la profesión periodística no está amparada por un texto fundamental, una carta profesional que defina el ejercicio, un código de ética. ®

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Publicado en: Destacados, Julio 2010, Periodistas

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