Letra que legitima

El machismo (in)discreto de Arturo Pérez Reverte

Lo escrito hace la historia; la historia normaliza. Luego, la letra es normativa. El sello de la letra se hace evidente tanto en el registro de unas actas electorales como en el discurso literario; más todavía, el discurso respaldado por la autoridad de una Academia.

Desde su ingreso a la Real Academia de la Lengua Española en 2003 el escritor Arturo Pérez Reverte se ha interesado en el tema del sexismo de la lengua sólo para consolidar argumentos tradicionales y abogar por el empleo del genérico: “El uso genérico del masculino gramatical tiene que ver con el criterio básico de cualquier lengua: economía y simplificación […] Ésa es la razón de que, en los sustantivos que designan seres animados, el uso masculino designe también a todos los individuos de la especie…

En su intervención, provocada por una solicitud de la comisión de género del parlamento andaluz, todavía destaca cierta sobriedad al enunciar los criterios milenarios de la lengua: simplificación y economía.

Recientemente aumentó la turbulencia cuando el otrora periodista de guerra blandió su pluma para desahogar su desacuerdo con la ministra de Igualdad y Paridad española, Bibiana Aído, quien había convocado a la re-escritura de cuentos tradicionales con el fin de descartar las exclusiones en razón del género. Pérez Reverte, destacado narrador de novela histórica, entretejió una nueva versión del clásico infantil, La caperucita roja, apostillado hasta la complicación, simulando responder a la convocatoria antisexista de despojar de machismo los cuentos tradicionales.

El narrador, criticado en foros por hacer remake de Pérez Galdós (¿la re-escritura no es recurso para legitimarse?), en su artículo “Caperucita y el lobo machista” rebasa el carácter de la parodia para acentuar su burla al exhorto antisexista —que, por cierto,  en una sociedad civilizada tranquilamente ya se asume como demanda democrática.

Si bien la tarea de inclusión lingüística es compleja (bastaría observar los trabajos realizados en esa línea por las mismas comisiones de equidad o de educación), sus efectos en las relaciones sociales han favorecido la aceptación de las diferencias no sólo por género, sino culturales: religiosas o étnicas.

El texto de Pérez Reverte intenta ser provocador; incluso se da como un juego o una broma, diseñado para enervar a feministas (precisa feminazis, con toda la carga del estereotipo acusador). Tal maroma jocosamente admitiría una dispensa.

Sé que buena parte del lectorado aceptará que una función de la escritura es provocar el ánimo y la inteligencia. Aunque también el lectorado reparará en que una de las pretensiones históricas de la letra impresa es perpetuar el canon, la versión autorizada, la ortodoxia. En este caso, el señor Pérez Reverte, desde su sitial de la Academia, se extiende en la denostación “autorizada” de esas “contumaces feministas”. Escribe y prescribe el miembro de la Real Academia.

Como dato bibliográfico, recomiendo una serie de lecturas que analizan la relación entre la literatura y el sexismo. Pertenecen a la colección “Cultura y diferencia” de la editorial española Ánthropos. ®

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Publicado en: Aliteraciones, Julio 2010

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  1. Moisés Silva

    Tu artículo ilustra muy bien el problema del lenguaje políticamente correcto. El feminismo es una causa perfectamente respetable, pero inventar términos como ‘lectorado’ – y obligar a quienes te leemos a tragar ese neologismo – es una muestra más de la incomprensión del lenguaje que dio lugar a las burlas de Pérez-Reverte (y a un excelente artículo del lingüista español Ignacio Bosque, «Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer»). Si hubieras escrito ‘buena parte de las lectoras’ habrías excluido a los hombres, porque en español el género femenino excluye lo masculino. Así de sencillo. El género masculino es inclusivo. Ese no es el problema. La lengua inglesa prácticamente no tiene género. Si el lenguaje fuera el problema, el movimiento feminista no habría empezado en países de habla inglesa (no habría sido necesario: ‘reader’ es lector/lectora). La visibilidad de la mujer depende del cambio social, no de las modas lingüísticas.

  2. Una disculpa a quienes opinaron. Respondo tarde porque no había entrado de nuevo a mis textos.

    Antonio:

    Déjame replicar: Al optar por burlarte ¿crees que estás libre de la ignorancia que adjetivas? Encuentro honda semejanza entre el «panismo ignorante» que criticas y tu comentario apresurado.

    Me habría gustado, más bien, que expusieras tus razones para burlarte de quienes dices que lo harías o, por lo menos, describieras a las «feminazis», término de uso despectivo (de ningún modo es un concepto), bastante inasible, más inestable que aquél de las «histéricas», que al menos tenía una base orgánica (hystéra: útero) que le daba un tufo de ciencia.

    Marina:

    De acuerdo contigo en que Pérez Reverte (y otros autores) pierden la gracia o el humor, de forma muy obvia, cuando en lo cotidiano se imponen estos temas; especialmente si vienen de una Doña con cierto poder como la tal Ministra. Creo que abonaré ese dato al siguiente texto.

    Un saludo.

  3. Interesante artículo. En cuanto a Pérez Reverte, prefiero tomarme sus textos con humor. En un mundo donde lo políticamente correcto es la norma, hace bien encontrar quien aún ose burlarse del otro (para él, todo lo que no sea hombre blanco europeo clasemediero y con estudios) y que no haga concesiones a las modas del lenguaje.

    Por otra parte, aunque su petulancia no me desagrada, creo que lo que le falta a este académico y escritor es un poquito de lo que los franceses llaman «autodérision».

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