López Obrador y Zepeda Patterson

Crítica a un obradorista agónico

Nunca ha caído en el fanatismo, pero no resiste el impulso de sus emociones hacia López Obrador, aunque aún tiene el pudor de no quedar en ceros empíricos. Intenta compensar por su obradorismo “serio” pagando una cuota de objetividad.

Jorge Zepeda Patterson en 2014, al recibir el Premio Planeta por su novela Milena o el fémur más bello del mundo.
Jorge Zepeda Patterson es un garbanzo de a libra.
—Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Respetaba a Jorge Zepeda —llegué a colaborar en la revista Día Siete que hacía para El Universal—; ya no. Es un mustio obradorista que declara que piensa bien lo que escribe, pero en realidad no lo hace tan bien… A causa de su compromiso “suave” con AMLO. Desde 2018, incluso, ha mentido repitiendo “otros datos”. En 2005 era simpatizante del hoy presidente pero era un periodista mejor: tenía un tanto más de objetividad, esto es, en ese año respetaba más que ahora la práctica de no negar hechos evidentes. Esa dualidad anterior —simpatía obradorista pero resignación objetiva sobre más aspectos— puede verse en el texto del periodista en Los suspirantes (Planeta, 2005, pp. 9–37).

En ese texto, subtitulado “El rayo”, Zepeda dice lo que algunos decíamos y seguimos diciendo sobre el político y gobernante AMLO. Eso, dicho por alguien que no era muy crítico ni enemigo mediático, demuestra la objetividad de muchas de las críticas que se hicieron y se hacen a López Obrador. Repito, Zepeda no quería ser crítico ni atacaba, se debatía entre el deber periodístico y el impulso emocional —por el discurso y por el rechazo a los demás partidos— hacia el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, tensión que produjo no sólo inconsistencia troncal sino una rama plausible: una parte de trabajo veraz y útil para ayer y hoy.

Así, el texto de Zepeda no es de los mejores en un libro muy bueno. Tal vez sea el peor capítulo de todos. Tiene algunos tramos débiles, alguna trampa, un par de ridiculeces (sobre lo que hicieron AMLO y sus seguidores en la presidencia del PRI tabasqueño escribe que armaron una máquina “portentosa” y luego “cortaron cartucho”, lo que fue una “endemoniada revolución”, y hasta “encargó un nuevo himno para el PRI”; guau: una revolución por el PRI y para el PRI con armas electorales corporativizables y ritmo guapachoso); comete errores como decir que Rafael Pérez Gay era uno de los asesores de López Obrador —¡Gil  Gamés obradorista!—, confundiéndolo con su hermano José María, como confunde a José Agustín Ortiz Pinchetti con Francisco del mismo apellido, y le cambia el suyo al secretario particular de AMLO. También cae en contradicciones como decir en la página 28 que “en paralelo desarrolló la estructura de las brigadas del sol” y en la 32 que el Peje “no trabaja con estructuras paralelas”, y omite hechos del gobierno defeño como la relación con Carlos Slim y el cardenal Norberto Rivera Carrera, el veto a la progresistamente modesta ley de Sociedades de Convivencia, el apoyo silencioso a la continuidad de la penalización del aborto, los intentos de destrucción del instituto de transparencia capitalino, y la poca utilidad social del segundo nivel del Periférico. Esos hechos ni siquiera los menciona, otros los menciona pero renuncia a evaluarlos. Doble omisión. Todas esas omisiones traducen la simpatía que sentía y siente Zepeda por López Obrador, son la cara filopejista del texto.

AMLO “es un hombre poco cultivado en el sentido clásico del término”; ahora Zepeda se queja de las críticas al antiintelectualismo del presidente y sus brotes de ignorancia, y “contraataca” diciendo que López Obrador es un hombre que ha escrito una veintena de libros…

También hay afirmaciones que el tiempo ha desintegrado, como en casi toda la página 35 que citaré abajo, y una afirmación que Zepeda dejó de hacer, equivocadamente. Ésta, en la misma página, es que AMLO “es un hombre poco cultivado en el sentido clásico del término”; ahora Zepeda se queja de las críticas al antiintelectualismo del presidente y sus brotes de ignorancia, y “contraataca” diciendo que López Obrador es un hombre que ha escrito una veintena de libros… de los cuales, omite el periodista falsamente equilibrado, los dos primeros de historia que sí escribió son historiográficamente irrelevantes y del todo intrascendentes, mientras que los de sus etapas de poderoso gobernante son productos de campaña probablemente escritos en todo o en parte por “fantasmas”.

Las afirmaciones zepedianas destruidas por los años son tres: 1) “su frugalidad es auténtica. Quizá excesiva”. Desde 2018 ya saben quién no es tan frugal. Vive en el Palacio virreinal–presidencialista, por decisión y gusto propios. Eso, si no necesariamente es una vida totalmente contraria a la frugalidad, no puede ser una frugalidad excesiva, ni muy grande. Noto, además, que Zepeda —en su torturado texto jekyll–hydeano— no pudo sino reconocer “el énfasis demagógico que ha tenido su publicitada insistencia en no trasladarse en otro vehículo que no sea un modesto Tsuru”. Lo dice en la página 35 en la misma oración en que habla de la frugalidad. 2) “Martín, con 40 años, es el único con el potencial de convertirse en hermano incómodo por su frivolidad”. Digo Pío… 3) “Fue bautizado y creció católico, aunque en materia religiosa Andrés Manuel es más bien agnóstico o cristiano no practicante”. Pero no, ni agnóstico ni cristiano no practicante, tampoco laicista: como presidente, “Andrés Manuel” habla insistentemente del Dios en el que cree, de “Jesús Cristo”, del evangelio, dio juego público al pastor cuyo nombre no hay que recordar, blandió “detentes” desde la tribuna presidencial contra la pandemia, etcétera, por lo que ha practicado la política y la administración pública/estatal con dosis de creyente practicante, de religioso.

Ahora bien, como ya había indicado, hay otra cara textual. La que forman los pasajes que están en pie porque contienen hechos. La cara cierta. Históricamente cierta: rasgos, atributos, características de AMLO, constantes desde antes de 2005 y hasta 2021, que vio y tuvo que reconocer Zepeda. Si algunos veíamos esas características y lo decíamos, si lo seguimos diciendo, y si lo mismo tuvo que hacer el filopejista Zepeda —no pudo o no se atrevió a mentir, no quiso o no pudo omitir más—, la explicación de esa coincidencia es una: son hechos ciertos. Éstos:

“Resulta curioso que pese a la inclinación de Andrés Manuel por las consultas populares, siempre ha sido poco afecto a explicar o justificar frente a sus subordinados los motivos de sus actos”.

—“Aquí [en La Chontalpa, Tabasco] comenzó la manía de sus consultas. (…) A juzgar por las consultas y plebiscitos que más tarde haría en el Distrito Federal, da la impresión de que esas pláticas [con habitantes ancianos] tenían el propósito de confirmar para sí mismo algo de lo que ya estaba convencido” (p. 16). Todo lo cual está confirmado por las “consultas populares” que el Peje organizó para sí mismo antes de que el INE quedara constitucionalmente obligado a organizar alguna.

—“Resulta curioso que pese a la inclinación de Andrés Manuel por las consultas populares, siempre ha sido poco afecto a explicar o justificar frente a sus subordinados los motivos de sus actos” (p. 16). Y frente a los ciudadanos de la actualidad miente, sea en las “mañaneras” o con las “consultas populares” que terminan en ridiculazos como la “consulta para enjuiciar a ex presidentes”.

—“El jefe toma la decisión y la ejecuta sin dar mayores explicaciones y asumiendo (sic; quiso decir suponiendo) que todos deben compartir sus ideas y entregarse a ellas con similar pasión” (pp. 16–17). Como todos los autoritarios.

—[Tiene] “la convicción del que jura haber inventado el agua tibia” (p. 17). En la presidencia ha destruido mucho, intentado destruir más, construido muy poco que sea rescatable e inventado mucha agua tibia. Y hay muchos tipos de agua tibia. Como la mayoría de su miscelánea fiscal de este año, que no hace ninguna transformación estructural. ¿Qué más internacionalmente “tibio” que no crear ni subir impuestos a los ricos extremos? O sacar secretarías de la Ciudad de México, una idea lopezportillista de 1977.

—“López Obrador era rijoso para discutir, inflexible con sus ideas y muy poco sensible a las ideas de los demás” (p. 18). ¿Qué ha cambiado?

—“Mucho de su éxito deriva de la frustración de la opinión pública por la falta de resultados de parte del gobierno del ‘cambio’ [Fox], pero también de la insatisfacción creciente por la precaria situación económica y la inseguridad en la que vive la mayoría de la población” (p. 31). Se repitió la historia hasta que ganó la elección de 2018. Y en 2021 también se repite de otro modo: hay falta de buenos resultados de parte del gobierno del “cambio” (la “cuarta transformación” que no es), la situación económica sigue siendo precaria, y crecieron la pobreza y la pobreza extrema por las malas respuestas obradoristas a la pandemia, mientras la inseguridad rodea con más violencia a la mayoría de la población.

Por cierto, en esa página 31 se lee que “Rosario Robles se lamenta de la ingratitud del tabasqueño, pues ella había apoyado abiertamente desde su gobierno [del DF] la candidatura de Andrés Manuel y había sido una activa gestora para incorporar a organizaciones femeninas en su campaña electoral”.

—“Su equipo no es mejor o peor que el de cualquier otro gobernador (corruptos incluidos, como Bejarano o Ponce), pero los maneja con mano de hierro” (p. 32). Sin comentarios —excepto que ese paréntesis que incluye a Bejarano es de Zepeda, no mío.

—“Su principal error es considerar que comparten con la misma intensidad su pasión casi mesiánica por el compromiso social y político, lo cual lo lleva a descuidar los riesgos de malas prácticas y vicios internos” (p. 33). No lo dijo Krauze…

—“La política ha devorado todo” (p. 34). En efecto, su propia grilla está devorando su presidencia. La “politiquería” del que miente, ataca, descalifica e insulta a diestra y siniestra.

—“Ha cometido errores graves: tanto al ignorar el comportamiento delictivo de funcionarios de primer nivel como su tibieza y tardanza en condenarlos” (p. 36). Está dicho casi todo.

El Jorge Zepeda Patterson post2018 no es un analista equilibrado, es un opinador “comprometido” con el presidente contra sus críticos y opositores. Y ya que a muchos les parece lo que no es, elaboremos sobre el verdadero equilibrio del analista.

—Más “su tendencia a la confrontación y su proclividad al populismo” (p. 36). Un populismo presidencialmente revuelto dentro del priismo con derecha “mocha” y un neoliberalismo —residual en el mejor de los casos— que quiere tapar con ataques oratorios al Fondo Monetario Internacional.

Zepeda no es equilibrado, es contradictorio, y en 2021 es peor que en 2005. No es estrictamente justo y crítico; no sólo defiende, cierto, defiende y critica, pero defiende mucho más de lo que critica y sus defensas tienen poca base fáctica.

El Jorge Zepeda Patterson post2018 no es un analista equilibrado, es un opinador “comprometido” con el presidente contra sus críticos y opositores. Y ya que a muchos les parece lo que no es, elaboremos sobre el verdadero equilibrio del analista. Este equilibrio crítico no es cosa física pero sí de hechos: es una dependencia de la razón y los hechos para hacer afirmaciones públicas, una crítica que sigue al análisis y a los hechos que sean establecidos como criticables del modo más objetivo posible. No se trata de una crítica postulada con la intención de parecer serio ni basada en la mera resignación a no poder defender al 100% a tu político favorito; no es el afán de criticar un poco y defender un poco para quedar bien con alguien, ni es la búsqueda forzada de criticar y defender en las mismas proporciones. Es, insisto, un equilibrio relativo a la crítica de hechos criticables, no una cantidad proyectada o prefijada tanto de críticas como de silencios o defensas. Sobre todo, no es defender por querer defender y añadir un poco de crítica autolegitimadora. La crítica pública equilibrada no es desproporcionada ni intrínsecamente proporcional a una defensa política. Por eso dije, es cosa de hechos pero no sigue las leyes de la física. Equilibrado sobre asuntos sociales públicos es, por ejemplo, quien no deja de criticar lo que puede y debe criticar por hechos y no critica lo que no puede criticar por ellos.

Zepeda no es equilibrado, es contradictorio, y en 2021 es peor que en 2005. No es estrictamente justo y crítico; no sólo defiende, cierto, defiende y critica, pero defiende mucho más de lo que critica y sus defensas tienen poca base fáctica: dependen más de las supuestas buenas intenciones de “Andrés Manuel”, de los males de los gobiernos anteriores y de los defectos de la oposición actual, y desde 2005 a la fecha omite mucho. No está defendiendo al presidente con base en suficientes hechos y deja de criticar muchas cosas criticables. Igual a: Jorge Zepeda no tiene el equilibrio del que hemos hablado.

Pensándolo bien… Zepeda es un obradorista agónico, es decir, angustiado, más o menos apenado, afligido, apocado respecto a otros obradoristas, en conflicto consigo mismo, no propiamente orgulloso, sin optimismo invulnerable. Nunca ha caído en el fanatismo, pero no resiste el impulso de sus emociones hacia López Obrador, aunque aún tiene el pudor de no quedar en ceros empíricos. Intenta compensar por su obradorismo “serio” pagando una cuota de objetividad o alineación de (algunos) dichos a (algunos) hechos. Esa cuota era menor en 2018 que en 2005 y el presente año ha variado. La cuota se ha hecho más o menos volátil. A veces parece marcar distancia, pero sigue siendo obradorista. Otro tipo de obradorista. Aunque hechos para el auténtico aggiornamento crítico no le faltan… ®

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Publicado en: Política y sociedad

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