Los ochenta de Paul McCartney

Y sigue tan campante

Hoy cumple ochenta años uno de los músicos que revolucionó el mundo. ¿De dónde surge esa enorme creatividad, sus letras, sus melodías?

Paul McCartney. Foto © Keri Butcher.

¿Cómo podemos definir a Paul McCartney? Tal vez es un genio adelantado a su época o un suertudo que estuvo en el lugar y el tiempo adecuados para destacar. Puede que un poco de las dos.

Es probable que la pérdida de su mamá Mary a los catorce años haya sido el Big Bang que detonó el McCartney que conocemos, al igual que la trompeta que le obsequió su papá Jim en su decimocuarto cumpleaños, que después Paul intercambió por una guitarra acústica Zenith.

El inicio de su carrera como compositor fue con su dulce —y a la vez triste— canción “I Lost My Little Girl”, desde ahí ya se estaban forjando canciones memorables como “When I’m Sixty–Four”, que salió de la cabeza de Paul en 1956, pero fue terminada hasta 1967, ya con The Beatles.

Imposible dejar de lado la dupla que hicieron Paul y John Lennon en The Beatles —por supuesto, George y Ringo complementan la ecuación— para formar la pareja de compositores más exitosa e importante de la música, la facilidad con que se sentaban los dos a crear el siguiente éxito de Billboard era única, cuando uno de los dos despertaba con la letra o la melodía y la completaban con la ayuda del otro.

Dependiendo el día, podemos elegir una canción, de acuerdo con nuestros recuerdos y estado de ánimo, como la mejor composición de Paul McCartney, pero se puede reducir la lista a una sola: “Mull of Kintyre”.

La simpleza de escribir memorias que llevan a un recuerdo que te marcó.

De tener distintos instrumentos y que entre ellos se complementen para conmoverte.

La esperanza de que puedes conseguir por ti mismo lo que necesitas.

Que hay días malos, que son necesarios para aprender, y que los buenos son para repetir.

El recuerdo es lo único que podemos llevar a todos lados, Paul nos los da en cada uno de sus discos.

Hoy todos quisiéramos ver a ese chico que cantaba con fuerza “Can’t Buy Me Love” en 1964; ya no lo es más en voz, pero el sentimiento continúa cada vez que sube al escenario y ve que decenas de miles estamos al borde de las lágrimas cuando aparece con su Höfner 500/1.

Puede ser que a la mayoría no nos conozca de manera íntima, pero nosotros se lo hemos permitido cada vez que su música nos acompaña en nuestros más tristes y hermosos momentos.

Paul le ha dado distintos significados a la vida y nos ha mostrado cómo dar amor a los demás.

Tal vez para muchos son sólo tontas canciones de amor, pero la simpleza con la que en tres minutos define algo con sus composiciones te habla de la sensibilidad con la que percibe el mundo, y por eso nos sentimos identificados con ellas. Y eso es lo que lo hace tan especial.

La vida de Macca y su música está marcada por tres pilares: amor, familia y hogar.

Quién sabe cuánto tiempo más se quede Paul en este mundo material, aunque es lo que menos se piensa, porque disfrutamos que sigue haciendo música e interpretando en vivo los más hermosos himnos que se han escrito en la historia.

Somos afortunados de vivir en el mismo momento que Sir James Paul McCartney, una persona que se ha dedicado a relatar la vida con música.

Paul le dio un nuevo sentido a la forma de hacer música, a resaltar y darle complejidad a la composición lírica e instrumental y, con ello, industrializarla y hacerla rentable. Con él comenzó la música como la conocemos hoy.

Ese niño de Liverpool que tenía el sueño de escribir y tocar la guitarra se convirtió en uno de los más grandes músicos en la historia de la humanidad.

Feliz cumpleaños ochenta, Paul.

“Nights when we sang like a heavenly choir of the life and the times of the Mull of Kintyre.” ®

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Publicado en: Música

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