Mario, Yuri y las distancias pulverizadas

Las historias detrás de la foto de la semifinal entre croatas e ingleses

Los croatas se tiran al suelo, locos de alegría, y se llevan por delante las vallas publicitarias. Detrás de éstas hay un grupo de fotógrafos entre los que se encuentra Yuri Cortez, quien no despega el dedo del obturador.

Cuando el DT lo cambia él no va al banco de suplentes. Se va al vestuario. Un tatuaje dice “Lo que no me mata, me hace más fuerte”. Para el hombre de mirada cristalizada el campo de juego es “un anfiteatro moderno”. Da un beso al cielo. Es el pibe que huyó en medio de la guerra de los Balcanes junto a su familia buscando refugio en Alemania. Huida. Retorno a Slavonski Brod, a doscientos kilómetros de Zagreb. Y luego, Europa. Europa entera de goles a un toque. Mario, ahora tiende su mano y la mano cruza un continente.

Flash. La otra mano cliquea. Una mano que tiene un pasado y un origen en los conflictos sociales de El Salvador. Una infancia marcada por el conflicto armado en el que se reclutaban a jóvenes para llevarlos a la guerrilla. La censura empujó a Yuri a estudiar periodismo. Crímenes, conflictos y viajes. El fotógrafo se muda a Perú para cubrir el golpe de Estado del presidente Alberto Fujimori. Coches bomba, violencia, clic. Más guerras: Jerusalén, Irak y Afganistán. Sepulcros. Gabriel García Márquez y Juan Gabriel.

Mario grita desaforado. Yuri está atento. Hay una montaña de gente haciendo historia. La montaña se desmorona. Yuri está debajo de la montaña. Es parte de ella. Mario y Yuri se encuentran un segundo que será la historia. Ambos lo saben. Y el universo se congela para siempre. Porque dos mundos no necesariamente son dos elementos opuestos o antagónicos. Dos vidas son una en el mismo mundo de las distancias pulverizadas. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas

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