Muestras de mierda

Una reflexión sobre arte conceptual y políticas culturales

Si el arte contemporáneo es aquel que cuestiona sus límites, el arte conceptual será el que cuestione los sistemas.

El sistema educativo está lleno, fundamentalmente, de procesos de enseñanza cuya lógica es justamente la del docente y, en muchos casos, no guarda ninguna relación con la utilidad o el sentido para quien aprende. El sistema se transformó en una razón en sí misma y se enseña lo que dice el programa, como dice el programa, y por la sencilla razón de que así cobrarán los docentes y pagarán los alumnos.

Como anécdota personal recuerdo haber rendido en condición de alumno libre (suena bonito pero es castigo) el último año del colegio secundario y, enfrentado al programa de física, descubrí que las últimas bolillas de la materia abordaban el (¿cómo llamarlo? ¿desactualizado?) tema de la “posible vida lunar”. Aclaro que no era 1969 ni 1970, sino 1993. Pero al consultar cómo se abordaba el asunto se me informó que debía estudiar estas hipótesis ya que el programa del colegio había sido escrito en 1965 y ésas eran las reglas. Aprobé gracias a Galileo, Copérnico y Newton.

Así como uno las ve, las maestras —salvo mi abuelita, claro está— y las políticas educativas han sido muy promiscuas con preferencia, para el ejercicio de esa promiscuidad, de los ámbitos culturales donde también puede observarse el mismo grado de cabezonería: “Ingrese usted su pieza artística por esta política cultural y nosotros nos ocuparemos de devolverle un expediente. Nada tiene que ver con el arte, con las experiencias culturales, pero en sí mismo todo el proceso tendrá mucha lógica.

Incluso le podemos garantizar sellos en varios folios”.

En este contexto, el arte conceptual, aquel de las ideas hechas obras (y me hubiera gustado dejar un error tipográfico bonito: “ideas hecha sobras”) gozará de cierto espacio en la medida en que su envoltorio minimalista funcione adecuadamente como maquillaje para un museo. Pero ideas y política cultural parecieran ser una conjunción difícil.

En cierta medida

En cierta medida, el problema alrededor de un lugar genuino para estas experiencias artísticas, especialmente en el entorno latinoamericano, no viene del espacio que tienen, claro, algunos artistas bien rankeados, sino de la forma en que se aborda: se diseñan muestras de arte conceptual con las mismas herramientas metodológicas, museísticas o de programación que las utilizadas para presentar objetos, artesanías, música pop, diseño de indumentaria o piezas paleontológicas. Si no hay vida en la luna, da igual que si la hay porque ideas o jarrones, acá se muestran así.

Se diseñan muestras de arte conceptual con las mismas herramientas metodológicas, museísticas o de programación que las utilizadas para presentar objetos, artesanías, música pop, diseño de indumentaria o piezas paleontológicas. Si no hay vida en la luna, da igual que si la hay porque ideas o jarrones, acá se muestran así.

Las políticas culturales herramentalizadas para funcionar como florituras de las otras acciones de un gobierno son confeti y un estante ingenioso, pero jamás llegan a la ciudadanía y, en todo caso, sólo consiguen profundizar la brecha entre aquellos pocos entendidos en arte y el enorme resto de asistentes que se auto-excluyen o se inventan verdaderos delirios lisérgicos frente a las propuestas conceptuales.

Dice José Texeira Coelho en el Diccionario crítico de política cultural [Gedisa, 2009] que la idea “de que lo bello es patrimonio de la sociedad y la humanidad, aparece claramente en un decreto de la asamblea nacional francesa … de 1792”, y poco antes el mismo autor dice que el objeto de las políticas culturales es que un “número siempre mayor de personas tengan acceso a un número cada vez más grande” de obras de arte.

Dado que aprobé física y conozco las teorías de los primeros sesenta sobre los habitantes de la Luna, me siento en condiciones de formular la siguiente pregunta del mismo lustro: ¿Cuánto esfuerzo estatal se deberá destinar, pues, a que los ciudadanos entiendan la mierda de Piero Manzoni? Porque verla, la verán todos, además queda lindo y hasta es graciosa, descontando que conseguirá mucha prensa. Pero si el arte contemporáneo es aquel que cuestiona sus límites, el arte conceptual será el que cuestione los sistemas.

Orham Pamuk, en El Museo de la Inocencia, dice que “los objetos que nos quedan de los momentos felices guardan con mucha más fidelidad que las personas que nos hicieron vivir esa dicha el placer de su recuerdo, sus olores, sus impresiones táctiles y visuales”. Y aunque pareciera contradictoria la cita, o demasiado certera en el caso de Manzoni, la tomo para ilustrar mi frustración si se reemplaza el termino objeto por la palabra idea. ®

Compartir:

Publicado en: Arte contemporáneo, Destacados, Julio 2011

¿Quieres apoyar el proyecto de Replicante? Aquí puedes donar desde un dólar mensual:
patreon.com/replicante

Suscríbete gratis a Replicante:

Aquí puedes Replicar

¿Quieres contribuir a la discusión o a la reflexión? Publicaremos tu comentario si éste no es ofensivo o irrelevante. Replicante cree en la libertad y está contra la censura, pero no tiene la obligación de publicar expresiones de los lectores que resulten contrarias a la inteligencia y la sensibilidad. Si estás de acuerdo con esto, adelante.