The Multiversity de Grant Morrison

Cómo entender los universos paralelos en el cómic

The Multiversity presenta la idea del multiverso tal y como es: un pórtico que manda a la búsqueda de conexiones entre lo mundano y lo fantástico, lo material y lo mental, lo propio y lo externo, lo racional y lo espiritual.

Cuadro de Multiversity, de Grant Morrison.

Desde hace milenios mirar hacia la bóveda celeste ha ejercido sobre el ser humano una fascinación que lo arranca de sí mismo, lo hace preguntarse por su ser en el mundo y por su propia naturaleza. La contemplatio dirigida a las estrellas nos permite soñar y reinterpretar esos sueños a modo de respuesta, y quizá una de las más populares en los últimos años sea la que ofrece el mundo del cómic: el universo no existe, lo que existe es el multiverso.

De la mano de la DC y Marvel hemos visto y oído mucho sobre este tema, pero ¿a qué se refiere exactamente? ¿Es ficción, o la ficción se apropió de ella?

Las raíces del multiverso pueden rastrearse en la historia de la filosofía y la teología. En líneas generales una de las primeras menciones a esta idea puede ser encontrada en los Diálogos metafísicos (1584) de Giordano Bruno y posteriormente en el “Principio de razón suficiente” (1711) de Gottfried Leibniz. El breve texto de William James Is Life Worth Living? (1895), sin embargo, es el que marca el inicio del multiverso como concepto. Finalmente, recobra relevancia como tópico científico y ficcional a partir de los años sesenta con la re–publicación de la tesis doctoral del físico Hugh Everett III, The Many–Worlds Interpretation of Quantum Mechanics (1973).

La premisa de Morrison en esta obra pretende aturdir al discurso científico desde sí mismo presentando una realidad mayor que lo supera: si se quiere comprender el multiverso la ciencia no basta, necesita de las humanidades y de las artes también.

Como vemos, pensar en otros universos no sólo es antiquísimo, sino que tampoco es un tema propio de ninguna disciplina. Por tal motivo, considerar al multiverso un artificio propio de la ciencia ficción o meras abstracciones de la cosmología sería imprudente. Desde sus orígenes imaginar otros mundos ha sido un tema transversal a cualquier disciplina, y por ello podemos describirlo como un tipo de “conciencia fenoménica” (la experimentación subjetiva de los fenómenos del mundo) que lo hacen un icono cultural.

De ello se han servido la DC y Marvel pues, sea a través de imágenes o letras, han presentado al gran público la idea de otros universos como una temática divulgativa capaz de congregar a la física con la filosofía, pero también con las matemáticas, la psicología y la literatura. Una de las obras de cómic que mejor condensan en sus páginas la idea de multiverso es, sin duda alguna, The Multiversity (2014–2015) de Grant Morrison, como desarrollo en mi libro What if a Multiversity… Literatura y ciencia en la obra de Grant Morrison (Marmotilla, 2019). La premisa de Morrison en esta obra pretende aturdir al discurso científico desde sí mismo presentando una realidad mayor que lo supera: si se quiere comprender el multiverso la ciencia no basta, necesita de las humanidades y de las artes también.

The Multiversity intenta confirmar cómo ante un fenómeno que supera las expectativas de la realidad, un nudo gordiano, la metodología de un discurso racional —sea cual sea— será incapaz de dar una explicación si se encuentra aislada de la imaginación. Así, este cómic representa el multiverso desde una de sus cualidades predominantes, la sensación de infinito; sea a partir de la recursividad, la autorreferencia, la falta de límites o las fuerzas opuestas y complementarias que, finalmente, forman el todo. Si el multiverso es un infinito bucle, entonces debe estar vinculado necesariamente a un pensamiento ético. Así pues, en los principios de generación y transformación que existen en The Multiversity, también hay una implicación simbólica con la idea del superhéroe como modificación de la subjetividad que nos invita a reconsiderar nuestro propio “universo” como una experiencia social y ética.

Bajo todas estas referencias The Multiversity sirve para demostrar que la idea de multiverso no es un concepto, temática o idealización abstracta de algo que, por ser tan inmenso, sobrepasa nuestra humanidad. Por el contrario, es su misma cualidad de “inconmensurabilidad” la que nos revela y nos reformula —de forma paradójicamente cercana— aquello que nos hace tan humanos.

The Multiversity también deja un importante espacio a demostrar que la intuición es uno de los componentes más importantes para definir el multiverso, en tanto demostración de cómo la mente humana y las colectividades pueden comprender estructuras que, en realidad, son inconsistentes. En otras palabras, la intuición produce invenciones que dejan fuera a los procesos lógicos; de tal manera la imaginación es capaz de invadir a la ciencia en un acto similar al de la literatura. Así, la intuición en The Multiversity se desprende de objetos o sucesos mínimos que, de no ser percibidos, serían engullidos por la racionalidad y la lógica, a saber, se esfumarían sin reparar en ellos. Por eso funcionan como portal, fuente de develación, llaves mágicas o incluso piedra filosofal. Definitivamente, los objetos son formas mítico–mágicas que conectan a los personajes con una realidad insondable, como símbolos de un tiempo y un espacio que de otra manera serían inaccesibles.

The Multiversity presenta la idea del multiverso tal y como es: un pórtico que manda a la búsqueda de conexiones entre lo mundano y lo fantástico, lo material y lo mental, lo propio y lo externo, lo racional y lo espiritual; dualidades que cumplen una función estructural de duplicación. Finalmente, sólo resta decir que The Multiversity se opone a los sistemas cerrados y a la planificación, y es que, como la idea de multiverso misma, no existe una supuesta integridad ni un supuesto diseño total. Si esta afirmación plantea paralelismos con cómo concebimos nuestras comunidades o incluso nuestra misma individualidad, no es fortuito. El diseño de nuestro espacio es, invariablemente, el diseño de nosotros mismos. Las características físicas que le demos al espacio que nos contiene, sea la idea del universo o del multiverso, definitivamente transgreden nuestras relaciones más humanas, más espirituales.

Ésta es una de las grandes aportaciones del multiverso y de The Multiversity: en el proceso de descubrir otro universo las relaciones causa–efecto se ven alteradas, las formas sociales, visuales y personales se transforman de acuerdo con posibles variaciones fortuitas. The Multiversity nos enseña que la forma incompleta permite crecer y, por ello, es un credo creativo; quizá podríamos sumar, un credo cosmológico. ®

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Publicado en: Cómic

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