Una novela–performance

El cuerpo de Giulia–no, de Jorge Eduardo Eielson

Más que como una novela, hay que entender este libro como un performance, a los cuales Eielson no era ajeno.

Jorge Eduardo Eielson. Fotografía tomada de The Clinic.

En la década de los años cincuenta Jorge Eduardo Eielson (Lima, 1924–Milán, 2006) escribió gran parte de su obra literaria, entre ellas la novela El cuerpo de Giulia–no (Joaquín Mortiz, 1971), la cual no hubiera visto la luz si no fuera por la insistencia de Octavio Paz para que Eielson la publicara en México pues éste, en sus palabras, no escribía para publicar. Cuenta, en una entrevista con Julio Ramón Ribeyro, que la novela original era una masa de más de seiscientas páginas de la cual extrajo las más legibles para su publicación, cosa con la cual tampoco se sentía contento.

Eso podría explicar, al menos en parte, la estructura del libro. La novela comienza con Eduardo, el narrador, que visita la morgue para identificar el cuerpo de quien en vida sería su amante (“¿Qué cosa fuimos, Dogaresa? ¿Amantes acaso? Entre tantos verbos inútiles, ¿recordarías el verbo amar?”). Verla tendida en la cama de mármol detona en el protagonista una explosión de recuerdos que carecen de orden temporal. La narración parece un soliloquio en el que Eduardo entremezcla aspectos de su niñez en la selva peruana, la relación homoerótica con su amigo Giuliano (quien comparte grandes similitudes físicas con Giulia), así como su vida en pareja con ella.

La narración parece un soliloquio en el que Eduardo entremezcla aspectos de su niñez en la selva peruana, la relación homoerótica con su amigo Giuliano (quien comparte grandes similitudes físicas con Giulia), así como su vida en pareja con ella.

Una serie de aliteraciones adornan la prosa poética con la que Eielson desarrolla el texto. Algunas de ellas componen capítulos enteros, otras, como el rito de Giulia para encender cigarrillos o preparar el café, trascienden capítulos. Esta acción alcanza su punto máximo en uno de los capítulos finales, en el que varios de los personajes importantes aparecen en la habitación donde vivían Eduardo y Giulia, como en una puesta en escena. La entrada de cada uno de estos personajes se anuncia con pasos en la escalera y unos golpes a la puerta, a lo que el visitante previo responde abriéndola. Este momento de la novela es, sin duda, el que enmarca de mejor manera la temporalidad de la narración, la cual no es lineal ni secuencial, sino una especie de saltos en la memoria del narrador, los cuales se imbrican en esta escena en particular.

La acción del recuerdo funciona como un leit motiv durante la novela, que dejan la sensación de déjà vu, siendo éstos el núcleo estructural del libro. Los ritos y las ceremonias repetidas a lo largo de la narración establecen su naturaleza temporal, dando a entender que el tiempo no trascurre en la novela, sino que más bien es una serie de pensamientos que ocurren mientras Eduardo identifica el cuerpo de Giulia.

Más que como una novela, hay que entender este libro como un performance, a los cuales Eielson no era ajeno. La forma vanguardista en la que monta los 22 capítulos, utilizando una prosa empapada de poesía y un orden espacio–temporal entrópico, convierten El cuerpo de Giulia–no, a pesar del desdén del autor, en una pequeña joya literaria un tanto desconocida de la literatura latinoamericana del siglo XX. ®

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Publicado en: Éstos son nuestros papeles

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