Vivir a pesar del pánico

Pánico o peligro, de María Luisa Puga

Susana vació su vida en más de diez cuadernos para contársela al hombre que amaba, sólo que en el proceso se apasionó por su pasado y por su futuro.

María Luisa Puga.

Ésta es la historia que nos cuenta María Luisa Puga (Ciudad de México, 1944–2004) en su libro Pánico o Peligro (1983), que nos lleva por un viaje de autoconocimiento, reafirmación, dolor y búsqueda.
Esta historia arranca con la primera infancia de Susana, una joven nacida en la Ciudad de México en el seno de una familia de clase trabajadora en la década de los sesenta.

Narrada con una familiaridad capaz de crear imágenes, olores y sensaciones, presenta con lujo de detalles sus primeros recuerdos, la casa familiar, sus padres, un hombre que toda su vida trabajó en Teléfonos de México y una mujer abnegada, que llegó desde provincia y siempre vivió para su esposo y su única hija.

Susana no tiene hermanos, así que crece junto a sus tres amigas de la escuela y forma con ellas un vínculo que la acompañará hasta su vida adulta: Lourdes, la temperamental, ávida lectora y líder del grupo; Socorro, la más agraciada físicamente, coqueta, pero un poco tonta, y Lola, la más maternal del grupo.

Al tiempo que conocemos detalles de su casa, sus caminatas por su colonia en la capital, Susana refleja su interés por observar cómo transcurre la vida en una gran ciudad, el paso de los autos por las avenidas, la gente que habita una urbe vibrante y que construye su futuro lo mismo vendiendo taquitos en una esquina, manejando camiones, limpiando vidrios o viajando en camión.

Susana no tiene hermanos, así que crece junto a sus tres amigas de la escuela y forma con ellas un vínculo que la acompañará hasta su vida adulta: Lourdes, la temperamental, ávida lectora y líder del grupo; Socorro, la más agraciada físicamente, coqueta, pero un poco tonta, y Lola, la más maternal del grupo.

Con la familiaridad que da escribirle a alguien a quien se quiere, la protagonista abre su corazón y cuenta pormenores importantes de su niñez, su adolescencia y su etapa adulta a un hombre del que está enamorada.

Susana no quiere ser escritora, esa labor se la deja a Lourdes; eso de escribir en varios cuadernos importantes momentos de su vida es un ejercicio de amor que realiza por las madrugadas para que su pareja la conozca mejor, aunque por momentos piensa que es una labor que hace para ella misma y, de “rebote”, para él, todo con la idea de que la vea como era antes.

A estas alturas del libro aún estamos en el primer cuaderno, se pudiera creer que las palabras “pánico” y “peligro” no corresponden a lo que vive un grupo de jovencitas que no saben si estudiar comercio o preparatoria, pero no es así…

La autora nos muestra la relación estrecha, aunque un poco distante que la protagonista tiene con sus padres, las idas al cine y a comer churros, sus caminatas por Insurgentes y por lugares bellos que tiene la Ciudad de México; son los detalles y las referencias comerciales y geográficas las que nos transportan y nos dan la sensación de que esta jovencita lo tiene todo. De pronto, su mundo se trastoca con la muerte de su padre, uno de los muchos cambios que cimbrarán su vida y en el que la acompañarán, como siempre, Lourdes, Socorro y Lola.

Al quedar solas madre e hija entran en un proceso de tristeza, soledad y silencio. Alentada por Lourdes, que se vuelve más cercana, Susana decide ir junto a su mamá de vacaciones a San Blas, en Nayarit, de donde es originaria.

Ese viaje le abre otro panorama a la joven que sólo conoce algunos lugares de la Ciudad de México y que nunca había salido de vacaciones, mucho menos a la provincia y en tren. Así, algo que para todos pudiera ser común acelera un proceso en la vida de Susana y la vida y el mar le presentan a su primer novio, Mateo. De igual forma le muestra de forma más cercana a su mamá, que parece siempre ajena a ella.

Con reflexiones sobre la familia, las distancia emocionales y físicas, Susana enfrentará otro duro golpe en su vida al perder a su mamá, que no soporta la ausencia del padre y poco a poco se extingue, se deja morir.

De pronto tiene casi veinte años, ha quedado huérfana, sola y enfrenta las decisiones fuertes que una persona debe tomar. Son sus amigas, que se convierten en su familia por elección, las que la acompañarán de ahora en adelante y que le darán importantes lecciones de vida.

Con un tono muy agradable y sincero, como si lector y personajes nos conociéramos de toda la vida, María Luisa Puga nos coloca en primera fila junto a esta reflexiva joven a la que pareciera que todo le da igual, y vemos los cambios que se dan en su vida, pues ya es secretaria y experimenta noviazgos —intensos, idealistas y un poco tóxicos— y diferentes trabajos —las descripciones de las oficinas, los jefes y compañeros de trabajo son variadas y muy divertidas.

Hay un personaje importante en este libro y tiene relación con los ideales, los miedos, los descubrimientos y los procesos de esta chica y es el México que no se ve, ése en el que habitan los desprotegidos, los discriminados, los desaparecidos, las víctimas de la violencia, los que no tienen acceso a la educación de calidad, a un mejor futuro, los despreciados por su color de piel. En la historia es el personaje de Arturo el que provoca ese despertar de Susana a la conciencia social, a la realidad más allá de la belleza de la Ciudad de México.

Sin afán de contar qué más sucede en Pánico o Peligro y con el deseo de que como lectores hagan este viaje por las decisiones, los miedos y las pasiones de Susana, dejo una pregunta que me hice mientras leía este libro: ¿Vivimos entregados a cumplir nuestros sueños, a enfrentar nuestros miedos, o hacemos como que vivimos y tan sólo somos espectadores de la vida? ®

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Publicado en: Éstos son nuestros papeles

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