Vuelvo al sur

La música del fin del mundo, de León Plascencia Ñol

Plascencia Ñol es un poeta que incursiona en la novela con un lenguaje poético, amplio y firme, y me parece que la poesía también es un punto de fuga que el autor utiliza para volver y descansar en sus terrenos.

León Plascencia Ñol.

La música del fin del mundo (Salto de Página, 2019) es la primera novela del escritor jalisciense León Plascencia Ñol, quien ha dedicado gran parte de su impulso creativo a la poesía y que ahora se adentra en la narrativa de largo aliento con esta obra que, a manera de diario personal, permite asomarse un poco al interior de un hombre atormentado por los recuerdos y el amor.

La historia comienza así: una pareja vuela de Seúl a Buenos Aires para instalarse una temporada en la ciudad sudamericana. Él es un artista plástico mexicano que debe entregar dos piezas a una galería de arte, de ahí la razón de su viaje. Ella, una diseñadora de modas que lo acompaña por esos sitios que una década atrás formaron parte de la vida de él. Ésta es una historia del reencuentro con Buenos Aires y ella está presente en ese reencuentro hasta que algo la aparta.

La novela es un diario personal que se inicia en un jueves de cierto mes del verano sudamericano; no sabemos en qué fecha exactamente empieza a contarse esta historia, pero sabemos que avanza por el día de semana en la que suceden las cosas. Día tras día, Fuzzaro nos lleva de la mano hacia sus adentros, a su mente; hacia las alucinaciones sonoras de un artista plástico en vilo, la mayor parte del tiempo en estado de alerta, que vive con esa sensación permanente de que algo suyo le será arrebatado.

Pero, sobre todo, Fuzzaro nos lleva hacia lo que siente por la mujer a la que ama, Hye, una coreana que también lo ama él y al mismo tiempo ama a otro hombre que está lejos, en Corea. Es una relación de tres en la que todos saben lo que pasa y aceptan esas condiciones del poliamor con la idea constante de que será efímero y endeble, hasta que un día un mínimo suceso acabe con ello. Es así como un accidente adelanta el regreso de Hye a Corea, y Fuzzaro se ve obligado a lidiar solo consigo mismo hasta que encuentra a Luciana.

Fuzzaro nos lleva hacia lo que siente por la mujer a la que ama, Hye, una coreana que también lo ama él y al mismo tiempo ama a otro hombre que está lejos, en Corea.

En este diario Fuzzaro cuenta sus obsesiones, recuerdos y todo aquello que viene con la imposibilidad de dormir. Al mismo tiempo deja saber cómo todo esto que lo atormenta se diluye en la cama, en el sexo duro, intenso, como un punto de fuga. Fuzzaro nos acerca a su mente, pero no nos deja ir más allá para entender el verdadero origen de aquello que lo atormenta.

La música del fin del mundo es un recorrido por Buenos Aires, la ciudad en la que el autor vivió una temporada; es una novela impregnada de tangos, de arrabales, de alcohol, drogas y prostitutas, de la vida del artista que muchas veces el aspirante a artista desea, aunque en otro momento esa vida se vuelve contra él.

León Plascencia Ñol es un poeta que incursiona en la novela con un lenguaje poético, amplio y firme, y me parece que la poesía también es un punto de fuga que el autor utiliza para volver y descansar en sus terrenos. ®

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Publicado en: Éstos son nuestros papeles

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