W. G. Sebald y la memoria

Representar lo irrepresentable

La visualización narrativa de las experiencias de la vida y el sufrimiento humano, la destrucción y el desencanto de la razón y la modernidad incluidas resultan en los motivos y los temas que nutren los pensamientos del narrador alemán.

W. G. Sebald

Winfried Georg Maximilian Sebald nació en 1944 en Wertach, Baviera. Su padre se unió a la Reichswehr en 1929, miembro de la Wehrmacht y prisionero de guerra hasta 1947. W. G. Sebald tuvo acceso a imágenes del Holocausto en la escuela en Oberstdorf, donde se preguntó: ¿Cómo poder entender y explicar las imágenes que había visto? W. G. Sebald murió en diciembre de 2001 en un accidente automovilístico cerca de Norwich. Sufrió un aneurisma antes de que su auto se estrellara con un camión al otro lado de la carretera.

Sus temas giran en torno a acontecimientos traumáticos ocurridos en la Segunda Guerra Mundial, no obstante no haberlos experimentado en carne propia. El dolor, la destrucción, la memoria partida y la culpa producidos por la guerra le invaden y le persiguen, produciendo una tensión permanente entre ficción y realidad.

Después de la reunificación alemana (1989), la llamada Erinnerungsliteratur (literatura del recuerdo) ha tratado de lidiar con el pasado, en especial con el nacionalsocialismo. Sus miembros —W. G. Sebald entre ellos— han intentado darle cauce a esas experiencias traumáticas por medio de la literatura de modo que no pierdan la capacidad ni la posibilidad de recuperación, impidiendo su caída en el olvido.

La visualización narrativa de las experiencias de la vida y el sufrimiento humano, la destrucción y el desencanto de la razón y la modernidad incluidas resultan en los motivos y los temas que nutren los pensamientos del narrador de Die Ausgewanderten (1994), Die Ringe von Saturn (1995) y Austerlitz (2001). En esta última aborda la cuestión de la fatalidad en la historia y el desastre reflejados en la biografía de un desarraigado judío emigrante que huye de los nazis. Por otra parte, en el ensayo LuftKrieg und Literatur (1999), Sebald plantea la tesis de que la literatura alemana de posguerra apenas se ha ocupado del trauma experimentado por el sufrimiento de las personas durante los bombardeos de la Segunda Guerra, tesis que generó debates y controversias.

La peculiaridad de los textos de Sebald no es sólo reflejo de la literatura sobre las limitaciones de la representación y de la experimentación narrativa, sino de las mismas fotografías incorporadas en los textos, con frecuencia fragmentarias, desgastadas, desenfocadas, anónimas, similar al estado que guardan los recuerdos…

Bertolt Brecht, a mediados del siglo pasado publicó sus “Apuntes sobre la guerra” o Kriegsfibel, en el que utiliza imágenes referentes a escenas de destrucción y muerte obtenidas en el escenario de la guerra en diferentes frentes, añadiendo en la parte inferior versos breves compuestos por él mismo, que como en Die Ausgewanderten (1994) no necesariamente servían para explicar —y mucho menos aclarar— el contenido y el sentido de las imágenes que integraban la obra. La concepción estética de Sebald —aunque distinta a la de Brecht— recurre a la estrategia artística de intermedialidad en cuanto al empleo, posición y complementariedad relativa entre texto e imagen.

La peculiaridad de los textos de Sebald no es sólo reflejo de la literatura sobre las limitaciones de la representación y de la experimentación narrativa, sino de las mismas fotografías incorporadas en los textos, con frecuencia fragmentarias, desgastadas, desenfocadas, anónimas, similar al estado que guardan los recuerdos, las reminiscencias y las vivencias que se reproducen a través de las imágenes individuales, donde ficción (narrativa e imágenes) y realidad (la Segunda Guerra Mundial) se entretejen para darle verosimilitud al relato literario. Si los personajes descritos textualmente o mostrados en las imágenes que aparecen en las obras pertenecen o no en realidad a las personas que allí se narran, no es algo que en realidad sea relevante para efectos del objetivo temático y el resultado final de la obra; sí lo es, en cambio, para que las metáforas temporales y espaciales funcionen. Por ejemplo, en Die Ausgewanderten (1994), cuando la narración se desarrolla en el diálogo entre el narrador y protagonista del relato en compañía de ciertas imágenes y descripciones acerca de ciudades como Jaffa, Jericó y Damasco, que en la Antigüedad lucieron majestuosas, ricas y llenas de vida y hoy yacen convertidas en ruinas como resultado de la violencia de la guerra, tal como el narrador homodiegético–protagonista nos describe —una imagen que acompaña el relato— una fábrica vieja y humeante de Manchester, fácilmente asimilable a las chimeneas e instalaciones de un campo de exterminio como Auschwitz.

Las imágenes montadas en el texto narrativo parecen haber sido desincorporadas de un orden previo a aquél en el cual cobraron vida originalmente para montarlas en otro orden de inteligibilidad y legibilidad distinto, con su carga ética y política del mundo. Al momento de hacerlas acompañar con sus propios textos poéticos induce a otro tipo de reflexión y espacio de memoria distinto, en el que el tiempo y el espacio ven reducida la oscuridad en la cual se encuentran sumidos, abriendo un margen de recuperación, reescritura y reelaboración de los hechos del pasado en el presente, oponiéndole resistencia al olvido accidental, ideológico y político.

Las acciones, las voces y los contactos sociales de los sujetos gramaticales parecen impulsados desde las cavernas de sus propios pasados reprimidos, posicionados liminalmente en la orilla del olvido entre el aletargamiento de una vida que ya no es vida y la deriva imposible del olvido voluntario y consciente. Al intentar avivar el recuerdo, recuperar y reconstruir la memoria de lo irrepresentable, W. G. Sebald se adentra en la interioridad y conciencia del otro, impulsando la continuidad narrativa que su escritura requiere, y deconstruyendo y reterritorializando biográficamente las historias y las memorias de los protagonistas como compensación por el exilio y la pérdida, borroneándose las diferencias nunca claras entre imaginación y experiencia, entre testimonio y ficción, apareciendo la ciudad de Manchester como la Polonia ocupada del pasado y la habitación del hotel en el que se aloja —austera y oscura— al ghetto. La cual, por cierto, fue durante el siglo XIX receptora de gran cantidad de migrantes judíos y alemanes.

Los recuerdos, las memorias y la historiografía de los eventos históricos comprendidos en la obra del escritor alemán, a pesar de su singularidad, no se han museificado del todo, no importa cuántos memoriales, museos del Holocausto y de la Tolerancia se edifiquen, como tampoco aquellos que plasmados en fotos, en el cine y otros dispositivos regurgitados por la “cultura global” del mainstream y Hollywood se reproduzcan ad nauseam y ad infinitum, el tema y las heridas siguen abiertas, y en gran parte porque hechos, si bien no del todo idénticos, continúan repitiéndose en la misma línea de destrucción masiva en el planeta en distintas magnitudes y alcances espacio–temporales: los Balcanes, Vietnam, la guerra capitalocentrista en contra de los pueblos originarios, Ucrania, el Gulag, el Kurdistán, Ayotzinapa, Tlatlaya, los feminicidios y las desaparición forzadas en México y en Colombia, que en estos dos últimos casos alcanzan cifras similares a las que podrían contabilizarse en una guerra civil.

La recuperación de la memoria como gesto ético, político y ciudadano por excelencia exige posicionar la mirada de manera crítica y compleja allí donde la injusticia, la violencia y la impunidad se asoman. La destrucción que la violencia y la desaparición forzada producen en sus víctimas: los desaparecidos mismos, de sus familiares, de las comunidades y sociedades donde esto sucede y de los autores materiales e intelectuales en su papel de victimarios son un círculo vicioso que tiene que ser interrumpido hasta cobrar una dialéctica o negatividad otra, que comience por la recuperación del recuerdo, el tratamiento del trauma y la reconstrucción de la memoria doliente para que no se olvide que la justicia es primero, o no habrá libertad ni paz. ®

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Publicado en: Ensayo

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