Zapata, Tom de Finlandia y Rob Halford

Mexicanos talibanes

¿Les ofende un Emiliano maricón? Oféndanse por la miseria en que yace el campo mexicano desde hace décadas, por el fracaso histórico del reparto agrario, el ejido y otros mantras del legado zapatista.

Juanga

Acaso lo más fascinante, sublime y desafiante de Juan Gabriel fue su capacidad de encarnar su rimbombante jotería en santuarios machistas hirvientes de testosterona. Juanga no cantaba ni cantó nunca en sofisticados y subterráneos ambientes gays. Lo suyo era presentarse a la medianoche en palenques atiborrados de judiciales matones, cantarle a bravucones ebrios que se ponían a lagrimear a moco tendido con “Amor eterno”.

Juanga.

Juanga se hacía acompañar de mariachis, símbolo de mexicanidad bragada, pero ello no le impedía dar sus brinquitos y sus gritos de jota que enloquecían a su audiencia. Su público lo conformaban machorros que se le cuadraban, a los que ponía a chillar como magdalenas mientras les decía que “a mí desde pequeño eso me enseñó mamá”, porque al final del camino el macho mexicano es un Edipo de lágrima fácil y porque la testosterona patria es directamente proporcional a la homosexualidad reprimida. Pienso que fueron ésas las claves del éxito de Juanga y por ello es un símbolo insustituible de nuestra cultura.

Tom de Finlandia

Tom of Finland (Touko Valio Laaksonen) fue un artista visual que supo llevar a la apoteosis el maridaje entre testosterona y putería. Cuero, metal, cadenas, Harley Davidson y sodomía. Machos barbones enfundados en negrísima piel de vaca besándose y felándose entre ruedas de fuego. Rob Halford lo entendió perfectamente. Me es imposible no trazar paralelismos entre Halford y JuanGa.

Tom de Finlandia.

El mismísimo Metal God, la pagana deidad de un género heredero de la fiereza vikinga, que salía a cantar “Breaking the Law” y “Hell bent for leather” a bordo de su moto. Painkiller fue su canto de cisne, uno de los mejores discos de heavy metal de todos los tiempos y de la eternidad por venir. Después se confesó gay. Muchos metaleros entraron en crisis, pero acabamos por admitirlo. El híper–macho y la jota lilonga son extremos que se tocan, la serpiente del eterno retorno mordiéndose su cola.

Zapata gay

La turba inquisidora que quiso incendiar Bellas Artes por el Zapata jotolón de Cháirez cabría muy bien en un régimen talibán estilo Afganistán o en el Irán del Ayatola donde te pueden lapidar por cometer blasfemia o sodomía. Me encantan mis compatriotas mexicanos. Serían ideales para cualquier teocracia del Medio Oriente. Los zapatistas son dignos herederos de esa intolerancia. ¿Les ofende un Emiliano maricón? Oféndanse por la miseria en que yace el campo mexicano desde hace décadas, por el fracaso histórico del reparto agrario, el ejido y otros mantras del legado zapatista.

Zapata, por Saúl Vázquez Torres.

¿Afecta mucho la supuesta bisexualidad de Zapata? ¿Han perdido méritos Alejandro Magno o Adriano por sus preferencias sexuales?

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Los dioses, los héroes y los símbolos sagrados están para ser transgredidos. Lo más fascinante de una biblia es nuestra capacidad de quemarla si queremos. Lo mejor de una “deidad” transformada en estatua es nuestra libertad de cagarnos en ella. Las palomas se la pasan cagando monumentos en las plazas. ¿Por qué carajos no podemos cagarnos nosotros sobre ellos? ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas

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