En el marco del Bicentenario de las relaciones diplomáticas entre México y Francia se inauguró la Biblioteca Elena Garro en la residencia de la embajada mexicana en aquel país. Pamela García Maldonado y Alejandra Díaz, estudiosas de la escritora mexicana, hablaron de su vida y obra en París.

Gracias a la iniciativa de la excelentísima señora Blanca Jiménez Cisneros, embajadora de México en Francia, y de Alicia Moreno, a cargo del Protocolo, el pasado 19 de marzo de 2026 se inauguró la Biblioteca Elena Garro en la Residencia Oficial de la Embajada de México en Francia.
Este acontecimiento, en el marco del bicentenario de las relaciones diplomáticas entre México y Francia, resulta de gran trascendencia, pues París fue muy importante en la vida y en la obra de Elena Garro.
Compartimos algunos segmentos de la mesa redonda “Elena Garro, de ida y vuelta en París”, que tuvo lugar antes de la develación de la placa inaugural de la biblioteca. En el evento participaron Eduardo Ramos Izquierdo, Rocío Luque, Francisco Guerrero Garro, Pamela García Maldonado y Alejandra Díaz. En ese acontecimiento fungí como la moderadora.
En esta ocasión presentamos los textos de Pamela García Maldonado y de Alejandra Díaz, cuya intervención fue en francés y se ha traducido al español. Pueden escuchar las ponencias en la grabación de la ceremonia. También les compartimos los diferentes videoclips que surgieron a raíz de tan simbólico acontecimiento.
Elena Garro y el bálsamo parisino
Pamela García Maldonado
Mi vínculo con Elena Garro nació en 2012 gracias a Antonieta Rivas Mercado, otra mujer que también tiene una insoslayable y devastadora relación con París. Al hacer mi tesis sobre ella encontré Transgression feminine, un libro de Patricia Rosas Lopátegui, y que influyó significativamente en mi devenir profesional.
Me acerqué a Elena Garro primero desde las puntuales investigaciones y la curaduría de la doctora Lopátegui; después a su narrativa fantástica y pionera, a través de Los recuerdos del porvenir, con el cual me asombré de su construcción de figuras literarias mágicas, en las que logra transmitir la cosmogonía indígena mexicana mediante su pluma poética y aguda.

Tiempo más tarde, mientras imprimía yo un temprano esbozo para los medios de comunicación, recorrí también su obra periodística. Pero es en estos últimos años en los que he tenido que replantearme mi sistema de creencias desde el feminismo, mi relación con México, los juicios que he hecho sobre mí misma y el papel que desempeño como gestora, que ha sido su poesía la que me acompaña.
Es justamente por eso que me gustaría compartir con ustedes un poco del ser poético de Elena Garro, de su devenir por el universo volcado en sus oníricas letras, en sus surreales paisajes literarios y en las figuras abisales que dibuja a través de su pluma.
Para empezar, me parece relevante compartir con ustedes que el primer género que escribió Elena fue justamente poesía, aun cuando las condiciones de su vida de casada y separada no permitieron que la publicara en vida.
He elegido tres poemas que nos muestran el insuperable diafragma que es la poesía de Elena Garro, que va desde lo intangible y perenne como A mi sustituta en el tiempo; lo temerario, la literatura que denuncia, como A J.S., un poema a José Stalin, y lo disruptivo a través de la ironía, como es el caso de Me acuso.
A mi sustituta en el tiempo
Cuando ya solo quede de mi pie
el eco en las aceras
cuando de mis ojos solo la torre
que miraron
y de mi lengua ni una palabra girando
en un oído
cuando solo los signos escritos en el aire
por mis manos
cuando en el mar solo el perdido golpe
de las olas
y de esta lágrima
no quede rastro en la memoria
todavía tú, amiga, que me esperas
más allá de este tiempo
encontrarás mi enojo,
mi enojo porque han vuelto
tan inútil este mundo.
—París 1947
A mi sustituta en el tiempo es justamente la composición más antigua que sobrevivió a la quema de escritos que su pareja la obligaba a hacer, motivado por los celos de su escritura. Este poema de 1947 es una promesa que viaja a través del tiempo, rebasa los límites de la dimensión temporal que conocemos, y Elena se las apaña para hacerse infinita. Aprovecha la maleabilidad del tiempo, porque, además, a lo largo de su obra, no sólo de la poesía, es tácito que nunca se ciñó a ninguna regla del mundo común. Nos convida de su propio universo. Es una promesa con un feminismo que estaba en ciernes en ese entonces, no sólo en México, sino en el mundo, y consigue ser un presagio de unos de los conceptos más poderosos del feminismo actual: la sororidad.
El mismo título de la obra evoca una cadena en la que mano a mano la rabia por las injusticias que vio y vivió Elena se mantiene vigente, y en las que descansa la responsabilidad en quienes estamos hoy aquí, rescatándola del vacío al que la confinaron.

Continuaré con el poema A J. S., un poema en el que la literata denuncia los abusos del dictador soviético José Stalin.
A J. S.
Solo, sol impotente
no proyectas sombra.
Tu luz sólo calienta
la sangre de los asesinos.
Tu luz mata a los poetas
y a los hombres.
Inventor de palizas
Gran creador de esclavos
Gran padre de los piojos
Protector de insectos pestilentes.
Durante treinta años
has golpeado a los hombres
en las corvas.
Palo ciego al tuyo.
Buscas al enemigo
hasta debajo de las piedras.
—París 1949
Este poema lo he elegido como un guiño a la activa protesta social y vocación de denuncia que Elena Garro ejerció durante su vida, extendiendo siempre un ala a los desamparados: indígenas, mujeres, campesinos y animales, los marginados de la historia.
Sus versos nos dan cuenta de la capacidad de la autora para leer el mundo, para interactuar con el ecosistema geopolítico, no sólo de México sino global, y de cómo no tiene ningún agobio por no alinearse al status quo, señalar las injusticias, los abusos de los poderosos y perpetuar por medio del discurso el escarnio al dictador.
Finalmente, Me acuso, del que, además, podrán consultar en la Biblioteca una imagen del poema escrito por el puño y letra de Elena Garro, recuperado de uno de sus baúles.
Me acuso
Me acuso de ahogarme en el Mar Rojo
Mar de cólera
Mar homicida
Mar de sangre.
Me acuso de ver rojo y de estrellar
el espejo de la fiesta,
astillas cintilantes
puñales imprevistos.
Me acuso también de la rabia amarilla
de perseguir al enemigo
de levantar el Puente
que permita su huida.
Me acuso de darme demasiada importancia
y de amarme sobre todas las cosas.
Como se recupera en este mismo compendio, su obra es una letanía de las desamparadas y eso precisamente es este poema, un canto de denuncia que desde la ironía nos cobija a todas quienes hemos sido víctimas del abuso del patriarcado, de la violencia machista. Es un pase de lista de todas aquellas que ya no están, porque —según el Sistema— se vistieron, salieron o conocieron a quien no debían. Porque, claro, la culpa es de las víctimas, subrayo con ironía.
Me hace ilusión que quienes ya son garreanos disfruten de su obra en este sitio para su consulta y lectura, pero, sobre todo, deseo con vehemencia que a los nuevos lectores Elena Garro les cambie la vida.
Quise terminar con este texto por su intensidad, porque es punzante. Lo veo prácticamente como un sumario de su personalidad: es lírico, directo, arriesgado, amparador y poderoso. Conmueve desde la rabia, desde la brutalidad de la revictimización.
Como verán, es inacabable la oferta de la autora que dará nombre a esta Biblioteca a partir de hoy. Me hace ilusión que quienes ya son garreanos disfruten de su obra en este sitio para su consulta y lectura, pero, sobre todo, deseo con vehemencia que a los nuevos lectores Elena Garro les cambie la vida, como a mí. Larga vida a México, un país herido pero que resiste. Y larga vida a Elena Garro.
Bibliografía
A mi sustituta en el tiempo. Poesía de Elena Garro. Edición, estudio preliminar y notas de Patricia Rosas Lopátegui. México: Gedisa, 2024.
El festín de Elena Garro en París
Alejandra Díaz
En el marco de la mesa redonda “Elena Garro: de ida y Vuelta en París”, leí el texto que aquí se publica, fruto de mi trabajo como estudiosa de la obra de Elena Garro, figura central de la literatura mexicana del siglo XX cuya trayectoria transnacional sigue suscitando nuevas lecturas. Este encuentro se inscribe en una serie de iniciativas recientes orientadas a reactivar su presencia en el ámbito intelectual francés.
Entre ellas destaca la inauguración de la Biblioteca Elena Garro en la residencia oficial de la Embajada de México en Francia, celebrada el pasado 19 de marzo en el marco del bicentenario de las relaciones diplomáticas entre ambos países. La ceremonia fue impulsada por la embajadora Blanca Elena Jiménez Cisneros y reunió a destacadas figuras del ámbito académico y literario, entre ellas Patricia Rosas Lopátegui, cuya labor ha sido fundamental en la recuperación y difusión de la obra de la escritora. La mesa contó con la participación de Eduardo Ramos–Izquierdo, profesor emérito de la Sorbona; de Rocío Luque, profesora y traductora de la obra de Garro al Italiano, así como de Pamela García Maldonado, gestora cultural y estudiosa de la obra de Garro.

En este contexto conmemorativo y de renovado diálogo cultural se sitúa mi intervención con un texto que preparé en francés para concluir este homenaje, a partir del cuento “El festín de Helena”, escrito por Elena Garro a su regreso a París en 1981, durante su exilio.
Traduzco al español lo que dije aquel día en la embajada.
19 marzo de 2026
Madame l’Ambassadrice, mesdames et messieurs, buenas tardes. Es un honor estar aquí esta noche y agradezco profundamente la invitación para participar en este homenaje a Elena Garro, para hacer como ella: habitar y desdoblarse entre lenguas, espacios y tiempos.
“El festín de Helena” es un cuento muy particular, ya que reúne las marcas distintivas del estilo de Garro: la visión del tiempo como cíclico, el desdoblamiento del tiempo y del espacio, de los personajes e incluso de la mitología y de la historia. En él se encuentran el derecho y el revés de las cosas, esa manera de ver que la fascinaba y con la cual ella se enfrentaba a la vida, pues sabía que ver el revés de las cosas no destruye el mundo, sino que lo vuelve comprensible, aunque esto pueda doler.
La historia se desarrolla aquí en París, “la ciudad del amor”, del amor carnal y espiritual. En un texto breve, Garro une espacios y tiempos muy distintos a través del encuentro inesperado de dos Helenas: una joven y rica, la otra anciana y convertida en mendiga —o, como se dice en lengua francesa desde el siglo XIX, clochard, derivado de clocher (cojear) o de cloche (persona incapaz), término coloquial para designar a quien no tiene ni domicilio ni trabajo.[1]
Estas palabras evocan a la vez la fragilidad y la precariedad de la mendiga, en contraste con el lujo de la joven Helena, y sugieren un misterio casi sagrado: un exilio interior en el que se revela la dignidad del alma. Ambas están ligadas por el destino de su “nombre catastrófico”: Helena, que en griego significa antorcha, brillante, resplandeciente, y que desencadena guerras, a imagen de Helena de Troya.[2]
La palabra festín designa una comida solemne y suntuosa ofrecida en honor de alguien o de algún acontecimiento. Evoca la abundancia, la ceremonia y el compartir. En este cuento, el festín rebasa la simple comida terrenal: se convierte en un banquete casi celestial, donde se ponen de relieve la belleza, la memoria y el vínculo entre los espíritus. Esta dimensión remite a la contemplación de lo bello y a la elevación del alma, a través de la reflexión sobre su propio destino y la aceptación de éste.
La ciudad personifica el rapto del alma, el alma que debe contemplar su destino. Aquí no es el príncipe Paris quien rapta a Helena de Troya y desencadena una guerra, sino París, la ciudad, la que rapta a las Helenas y les revela su destino: el del cuidado y el amor al prójimo, después de las guerras y los exilios. Una ciudad que transforma el rapto en despertar y la pérdida en reconocimiento, donde el destino se muestra y se comprende.
No concierne únicamente a la “mujer–antorcha” que es Helena, quien lleva en sí la guerra y la catástrofe, sino también a la belleza interior de aquella que ofrece su hogar a la mendiga. La hace ducharse —recuerdo de 1947 que Elena Garro evoca en sus diarios—, luego la perfuma y la viste, transformando este gesto en un ritual de cuidado y dignidad. Así, incluso en el exilio, el encuentro con el otro se convierte en un acto de amor y reconocimiento, en un momento en el que cual el festín revela el vínculo entre lo visible y lo invisible.
Cito sus diarios, en los que relata su vida en París, cuando asistía a las elegantes recepciones en la embajada:
Siempre voy muy elegante a las recepciones porque Rosine, y… me prestan modelos de trajes y abrigos […]. Voy a las recepciones en mi bicicleta. La otra noche en la avenida Henry… me salió una mendiga de debajo de un castaño deshojado. Yo iba a una recepción. “Petite beauté!”, me llamó. Me detuve aterrada por ese fantasma en garras que surgió de la niebla, fue como un horrible presagio. “Yo también fui bella, fui rica, fui elegante. Me llamo Helena”.
“Soy Helena… Helena”, repitió. La llevé a la casa para que se bañara, le… regalé un traje… bolsa, la perfumé y le prometí buscarle un empleo.[3]
Testigo de su destino, no advierte, muestra, enuncia, pero se mantiene en su dignidad, en la dignidad de su palabra, al reconocerse como la misma persona en el mismo espacio, a pesar de condiciones materiales tan diferentes, como su edad y su vestimenta.
La Helena anciana no es un residuo del festín ni del exceso, del derroche, sino un testimonio de dignidad que la joven Helena contempla con dolor, frente al anuncio del destino de “la Guerra”, aquello que escapa a su control. Así, la Helena anciana libera a la joven Helena de la culpa, pues le recuerda que ése era su destino.
En el cuento, el amor parece hacer eco de dos tradiciones del Banquete de Platón. Por un lado, está el reconocimiento —casi una anagnórisis— cuando las dos Helenas se encuentran,[4] como si recuperaran una parte de sí mismas. Pero este amor no se detiene en el reconocimiento. Se manifiesta en un gesto concreto: el del cuidado. Helena acoge a la mendiga, la lava, la perfuma, la vuelve a vestir.
El amor se convierte entonces no sólo en un vínculo, sino en una forma de atención al otro, que transforma la percepción del destino mismo. ®
[1] Académie française, clochard, clocharde.
[2] “Elena guarda reminiscencias con Helena de Troya, las dos unidas por la leyenda negra y la tragedia. La primera acusada inicua y autoritariamente de ‘traidora’; la segunda, de haber provocado una guerra”. Rosas Lopátegui, Patricia, Cristales de tiempo, La Moderna, 2018; sobre el significado del nombre Helena: Gastaldi, Viviana, “Eurípides y la retórica: éthos e inventio en el discurso de Helena (Troyanas, 914-96)”, Emérita, 1999, vol. 67, no 1, pp. 115–125.
[3] Rosas Lopátegui, Patricia, Testimonios sobre Elena Garro, México, Ediciones Castillo, 2002, p.169.
[4] Racket, Andrés Federico, “Tragedia, comedia y diálogo socrático: el Banquete entre los géneros teatrales, Sócrates entre la belleza y la fealdad, ἔρως entre lo elevado y lo bajo”, Emerita, 2013, vol. 81, no 1, pp. 45–64.
