Una balsa entre libros

Entrevista con Guillermo Quijas–Corzo

Guillermo Quijas–Corzo nos comparte sus experiencias sobre el consumo cultural en Oaxaca, la crisis del segmento editorial —incluyendo el episodio de la FILO— y las novedades de Almadía, el sello independiente que dirige desde 2005, con más de 400 títulos en su catálogo.

Guillermo Quijas–Corzo. Foto cortesía.

La FILO y Almadía

Oaxaca tiene una vida cultural muy rica, con muchísimos proyectos, artistas, escritores y espacios independientes, pero eso no necesariamente significa que exista un mercado cultural amplio. Hay una distancia importante entre la enorme actividad cultural que tiene el estado y las posibilidades de sostener económicamente los proyectos.

La Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO) fue creciendo durante muchos años dentro de ese contexto. Llegó a convertirse en una feria muy grande, con presencia nacional e internacional, pero siempre ha sido un proyecto que requiere muchos recursos y una suma de apoyos públicos y privados.

En 2024 ocurrió algo que cambió por completo las condiciones de la feria. El Gobierno del Estado retiró el apoyo que había dado históricamente a la FILO. La comunicación se fue cortando hasta que dejaron de contestarnos y, al mismo tiempo, empezaron a organizar una feria propia desde el gobierno.

Fue muy inesperado, porque al inicio de esta administración habíamos recibido el compromiso público de mantener el apoyo, y durante el primer año efectivamente fue así. Cuando eso cambió, ya era muy difícil rehacer una feria de esa dimensión en tan poco tiempo y encontrar recursos que sustituyeran esa participación.

Estamos evaluando qué se puede hacer hacia adelante y si existe otra forma de plantear la FILO, pero, más allá de los recursos, tampoco vemos ahora mismo en Oaxaca un contexto particularmente favorable para apuntalar nuevamente un proyecto como la feria del libro de Oaxaca.

Con Almadía ha sido distinto, porque desde el principio pensamos que la editorial tenía que circular fuera de Oaxaca. Primero en México y después fuera del país. Eso ha requerido muchos años de construir relaciones con librerías, distribuidores, ferias, festivales, autores y lectores.

Catálogo y novedades

Almadía está por cumplir veintidós años y creo que ahora ya se puede mirar el catálogo y entender mejor qué editorial somos. Siempre nos han interesado los libros con una propuesta literaria auténtica, autores que están buscando formas distintas de narrar y la posibilidad de que convivan escritores con trayectorias muy consolidadas con voces nuevas.

También nos importa mucho que los libros tengan una vida larga. No pensamos solamente en la novedad que estamos publicando en ese momento. Nos interesa que un libro siga circulando, se reimprima y pueda encontrar nuevos lectores años después.

Ahora estamos en un momento muy emocionante porque, además de seguir fortaleciendo el catálogo en México, estamos creciendo en España y empezando a tener una circulación más amplia en otros países de América Latina. Eso también cambia la manera en la que pensamos los libros y las conversaciones que podemos generar entre autores y lectores de distintos lugares.

Vamos a publicar La repitente, de Dainerys Machado, una novela sobre una niña que crece en La Habana durante el llamado “periodo especial” y sobre tres generaciones de mujeres que intentan sostenerse unas a otras. También viene La redonda, una antología que reúne a escritoras, periodistas y futbolistas de diez países para contar el fútbol desde la experiencia de las mujeres.

Publicaremos El pálpito, de Gabriela Pereyra, un libro a medio camino entre la novela, la crónica judicial y la no ficción, construido alrededor de un caso real ocurrido en Argentina, y El cielo enterrado, de Bernardo Esquinca, que vuelve sobre la historia de las Poquianchis y también sobre la manera en que la prensa y el imaginario popular construyeron ese caso.

Y tendremos un nuevo libro de Juan Villoro.

Además, lanzaremos una colección que recupera y pone en circulación pensamiento, memoria y escritura producidos desde comunidades indígenas y afromexicanas. Hay ensayo, testimonio, poesía, memoria y obras colectivas, con una presencia importante de distintas lenguas y territorios. La colección aborda cuestiones como la identidad, el racismo, la lengua, el territorio, la autonomía, la comunalidad y las formas de organización y conocimiento construidas desde las propias comunidades.

Criterios de calidad

No creo que exista una fórmula para saber si un libro va a tener impacto a largo plazo. Hay libros que desde el manuscrito producen una sensación muy fuerte y otros cuya importancia vas entendiendo mientras los trabajas.

Lo que intentamos es preguntarnos si hay algo ahí que realmente nos interesa, si propone una mirada propia, si está bien escrito y si es un libro que queremos defender y que tiene sentido dentro del catálogo.

Después hay una parte que ya no controlas. Algunos libros encuentran inmediatamente a sus lectores y otros tardan años. Por eso me cuesta pensar la calidad a partir del impacto inmediato o de las ventas. El trabajo de una editorial independiente es justamente darle tiempo a los libros.

Alejandro Magallanes

Alejandro ha sido fundamental para la identidad de Almadía. Ha diseñado las portadas desde el inicio y eso produjo algo que probablemente nosotros mismos no alcanzábamos a dimensionar cuando empezamos: los libros se reconocen.

Nunca lo pensamos exactamente como una estrategia de branding. Surgió más bien de una manera de entender el libro como objeto y de una conversación muy larga entre el diseño y el trabajo editorial.

Con los años, evidentemente, eso se convirtió en una identidad de marca muy poderosa. Puedes reconocer un Almadía en una librería antes incluso de leer el nombre de la editorial. Y para una editorial independiente eso tiene muchísimo valor porque cada libro tiene su propia personalidad, pero al mismo tiempo forma parte de algo más grande que es el catálogo.

Crisis editorial

Creo que se han juntado muchas cosas. Han aumentado los costos de producción, distribución y operación; las librerías también trabajan con márgenes muy ajustados y cada vez hay más novedades, y muchos otros estímulos compitiendo por un espacio y por la atención de los lectores.

Para una editorial independiente eso obliga a ser mucho más cuidadoso. No puedes solucionar los problemas simplemente publicando más libros y esperando que alguno funcione. Hay que pensar mejor qué publicas, los tirajes, las reimpresiones, la circulación y la relación con las librerías y lectores.

Furia…

La fortaleza de una editorial independiente está en que un lector pueda confiar en un catálogo. Que llegue por un autor y después tenga curiosidad por otro porque reconoce algo en la editorial que los publica.

Hábitos culturales

Los hábitos culturales cambian muy lentamente. Puedes hacer una feria extraordinaria un año, regalar muchos libros o llenar una plaza de actividades y eso no significa automáticamente que hayas creado lectores.

Lo que realmente transforma las cosas es la continuidad: bibliotecas que funcionan, librerías, mediadores, maestros, actividades permanentes, acceso a los libros y proyectos que duran muchos años.

En Oaxaca ha habido experiencias extraordinarias, pero seguimos teniendo una desigualdad enorme en el acceso. Oaxaca no es solamente la ciudad de Oaxaca. Cuando piensas en todo el estado, las distancias, las lenguas, las condiciones económicas y la infraestructura disponible, la situación se vuelve muchísimo más compleja.

Creo que ahí todavía hay muchísimo por hacer y que necesariamente requiere políticas y proyectos de largo plazo.

Fondo ventura

Fondo Ventura surgió de la necesidad de tener una estructura distinta para desarrollar proyectos culturales y educativos que iban más allá de lo que podíamos hacer desde una editorial o desde una feria.

La relación con Francisco Toledo fue muy natural porque compartíamos muchas preocupaciones alrededor de los libros, la lectura, la educación y la vida cultural de Oaxaca. Toledo tenía además una manera muy particular de entender la cultura, no como algo ornamental sino como algo que tenía que formar parte de la vida cotidiana.

Su participación fue muy importante para el arranque del proyecto y nos acompañó en desarrollar programas de lectura, formación y actividades culturales y pensar nuestra participación en Oaxaca de una manera mucho más amplia.

El Estado en la gestión cultural

El Estado tiene una responsabilidad muy importante porque hay proyectos culturales que simplemente no pueden medirse únicamente por su rentabilidad económica. Una biblioteca, un programa de lectura o una feria del libro producen resultados que muchas veces aparecen años después.

Eso tampoco significa que no deban evaluarse. Hay que medir asistencia, participación, alcance, continuidad, diversidad de públicos y uso de los recursos. Pero también hay que entender que una parte del impacto cultural es cualitativa y difícilmente cabe completa en una cifra.

Creo que el reto está en construir modelos en los que participen el Estado, la iniciativa privada y la sociedad civil, y en que los proyectos no tengan que empezar prácticamente desde cero cada vez que cambia el contexto político o institucional.

Continuidad

En 2026 no tendremos la FILO y seguramente tampoco en 2027. Como decía antes, el retiro del apoyo del Gobierno del Estado ocurrió de una manera muy inesperada y no había condiciones para sustituir en tan poco tiempo una parte tan importante de los recursos y rehacer una feria de esa dimensión.

Estamos evaluando qué posibilidades existen y qué tendría sentido construir hacia adelante. Tampoco nos interesa hacer una FILO simplemente por mantener el nombre o cumplir con una fecha. Si encontramos una manera de retomarla, tendría que haber condiciones para hacer un proyecto sostenible.

Una balsa entre libros

Respecto de lo digital, no tengo una visión particularmente apocalíptica. Evidentemente nuestra atención ha cambiado y los libros compiten con muchísimas cosas que hace veinte años no existían, pero la gente sigue leyendo, escribiendo, recomendándose libros y buscando historias.

Quizá el desafío no sea enfrentar el libro con lo digital, sino conseguir que los libros sigan encontrando un lugar dentro de una cantidad cada vez mayor de estímulos. Y ahí siguen siendo fundamentales las editoriales, las librerías, las bibliotecas, las ferias, los maestros y todos los mediadores. ®

Compartir:

Publicado en: Libros y autores

Apóyanos:

Aquí puedes Replicar

¿Quieres contribuir a la discusión o a la reflexión? Publicaremos tu comentario si éste no es ofensivo o irrelevante. Replicante cree en la libertad y está contra la censura, pero no tiene la obligación de publicar expresiones de los lectores que resulten contrarias a la inteligencia y la sensibilidad. Si estás de acuerdo con esto, adelante.