Calaveras insurrectas

(Reivindicativas y teatrales)

La autora dedica estas calaveras a estas insurrectas inolvidables: Helena Paz y su madre, Elena Garro; Amparo Dávila y Margarita Michelena, Guadalupe Dueñas y Antonieta Rivas Mercado, Carmen Mondragón —el torbellino Ollin— y Nellie Campobello…

La Catrina escritora. Ilustración creada con IA.

El escenario está decorado con una ofrenda de muertos monumental. ¡Imagínatela! Libros apilados, copal humeando y retratos en blanco y negro tapados con velos negros. Al fondo un compás de tambores profundos y una guitarra melancólica entonan “Amooor perdiiiiido” en la voz de María Luisa Landín. De la penumbra, se desprende La Catrina, majestuosa, con un cetro o una guadaña adornada con flores de cempasúchil.

La Catrina

¡Silencio en la sala, vivos que me escuchan! Bienvenidos a esta noche de justicia en el Mictlán. Por siglos, hombres [recarga el énfasis en hombres de letras, ministros [recarga el énfasis en ministros] serviles, ogros [recarga el énfasis en ogros], filántropos se han encargado de escribir la historia a su conveniencia. Aplaudieron a los tiranos, sus pares, pero borraron los nombres de sus esposas, silenciaron a sus hijas y exiliaron el genio femenino bajo la sombra del olvido y el machismo rancio. ¡Pero en mi reino no valen las hidalguías ni los laureles diplomáticos! (Golpea el suelo con su cetro). Hoy vengo a levantar los velos. Esta noche, las olvidadas toman la palabra. Prepárense para escuchar el reclamo de las almas insurrectas [recarga el énfasis en insurrectas], porque al prestigio de sus opresores… ¡ya se lo están comiendo las lombrices! Que pasen ellas…

[Un apagón rápido. Suena un acorde seco de guitarra y comienza la primera calavera: Helena Paz]

Calavera a Helena Paz

Por separado la Parca hizo justicia
a Helena Paz, a quien su padre bloqueó.
No hay tinta limpia para la gran crónica
de aquel sesenta y ocho que la exilió.

Insurrecta en sus notas despepita,
viviendo a la sombra de tan frágil ganador.
En sus poemas con Octavio entabla cuita,
mientras el genio a ella la tacha de error.

No llamen a Poni a blanquear la historia,
negando el abuso con un “yo la vi”.
Borra el dolor para inflar su propia gloria
y abre camino a hablar necedades así.

Murió en el reino del rancio nepotismo,
donde el machismo su genio aplastó:
con tal talento, si ella fuera hombre,
la mafia de letras —servil— le habría rendido honor.

¿En qué país de farsantes, Parca mía,
esta porca grey a Caronte dio poder?
¡Que en el Mictlán no valga su hidalguía
y al ogro filántropo quiten el laurel!

Calavera a Elena Garro

Muy negra fue la leyenda
que a Elena Garro inventaron;
de derechista con Muro
y la CIA la acusaron.

Los lectores la reclaman
por talentosa y capaz,
y hoy a viva voz aclaman
su alma insurrecta y sagaz.

Al patriarcado boquete
ella le pudo asestar,
mas Octavio en un trinquete,
con influjo diplomático,
la consiguió desterrar.

Hoy su gran fama revive
en la tierra y los países,
¡y el prestigio que él exhibe
ya se comen las lombrices!

Con su novela parisina,
la verdad de Inés brotó,
y el mito que armó Octavio
por completo derrumbó.

De los espejos bruñidos
siempre sale la verdad:
murió Marie–Jo intestada,
su legado en la ambigüedad,

¡Asómate al porvenir,
Catrina, que en este caso,
tu guadaña veo venir
con un certero cedazo!

En la España de Urtasun
y en París ya se ha sabido:
la ambassatrice y un ministro
su memoria han restituido.

Calavera a Amparo Dávila

Menudo huésped llegó,
siniestro, pero elocuente;
a la cuentista atrapó,
pues la Catrina es paciente.

Amparo, la picudita,
mi gran amiga de plata;
con tu tiempo destrozado,
la ausencia la parca desata.

De confidencias secretas,
de miedos muy discretitos,
la parca selló las metas
robándonos tus mitos.

Con Levinson y Edith Aron,
en el más allá conversas;
los espectros ya llegaron
a escuchar tus prosas versas.

Con Cortázar ya departes
personajes de locura;
y con tu mente insurrecta,
te ríes de la cordura.

Ya de últimas aquí aclaro
Ni Alfonso con su gran prosa,
ni Pedro con su color,
igualaron la majestuosa
lumbre de tu resplandor.

Calavera a Margarita Michelena

Nos heredaste la voz,
la protesta y la insolencia;
de sumisas ya no vamos,
pues marcaste la tendencia.

El periodismo te nombra
con fuerza que no se quiebra,
insurrecta ante la sombra
que hoy se rinde a tu grandeza.

Un cigarro en tu memoria
fumaré este dos de noviembre,
y si la Catrina nos deja,
¡lo alargamos a diciembre!

Con Elena Garro juntas,
festejando tanta audacia,
al gobierno patrimacho
mandaremos a la desgracia.

Calavera a Guadalupe Dueñas

Lupita, desde mi esquina,
elevo un rezo al revés:
tus cuentos a mis alumnos
los traen de cabeza y pies.

A las ratas sentenciaste
y en actrices las mudaste;
de lombrices milenarias
santo remedio encontraste.

Con talento rebosante
y tu humor tan lapidario,
le diste a la humanidad
breves notas en tu diario.

La Catrina te buscó
por cuentista y por fregona;
Elena Garro aplaudió
al ver que te abría la zona.

Con Rosario cantarás
corridos bien rimaditos,
por México, siempre insurrectas
¡y sin políticos cínicos!

Calavera a Antonieta Rivas Mercado

Entre galaxias y anhelos,
ya no hay cadenas ni bridas;
Antonieta no v a s c o n c e l o s,
¡dejaste atrás las almas torcidas!

Deja que Pepe pague sus engaños,
¡que el tren del infierno le aloje el rebaño!
Y que Henestrosa y Rodriguez, rateros y villanos,
reciban su pena en el Mictlán temprano.

Aquí las campanas ya doblan por ti,
dejaste este mundo de penas por fin.
Hoy nos haces falta, genial Antonieta,
eterna mecenas, poeta insurrecta.

¡Que el ángel te abrace en tu vuelo divino
y te libre de Pani y de su ruin camino!
Tú de los cónsules del mundo eres ajena,
descansa en el cielo, sin Pani ni pena.

Calavera de Nellie Campobello

—“Nellie no dijo su nombre.”

¿Que Nellie ha desaparecido?
Sierras revuelva su madre Rafaela;
la voz de la revolución hemos perdido,
en tumba hechiza ha caído
una insurrecta centella.

Testiga de Villa en guerra,
Francisca se hizo llamar;
de su legado en la tierra
nadie pudo cuentas dar.

“Nellie no dijo su nombre.”
Jamás supimos su edad;
que géneros y estilos escombre
el buitre de la oquedad.

De su voz Guzmán bebía
las crónicas de la hoguera;
a él nadie lo discutía,
¡y ella puso las cananas
el cartucho y la madera!

Al villismo plantó cara,
balas no la doblegaron;
mas la codicia es extraña:
¡sus captores la esfumaron!

A tu tzompantli con gloria
la justicia va a llegar,
por la luna Rafaela,
que tus ávidas poesías
y tus novelas certeras
no podrán borrar.

La Calle del Rayo llora
vestida de luto espeso;
se nos fue la bailadora
con el baile en el esqueleto.

Carmen Mondragón: el Torbellino Ollin

Torbellino de faldas y fuego,
revolucionaste el tablero.
Con tus medias, poemas y ego,
pusiste a temblar al más fiero.

Tus ojos cual faros estallaron
perforando siglos y mentes.
miradas que cautivaron,
cuanto mirabas desnuda y de frente.

En tu lienzo atrevido y lozano
dibujaste idilios prohibidos,
capitaneaste tu vida poeta
y posando borraste la meta.

Del pincel de Murillo emergiste
Nahui, la fuerza del sol;
en las aguas del Átl te hundiste
fuiste delirio, locura y esplendor.

Corriente de pura energía,
jurabas con fe desatada
que un foco en tu mano encendía
con solo tu piel impregnada.

¡Genial Nahui, ven a mi altar!
Que el humo del copal te advierta:
las niñas de hoy quieren gritar,
¡les urge verse como tú, insurrectas! ®

Calaveras mexicanas insurrectas

Compartir:

Publicado en: Poesía

Apóyanos:

Aquí puedes Replicar

¿Quieres contribuir a la discusión o a la reflexión? Publicaremos tu comentario si éste no es ofensivo o irrelevante. Replicante cree en la libertad y está contra la censura, pero no tiene la obligación de publicar expresiones de los lectores que resulten contrarias a la inteligencia y la sensibilidad. Si estás de acuerdo con esto, adelante.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *