El cine mojigato del otro Del Toro

Películas cristianas y aleccionadoras

Hay un director mexicano que se apellida Del Toro y se rumora que es pariente del famoso Del Toro de Hell Boy y otros éxitos del cine. Pero éste hace bodrios infames que pretenden moralizar y llamar la atención sobre las lacras de la sociedad.

En una tertulia literaria mi compadre Toño S. contó una anécdota: hace unas semanas, pasada la media noche, estaba buscando una imagen sensual en la televisión para autocomplacerse y poderse dormir. El zapping lo hizo pasear por diferentes canales de televisión, desde los de señal abierta para ver si veía por ahí a Ninel Conde o a Maribel Guardia conduciendo algún estúpido programa para desvelados, hasta los ya conocidos canales de películas por cable donde pasan escenas soft-porno muy noventeras o películas mexicanas picaronas, peor aún, demasiado ochenteras (imagínese usted los pelos en esa época).

Toño, ya cansado de no ver nada “bueno”, se detuvo en un canal de cine latinoamericano y se dispuso a cultivarse un poco en lo que a cine mexicano se refiere. Le llamó la atención una película, Punto y aparte, que contaba las historias paralelas de dos mujeres jóvenes que quedaban embarazadas de sus respectivas parejas, unos patanes irresponsables. Una pareja era pobre y la otra rica (ya sé que todo lo que acabo de contar es una obviedad pues en México sólo existen dos clases sociales y una sola clase de hombres). En fin, Toño empezó a darse cuenta del mensaje religioso en contra del aborto que se iba develando poco a poco en la película hasta volverse un descarado y repetitivo sermón cristiano condenando a aquellos que desean tener la libertad de decidir si quieren o pueden tener un hijo o no.

¿Qué hace pues que se produzcan, que se vendan, que se compren, que se proyecten y que se vean estas cintas? Haciendo un largo silencio, todos los asistentes coincidimos en que sólo Dios lo sabe y que así como en la viña del señor hay de todo, lo mismo pasa en los viñedos del cine.

Asombrado por lo que acababa de ver en televisión, Toño no pudo dormir esa noche. A la misma hora del siguiente día mi compadre, que es medio morbosón, puso nuevamente ese canal de películas en español y se encontró con una semejante, ahora la temática era el sida (Sida: Síndrome de la muerte) y la condena era para todos aquellos que andaban de calenturientos. Toño, muy asustado, apagó la televisión. Las tres noches siguientes no resistió la tentación que Dios le ponía y se chutó otras tres películas del mismo corte: una sobre la violencia contra las mujeres (Cicatrices), otra sobre las drogas (Drogadicto) y otra sobre prostitución (Mujer de la calle). Al cabo de una semana de cine cristiano Toño se percató de que todas las películas fueron dirigidas por la misma persona, un tal Paco del Toro. Toño buscó el nombre en internet y encontró que ese director ha realizado más de una veintena de video-homes que hablan sobre lo más ruin de la sociedad moralista: los chavos banda, el alcohol, el odio, la codicia, la lujuria, los chamulas y otros indígenas que no creen en Dios, la vida pasada de Yuri y su virus del papiloma, así como los temas de las películas ya mencionadas (aunque le faltó hablar del graffiti y del rock). Por si todo esto fuera poco, Toño descubrió que Paco del Toro dirigió la película de La Santa Muerte, una cinta taquillera de 2007 de la que ahora pienso que soy afortunada por no haber visto, aunque en su momento pensé que sería un interesante documento antropológico. Ahora me he enterado por Toño de que es acerca de cómo la fuerza de Jesucristo vence a la Santa Muerte, ese movimiento místico que anda atentando contra la religión del señor de los brazos abiertos. Lo mismo le pasó a uno de los asistentes a la tertulia, Julio R., con la película Secretos de familia, del 2009. También cabe destacar que Del Toro, sus películas y sus actores han sido nominados a premios seculares de la cinematografía mexicana por algunas de sus cintas y se rumora que es primo o hermano de Guillermo del Toro (esto es todavía un mito urbano).

Algunos asistentes a la tertulia recordaron haber visto alguna de estas películas, describiéndolas como muy “curiosas” por la manera tan maniquea de tratar los temas, al más meritito estilo telenovelesco de la televisión mexicana (véase Mujer: casos de la vida real, La rosa de Guadalupe, Cada quien su santo) y claro, de qué otra manera se pretendía llegar a los corazones del pueblo mexicano, educarlo, seguirlo evangelizando y funcionando como instrumento inquisidor. Otros de los asistentes a la tertulia, que para aquellos momentos ya no tenía nada de literaria, llamaron a este tipo de cine “curioso”, pero ahora por el hecho de que está tan pero tan mal hecho que no puedes dejar de verlo: errores de continuidad, malas actuaciones, música horrible, mala edición, mala escenografía… malo, malo, malo todo.

¿Qué hace pues que se produzcan, que se vendan, que se compren, que se proyecten y que se vean estas cintas? Haciendo un largo silencio, todos los asistentes coincidimos en que sólo Dios lo sabe y que así como en la viña del señor hay de todo, lo mismo pasa en los viñedos del cine. ®

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Publicado en: Cine, Marzo 2012

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